Lorenzo Maxwell, CEO de una empresa líder en ciberseguridad, pensaba que descifrar los algoritmos más complejos era su mayor desafío. Pero eso fue antes de que sus trillizos de 5 años –Dimitri, Dante y Sara–, con mentes tan brillantes para la programación como para la travesura, y la Dra. Sofía Vargas, una pediatra con una paciencia a prueba de virus y un humor contagioso, irrumpieron en su vida. Entre firewalls humanos que impiden la hora de acostarse, "hackeos" creativos a las normas de la casa y un caos digno de un ciberataque, Sofía no sólo le enseñará a Lorenzo a reír de nuevo, sino que también descubrirá que el amor a veces viene codificado en tres pequeños genios y un padre que necesita más que solo proteger su red: necesita proteger su corazón.
NovelToon tiene autorización de Jessics8 Rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 13: El Firewall Emocional
Lorenzo: (En el parque, lanzando una pelota a los trillizos) ¡Vamos, campeones! ¡Misión Ejercicio Físico!
Dante: ¡Papi, esa pelota va muy lenta!
Sara: Necesitamos más velocidad. Como un rayo láser.
Dimitri: La cinética es fundamental para el desarrollo muscular.
Sofía: (Llega al parque, con una bolsa de frutas y agua) ¡Parece que el entrenamiento está en marcha!
Lorenzo: ¡Sofía! Justo a tiempo. Estoy intentando quemar la energía ilimitada de estos tres.
Sofía: Y yo traigo el combustible para reponerla.
(Los trillizos corren a saludar a Sofía, que les entrega una manzana a cada uno. El día es soleado y la energía de los niños es palpable. Sin embargo, Lorenzo nota algo diferente en Sofía. Una ligera sombra en sus ojos, un aire de preocupación que intenta disimular.)
Lorenzo: ¿Todo bien, Sofía? Te veo un poco… pensativa.
Sofía: (Con una sonrisa forzada) Sí, todo bien. Solo… mucho trabajo en la clínica.
Lorenzo: ¿Estás segura? Sabes que puedes contarme lo que sea. Somos… socios. En esto.
Sofía: Lo sé, Lorenzo. Y aprecio mucho eso. Pero hay cosas que… son solo mías.
(Lorenzo asiente, respetando su espacio, pero la preocupación persiste. Había construido firewalls digitales toda su vida, pero los emocionales eran un terreno desconocido para él.)
(Mientras los niños juegan, Lorenzo intenta mantener la conversación ligera, pero la mente de Sofía parece estar en otro lugar. Finalmente, sentados en un banco, la curiosidad de los trillizos, combinada con su inocencia, rompe el hielo.)
Dante: Sofía, ¿estás triste? Tus ojos están un poco… apagados.
Sara: Sí. Y no te has reído tanto como siempre.
Dimitri: Tu expresión facial indica una ligera disonancia emocional.
Sofía: (Sonriendo débilmente) No, chicos. No estoy triste. Solo… un poco cansada.
Lorenzo: (Mirando a Sofía, luego a sus hijos) Ellos tienen un buen detector de emociones, Sofía. Son como pequeños escáneres.
Sofía: (Suspira) Tienen razón. Estoy un poco preocupada. Un paciente mío… un niño muy pequeño… no está bien. Y los padres están pasando por un momento muy difícil.
Lorenzo: Oh, Sofía. Lo siento mucho.
Sofía: Es parte de mi trabajo. Pero a veces… es difícil desconectar. Traes las preocupaciones a casa.
Dante: ¿Como cuando yo me preocupo por si Robby se rompe otra vez?
Sara: ¿Y Papi se preocupa por si hackean su computadora?
Dimitri: La empatía es una respuesta natural a la angustia ajena.
Lorenzo: (Abrazando a Sofía por los hombros) Exacto, Dimitri. Y es normal sentirlo, Sofía. No tienes que cargar con eso sola.
Sofía: (Recostándose en su hombro) Gracias, Lorenzo. Es bueno escucharlo.
(Los trillizos, comprendiendo la seriedad del momento a su manera, se acercan y abrazan a Sofía. Pequeñas manos se aferran a ella, y en ese abrazo colectivo, Sofía siente cómo un poco de la pesadez se disipa.)
Sofía: (Conmovida) Gracias, chicos. Son los mejores terapeutas del mundo.
Dante: Podemos hacerte un dibujo de un monstruo comiendo preocupaciones.
Sara: Y podemos cantar tu canción favorita.
Dimitri: O te recitamos los primeros cien dígitos de Pi. Es muy relajante.
Lorenzo: (Riendo) Eso es… muy considerado de tu parte, Dimitri.
(Pasan el resto de la tarde en el parque. Lorenzo, consciente de la situación, se asegura de que Sofía se sienta apoyada. Les lee un cuento, juega con ellos. Y Sofía, aunque aún con la preocupación latente, se permite disfrutar de la alegría de los niños y de la compañía de Lorenzo.)
Lorenzo: (Mientras caminan de regreso a casa, con los niños ya cansados y adormilados) Sabes, Sofía. A veces, los firewalls más fuertes no son los que impiden la entrada, sino los que permiten la salida. Permitir que tus emociones salgan, que compartas tus preocupaciones… eso te hace más fuerte.
Sofía: (Mirándolo a los ojos) Siempre tienes una metáfora de ciberseguridad para todo, ¿verdad?
Lorenzo: Es mi lenguaje. Pero el mensaje es sincero. No tienes que ser un firewall impenetrable. Permite que entre la ayuda, el apoyo. Permítete sentir.
Sofía: (Apoyando su cabeza en su hombro) Y tú eres el mejor escáner de vulnerabilidades emocionales que conozco.
(En casa, después de acostar a los niños, Lorenzo prepara té para Sofía. Se sientan en el sofá, y Sofía, sintiéndose segura y apoyada, comienza a hablar más abiertamente sobre el caso de su paciente. Lorenzo la escucha, no interrumpe, solo ofrece su presencia y su apoyo silencioso.)
Sofía: Gracias por escucharme, Lorenzo. Me siento mucho mejor.
Lorenzo: Para eso estoy, Sofía. Para eso estamos.
(Lorenzo la abraza. Sabe que hay batallas que Sofía tiene que librar sola en su trabajo, pero también sabe que en casa, tiene un equipo. Un firewall emocional que la protegerá y la apoyará. Y en ese abrazo, Sofía siente cómo su "sistema" se recalibra, listo para enfrentar un nuevo día, no sola, sino con la fuerza de un amor que sabía cómo cuidar su corazón.)
Lorenzo: (Para sí mismo) Mi taza necesitará un eslogan que diga: "CEO de día, Firewall Emocional de noche".