Ella renace en otra época, conoce su futuro y está decidida a cambiarlo.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Raphael 1
Rebecca no reaccionó de inmediato.
La sorpresa seguía ahí… contenida, ordenándose dentro de su mente.
Pero no iba a dejar que eso tomara el control.
Respiró.
Lento.
Y cuando habló, lo hizo con firmeza.
—No responderé nada… si usted no lo hace primero.
No fue un desafío.
Fue un límite.
Claro.
Equilibrado.
Por un instante, el joven permaneció en silencio.
Y luego… cambió.
De forma tan abrupta que Rebecca no pudo evitar notarlo.
Se alejó.
Se sentó.
Y la tensión en su cuerpo… desapareció casi por completo.
Como si alguien hubiera desactivado algo dentro de él.
Como un niño al que acaban de corregir.
Rebecca parpadeó, sorprendida.
[Eso fue… rápido.]
Pero no comentó nada.
Se mantuvo atenta.
Observando.
Entonces él habló.
—Raphael Dempster.
Su voz era distinta ahora.
Más baja.
Más controlada.
—Duque de estas tierras.
Rebecca sintió el peso de esas palabras.
No en miedo.
Sino en contexto.
[El duque…]
Eso explicaba muchas cosas.
La mansión.
La protección.
La preocupación de Lady Dempster.
Y también… el acceso a todo tipo de recursos.
Aun así, Rebecca no cambió su postura.
—Entiendo.
No hizo reverencias exageradas.
No cambió su trato.
Porque en ese momento… no era solo un duque.
Era su paciente.
Lo observó un segundo más.
Y luego preguntó, directa..
—Entonces… ¿por qué necesita una doctora?
Su tono no fue desafiante.
Pero sí lógico.
—Con su posición… podría acudir a un mago de sanación.
Era evidente.
Casi obvio.
Raphael asintió levemente.
Como si hubiera esperado esa pregunta.
—Podría.
La respuesta fue simple.
Pero no terminó ahí.
Hizo una pausa.
Breve.
Y luego continuó.
—Pero mi magia está… maldita.
Rebecca no se movió.
Pero su atención se intensificó.
—Si recupero la vista… perderé mi magia.
El silencio que siguió fue pesado.
Porque esa frase… no era menor.
Rebecca lo miró fijamente.
Procesando.
- Entonces… Es una elección.
No una imposibilidad.
No es que no pueda sanar.
Es que no quiere.
Raphael inclinó ligeramente el rostro hacia ella.
—Prefiero la oscuridad… que perder mi poder.
No había duda en su voz.
No había arrepentimiento.
Era una decisión tomada.
Consciente.
Rebecca sintió cómo su mente comenzaba a trabajar con rapidez.
Eso cambiaba todo.
No estaba tratando una enfermedad simple.
Ni siquiera una condición común.
Era un conflicto.
Entre cuerpo… y poder.
Entre función… y magia.
Entre ver… o conservar algo más valioso para él.
Bajó la mirada un instante.
Pensativa.
[Entonces no quiere curarse… Quiere… mantenerse.]
Eso era completamente distinto.
Volvió a mirarlo.
Más seria ahora.
Más enfocada.
Porque ese caso… no se trataba de sanar a alguien..
Se trataba de entender hasta dónde intervenir.
—Comprendo —dijo finalmente.
Y no era una respuesta vacía.
Realmente lo hacía.
Aunque no lo compartiera del todo.
Se inclinó apenas hacia adelante.
—Entonces mi trabajo aquí no es devolverle la vista.
Lo dijo como una conclusión.
No como una pregunta.
Raphael no respondió.
Pero su silencio… confirmó lo suficiente.
Rebecca exhaló suavemente.
—Es más complejo…
Mucho más de lo que esperaba.
Pero lejos de incomodarla… eso la reafirmó.
Porque si había algo que había decidido desde el principio… era enfrentarse a lo difícil.
Y ahora lo tenía claro.
Ese no era solo un paciente.
Era un caso único.
Y, quizás… una oportunidad que no volvería a repetirse.
Raphael no dejó pasar el momento.
Se levantó nuevamente, pero esta vez su movimiento no fue brusco ni agresivo. Se acercó a Rebecca con una calma distinta… más enfocada, casi calculada.
—Háblame de tu marca de alma —dijo, directo.
No había rodeos.
No había suavidad.
Era una exigencia disfrazada de curiosidad.
Rebecca lo miró en silencio unos segundos.
Midiendo.
Evaluando.
Y luego respondió, sin perder el control.
—Le responderé… del mismo modo en que usted lo hizo conmigo.
Hizo una breve pausa.
—Pero también tengo más preguntas.
Su tono no cambió.
—Y no le contaré todo.
Claro.
Firme.
—Porque si lo hago… usted dejará de responder.
El silencio se tensó por un instante.
Y luego… Raphael sonrió levemente.
No una sonrisa amplia.
Pero sí… genuina.
—Eres inteligente, doctora.
No era burla.
Era reconocimiento.
Rebecca no reaccionó.
Pero internamente… tomó nota.
Él no se ofendía por los límites.
Los respetaba.
O al menos… los entendía.
—Entonces dime… —continuó Raphael, inclinando ligeramente el rostro hacia ella
—¿hace cuánto tiempo llegaste a este mundo?
La pregunta fue precisa.
Peligrosa.
Porque no dejaba espacio para ambigüedad.
Rebecca sintió el peso de esa mirada que no veía… pero que parecía atravesarla igual.
Respiró.
Profundo.
Ordenando sus pensamientos.
No podía mentir fácilmente.
No con alguien como él.
Pero tampoco podía entregarlo todo.
—Casi tres años… —respondió finalmente.
Su voz fue estable.
—Antes de entrar a la academia.
Raphael no la interrumpió.
No reaccionó de inmediato.
Solo… escuchó.
Rebecca continuó.
—Y… nadie más lo sabe.
Esa parte fue más medida.
Más cuidadosa.
—Al menos… no directamente.
Hizo una pequeña pausa.
—Quizás algún maestro en la academia lo haya notado.
Recordó brevemente.
Las miradas.
Los profesores.
La presencia de magia en ese lugar.
—También hay magos allí.
Sus ojos bajaron un instante, pensativa.
—Pero nadie me lo ha dicho.
Volvió a alzar la mirada.
—Así que, oficialmente… nadie lo sabe.
El silencio que siguió fue distinto al anterior.
Más profundo.
Más… cargado de significado.
Porque ahora… no era solo ella quien había sido expuesta.
Era un intercambio.
Equilibrado.
Controlado.
Raphael permaneció quieto frente a ella.
Y aunque sus ojos estaban cubiertos… Rebecca tuvo la clara sensación de que la estaba observando con más atención que nunca.
Y en ese momento… ambos entendieron algo.
Ya no eran solo paciente y doctora.
Eran dos personas… que compartían un secreto que pocos en ese mundo podían comprender.