La historia comienza con Agustina y Cristian, dos novios que se amaban profundamente, pero que fueron separados por circunstancias ajenas a su voluntad. Ella se marchó llevándose consigo algo muy valioso.
NovelToon tiene autorización de Lysaira para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 16: Demasiado cerca
Después de aterrizar, Brini pasó por ellos al aeropuerto y los llevó directamente a su apartamento.
Agustina y Niko se quedaron con ella, pero Ricardo tuvo que irse a una pensión, ya que el espacio apenas alcanzaba para los tres. Por suerte, contaba con algunos ahorros y decidió apoyarse en ellos.
Apenas Niko se durmió en la pequeña habitación que compartiría con su madre, Agustina salió en silencio y se reunió con Brini para conversar.
—Agus… —Brini dudó un momento—. Hace tiempo que alguien no deja de preguntar por ti… Cristian.
Agustina levantó la mirada, y un brillo especial encendió sus ojos, acompañado de una pequeña sonrisa.
—Cristian… mi güero —susurró, y luego guardó silencio, sintiendo que esa historia ya había terminado.
—Sí… —respondió Brini—. Pero la verdad, me quedé sin palabras… no sabía nada de tu vida.
Agustina la escuchó, y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas al recordar su historia con él.
—Dime algo, Agus… ¿tú todavía lo amas? —preguntó Brini, notando cómo cambiaba su expresión al hablar de su amor del pasado.
—Lo amo… lo amo un chingo, a mi güero. Todavía lo siento mío, pero me cala pensar que ya me olvidó… porque lo nuestro ya no volverá a ser —respondió Agustina, con melancolía y celos en la voz, imaginándolo en brazos de otra mujer.
Brini simplemente se quedó en silencio.
En la imponente mansión de los Caserino, Doris se reunió con su padre, Vicente Caserino, un hombre de cuarenta y ocho años, empresario y doctor de gran prestigio, responsable de la construcción del hospital más grande de la ciudad. Se había mudado desde Barranquilla por su hija, su único amor, su mayor debilidad desde la partida de su esposa.
Con la voz cargada de ansiedad, Doris le confesó que deseaba casarse con Cristian… pero él no quería lo mismo que ella.
—Papá, ayúdame… necesito que Cristian se comprometa conmigo —le pidió, mirándolo con insistencia.
—No puedes obligar a alguien, hija pero veré qué puedo hacer —respondió, pensativo.
—Hazlo, papá… necesito que intervengas —le dijo, decidida.
Vicente, hombre de palabra y carácter decidido, asintió sin dudar. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera por la felicidad de su hija.
En la mansión Villa Nueva, Betania hablaba con insistencia frente a Rebeca, proponiéndole que juntas encontraran la forma de apartar a Cristian de Doris.
—Hay que separarlos, Rebeca. No podemos dejar que Cristian se quede con Doris —insistió Betania.
—Lo sé —dijo Rebeca, bebiendo un sorbo de vino—. Quiero a mi hijo comprometido contigo, no con Doris, aunque ella también tiene dinero —añadió.
—Pero yo también tengo dinero, Rebeca, y he amado a Cristian desde hace mucho —dijo Betania, levantándose con molestia.
—Sí, si, lo sé… pero Doris tiene más, y eso es lo que realmente cuenta —respondió Rebeca, bebiendo con calma y sin dejar de pensar en el dinero.
—Que tenga más dinero no la hace mejor que yo —replicó Betania, molesta—. Mejor ayúdame o todo lo que hicimos se sabrá.
Al escucharla, Rebeca detuvo la copa a medio camino. Su secreto no podía salir a la luz; perdería todo, y ahora que se estaba divorciando, sería su ruina.
Al día siguiente, Agustina salió en compañía de su amiga Brini, Niko, a quien no podían dejar solo en el apartamento, y Ricardo, rumbo al hospital donde trabajarían. Brini se encargaría de llevarlos, pues ya conocía el hospital.
Agustina intentaba aferrarse a la idea de un nuevo comienzo, pero el miedo no la dejaba en paz. Pensar en cruzarse con Cristian le generaba ansiedad, así que había decidido mantenerse lejos de él, más aún ahora que tenía un hijo. No podía permitir que su madre volviera a lastimarla a través de él.
Llevaba un vestido y zapatillas, fiel a su estilo sencillo.
No pasó mucho tiempo antes de que llegaran al hospital. El doctor encargado, el mismo que había mandado a construirlo, los recibió en su oficina para entrevistarlos y revisar sus papeles. Mientras tanto, el niño quedó en la recepción.
Con gesto serio, Vicente revisaba los documentos uno a uno, sin levantar la cabeza, absorto en su lectura.
—Experiencia en hospital… seis años —murmuró, pasando otra hoja—. Bien.
Agustina y Ricardo permanecían sentados frente al escritorio, en silencio, esperando.
—¿En qué área trabajaron anteriormente? —preguntó Vicente, sin dejar de revisar los papeles.
—En hospitalización y apoyo en urgencias —respondió Ricardo.
Vicente anotó algo en la carpeta.
—Entiendo —dijo, hojeando otro documento—. ¿Y usted? —añadió finalmente, levantando apenas la vista hacia Agustina.
El ambiente cambió por un segundo cuando sus miradas se cruzaron. Vicente la observó en silencio; le pareció una mujer muy hermosa, con una mirada inocente que le llamó la atención.
Agustina respiró hondo antes de responder.
—En apoyo de enfermería y atención básica —respondió tranquila.
Vicente sostuvo la mirada un instante más de lo necesario, y luego volvió a los papeles.
—Bien… —murmuró, como evaluando algo más que solo la experiencia.
Vicente hizo algunas preguntas más sobre su experiencia, los turnos anteriores en los que habían trabajado y su disponibilidad dentro del hospital. Escuchaba con atención, sin dejar de revisar los documentos, aunque en ocasiones su mirada se detenía brevemente en Agustina.
—Bien… eso es todo por ahora —dijo finalmente, cerrando la carpeta.
Se hizo un corto silencio.
—Por ahora es todo. Pueden retirarse —dijo con serenidad—. Les avisarán su área.
Agustina y Ricardo se levantaron y salieron de la oficina.
Vicente se puso de pie cuando quedó solo. Se quedó mirando hacia el escritorio, pensativo, recordando a Agustina. Le había parecido una mujer muy bonita, sencilla, aunque claramente más joven de lo que debía involucrarse en su vida.
—Hermosa mujer… —susurró—. Espero que sea responsable.
Cuando salieron, Brini ya los esperaba con un taxi. Agustina y Ricardo sonreían, pues habían conseguido el trabajo.
Un auto negro se detuvo a unos metros y Cristian bajó, elegantemente vestido. Al mirar a los presentes, pensó que eran una familia. Sin embargo, al ver a la joven del vestido, la reconoció al instante: era su “chaparrita”. Dio un paso para acercarse, pero el taxi arrancó rápido.
Doris esta loca mando hacer tarjeta de bodas que obsesión tiene por Cristian pero esta jodida porque si se encuentra con su chaparrita las demás quedan por fuera.
Lectores, sé que muchos se preguntan por qué el investigador no ha logrado dar con Agustina. Como mencioné antes, Rebecca hizo todo para ocultarla y que no estuviera cerca de Cristian.
Por eso, aunque hay un investigador privado, no ha podido encontrarla Rebecca borró pistas, ocultó información y manipuló todo para desviar la búsqueda.
Aun así, él cumple su papel porque la verdad no se revelará de golpe sino poco a poco.
Eso lo mencioné en un capítulo, cuando ya habían pasado los años.
Rebeca ya le dijo a Betania que regreso la campesina que harán este par de arpías 🤔🤔🤔❓❓❓
Quien es el hombre elegante y misterioso que llego 🤔🤔🤔❓❓❓
Ricardo y Martin como que son gay porque hubo una conexión rara.
Doris la insufrible ya no la soporta pero parece una garrapata mal pegada.
Rebeca si reconocio a Agustina que hará y dirá 🤔🤔🤔❓❓❓
Dos locas obsesionadas con Cristian que quieren tenenerlo a como de lugar Doris y Betania no tienen autoestima a una la utilizan y la otra no la ven con ojos de negro gustas que ridículas otras patéticas mas.
Cristian ahora caes de ese edificio e iras a parar al hospital donde esta Agustina y a ella le tocara atenderte y lo peor sera que llegaran todas las arpías osea Doris, Betania y Rebeca la alcohólica y despreciable madre.
Otro director que se fijo en Agustina no me parece que venga otro a joderle la vida.