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El Concierto Del Destino

El Concierto Del Destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

Darly Mosquera es una mujer colombiana de 32 años que aprendió desde muy joven que la vida rara vez regala caminos fáciles.
Estudió cosmetología y estética, y gracias a años de esfuerzo, sacrificio y largas jornadas de trabajo logró construir el sueño que parecía imposible: abrir su propio spa en su ciudad natal. Sin embargo, el éxito profesional nunca logró llenar por completo los vacíos que llevaba en el corazón.
Mientras lucha cada día por cuidar a su madre, quien padece una enfermedad congénita que se ha agravado con el paso de los años, Darly intenta mantenerse fuerte y seguir adelante. Soñadora, noble y creyente del amor a la antigua, siempre imaginó una historia de amor sincera, de esas que duran para toda la vida.
Pero el destino tenía otros planes.
Después de una dolorosa separación ocurrida hace apenas cuatro meses, decidió cerrar las puertas de su corazón. Cansada de las decepciones, prometió no volver a enamorarse y dedicarse únicamente a disfrutar la vida sin compromisos

NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 10 ENTRE BESOS Y PROMESAS

La habitación era simplemente hermosa. Tenía una decoración elegante, luces cálidas y una vista espectacular de la ciudad. En una esquina había un pequeño bar que le daba un toque aún más exclusivo al lugar.

—Ven, siéntate conmigo —dijo Sebastián mientras servía una copa de vino para ella y otra para él.

Darly tomó asiento intentando disimular los nervios que sentía. La última vez que habían compartido una noche juntos, el alcohol había ayudado a que todo fluyera con más facilidad. Pero ahora estaba completamente sobria, y eso hacía que cada emoción se sintiera mucho más intensa.

Sebastián se acomodó a su lado.

—Cuéntame, princesa... ¿vives sola?

—No. Comparto apartamento con mi amiga Lina.

—Ya veo. ¿Y cuánto tiempo llevas viviendo en Bucaramanga?

—Apenas tres meses.

—Muy poco tiempo.

La conversación continuó de manera tranquila. Hablaron de sus trabajos, de sus gustos y de algunas experiencias que habían vivido durante los últimos meses.

Sin embargo, por más que intentaban concentrarse en las palabras, ambos eran conscientes de la atracción que existía entre ellos.

Sebastián no podía dejar de observarla.

El vestido negro resaltaba su belleza de una manera que le quitaba el aliento.

Durante la cena había tenido que contenerse para evitar llamar la atención de los curiosos y de los fotógrafos que siempre parecían aparecer en el momento menos oportuno.

Pero ahora estaban solos.

Y ya no quería seguir ocultando lo que sentía.

Con suavidad tomó su rostro entre las manos y acercó sus labios a los de ella.

Darly respondió al beso de inmediato.

Fue un beso lento al principio, lleno de ternura y de emociones contenidas.

Después se volvió más profundo.

Más sincero.

Más necesario.

Cuando finalmente se separaron para recuperar el aliento, ambos sonrieron.

—¿Quieres bailar? —preguntó Sebastián.

Darly asintió mientras una ligera sonrisa aparecía en su rostro.

Sebastián encendió el reproductor de música y una suave canción vallenata comenzó a sonar por toda la habitación.

Él rodeó su cintura con los brazos y ella colocó las manos sobre sus hombros.

Comenzaron a bailar lentamente.

Sin prisas.

Disfrutando simplemente de estar juntos.

Cada movimiento los acercaba más.

Cada mirada decía mucho más que cualquier palabra.

Sebastián apoyó la frente contra la de ella.

—No sabes cuánto extrañaba tenerte cerca.

—Yo también te extrañé.

Aquella confesión hizo que su corazón se acelerara.

Durante varios minutos permanecieron bailando, abrazados, como si el tiempo se hubiera detenido exclusivamente para ellos.

La música seguía sonando.

Las luces seguían brillando.

Pero lo único que realmente importaba era la persona que tenían frente a ellos.

Sebastián le besó la frente.

Luego la mejilla.

Después volvió a encontrar sus labios.

Y aquella vez ninguno de los dos quiso detenerse.

La distancia desapareció por completo.

Los sentimientos que habían intentado ignorar durante tanto tiempo terminaron por imponerse.

Aquella noche se dejaron llevar por el cariño, la confianza y la conexión que existía entre ambos.

Se entregaron el uno al otro con la certeza de que estaban exactamente donde querían estar.

Las horas transcurrieron sin que ninguno lo notara.

Entre risas, conversaciones, abrazos y besos, construyeron recuerdos que jamás olvidarían.

Cuando finalmente el cansancio los venció, se quedaron dormidos abrazados, disfrutando de la tranquilidad que llega después de una noche llena de emociones.

A la mañana siguiente, Sebastián abrió los ojos.

El reloj marcaba las siete.

Todavía sentía sueño, pero al girar la cabeza encontró a Darly dormida a su lado.

Una sonrisa apareció automáticamente en su rostro.

La luz del amanecer iluminaba suavemente su cabello y hacía que se viera aún más hermosa.

Por un momento se quedó observándola.

Simplemente observándola.

Como si quisiera memorizar cada detalle.

Se acercó despacio y depositó un beso en su espalda.

Darly comenzó a despertar poco a poco.

—Buenos días, princesa hermosa —susurró él.

Ella abrió los ojos lentamente.

—Buenos días... Tengo muchísimo sueño.

—Yo también.

Darly estiró el brazo para tomar su celular.

Cuando vio la hora abrió los ojos de golpe.

—¡Las siete! Tengo que alistarme para ir a trabajar.

Sebastián soltó una pequeña carcajada.

—Tranquila.

—¿Cómo que tranquila?

—Ya me encargué de eso.

—¿De qué estás hablando?

—Llamé para que te aplazaran las citas de hoy.

Darly se incorporó inmediatamente.

—¡¿Qué hiciste?!

—Quiero pasar tiempo contigo.

—Sebastián, estás loco.

—Tal vez.

—Claro que estás loco.

Él sonrió.

—Pero loco por ti.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

Las palabras habían salido de forma espontánea.

Sin pensarlas.

Sin planearlas.

Simplemente porque eran verdad.

Darly lo observó en silencio.

Y luego hizo lo único que deseaba hacer.

Lo besó.

Un beso suave.

Sincero.

Capaz de transmitir todo aquello que todavía no se atrevían a decir con palabras.

El resto de la mañana transcurrió entre conversaciones, risas y momentos compartidos.

Pidieron desayuno, disfrutaron de la vista desde la habitación y aprovecharon cada minuto juntos.

Por primera vez en mucho tiempo, ninguno tenía prisa.

Por la tarde pidieron almuerzo y decidieron comer en la terraza privada de la suite.

La vista era espectacular.

El viento era agradable.

Y la compañía perfecta.

Hablaron de sueños, de metas y de todo aquello que esperaban lograr en el futuro.

Cada vez se sentían más cómodos el uno con el otro.

Más unidos.

Más cercanos.

Cuando terminaron de comer permanecieron abrazados contemplando el paisaje.

Era una de esas tardes sencillas que terminan convirtiéndose en recuerdos inolvidables.

Más tarde volvieron a la habitación.

El cansancio acumulado finalmente terminó por vencerlos.

Se quedaron dormidos abrazados una vez más.

Cuando Sebastián despertó, el reloj marcaba las seis de la tarde.

Tomó su celular para revisar las notificaciones.

Tenía varias llamadas perdidas.

Y también varios mensajes de Isa.

Frunció ligeramente el ceño mientras observaba la pantalla.

Algo le decía que aquella tranquilidad que había disfrutado durante las últimas horas estaba a punto de terminar.

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Elena Rodriguez Welman
Hermosa historia de amor. Felicitaciones escritora
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