Un simple tropiezo frente a la universidad cambió la vida de Amelia para siempre. Ahora su corazón y su hijo están atrapados entre dos mundos el humano y el del Reino de Fuego. Con Gael a su lado y el poderoso rey Dante observándola, Amelia deberá enfrentarse a decisiones, secretos peligrosos y una magia que puede alterar su destino… para siempre.
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Un desayuno peligroso
El sol apenas comenzaba a iluminar la ciudad.
El campus universitario todavía estaba tranquilo. Algunos estudiantes caminaban somnolientos entre los edificios mientras el olor a café salía de la pequeña cafetería cercana a la entrada.
Amelia estaba sentada en una mesa junto a la ventana.
Frente a ella había un café caliente y un pequeño plato con pan tostado.
Pero no estaba sola.
Gael estaba sentado frente a ella, observando con curiosidad todo lo que ocurría dentro del lugar.
—Los humanos comienzan el día muy temprano —comentó.
Amelia sonrió levemente.
—Tenemos clases, trabajos, exámenes… básicamente una vida complicada.
Gael miró la taza de café.
—¿Esto es lo que beben para sobrevivir?
Amelia rió.
—Algo así.
Empujó una segunda taza hacia él.
—Prueba.
Gael levantó la taza con curiosidad.
La olió primero.
Luego bebió un pequeño sorbo.
Su expresión cambió ligeramente.
Amelia lo miró divertida.
—¿No te gusta?
Gael dejó la taza sobre la mesa.
—Es… fuerte.
—Es café.
Gael volvió a probar otro sorbo.
Esta vez no reaccionó.
—Podría acostumbrarme.
Amelia sonrió.
El ambiente era tranquilo.
Durante unos segundos simplemente desayunaron en silencio.
Amelia comió un trozo de pan mientras Gael observaba el movimiento del lugar.
Había algo que lo fascinaba del mundo humano.
Las conversaciones.
La normalidad.
La calma.
Nada de intrigas políticas ni discusiones entre reinos.
—Tu mundo es muy diferente —dijo finalmente.
Amelia lo miró.
—¿Tu mundo?
Gael se dio cuenta de lo que había dicho.
Pero no se corrigió.
—Donde crecí.
Amelia inclinó la cabeza.
—Nunca hablas mucho de eso.
Gael tomó otro sorbo de café.
—No es un lugar fácil.
Amelia lo observó unos segundos.
—¿Tu familia tiene algo que ver?
Gael soltó una pequeña risa.
—Podría decirse.
Amelia iba a responder algo más, pero en ese momento su teléfono vibró sobre la mesa.
Miró la pantalla.
Era Lucía.
Abrió el mensaje.
"No te voltees, pero hay un chico muy extraño mirándolos desde afuera."
Amelia frunció el ceño.
—¿Qué pasa? —preguntó Gael.
Amelia levantó la mirada lentamente.
—Mi amiga dice que alguien nos está mirando.
Gael no reaccionó de inmediato.
Pero sus sentidos se activaron.
Había aprendido a detectar presencias fácilmente.
Giró la cabeza hacia la ventana.
Y entonces lo sintió.
Una energía conocida.
Peligrosa.
Gael se tensó ligeramente.
Amelia lo notó.
—¿Gael?
Pero él no respondió.
Porque al otro lado de la calle, apoyado contra un poste de luz, había un hombre alto observándolos.
Cabello oscuro.
Mirada fría.
Y una expresión tranquila… demasiado tranquila.
Dante.
El rey del Reino de Fuego.
Y su hermano mayor.
Gael apretó la mandíbula.
—No puede ser…
Amelia lo miró confundida.
—¿Qué sucede?
Gael volvió a mirar hacia la ventana.
Pero Dante ya no estaba.
Había desaparecido.
Como si nunca hubiera estado allí.
Gael se levantó de inmediato.
—Tengo que irme.
Amelia se sorprendió.
—¿Ahora?
—Sí.
Amelia frunció el ceño.
—Pero…
Gael se inclinó ligeramente hacia ella.
Su expresión era seria.
—Amelia.
Era la primera vez que pronunciaba su nombre de esa forma.
—Si alguna vez sientes que algo no está bien…
Amelia lo miró confundida.
—¿Qué?
Gael dudó un segundo.
Luego negó con la cabeza.
—Nada.
Se enderezó.
—Nos vemos después.
Y salió rápidamente de la cafetería.
Amelia lo observó marcharse con el ceño fruncido.
Algo definitivamente no estaba bien.
Al otro lado de la ciudad.
En la azotea de un edificio.
Dante observaba la universidad desde lo alto.
El viento movía ligeramente su abrigo oscuro.
A su lado estaba Lior.
—Entonces… esa es la humana —dijo Lior.
Dante no apartó la mirada del campus.
—Amelia.
Lior levantó una ceja.
—Ya sabes su nombre.
Dante asintió.
—Y muchas otras cosas.
Lior cruzó los brazos.
—¿Qué piensas hacer?
Dante guardó silencio por unos segundos.
Luego respondió con calma.
—Observar.
Lior sonrió.
—Eso suena aburrido.
Dante finalmente desvió la mirada hacia su hermano.
Sus ojos brillaban con una intensidad peligrosa.
—No.
Luego volvió a mirar hacia el campus.
—Porque si Gael está dispuesto a arriesgar todo por una humana…
Su voz se volvió más baja.
—Quiero descubrir qué tiene de especial.
Muy lejos de allí…
Amelia seguía sentada en la cafetería.
Sin saber que el hombre más peligroso del Reino de Fuego ya había puesto sus ojos en ella.
Y que, a partir de ese momento…
Ella se había convertido en parte de un juego mucho más grande de lo que imaginaba.