En una ciudad donde los crímenes no siempre son humanos, los detectives Lin Yue y Zhao Ren pertenecen a una división secreta de la policía encargada de casos que jamás aparecen en los informes oficiales. Apariciones que matan, cadáveres que regresan caminando y asesinos que no dejan huellas… porque no están vivos.
Mientras resuelven sucesos cada vez más atroces y paranormales, ambos descubren que los monstruos no solo se esconden en la oscuridad, sino también dentro del sistema que juraron proteger.
Y algunos casos… jamás debieron abrirse.
NovelToon tiene autorización de Dorothea" para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15 — Ecos Que No Debieron Volver.
El edificio dejó de moverse.
Ese fue el primer error.
El silencio absoluto nunca significaba seguridad en lugares como ese.
Significaba preparación.
Lin Yue lo sintió antes que nadie. El aire se volvió espeso, pesado, como si miles de respiraciones invisibles llenaran el espacio.
King comenzó a temblar violentamente.
Zhao Ren dejó de sonreír.
—Ya viene —dijo suavemente.
Las luces murieron al mismo tiempo.
Oscuridad total.
Entonces la voz apareció.
No desde un lugar.
Desde todos.
—¿Por qué nos abandonaste…?
Lin Yue se congeló.
Era la voz de su madre.
Exactamente igual.
El pasillo cambió ante sus ojos. Ya no era el edificio abandonado; era su antigua casa familiar, llena de incienso y símbolos chamánicos.
—Debiste aceptar tu destino…
Su respiración se volvió irregular.
El mundo empezó a hundirse en una ilusión perfecta.
A su lado, Mateo también se detuvo.
Escuchaba otra voz.
Una femenina.
Temblorosa.
—Mateo… prometiste protegernos…
Sombras con forma humana aparecieron frente a él.
Personas que no había podido salvar años atrás.
Su sonrisa desapareció.
—…no inventes…
La entidad había comenzado su verdadero ataque.
No físico.
Mental.
---
El Transe
Las sombras se multiplicaron.
Las voces se superponían unas sobre otras, recreando recuerdos dolorosos con precisión enfermiza.
Lin Yue cayó de rodillas.
Mateo retrocedió lentamente.
Sus ojos perdieron enfoque.
La entidad aprendía rápido.
Había entendido que destruirlos emocionalmente sería más eficaz que enfrentarlos directamente.
Una sombra se acercó a Aiko.
Susurró algo.
Nada ocurrió.
Aiko permaneció inmóvil.
Sin reacción.
La ilusión se deformó frente a ella.
No encontraba recuerdos que usar.
Porque no existían.
Aiko estaba vacía.
Hueca.
Sin pasado al cual aferrarse.
La entidad dudó por primera vez.
Luego giró hacia Zhao Ren.
El ambiente cambió violentamente.
El aire se volvió rojo.
Explosiones lejanas.
Gritos.
El olor a pólvora.
Zhao Ren apareció de pie en un campo de batalla.
Uniforme militar.
Sangre en sus manos.
Frente a él estaba un joven soldado arrodillado.
Su antiguo compañero.
El traidor.
El momento exacto que había intentado olvidar.
—Nos vendiste… —susurró la ilusión.
El recuerdo avanzó solo.
El cuchillo en su mano.
La decisión.
El instante en que Zhao Ren lo apuñaló para detener una masacre mayor.
La culpa regresó completa.
La ilusión sonrió.
Había encontrado la herida correcta.
Zhao Ren permaneció inmóvil.
Silencioso.
El recuerdo repitió la escena.
Una y otra vez.
Hasta que Zhao Ren suspiró suavemente.
—Sí…
La ilusión se detuvo.
—Lo hice.
Dio un paso adelante.
—Te maté.
Otro paso.
—Y lo volvería a hacer.
Tomó el cuchillo del recuerdo.
Y apuñaló directamente a la ilusión.
El mundo se quebró como cristal.
La escena desapareció.
Zhao Ren salió del trance por su propia voluntad.
—Los recuerdos no desaparecen —murmuró—. Solo aprendes a vivir con ellos.
La entidad retrocedió.
Confundida.
Su ataque mental había fallado.
---
Contraataque
Furiosa, la criatura abandonó las ilusiones.
Las sombras del techo descendieron formando lanzas negras.
Una disparó directo hacia Mateo.
Demasiado rápido.
Demasiado cerca.
Mateo apenas reaccionó.
La sombra atravesó—
Un cuerpo se interpuso.
Aiko.
La lanza oscura atravesó su torso.
El impacto resonó húmedo.
Mateo abrió los ojos horrorizado.
—¡AIKO!
La sombra vibró dentro de ella.
La carne comenzó a regenerarse inmediatamente, cerrándose alrededor del arma.
Aiko sujetó la sombra con ambas manos.
—No.
La rompió.
La oscuridad explotó en fragmentos.
La entidad rugió.
Otra lanza apareció.
Esta vez dirigida a Lin Yue.
Ella seguía parcialmente atrapada en el trance.
No iba a alcanzarla.
Pero Zhao Ren ya se movía.
Apareció a su lado en un instante.
Sin esfuerzo aparente, la levantó como un saco de papas y la lanzó sobre su hombro.
—Perdón, compañera.
La sombra atravesó el espacio donde estaba un segundo antes.
Zhao Ren caminó tranquilamente mientras cargaba a Lin Yue.
—No podemos dejar que te perforen hoy.
Lin Yue parpadeó, saliendo lentamente de la ilusión.
—…bájame.
—Después.
Mateo observaba a Aiko regenerarse completamente.
Aliviado.
—Gracias… gracias…
Ella inclinó la cabeza.
—Tu cartera estaba en riesgo.
Mateo casi lloró.
—Eres la mejor compañera del mundo.
La entidad retrocedió hacia las sombras.
Había intentado dividirlos.
Romperlos.
Consumirlos individualmente.
Había fallado.
Por primera vez, el edificio entero tembló… no por control.
Por frustración.
Zhao Ren sonrió nuevamente.
—Creo que ahora sí la hicimos enojar.
Las paredes comenzaron a cerrarse alrededor de ellos.
El verdadero combate apenas iba a empezar.