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TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Amor-odio / Atracción entre enemigos / Reencarnación
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: YESRABI

Julie Winters y Elis Lovette están obligados a existir en la vida del otro desde nacimiento, pero se volvieron enemigos por mera elección.

El destino parece tener una obsesión retorcida con ellos, pues tras un accidente mortal, ambos terminan despertando dentro de la novela de fantasía que debían leer para un proyecto universitario.

Julie, ahora Odette Montgomery y Elis, ahora Oriel Langford, se ven obligados a contraer matrimonio bajo el papel de la pareja más envidiada del imperio, aunque las ganas de estrangularse continúan evidentes.

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NovelToon tiene autorización de YESRABI para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Hacer Las Pases Con El Némesis

El silencio en el pasillo se asentó bajo una tensión que mantuvo a Julie con el pecho oprimido. Su cuerpo estaba reaccionando a algo. Un escalofrío le pellizcó la espalda de punta a punta, pero sus ojos no pudieron apartarse de los otros, casi como si fueran un poco del consuelo que estaba ansiando.

—¿Qué… quieres decir?

Elis bufó, pellizcando el puente de su nariz como simple respuesta. Julie tuvo la necesidad instantánea de darle un puñetazo, exigirle respuestas para que la ansiedad naciente se apaciguara. Pero no podía hacerlo. Sus brazos no reaccionaban y sus puños no eran capaces de cerrarse con fuerza, como si el cuerpo de Odette continuara teniendo esos espasmos de autonomía.

—¿Puedes explicarme, por favor? —preguntó de nuevo, sintiendo que las mejillas se le quemaban, mientras peleaba para que su voz sonara suave.

La reacción de Elis no fue muy diferente a la suya. Aunque entendió que su enemigo también era presa de las memorias corporales de su personaje porque los ojos esmeralda brillaron con encanto ante su petición. El gesto de su rostro se calmó y, por un momento, vio un poco de compasión en ese sujeto.

—¿De verdad no leíste nada?

La voz de Oriel salió masculina y profunda, demasiado cuidadosa para alguien con el espíritu de Elis en el interior. Julie tragó saliva, negando, deseando ser tragada por la pared que la acorralaba, antes de continuar teniendo esa crisis de ternura forzada.

—El video del resumen que vi no hablaba de muertes, solo contaba el punto de vista de Oriel —carraspeó, evadiendo la mirada ajena—. Él está enamorado de Odette, pero sus sentimientos cambian por completo cuando conoce a la hija del consejero real durante las visitas en el palacio, y al final, ambos formalizan el compromiso —explicó, recordando.

—Julie, te dije mil veces que esos videos no te cuentan el verdadero contexto de las novelas —renegó.

—¿Perdón?, pero creo que tú tampoco tendrías ganas de leer una estúpida novela, ¡si estuvieras amenazado la mayor parte del tiempo!

Las cejas de Elis se relajaron y la incomodidad en Julie se extendió. Habría preferido callarse, guardarse sus propios problemas y no buscar un papel de víctima; sin embargo, su boca se abrió como si aquello fuera a solucionar un poco del enorme problema.

—¿Amenazada? ¿De qué estás hablando? —indagó Elis, con el volumen bajito.

—Alguien tomó una fotografía con un ángulo sugerente de mí y la secretaria del decano, así que estuve regalando cien dólares semanales a algún bastardo para que la foto no llegara a manos de mis padres —masculló, con la sangre subiendo hasta su cabeza—. ¿No habrás sido tú?

—Por supuesto que no —jadeó—. No me interesa en lo más mínimo tu asqueroso dinero.

—Bueno, sea como sea, ya estamos muertos y eso ya no importa ahora —retomó—. En lo que debemos enfocarnos es en la novela —señaló, llevando la uña de su pulgar a los dientes—. Si la historia principal habla del asesinato de Odette, ¿por qué Oriel no hizo nada, si se suponía que la amaba?

Elis suspiró, dejando de lado lo recién confesado. Volvió a recargar la mano en la pared y tomó la mejilla de la azabache entre sus dedos, pellizcando con ganas, hasta que lloriqueó.

—Las flores, Julie —mencionó—. ¡¿Puedes intentar usar la maldita cabeza por un instante?!

Julie dejó un manotazo, quedándose libre de su agarre. Lo miró con amabilidad, casi arrancándose la lengua para no gritarle. Se recostó en la pared con los brazos cruzados, luego suspiró sin entusiasmo, dejándole en claro su hostilidad viviente.

—¿Podrías explicarme amablemente, en lugar de tratarme como idiota?

—Tienes razón. No puedo dar por sentado que lo sabes todo… perdón.

Julie agradeció en silencio, bajando la guardia poco a poco, observando la manera en la que Elis se acomodaba en su sitio para mantener la intimidad de su charla.

—Cuando Odette muere en la historia, Oriel cae en una fuerte depresión que lo lleva a volverse un tirano; Margaret lo hechiza con flores y lo enamora a base de sus pócimas por petición de su padre.

—Su padre es ese viejo de antes, ¿verdad?

—Sí, el mismo que te ve con desprecio.

—Leí algo sobre un sospechoso en el diario de Odette —informó Julie, pellizcándose el antebrazo cuando la pesadez comenzó a controlarla—. Creo que ella ya presentía su muerte.

Elis pretendió hablar, pero sus palabras no salieron porque unos taconcillos sonaron autoritarios en el pasillo. La esbelta y poderosa figura del comandante Montgomery se dejó ver al segundo siguiente, con los ojos furiosos y su mano empuñando el mango de su espada sin pizca de misericordia.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó con voz firme—. Que seas el heredero del trono no te hace inmune al ataque de mi espada —advirtió.

Elis suspiró, retirándose suavemente. Julie peló los ojos aterrada, dándose la vuelta para encontrarse con la imponente mirada de su padre. La saliva se acumuló en su boca sin permiso a dar una explicación; sin embargo, logró encontrar un poco de valentía cuando Sky llegó y sujetó la mano de su padre, dándole apenas unos segundos para que pensara en una solución. Entonces, Julie soltó una risita boba, mientras se sujetaba del brazo fortachón de Oriel, ignorando por completo la manera en la que su estómago se alborotaba y Elis se ponía rígido ante su toque.

—Papá, no pienses mal —musitó—. Me sentí un poco mareada y solo pude sentirme protegida con Oriel —le sonrió.

—¡Oh, mi pequeña joya! ¿Estás bien ahora? Sky, rápido, revisa a mi princesa —demandó, olvidándose de la amenaza.

Sky se acercó con el hombre de barba a sus espaldas. Julie se soltó de Oriel y estiró su mano, sintiendo que el corazón se le salía por la boca cuando Sky la tomó y analizó sus signos vitales con total normalidad.

Estaba ansiosa, nerviosa, creyendo que Sky sabía algo que ella no. Su mente ideó el plan de golpearlo y salir huyendo para otro reino con la intención de evadirlo todo; sin embargo, sus pensamientos se apaciguaron en el momento que Sky le acarició la mejilla que Elis había pellizcado anteriormente.

—Julie está bien, comandante, estas reacciones son normales cuando se sobrevive a un envenenamiento —informó, dedicándole una sonrisa calmosa—. Démosle un par de minutos; probablemente la fiesta de té está siendo un poco abrumadora por su amnesia.

—Claro, claro —razonó—. Mi pequeña, no tienes que volver si te sientes mal.

—Oh —se aclaró la garganta—. Estaré bien, solo necesito un poco de aire, pero prometo estar ahí.

Su padre le sonrió y se acercó a ella, besándole la frente con un cariño ensordecedor. Julie presionó sus puños entre las telas voluminosas de su vestido y batalló contra sí misma, dándole una sonrisa que pareció convencerlo. Finalmente, el padre dejó una mirada a Sky antes de partir y dejarlos solos a los tres. La amabilidad se desprendió del rostro del castaño y sus labios curvos se volvieron rectos, encarando a la pareja sin el entusiasmo amistoso de antes.

—Ustedes dos son los peores impostores que he conocido en toda mi vida.

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