Yo solo iba a entregar flores a la iglesia de San Gennaro.
No sabía que el ramo escondía un micrófono.
Ni que el hombre que me sonrió desde el altar era el Capo de Nápoles.
Ni que esa sonrisa sería lo último inocente que vería en mi vida.
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Reserva para dos.
Ristorante Duomo. Taormina.
9:00 PM. Aniversario número 7.
Mesa del rincón. Velas. Vista al mar.
Enzo, 34: Traje negro.
Sin corbata.
Primera vez en 7 años que se afeita para ella, no para la guerra.
Vittoria, 27: Vestido verde oscuro.
Pelo suelto.
El anillo de bodas + el lobo de plata colgando del cuello. 7 años. 2 hijos. 0 arrepentimientos.
Sofia está con Tomás, Zia Carmela y Matteo en Villa Rinaldi.
“Papá y mamá se merecen una noche sin pañales”_, dijo Sofía.
Enzo le sirve vino. Nero d’Avola.
> —Por 7 años —dice, levantando la copa—. *Por sobrevivirnos.*
> Vittoria choca su copa.
—Por 7 años más —dice—. *Por no matarnos.*
Se ríen. Bajo. Real.
> *9:03 PM.*
Clack. Clack. Clack.
El restaurante se calla.
*Alessia Mansini, 28.* Vestido rojo. El mismo. Tacones rojos. Los mismos. Una sonrisa de víbora y un niño de 5 años de la mano.
El niño: pelo negro. Ojos verdes. Traje chiquito. Se parece a... a nadie. Se parece a un problema.
El _maître_ intenta frenarla.
—_Signora, tiene reservación?_
Alessia lo mira.
—Sí —dice—. *Con la muerte. Mesa para 4.*
Camina directo a ellos.
Enzo se para. Despacio. Tapa a Vittoria sin pensarlo. Reflejo de 7 años.
Vittoria no se para. Deja la copa. Mira a Alessia. Luego al niño.
*Silencio.*
Alessia se frena a un metro.
> —Feliz aniversario, _Rinaldi_ —dice, dulce—. *Traje un regalo.*
> Empuja al niño un paso adelante.
—Saluda, Marco —dice—. *Dile “papá” al señor.*
El niño no habla. Mira a Enzo. Asustado.
Enzo no mira al niño. Mira a Alessia.
> Enzo. —Te dijimos que no volvieras —dice, voz de hielo—. *NO MÁS MANSINI*
Alessia se ríe.
> —Esto no es Mansini —dice—. *Esto es Rinaldi. Tu sangre. Tu hijo. ¿O vas a negarlo delante de tu mujer?*
Todo el restaurante mira.
Vittoria por fin se para.
Lento.
No agarra un cuchillo.
No grita.
Agarra la servilleta de tela.
Se limpia la boca.
Con calma.
> Vittoria. —Siéntate, Alessia —dice—. *Y tú también, piccolo.*
Alessia parpadea. No esperaba eso.
> —¿Qué?
> —Que te sientes —repite Vittoria—. *Si es verdad, el niño tiene hambre. Si es mentira, igual tiene hambre. Los niños no tienen culpa de los padres idiotas.*
Le hace señas al mozo.
> Vittoria. —Una pasta. Para el niño. Y una silla más.
Se sienta. Le da una palmada a la silla al lado suyo.
> Vittoria. —Ven Marco —dice, suave—. *Lejos de tu mamá. Acá no muerde nadie.*
El niño duda. Mira a Alessia. Alessia está furiosa. Perdió el control.
El niño camina y se sienta al lado de Vittoria.
Vittoria le sirve agua.
> —¿Te gustan la pasta, Marco? —pregunta—.
Marco asiente. Chiquito.
—Sí, _signora_...
> —Vittoria —corrige ella—. *Me llamo Vittoria. No signora.*
Enzo sigue de pie. Mirando a Alessia.
—Última vez —dice—.
*Llévate al niño. Vete. Y no vuelvas. Porque la próxima vez no te atiende mi mujer. Te atiende Tomás.*
Alessia tiembla. De rabia.
—Eres un cobarde —escupe—. *Niegas tu sangre por ella. Por una Caruzzo.*
Vittoria levanta la vista del niño.
> —No —dice, tranquila—. *Niega tu mentira por él.*
Señala a Marco.
> —Lo trajiste a una guerra —dice—. *Lo vestiste de traje. Le enseñaste mi nombre. Lo usaste. Y eso, Mansini, es lo único imperdonable.*
Se para. Le toca el hombro a Marco.
> —Come —le dice—. *Nadie te va a hacer daño.*
Camina hasta quedar frente a Alessia. Tacones contra descalza. Rojo contra verde.
> Vittoria. —Hace 2 meses quemé tus fotos —susurra, para que solo ella escuche—. *Hoy voy a quemar tu apellido. Porque NO MÁS MANSINI, era una amenaza. Era una promesa.*
Saca el teléfono. Marca.
> —Tomás —dice—. *Trae a Sofía y a Matteo. Cena familiar. Ahora.*
Cuelga. Mira a Alessia.
> —Querías mesa para 4 —dice—. *Vas a tener mesa para 6. Para que veas lo que es una familia de verdad. Y para que Marco vea lo que le robaste: una infancia sin tacones.*
Alessia da un paso atrás.
Por primera vez, tiene miedo.
—Estás loca —dice.
> —No —dice Vittoria—. *Estoy casada. 7 años. Y ni tú, ni tu hijo inventado, ni tus fotos*
Pueden con mi matrimonio.
*9:11 PM.*
*Tomás entra al restaurante con Sofía de la mano y Matteo en el fular.*
> *Sofia, ve a Marco. Corre a la mesa.*
—¿Tienes 5? —le dice—. *Yo 6. ¿Quieres ver mi lobo? Es de plata. Me lo dio mi tío que está en el cielo.*
Marco mira el lobo.
Mira a Sofía.
Por primera vez en la noche, sonríe.
Alessia está sola. De pie. Con su vestido rojo.
Rodeada de Rinaldis.
Enzo por fin se sienta. Agarra la mano de Vittoria arriba de la mesa.
> —Feliz aniversario, amore —dice.
> —Feliz aniversario —dice ella.
*Y brindan.*
Con Alessia mirando.
Con Marco comiendo pasta.
Con NO MANSINI escrito en cada plato.
Luego de la incómoda final para Alessia, Tomás se lleva a los niños. Alessia tiene un dolor estomacal y no por la comida, sino por el mal sabor que paso, creyendo ella que el aniversario se echaría a perder con su presencia... Qué equivocada estaba, no fue así, tuvo un resultado negativo.
*11:47 PM.*
*Suite del Hotel San Domenico. Taormina.*
*Esta vez sin tacones. Sin Greco. Solo ellos dos.*
La misma ciudad. El mismo hotel. Distinta historia.
La cena terminó hace 2 horas. Alessia se fue. Sola. Sin Marco. Porque Marco se quedó dormido en el regazo de Sofia comiendo tiramisú. “Él no tiene la culpa, mamá”, dijo Sofia.
Y Vittoria, dijo: “Llamen a servicios sociales. Mañana. Hoy duerme en la casa del lobo”.
Ahora:
Enzo: Camisa desabotonada.
Descalzo.
Corbata tirada en el piso.
Mira el mar por el ventanal.
Vittoria: Descalza también.
Vestido verde en una silla.
Ahora lleva una camisa de él.
Le queda grande.
Le queda suya.
No hay velas. No hacen falta.
La luna de Sicilia ilumina todo.
> Enzo se gira. La ve.
—7 años —dice, bajito—. *Y todavía me pones nervioso.*
Vittoria se ríe. Se sienta en el borde de la cama. —7 años —dice—. *Y todavía duermes con un ojo abierto cuando hay tormenta.*
Se miran.
Sin Alessia.
Sin fotos.
Sin pasado.
Solo el ruido del mar y Matteo a 40km llorando porque extraña su pecho. Sofia seguro le está leyendo “El lobo y el limonero” a Marco para que no tenga miedo.
Enzo camina. Se arrodilla frente a ella. Entre sus rodillas.
—Gracias —dice.
—¿Por qué? —pregunta Vittoria, tocándole el pelo.
> Enzo. —Por no preguntar en el restaurante —dice él—. *Por quemar las fotos. Por servirle pasta al hijo de mi enemigo. Por ser tú.*
Vittoria le levanta la cara.
> —No te doy las gracias por volver del hotel —susurra—. *Porque volver era tu única opción.*
Lo besa. Despacio.
Sabe a Nero d’Avola. Sabe a 7 años. Sabe a _“te elijo”_.
>
Se separa un segundo. Apoya la frente contra la de él.
> —¿Te acuerdas de nuestra noche de bodas? —pregunta.
> —Sí —dice Enzo, cerrando los ojos—. *No dormimos. Hablamos de nombres. De cuántos hijos. De si íbamos a poder con esto.*
Vittoria sonríe contra su boca.
—Y ahora tenemos dos —dice—. *Y medio. Marco se queda hasta que encontremos a su familia de verdad. Sofia ya lo adoptó.*
Enzo se ríe. La carga. La tira en la cama. Con cuidado. Como si fuera cristal. Como si fuera guerra.
Se acuesta al lado. No encima. Al lado.
Porque 7 años después ya saben: el amor no es prisa. Es quedarse.
Enzo la abraza. Entero.
Ella esconde la cara en su cuello.
—Te amo —murmura él—. *Más que a Sicilia. Más que a mi apellido.*
—Te amo —murmura ella—. *Más que a mi venganza. Y eso es mucho decir.*
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*Afuera:*
Taormina duerme.
Alessia maneja a Palermo, sola, derrotada.
Marco duerme en Villa Rinaldi, tapado con la manta de Sofia.
Adentro:
No hay tacones.
No hay Greco.
Solo una camisa de hombre en una mujer.
Y un hombre que por fin entendió que su casa no es Palermo.
Su casa es ella.
Mis queridos lectores les traigo un nueva novela, donde el amor pasa por muchos estados, y la mafia siempre quiere imponer, les agradezco de antemano, sus me gusta, sus regalos, sus comentarios, que otra mi es importante. 🥰