Aleska es una jovencita ilusionada con su boda, con una vida de amor y felicidad, pero llega la traición, la peor de todas.
Su prometido la vende a mafiosos, ¿la razón?, quiere deshacerse de ella lo más rápido posible, ha conseguido enamorar a una niña rica, la cual quiere que termine lo más rápido con esa pobretona. Pero cuando ella había perdido las esperanzas, algo extraño pasa, ¿una coincidencia?, ¿algo planeado?, nadie lo sabe, o tal vez solo una persona lo sepa.
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Cap. 18 Yo tampoco
Aleska sintió que el aire le quemaba los pulmones. Sus defensas, tan cuidadosamente construidas por Sofia, empezaron a resquebrajarse bajo el peso de esa confesión cruda.
—Drago… —murmuró, un intento de racionalidad que sonó débil.
—No —cortó él, dando otro paso. Ahora podía sentir el calor de su cuerpo, oler su colonia mezclada con el aroma a whisky y verdad.
—Mañana vas a ir a enfrentarte a dos hombres peligrosos por mí. Por nosotros. Y si algo sale mal… —Su voz se quebró, mostrando una grieta en su fachada de acero.
—No puedo dejar que pase sin decirte esto. Sin que sepas que esto ya no es un pacto para mí.
“¿Entonces qué es?” quiso preguntar Aleska, pero las palabras murieron en sus labios cuando él alzó una mano y, con una lentitud agonizante, le acarició la mejilla. El contacto fue una descarga eléctrica que le recorrió toda la espina dorsal.
—Es esto —susurró Drago, su aliento caliente en su piel.
—Es querer protegerte y al mismo tiempo saber que eres la persona más capaz que conozco. Es admirarte hasta el borde de la obsesión. Es mirarte y no ver a la chica que salvé, sino a la mujer que me salvó a mí de ser solo un fantasma en un traje caro.
Aleska ya no podía pensar. El análisis se desvaneció, reemplazado por un instinto puro y animal que había estado reprimiendo durante meses. El mismo que Mónica había desenterrado con sus bromas. Miró sus labios, esa boca que dictaba órdenes y confesaba secretos, y supo lo que quería.
Fue ella quien cerró la distancia final.
El beso no fue tierno. No fue una exploración tímida. Fue una colisión. Fue la furia contenida de meses de tensión, el respeto convertido en deseo, la lealtad transformada en pasión pura. Fue boca contra boca, dientes chocando, manos que se aferraban como anclas en un mar embravecido.
Drago gruñó, un sonido animal de sorpresa y triunfo, y la rodeó con sus brazos, levantándola casi del suelo, aplastándola contra su cuerpo duro como si quisiera fundirla con él.
Aleska respondió con la misma intensidad, enredando los dedos en su pelo entrecano, arañando la lana fina de su suéter, saboreando el sabor a café, whisky y a él.
Era todo lo que había imaginado y más: poderosa, posesiva, abrumadora. Era la intimidad de dos guerreros que finalmente bajaban la espada y se reconocían no solo como aliados, sino como iguales en el deseo y en la necesidad.
Cuando finalmente se separaron, jadeantes, frenéticos, todavía pegados, el mundo había cambiado. La línea que separaba lo estratégico de lo personal se había evaporado en el aire de la terraza.
—Esto… complica las cosas —logró decir Aleska, sin poder dejar de mirar sus labios hinchados.
—Lo sé —admitió Drago, su frente apoyada en la de ella.
—Pero ya estaba complicado. Ahora solo es… verdadero. Y no me arrepiento. Ni un segundo.
—Yo tampoco —susurró ella, y supo que era la verdad más profunda. El miedo a la misión del día siguiente estaba todavía ahí, pero ahora estaba mezclado con esto: un fuego nuevo que la hacía sentirse invencible y vulnerable a la vez.
Drago la besó de nuevo, más lento esta vez, con una intensidad que prometía algo más que una noche. Prometía un futuro, algo que ninguno de los dos había permitido soñar.
—Vuelve a mí —le ordenó contra sus labios; su voz era un ronroneo de posesión absoluta.
—Vuelve a mí completa. Porque esto no ha hecho más que empezar. Y cuando todo esto termine, tú y yo vamos a descubrir exactamente qué significa esta… alianza.
Aleska asintió, sin palabras. La dinámica había estallado, se había reformado, se había solidificado en algo infinitamente más peligroso y más poderoso. Ya no eran mentor y alumna. Ni siquiera eran solo socios. Eran cómplices en cada nivel posible.
La misión de la mañana siguiente ya no era solo por venganza o por supervivencia. Era para proteger esto. Este nuevo territorio desconocido y electrizante que acababan de reclamar el uno del otro.
Y cuando Aleska partió al amanecer, con el sabor de Drago aún en sus labios y el eco de sus palabras ardiendo en su mente, supo una cosa con certeza: No había fuerza en el mundo, ni policías corruptos ni exesposas vengativas, que pudiera detenerla. Tenía demasiado por lo que luchar ahora.
El lugar era una cabaña desvencijada al borde de un pantano en el sur, lejos de cualquier rastro de la ciudad y sus luces. El aire olía a vegetación podrida y a quietud peligrosa. Aleska llegó en un SUV discreto, conducido por un guardaespaldas mudo de confianza de Drago que esperaría a una distancia segura. Iba vestida con pantalones de lino y una blusa sencilla, pero su postura era la de un general.
Rogelio "El Tuerto" Mercado la esperaba en el porche, su ojo bueno escrutándola con desconfianza y una pizca de lujuria desagradable.
—No esperaba que viniera la señora en persona —dijo, escupiendo al suelo.
—Pensé que mandaría a un abogado con maletín.
—Algunas ofertas deben hacerse cara a cara —respondió Aleska, su voz serena, proyectando autoridad sin levantar el tono.
—Especialmente las que cambian vidas. ¿Y el otro?
Mercado hizo un gesto con la cabeza hacia el interior de la cabaña. En la penumbra, sentado en una mesa sucia, había un hombre flaco y nervioso, con los ojos saltando de un lado a otro como un animal acorralado.
"El Fósforo". Tenía las manos cubiertas de viejas quemaduras.
—Él tiene lo que usted busca —gruñó Mercado.
—Y yo tengo su historia. Pero primero, veamos el color de su dinero. La otra mitad.