NovelToon NovelToon
La NOCHE QUE NUNCA TERMINA

La NOCHE QUE NUNCA TERMINA

Status: Terminada
Genre:Mitos y leyendas / Maldición / Brujas / Completas
Popularitas:583
Nilai: 5
nombre de autor: karolina oquendo

COMPLETA

Mudarse parecía la única salida.
Para Andrés, Lili y su hijo Santiago, dejar la ciudad no fue una decisión… fue una necesidad. Una casa barata en un pueblo olvidado les ofrecía algo que ya no tenían: tranquilidad.
Y al principio, eso fue exactamente lo que encontraron.
Silencio. Calma. Espacio para empezar de nuevo.
Pero hay silencios que no son normales.
Y hay lugares donde la oscuridad no solo oculta… sino que observa.
Cuando cae la noche, la casa cambia.
Los rincones se vuelven más profundos. Los pasillos más largos. Y lo que no se ve… comienza a sentirse.
No hay monstruos.
No hay presencias.
Solo algo mucho más peligroso:
La mente.
Porque en la oscuridad, cada pensamiento toma forma…
y lo que imaginas… puede volverse real.

NovelToon tiene autorización de karolina oquendo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24 – El sabor del miedo

No hubo una señal clara de que algo diferente iba a pasar esa noche, pero los tres lo sintieron desde el inicio, el aire dentro de la casa se volvió más pesado, más denso, como si algo invisible ya estuviera ahí antes de mostrarse, ocupando el espacio sin necesidad de aparecer. Andrés dejó de moverse primero, Lili también, y Santiago lo notó sin saber exactamente por qué, pero lo entendió en el fondo, algo iba a pasar y no podían evitarlo. No fue como otras veces, no fue la noche entrando poco a poco, fue inmediato, un instante estaban en la casa y al siguiente todo cambió sin cambiar del todo, como si la realidad hubiera sido cubierta por otra capa más profunda.

La casa desapareció sin desaparecer, y lo único que quedó fue oscuridad, pero no una oscuridad vacía, sino una que tenía presencia, que se sentía, que pesaba, que respiraba alrededor de ellos. Estaban juntos, podían verse, pero no podían moverse, no podían hablar, no podían hacer nada más que observar. Al inicio no entendieron lo que estaban viendo, porque no era inmediato, porque sus mentes tardaron en aceptar lo que tenían frente a ellos, pero ahí estaban, sus propios cuerpos, frente a ellos, sin vida, quietos, exactamente como eran, pero vacíos, sin nada dentro.

Santiago sintió cómo algo dentro de él se quebraba, porque no era una posibilidad, no era una idea, era claro, demasiado claro, eran ellos, su padre, su madre, él mismo, como iban a terminar, sin duda, sin error. Intentó apartar la mirada, pero no pudo, porque algo lo obligaba a ver, a quedarse, a entender. Entonces la oscuridad se movió, no como una sombra normal, sino como algo que tenía intención, algo que sabía lo que hacía, y se acercó a esos cuerpos, a ellos mismos, y comenzó a absorberlos.

No fue rápido, no fue de golpe, fue lento, como si los deshiciera, como si cada parte de ellos fuera separada, tomada, consumida, como si no solo fuera el cuerpo, sino algo más profundo lo que estaba siendo arrancado. Santiago sintió náuseas, pero no pudo vomitar, su cuerpo no respondía, solo podía mirar, solo podía sentir cómo algo se llevaba lo que eran, lo que habían sido, lo que quedaba de ellos.

Entonces la voz apareció, sin dirección clara, sin forma, pero presente, diciendo con calma que estaba perfecto, que había quedado con el gusto de miedo, y esa frase no fue solo escuchada, fue sentida, como si confirmara que todo lo que estaban viendo tenía un propósito. Pero no terminó ahí, porque la escena cambió sin aviso, y ahora no estaban en ese espacio vacío, sino en algo diferente, un lugar oscuro, húmedo, parecido a una cocina, pero no una normal, algo más profundo, más primitivo.

Y ahí estaban otra vez.

Pero no como personas.

Sino como algo más.

Sus cuerpos ya no eran cuerpos completos, eran partes, eran carne preparada, cortada, hervida, transformada en algo que ya no podía llamarse humano. Santiago sintió cómo su mente intentaba rechazar lo que veía, pero no podía, porque algo lo obligaba a mantenerse consciente, a procesar cada detalle, a entender completamente lo que estaba pasando. Vio cómo los usaban, cómo los convertían, cómo eran servidos, y lo peor, vio cómo los comían.

No fue rápido, no fue limpio, fue intencional, como si cada parte tuviera valor, como si cada fragmento fuera importante, y ellos no podían hacer nada, solo mirar, solo presenciar, una y otra vez, porque no ocurrió una sola vez, se repitió, sin pausa, sin descanso, como un bucle donde cada repetición era igual de real, igual de imposible de ignorar.

El tiempo dejó de tener sentido, no sabían cuánto había pasado, pero la sensación era clara, había sido mucho, demasiado, como días acumulados sin detenerse, casi una semana entera viviendo lo mismo una y otra vez, sintiendo lo mismo, entendiendo cada vez más. Y entonces, sin aviso, todo terminó.

La casa volvió.

El aire cambió.

Estaban sentados.

Respirando.

Vivos.

Nadie habló, porque no había palabras para eso, porque lo que habían visto no necesitaba explicación. Lili comenzó a llorar primero, no con desesperación, sino con algo más profundo, con resignación, Andrés la abrazó sin decir nada, y Santiago se unió, los tres juntos, sin intentar entender, sin intentar negar, solo aceptando lo que ya sabían.

Esa noche comieron, no porque tuvieran hambre, sino porque podían, porque querían, porque sabían que tal vez no volverían a hacerlo, hablaron un poco, recordaron cosas, rieron en momentos que no tenían sentido, lloraron más de lo que esperaban, como si todo fuera una despedida silenciosa. Pero Santiago no pudo seguir ese ritmo, no pudo aceptar completamente lo que sus padres ya estaban empezando a aceptar.

De repente habló, diciendo que no, que no iba a quedarse, que no podía simplemente esperar a que eso pasara, que iba a escapar. Sus padres lo miraron, Andrés negó con la cabeza con una calma triste, diciendo que no había salida, que ya lo habían visto, pero Santiago apretó los puños, diciendo que tenía que haberla.

Lili habló entonces, recordando que pensaban que habían llegado en carro, pero que ahora sabían que no era así, que siempre había sido una ilusión, que ni siquiera sabían desde cuándo estaban ahí realmente, y aun así habían estado tranquilos, felices incluso, creyendo que ese lugar era un hogar.

El silencio cayó otra vez, pesado, inevitable.

Santiago levantó la mirada, diferente esta vez, no solo asustado, sino decidido, preguntando cómo esperaban que se quedara sabiendo todo eso, preguntando cómo creían que no iba a intentar salir. Nadie respondió, porque no había respuesta.

Pero algo sí era claro.

Aunque no hubiera salida…

él no iba a dejar de buscarla.

1
Rimuro Oquendo
nueva obra es de suspenso ☺️
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play