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Morir Para Continuar

Morir Para Continuar

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Mundo mágico / Fantasía épica
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: kingofcurses_rb.

Cada final es un regreso… pero el dolor nunca desaparece.

NovelToon tiene autorización de kingofcurses_rb. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: Límites desconocidos

El día se había alargado más de lo esperado.

Kenji terminó una tarea… luego otra… y otra más.

Sin detenerse.

Sin quejarse demasiado.

Pero su cuerpo sí lo notaba.

Cuando por fin regresó a su habitación, dejó caer su peso sobre la cama sin cuidado.

—…Estoy muerto.

Miró el techo.

Silencio.

Tranquilidad.

Por primera vez en el día.

Cerró los ojos un segundo.

Solo uno.

Y entonces—

La puerta se abrió.

Kenji reaccionó de inmediato, incorporándose de golpe.

—¿Qué—?

Su pie resbaló con la sábana.

—¡Ah—!

Cayó directo al suelo.

Golpe seco.

—…Aah…

Se quedó unos segundos ahí, procesando el dolor.

Giró la cabeza.

Y la vio.

Cecilia.

De pie en la puerta.

Como si nada.

Kenji se levantó rápido, nervioso.

—¡Princesa!

Se acomodó un poco la ropa.

—Ya es de noche…

Señaló hacia afuera, como si eso explicara todo.

—Debería estar en su habitación.

Cecilia inclinó la cabeza.

—¿Por qué?

Kenji parpadeó.

—¿Cómo que por qué?

Se llevó una mano a la cara.

—Porque… porque…

Se detuvo.

Buscando las palabras.

—Porque pensarán cosas inapropiadas.

Cecilia lo miró.

—¿Inapropiadas?

Kenji suspiró.

—Sí… cosas raras.

Cecilia dio un paso dentro de la habitación.

—¿Como qué?

Kenji se tensó.

—¡No avances!

Cecilia se detuvo.

—¿Eso también es inapropiado?

Kenji se llevó ambas manos a la cabeza.

—…Este mundo me va a matar.

Cecilia lo miró en silencio.

Luego habló con total calma.

—Solo quería verte.

Kenji bajó lentamente las manos.

—¿…Verme?

—Sí.

Se acercó un poco más.

Pero esta vez… más despacio.

—No viniste después.

Kenji frunció el ceño.

—¿Después de qué?

—De trabajar.

Kenji parpadeó.

—…Estaba trabajando.

Cecilia asintió.

—Lo sé.

Hizo una pausa.

—Pero pensé que vendrías.

Kenji se quedó en silencio.

No esperaba eso.

—…No sabía que tenía que hacerlo.

Cecilia lo observó unos segundos.

—Entonces ahora ya lo sabes.

Kenji soltó un suspiro.

—Esto es muy complicado.

Cecilia sonrió levemente.

—No tanto.

Se sentó en el borde de la cama.

Otra vez.

Como si fuera lo más normal del mundo.

Kenji la miró.

—…Otra vez invadiendo espacio personal.

Cecilia inclinó la cabeza.

—Pero ahora ya sé que solo es “un poco”.

Kenji no pudo evitar soltar una pequeña risa.

—…Sí, supongo que sí.

El ambiente se volvió más tranquilo.

Más suave.

Pero aun así—

Kenji no podía evitar pensar que,

en ese mundo,

hasta las cosas simples…

eran peligrosas de una forma distinta.

Capítulo 11: Límites desconocidos (Parte 2)

Kenji se quedó en silencio unos segundos.

Mirándola.

Pensando.

Luego soltó un suspiro.

—…Está bien.

Cecilia inclinó la cabeza.

—¿Qué cosa?

Kenji se cruzó de brazos, un poco más serio ahora.

—Quiero saber parte de tu historia.

Hizo una pequeña pausa.

—Y yo… te contaré la mía.

Cecilia parpadeó.

Como si no esperara eso.

—¿Historia?

—Sí —respondió Kenji—. Algo justo.

Se encogió de hombros.

—Tú me cuentas algo de ti… yo hago lo mismo.

Cecilia lo miró en silencio.

Procesando.

Luego asintió lentamente.

—Está bien.

Se acomodó un poco en la cama.

—Empieza tú.

Kenji levantó una ceja.

—¿Yo?

—Sí.

—Pensé que tú primero.

Cecilia negó con la cabeza.

—Quiero saber de tu mundo.

Kenji se quedó callado.

Miró al suelo.

Luego al techo.

Luego a sus manos.

—…No es muy interesante.

Cecilia lo observó con atención.

—Aun así.

Kenji dudó.

Pero al final habló.

—Vivía… en una ciudad grande.

Se detuvo un segundo.

—No había magia… ni castillos… ni nada de esto.

Hizo un gesto con la mano.

—Todo era… normal.

Cecilia escuchaba en silencio.

Sin interrumpir.

—Vivía con… —se detuvo— con quienes creía que eran mis padres.

Sus dedos se tensaron apenas.

—Pero no lo eran.

Cecilia parpadeó.

—¿No?

Kenji negó lentamente.

—No.

Hizo una pausa.

Más larga esta vez.

—Me dejaron.

El silencio cayó.

Pesado.

Pero no incómodo.

Cecilia bajó la mirada.

—…Lo siento.

Kenji negó.

—No es tu culpa.

Se encogió de hombros.

—Después de eso… terminé viviendo solo… luego en un lugar con más chicos.

—¿Un hogar?

—Sí… algo así.

Se rascó la nuca.

—Aprendí a hacer cosas por mi cuenta… cocinar, limpiar…

Sonrió un poco.

—Por eso no me cuesta tanto esto.

Cecilia lo miró.

Más suave.

—Eres fuerte.

Kenji soltó una risa leve.

—No tanto.

Hizo una pausa.

—Solo… me acostumbré.

El silencio volvió.

Pero esta vez—

Cecilia tomó la palabra.

—Mi turno.

Kenji levantó la mirada.

Cecilia sostuvo el collar entre sus manos.

—Este… me lo dio mi madre.

Su voz bajó un poco.

—Antes de morir.

Kenji no dijo nada.

Solo escuchó.

—Desde entonces… estoy sola.

Hizo una pausa.

—Tengo a todos… pero también no tengo a nadie.

Kenji frunció ligeramente el ceño.

—Eso suena contradictorio.

Cecilia asintió.

—Lo es.

Miró el collar.

—Las personas me temen.

Kenji bajó la mirada un segundo.

—…Ya lo noté.

Cecilia continuó.

—Porque me parezco a alguien que hizo cosas malas.

Kenji la miró.

—¿Alicia?

Cecilia no respondió directamente.

Pero su silencio fue suficiente.

—Aun así —dijo ella— quiero ayudar a todos.

Levantó la mirada.

—Aunque me odien.

Kenji se quedó en silencio.

Largo.

—…Eres terca.

Cecilia parpadeó.

—¿Terca?

—Sí.

Kenji la miró directo.

—Pero en el buen sentido.

Cecilia sonrió.

Pequeño.

Sincero.

—Gracias.

Kenji desvió la mirada.

—De nada.

El ambiente se volvió tranquilo.

Más cercano.

Dos personas.

De mundos distintos.

Compartiendo algo simple.

Pero importante.

Y sin darse cuenta—

Ese momento…

Los acercó más de lo que esperaban.

Capítulo 11: Límites desconocidos (Parte 3)

La mañana llegó tranquila.

Demasiado tranquila.

Kenji caminaba junto a Cecilia y las trillizas por las calles del reino, observando los puestos con curiosidad.

Frutas, telas, objetos extraños que no entendía.

—…Ok, esto sí está interesante —murmuró.

Airi sonrió.

—¿Te gusta?

—Sí… es como un mercado, pero versión medieval.

—¿Medieval otra vez? —preguntó Cecilia.

—Luego te explico.

Kaede, caminando cerca de Cecilia, se inclinó ligeramente hacia ella.

—Princesa…

—¿Sí?

—¿Por qué parece que está… coqueteando con ese chico?

Cecilia parpadeó.

—¿Coqueteando?

—Sí.

—No entiendo.

Kaede suspiró.

—Nada… olvídelo.

Siguieron caminando.

Hasta que—

Entraron a un callejón.

El ambiente cambió.

Silencioso.

Vacío.

Y entonces—

Sombras.

Pasos.

Los mismos rostros.

Los ladrones.

Rodeándolos.

Kenji suspiró.

—…Eh.

Miró alrededor.

—Estos quieren venganza, ¿verdad?

Los hombres no respondieron.

Solo avanzaron.

Kaede no dudó.

Sacó un cuchillo.

Airi también.

Mio igual.

Kenji parpadeó.

—¿Es en serio… ustedes saben pelear?

Airi respondió sin dejar de mirar al frente.

—Por la seguridad de la princesa…

Su tono cambió.

Más serio.

—Somos las mejores luchando.

El primer atacante se lanzó.

Kenji reaccionó.

Su mano se movió antes que su mente.

Agarró la hoja.

La detuvo.

Pero—

—…Tch.

La sangre apareció de inmediato.

La palma abierta.

El dolor llegó.

Pero no se detuvo.

Golpeó.

Uno cayó.

Las trillizas se movieron al mismo tiempo.

Rápidas.

Precisas.

Silenciosas.

El combate fue caótico.

Rápido.

Pero algo—

Salió mal.

Kenji recibió otro ataque.

Más profundo.

Más grave.

Su cuerpo falló.

—…Maldición…

Cayó de rodillas.

La sangre no se detenía.

Los ladrones ya estaban en el suelo.

Derrotados.

Pero eso no importaba.

Kenji se tambaleó.

Y cayó.

Pero no tocó el suelo.

Cecilia lo atrapó.

—¡Kenji!

Su voz tembló.

Las trillizas se acercaron de inmediato.

—Está perdiendo demasiada sangre —dijo Mio.

—Presión —ordenó Kaede.

Airi intentó ayudar.

Pero—

Kenji ya lo sabía.

—…Maldición…

Su voz era débil.

—Voy a morir…

Cecilia negó con la cabeza, desesperada.

—¡No digas eso!

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¡Por favor!

Kenji la miró.

Su visión se desvanecía.

Pero aún podía verla.

Llorando.

Las trillizas intentando calmarla.

—…Lo siento…

Fue lo último que dijo.

Oscuridad.

Silencio.

Un parpadeo.

Ruido.

Gente.

Kenji abrió los ojos de golpe.

—¡…!

Estaba de pie.

Intacto.

El mercado.

Las voces.

Las mismas.

Giró la cabeza.

Cecilia.

Las trillizas.

Como antes.

Como si nada hubiera pasado.

Kenji bajó la mirada.

Sus manos.

Sin sangre.

Sin heridas.

—…Esto…

Su respiración se aceleró.

—…¿Es una broma?

Miró a su alrededor.

Todo igual.

Pero él—

No.

Apretó los puños.

En su mente, una sola idea.

¿Qué rayos está pasando conmigo?

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