NovelToon NovelToon
¿Alguna Vez Me Enamore?

¿Alguna Vez Me Enamore?

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Romance / Escuela / Completas
Popularitas:547
Nilai: 5
nombre de autor: JESSE_SDV

Mey nunca imaginó que dejar la ciudad significaría dejar también la vida que conocía. Acostumbrada al ruido de las avenidas, las luces interminables y la rutina acelerada, se vio obligada a empezar de nuevo en un pequeño pueblo rodeado de campos y silencio. Todo allí parecía ajeno… hasta que conoció a Elian.
Arrogante, orgulloso y con una actitud imposible de ignorar, Elian era el tipo de chico que siempre conseguía lo que quería. Desde el primer encuentro, las discusiones entre ambos fueron inevitables. Pero detrás de su mirada desafiante y sus palabras frías, Mey comenzó a descubrir secretos que nadie más veía.
Lo que empezó como un cambio que ella nunca deseó, terminó convirtiéndose en una historia capaz de transformar sus heridas, sus miedos y hasta su forma de amar. Porque a veces, el lugar al que menos quieres ir… termina siendo donde realmente encuentras tu destino.

NovelToon tiene autorización de JESSE_SDV para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 20

Los campeonatos interescolares habían llegado a su fin, y con ellos, las visitas constantes de delegaciones, los entrenamientos intensos y los nervios previos a cada partido. El colegio volvía a su ritmo habitual: clases algo monótonas, recreos bulliciosos y las eternas tareas grupales. Pero para Mey, algo había cambiado. Sentía que el aire se había vuelto un poco más espeso, como si todo estuviera a punto de tomar otro rumbo.

Desde hacía algunos días, Elian comenzaba a hablarle más de lo usual. No era que antes no lo hiciera, pero las pocas veces que intercambiaban palabras era por cosas prácticas: en la banda, sobre tareas, o saludos educados. Ahora, sin embargo, buscaba conversaciones más largas. Le hacía comentarios sobre lo que ella escribía en su cuaderno, le preguntaba si iría a tal clase, incluso hacía chistes tontos cuando se cruzaban en el pasillo.

A Mey, al principio, le pareció extraño. Pero con el pasar de los días, se acostumbró a esa atención. Le gustaba, aunque no se atrevía a aceptarlo del todo. Había algo en la manera distraída de Elian, en sus ojos esquivos cuando le hablaba, que la hacía preguntarse si él lo hacía solo por cortesía… o si había algo más.

Pero lo que Mey no sabía —lo que no podía imaginar siquiera— era que todo había comenzado con una apuesta.

Una tarde de lunes, en el patio trasero donde los chicos del salón solían reunirse, Elian estaba con su grupo de siempre: Matías, Roque y Alex, entre bromas, fútbol con botella de plástico, y música desde el celular de alguien.

—Tío, ya pues, deja de hacerte el loco —le dijo Matías, dándole un codazo—. Siempre que pasa Mey, te haces el que no la ves, pero si pestañea, tú ya lo sabes.

—¿Qué hablas? —dijo Elian, algo incómodo.

—Te gusta —añadió Roque—. ¡Admítelo ya!

—No me gusta. Solo... no sé. Está en mi grupo de banda, es normal que la mire, ¿no?

—Mira, mira cómo se pone nervioso —rió Alex.

—Ya está —dijo Matías, sonriendo con malicia—. Te reto a que la enamores.

—¿Qué?

—Una semana. Si logras que te diga que le gustas o que se ponga nerviosa contigo, ganas. Si no… pagas las hamburguesas del viernes.

Elian los miró con una mezcla de fastidio y duda. No era el tipo de chico que solía meterse en juegos así, y mucho menos con alguien como Mey. Pero decir que no era admitir que algo sí sentía. Y si aceptaba, quizás también… podía entender mejor qué era eso que no dejaba de incomodarlo.

—Una semana —repitió Roque—. Solo tienes que acercarte, hablarle más… ya lo haces igual. ¡Solo sube el nivel!

—Está bien —dijo finalmente Elian, intentando restarle importancia—. Lo haré. Total, ¿qué pierdo?

Lo que no se dio cuenta en ese momento fue que estaba abriendo una puerta que no podría cerrar tan fácil.

El día siguiente, Elian esperó en la entrada del aula hasta que Mey llegó. Caminaba con su carpeta en brazos, distraída. Tenía unos mechones sueltos del peinado y se veía un poco apurada.

—Hey —dijo él, deteniéndola.

—Ah, hola —respondió ella, sorprendida—. ¿Pasa algo?

—No. Solo… ¿puedo ver tu carpeta? La decoración de la portada está bien hecha.

—¿Mi carpeta? —preguntó, confundida.

—Sí. El dibujo de la esquina, el que hiciste con marcador. Es un gato, ¿no?

Mey parpadeó. No esperaba eso. Se la entregó sin decir mucho y lo dejó ver el diseño. Era un gato acostado, con estrellas alrededor.

—¿Te gusta dibujar?

—Sí… bueno, no soy muy buena, pero me relaja —respondió, más tranquila.

—Se nota. Tiene estilo —dijo él, sonriendo con ese gesto que a ella le parecía medio arrogante, pero no podía evitar mirarle cuando lo hacía.

Durante el recreo, volvió a buscarla.

—¿Te vas a sentar aquí? —preguntó señalando el banco del patio.

—Sí. Aquí siempre me siento con Dana.

—Bueno, entonces me siento antes de que llegue —bromeó, y se sentó a su lado sin esperar respuesta.

Mey no sabía qué decir. Elian… estaba raro. Pero raro bien. Era más simpático que antes. Más ligero.

—¿Tú también dibujas? —preguntó ella, para mantener la conversación.

—No, dibujo palitos con cara. Pero sé mirar.

—¿Mirar?

—Sí. Soy bueno observando cosas que otros no notan.

Ella rio.

—Eso suena muy filosófico para ti, Elian.

—Te subestimas si crees que no tengo profundidad —dijo, fingiendo ofensa.

Ambos rieron. Mey se sentía un poco tonta, pero no podía evitarlo. Había algo emocionante en ese nuevo Elian, más abierto, más presente.

Pasaron los días, y la apuesta avanzaba. Elian hablaba más con Mey, se ofrecía a ayudarle con las partituras de la banda, se sentaba cerca en clase, le pasaba hojas cuando se le acababa el papel. Ella, sin saber el motivo detrás, comenzó a ilusionarse. Le daba vueltas a cada palabra que él le decía, a cada mirada en medio de las clases. Y no era que se hubiera olvidado de Jin, pero… ahora era distinto.

Una tarde, en la salida del colegio, Mey bajó con su mochila pesada y un cuaderno en mano. Elian la alcanzó.

—¿Quieres que cargue eso?

—¿Qué? No, no, yo puedo —respondió algo nerviosa.

—Insisto. No te vayas a caer por las escaleras y luego digan que fue mi culpa —añadió con una sonrisa.

Ella se rió y le entregó el cuaderno. Bajaron juntos, y en el camino, hablaron de música, del próximo ensayo, de lo aburrido que era el curso de historia. Fue una conversación simple, pero a Mey le quedó grabada.

Dana la esperaba en la puerta.

—¿Ese era Elian?

—Sí…

—¿Y?

—Y nada —respondió Mey bajando la mirada.

—¿Nada? Te bajó la mochila, caminó contigo, y tú vienes roja como tomate. Algo hay.

—No sé… últimamente es más… cercano.

—¿Y eso te gusta?

Mey no respondió, pero su sonrisa hablaba por ella.

Mientras tanto, Elian estaba confundido. Lo que había comenzado como una tontería entre amigos, ahora lo tenía pensando demasiado. Cada palabra que Mey le decía, cada risa suya, le dejaban una sensación rara en el pecho. Y cuando Matías le preguntó:

—¿Y, ya ganaste?

Él solo respondió:

—No sé si quiero ganar.

Aquella noche, Elian no pudo dormir bien. Daba vueltas en su cama, con los brazos detrás de la cabeza, mirando el techo de su cuarto sin ver nada realmente. Se sentía estúpido. ¿Por qué aceptó esa apuesta? En un principio pensó que sería un juego inofensivo, un reto cualquiera entre amigos, pero ahora no podía dejar de pensar en la mirada de Mey cuando sonreía, en lo dulce que era su voz cuando hablaba de cosas pequeñas, como sus dibujos o las canciones que escuchaba en silencio mientras caminaba sola por los pasillos.

En su mente, empezaba a repetirse una pregunta incómoda: ¿y si no era solo un juego? ¿Y si realmente le gustaba Mey? La idea le daba miedo. Porque no solo estaba arriesgando una hamburguesa con sus amigos, estaba jugando con una persona que no merecía eso. Una chica tranquila, sensible, que se ponía nerviosa cuando la miraban de más. Alguien que claramente se ilusionaba con los gestos más pequeños. Y si ella se enteraba de la apuesta… ¿cómo iba a mirarla a la cara después?

Mey, por su lado, pasaba por algo parecido. Esa noche le contó a su madre que Elian estaba hablándole más últimamente. Lo dijo como si no le importara mucho, con tono despreocupado, mientras cenaban. Pero su mamá la miró con una sonrisa disimulada y dijo: “Te estás poniendo bonita, hijita.” Mey se rió, pero se fue a dormir con la cabeza revuelta. Elian le causaba mariposas, sí, pero también dudas. ¿Por qué ahora? ¿Por qué justo después del campeonato, después de tantas semanas de casi ignorarla?

Al día siguiente, cuando se encontraron en el salón, hubo un momento de silencio extraño entre ambos. Se saludaron, sí, pero algo estaba cambiando. Una tensión nueva, algo sutil pero creciente. Ninguno sabía cómo explicar lo que sentían, pero una cosa era segura: ya no era un simple juego… y lo que viniera después iba a doler, para uno o para los dos.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play