Renace en un mundo mágico, dispuesta a cambiar su destino, recuperar lo que le pertenece y vengarse de quienes la lastimaron.
*Esta novela pertenece a un mundo*
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Duque Moriarty 2
El duque no respondió de inmediato.
La miró.
La observó con una atención mucho más profunda que antes.
Ya no era solo curiosidad pasajera.
Era evaluación real.
[Un pequeño conejo blanco…]
Pero no uno cualquiera.
No uno asustado.
No uno perdido.
No.
Este había caminado por su cuenta hasta la boca del lobo… y le había propuesto un trato.
Más valiente que muchos hombres que había conocido.
Mucho más interesante.
Frente a él, Ophelia lo miraba expectante.
Sabía que había ido demasiado rápido.
Lo sabía perfectamente.
Pero no se arrepentía.
En su mente, ya tenía planes alternativos.
Si él se negaba… podía adaptarse.
Podía pedirle ayuda para llegar a Sunderland.
Podía usar ese contacto.
Podía encontrar a alguien más allá.
Siempre había otra jugada.
Siempre.
Pero entonces..
El duque sonrió.
Esa sonrisa ladeada que no dejaba claro si estaba divertido… o intrigado.
—¿Está segura.. de que quiere casarse conmigo?
La pregunta no era ligera.
No era una burla.
Era una advertencia disfrazada.
Ophelia no dudó.
—Sí.
Directo.
Sin titubeos.
Eso… le gustó.
El duque entrecerró ligeramente los ojos.
—¿Por qué?
Ahí sí…
Ophelia bajó la voz.
Miró a su alrededor un instante.
Y luego le hizo una pequeña seña con la mano.
—Acérquese.
El duque alzó una ceja.
Pero obedeció.
Se inclinó apenas hacia ella.
Lo suficiente para escuchar.
Lo suficiente para invadir su espacio.
Ophelia se inclinó también, reduciendo la distancia entre ambos.
Y habló en voz baja.
—Recibiré una herencia… si me caso con alguien del reino de Sunderland.
Silencio breve.
—Después de cobrarla… puedo darle una parte del dinero.. Los dos ganamos.
Se apartó ligeramente.
Lo miró.
Sonrió.
—Es un trato justo.
Un ganar-ganar.
El duque la observó en silencio.
Y luego… Sonrió.
Pero esta vez… con más intención.
Porque lo que ella no sabía…
Era que el dinero no significaba nada para él.
Era un duque.
Uno de los hombres más poderosos de su reino.
Solo por debajo del rey.
Riquezas… le sobraban.
Oro… tenía más del que podría gastar en varias vidas.
Así que no.
No era el dinero lo que le interesaba.
Era ella.
La situación.
La audacia.
La forma en que lo miraba sin miedo… o fingiéndolo muy bien.
Sus ojos descendieron sin disimulo.
La recorrieron.
Evaluando.
Calculando.
Casi con vulgaridad… y con una franqueza brutal.
[Podría sujetarla con un solo brazo]
Y eso no hizo más que ampliar su sonrisa.
Porque esa pequeña figura frente a él…
Esa apariencia delicada…
Contrastaba demasiado con la firmeza de su mirada.
Y ese contraste…
Era peligroso.
—Ya veo… —murmuró, recostándose ligeramente en su asiento.
Sus ojos volvieron a los de ella.
Brillaban con algo nuevo.
Interés real.
—Un negocio interesante…
Y lo era.
Pero no por las razones que ella creía.
Porque el duque Moriarty…
No estaba considerando cuánto dinero ganaría.
Estaba considerando…
Cuánto quería seguir viendo hasta dónde llegaría ese pequeño conejo blanco.
Por eso, el duque no apartaba la mirada de ella.
No después de su propuesta.
No después de su explicación.
Había algo en Ophelia que rompía completamente con lo que él esperaba… y eso lo mantenía atento.
Entonces, con una calma casi peligrosa, habló..
—Dígame… ¿Cumpliría con sus deberes de esposa?
Silencio.
Y entonces..
Ophelia soltó una carcajada. Fuerte. Sincera.
Totalmente fuera de lugar para una dama de su posición.
—¡Vaya! Salió bien atrevido duque…
El silencio que siguió fue breve.
Porque ahora fue él quien rió.
Y no una risa contenida.
No. Una risa real.
Amplia. Sonora.
Probablemente la primera en mucho tiempo.
Porque nadie…
Nadie le hablaba así.
Nunca.
Y eso… le encantó.
Ophelia lo miró con una sonrisa ladina.
—Bueno… eso podría conversarse.
Hizo una pausa.
Sus ojos brillaron con picardía.
—Pero tendría otro precio.
El duque no respondió de inmediato.
Solo la observó.
Porque para él era fascinante.
Hablaba como una mujer segura, decidida, casi dominante en la conversación…
Pero su apariencia…
Era suave.
Delicada.
Luminosa.
Como algo que uno querría proteger.
O poseer.
Y esa contradicción…
Lo mantenía completamente atrapado.
—¿Y su familia? —preguntó entonces, cambiando ligeramente el rumbo
—Usted es claramente de buena cuna.
Sus ojos recorrieron su postura, su forma de hablar.
—Las jóvenes de familias nobles… no suelen ofrecer matrimonio en una posada.
Ophelia sonrió.
Pero esta vez… con un matiz distinto.
Más oscuro.
—Mi familia no sabe nada de la herencia.
El duque frunció ligeramente el ceño.
—¿No lo saben?
Ella negó con la cabeza.
—Y si lo supieran… es muy probable que no quisieran que la reciba.
Él la observó con más atención.
Ahí estaba.
El verdadero problema.
—¿Por qué?
Ophelia lo miró directamente.
Y luego, con total naturalidad, levantó la mano.
Y la pasó por su cuello.
Como una cuchilla invisible.
Sin decir la palabra.
Pero dejándolo claro.
El duque no reaccionó de inmediato.
Pero sus ojos… cambiaron.
Un destello más oscuro.
Más frío.
Más… interesado.
—Ya veo… —murmuró.
Entonces la miró de nuevo.
Más profundamente.
—Entonces… ¿quiere huir de ese destino casándose con un desconocido?
Silencio.
Ophelia lo sostuvo unos segundos.
Y luego.. Sonrió.
Pero no respondió de forma directa.
En lugar de eso…
Y, para total desconcierto del duque..
Comenzó a tararear.
Suave.
Casi cantado.
—♪ El destino de Ophelia… ♪
Hizo un pequeño movimiento con las manos.
Un gesto elegante… pero claramente fuera de lugar.
Como una coreografía recordada.
De otro tiempo.
De otra vida.
El duque la miró.
Confundido.
Completamente confundido.
Porque no había forma lógica de encajar eso en la situación.
Y sin embargo…
Ahí estaba.
Esa joven que hacía unos segundos hablaba de muerte, herencias y matrimonio…
Ahora parecía distraerse en una pequeña danza absurda.
Ophelia se detuvo de golpe.
Parpadeó.
Y volvió a sentarse.
—Perdón… Me distraje.
Silencio.
El duque seguía mirándola.
Procesando.
Evaluando.
Y luego…
Sonrió otra vez.
Más lento.
Más profundo.
Porque ahora estaba completamente seguro de algo..
Esa mujer…
No era normal.
Y eso la hacía…
Irresistiblemente interesante.
Suerte que al menos la tiene a la leal Nanny...
Nos vamos al Reino de Hielo Ophelia?!