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Lazos De Sangre Y Luna

Lazos De Sangre Y Luna

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Vampiro / Yuri
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

Bella Swan, una omega humana con un aroma que vuelve locos a vampiros y lobos, descubre que su destino no es el Edward Cullen que conocemos, sino Alice, una vampira alfa que la ha visto en sus visiones durante décadas. Edward, por su parte, encuentra en Jacob Black (un lobo omega rebelde) una pareja que desafía todas las reglas del universo sobrenatural.

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: El Desayuno

Después de la ducha juntas, Bella se vistió a toda prisa con unos vaqueros negros ajustados, una camiseta de tirantes gris y la enorme sudadera de Charlie, que le colgaba hasta los muslos y todavía conservaba un ligero olor de las fermonas de él.

El baño seguía cubierto de vapor caliente, mientras pequeñas gotas resbalaban lentamente por los espejos empañados. Cuando terminó de acomodarse el cabello mojado detrás de las orejas, levantó la vista y descubrió que Alice seguía observándola con aquella intensidad imposible, como si pudiera memorizar cada respiración, cada movimiento y cada emoción escondida bajo su piel humana.

—Vamos a desayunar —dijo Alice finalmente, levantándose de la cama con movimientos elegantes y silenciosos que parecían más propios de una criatura sobrenatural que de una chica pequeña y aparentemente delicada—. Carlisle preparó algo especial para ti y lleva casi veinte minutos caminando por la cocina fingiendo que no está preocupado porque hayas pasado toda la noche sin comer absolutamente nada.

Bella parpadeó lentamente mientras intentaba procesar la frase completa y después terminó soltando una pequeña risa nerviosa, todavía demasiado consciente de la cercanía de Alice, de la marca reciente en su cuello y del extraño calor que seguía latiendo debajo de su piel como si su propio cuerpo hubiese cambiado durante la noche sin pedirle permiso.

—¿Los vampiros desayunan ahora o esto forma parte de alguna tradición rarísima de bienvenida sobrenatural donde intentan engordarme antes de convertirme en una leyenda trágica dentro de un bosque oscuro lleno de criaturas emocionalmente inestables y demasiado atractivas?

Alice soltó una carcajada suave que llenó la habitación de una calidez inesperada. Después se acercó hasta Bella despacio, acomodándole la sudadera sobre los hombros con una ternura tan natural que por un instante resultó imposible asociarla con alguien capaz de arrancarle la cabeza a otro vampiro usando solamente las manos.

—No, los vampiros siguen sin desayunar, pero tú sí necesitas hacerlo porque Carlisle se ha obsesionado con que comas suficiente antes del celo y honestamente prefiero obedecerlo antes de soportar otra conferencia médica de cuarenta minutos sobre hormonas omega, metabolismo acelerado y comportamientos territoriales peligrosamente impulsivos.

Bella dejó de caminar de golpe. El calor agradable que sentía en el pecho desapareció tan rápido que casi dolió. La palabra “celo” cayó dentro de su cabeza como una piedra pesada atravesando agua oscura y silenciosa. Tragó saliva lentamente mientras sentía que el nerviosismo volvía a instalarse debajo de sus costillas.

—¿Cuándo exactamente pensaban contarme que mi cuerpo aparentemente tiene programado algún tipo de apocalipsis biológico inminente capaz de convertir mi vida entera en una película prohibida para menores y por qué todos hablan de eso como si estuvieran esperando una tormenta nuclear?

La sonrisa de Alice desapareció apenas un poco. Fue un cambio pequeño, casi imperceptible, pero suficiente para tensar el aire alrededor de ambas. Sus ojos dorados perdieron parte del brillo juguetón y durante un segundo Bella alcanzó a ver algo más profundo detrás de ellos: preocupación real.

—En unos días, probablemente menos de una semana, aunque la marca ralentizó bastante el proceso y Carlisle todavía está intentando entender exactamente qué está ocurriendo contigo porque técnicamente ninguna humana debería reaccionar así después de un vínculo vampírico tan fuerte y tan… irreversible.

Bella abrió la boca para seguir preguntando, pero en ese mismo instante su estómago rugió con tanta violencia y ella estaba un poco avergonzada. El sonido resonó por toda la habitación y después el silencio cayó durante dos segundos completos antes de que Alice levantara lentamente una ceja.

—Eso acaba de sonar como si un oso estuviera muriendo dentro de tu abdomen y honestamente empiezo a preocuparme seriamente por la posibilidad de que Emmett te haya contagiado alguno de sus traumas alimenticios sobrenaturales.

Bella soltó una carcajada avergonzada y apoyó ambas manos sobre el estómago mientras negaba rápidamente con la cabeza, sintiendo cómo el calor regresaba a sus mejillas otra vez.

—Mi estómago tiene opiniones extremadamente agresivas sobre el hecho de que me hayan secuestrado emocionalmente dentro de una familia vampírica ridículamente hermosa sin permitirme desayunar antes de cambiar mi vida para siempre.

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

La cocina de los Cullen parecía sacada directamente de una revista imposible de decoración moderna. Las encimeras de mármol negro reflejaban la luz grisácea que entraba por los enormes ventanales cubiertos de lluvia, mientras el acero inoxidable de los electrodomésticos brillaba con una limpieza casi inhumana.

Todo estaba demasiado ordenado, demasiado perfecto y demasiado silencioso. Sin embargo, el aroma cálido de café recién hecho, mantequilla derretida y fresas dulces lograba romper la sensación fría de aquella mansión sobrenatural.

Bella apenas tuvo tiempo de admirar la la cocina antes de notar la puerta metálica ubicada al fondo de la cocina. No necesitó preguntar qué guardaban allí. El ligero olor a sangre mezclado con hielo bastó para provocarle un escalofrío inmediato.

Carlisle apareció casi al instante, como si hubiera percibido su incomodidad incluso antes de que ella misma lograra entenderla completamente. Llevaba una bata blanca impecable y aquella expresión tranquila que hacía parecer posible cualquier desastre.

—Antes de que tu imaginación empiece a construir teorías horribles sobre nuestra dieta diaria, quiero aclararte que toda la sangre almacenada allí pertenece exclusivamente a animales y que Esme me obligó específicamente a advertirte eso para evitar que entraras en pánico durante el desayuno.

Bella soltó aire lentamente y después observó la enorme mesa cubierta de comida caliente: crepes, fresas, nata, mantequilla, tostadas y café humeante. El contraste entre aquella escena doméstica y la presencia de una cámara frigorífica llena de sangre resultaba tan absurdo que por un momento sintió que estaba soñando.

—Sinceramente creo que mi capacidad para asustarme murió aproximadamente hace 42 horas cuando descubrí que una vampira podía ver el futuro, marcarme el cuello y hablar del celo con absoluta tranquilidad mientras yo todavía intentaba entender qué demonios estaba pasando con mi existencia.

Esme apareció entonces desde el otro lado de la cocina llevando otra taza de café entre las manos. Su sonrisa era tan cálida que Bella sintió una punzada extraña en el pecho, una sensación parecida a nostalgia por algo que todavía no había perdido.

—Son crepes con fresas y nata recién hecha, querida, y espero sinceramente que tengas hambre porque Emmett intentó robarlos hace diez minutos y tuve que amenazarlo con arrancarle los brazos para proteger tu desayuno tranquilamente.

Bella terminó riéndose mientras tomaba asiento frente al enorme plato humeante. Sin embargo, la sonrisa desapareció lentamente cuando Esme apoyó una mano suave sobre su hombro y habló otra vez con aquella ternura imposible.

—Nunca habíamos tenido una humana viviendo aquí y además… ahora eres parte de nuestra familia, aunque probablemente todavía resulte demasiado pronto y demasiado aterrador escuchar algo así después de solamente una noche.

La palabra “familia” golpeó dentro de Bella con una fuerza inesperada.

Cullen.

Ella.

Bella Swan.

La chica torpe de Phoenix que apenas lograba caminar sin tropezarse consigo misma.

Parte de ella quería quedarse allí para siempre, rodeada de voces suaves, lluvia constante y manos frías capaces de hacerla sentir segura.

La otra parte quería salir corriendo antes de desaparecer completamente dentro de aquel mundo imposible donde los monstruos podían amar demasiado fuerte.

Continuará 🔥

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