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Los Que No Huelen

Los Que No Huelen

Status: Terminada
Genre:Omegaverse / Mundo de fantasía / Héroes / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Melisa Britos

historia de Alfas, omegas y betas

NovelToon tiene autorización de Melisa Britos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9 — Puerto

Salimos a las cinco y diez. Maris no dijo “suerte”. Dijo “no miren para atrás”, que es lo que te dicen cuando saben que vas a mirar igual.

No había brazaletes. La muñeca me picaba donde estuvo el gris ocho años. Elián se frotaba el cuello cada dos pasos, como si el blanco todavía le apretara. Valenti caminaba primero, con la bolsa de lona al hombro y la barra de hierro envuelta en la campera. Parecía civil. No lo era. Los alfas no dejan de ser alfas aunque les saques el rojo.

Barrio Sur a esa hora es perros, persianas bajas y el río que se huele aunque no lo veas. Llegamos al puerto por calles que no figuran en el mapa del folleto. Maris nos había dibujado el camino en una servilleta: “Pasen por detrás del frigorífico viejo, doblen en el silo sin techo, busquen el galpón con la bandera azul.”

La bandera estaba. Deshilachada, colgando de un fierro. Abajo, un tipo flaco con gorra, fumando, beta por cómo no miraba a Valenti cuando se acercó.

—Maris dijo que venían tres —dijo sin saludar.

—Somos tres —contestó Valenti.

—Barcaza sale en media hora. Lleva cajones a Corrientes. Ustedes van abajo, con la fruta. Si los ven, yo no los vi.

—¿Pago? —preguntó Valenti.

El tipo señaló el pendrive que yo tenía en el bolsillo. No lo había mostrado.

—Eso.

Se lo di. No lo dudé. Beta no duda cuando ya decidió.

Lo enchufó en un lector viejo, miró dos segundos, lo sacó y se lo guardó.

—Suban.

Abajo era oscuro, húmedo y olía a bananas pasadas y a combustible. Nos metimos entre los cajones. Elián se sentó contra uno, se abrazó las rodillas. El supresor le había dejado de hacer efecto hacía horas. Ya no era solo limón amargo y chapa mojada. Era algo más crudo, más vivo. No me daba asco. Me daba vértigo, como asomarme.

—Damián —dijo Valenti, bajo—. Si nos separan, no vuelvas por nosotros. Seguí.

—No —contesté.

—No es heroísmo. Es protocolo —dijo, y por primera vez sonrió de verdad, cansado—. Beta sabe de protocolos.

Elián levantó la cabeza.

—No somos protocolo. Somos fuga.

El motor arrancó. La barcaza vibró y el agua empezó a golpear el casco. Santa Fe se empezó a ir despacio, sin apuro, como si no le importáramos.

Me saqué la mochila y la usé de almohada. El brazalete gris todavía estaba en el bolsillo lateral, donde lo había metido en lo de Maris. Lo saqué. 0427-B. Lo miré un rato largo.

Elián estiró la mano sin pedírmelo. Se lo di. Lo sostuvo, lo giró, lo apretó hasta que el plástico crujió.

—¿Lo tiramos? —preguntó.

—No —dije—. Lo dejamos acá. Que alguien lo encuentre y se pregunte quién era 0427-B y por qué no volvió al Centro.

Lo metimos entre dos cajones. Valenti no dijo nada. Solo asintió.

Cuando la barcaza salió del todo al río, el sol ya estaba arriba. El olor de Elián llenaba el espacio chico, pero no era invasivo. Era… presente. Valenti no se alejaba. Yo tampoco. Y entendí lo que Lía había dicho: “Si podés oler, no sos beta. Si no podés oler, tampoco.” No se trataba de oler. Se trataba de dejar de fingir que no pasaba nada cuando pasaba todo.

Cerré los ojos. No para dormir. Para escuchar el agua.

Por primera vez en veintisiete años, el silencio no era impuesto. Era elegido.

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luma
🥰🥰😈
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