Reencarna en una época antigua, en la cual es invisible para su familia y con un trágico final, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Recuerdos
Pasaron algunos días más.
Los entrenamientos continuaban.
Las risas también.
Y aunque el conde Archer hacía lo posible por ignorarlo todo… el mundo exterior no hacía lo mismo.
Esa mañana, su asistente entró en la oficina con un gesto más serio de lo habitual.
—Mi señor.
Archer no levantó la vista de inmediato.
—Habla.
El hombre dudó apenas un segundo.
—Han comenzado a circular… ciertos rumores.
Eso sí captó su atención.
—¿Qué tipo de rumores?
El asistente respiró hondo.
—Sobre usted… y la señorita Eloise.
Silencio.
El conde alzó la mirada lentamente.
—Continúa.
—La familia Knapp ha estado comentando su cercanía con usted. Y eso ha generado… interpretaciones.
El ceño del conde se marcó.
—¿Qué interpretaciones?
El asistente no suavizó la respuesta.
—Que usted está buscando esposa.
—Eso es ridículo.
Pero no era solo molestia.
Era algo más.
Más profundo.
Más irritante.
—Y ha escalado, mi señor.. Varias familias han comenzado a moverse.
—¿Moverse?
—Intentan acercarse. Han llegado invitaciones.
—¿Invitaciones?
—Eventos. Cenas. Reuniones.
El asistente lo miró con cautela.
—Y es muy probable que en la próxima reunión que usted tiene aquí… Traigan a sus hijas.
El aire pareció volverse más frío.
—Como posibles candidatas.
El conde Archer se recostó ligeramente en su silla.
Su expresión se endureció.
—Esto es tan molesto…
No era una palabra suficiente.
Porque no solo era una incomodidad social.
Era una invasión.
Una distorsión de su imagen.
De su intención.
De su control.
—Todo por esto…
Su mente fue directa.
Eloise.
Su presencia.
Su estancia.
No era su culpa.
Él lo sabía.
Pero eso no cambiaba el resultado.
—Ella solo trae problemas innecesarios…
Sus dedos golpearon suavemente el escritorio.
—El pueblo cree que busco esposa…
La idea en sí le resultaba absurda.
Irritante.
Pero peligrosa.
Porque significaba interferencias.
Expectativas.
Gente entrometiéndose.
—Esto es inaceptable…
El asistente guardó silencio.
Esperando.
Y entonces..
El conde habló.
—La reunión ¿Cuándo es?
—En dos días, mi señor.
Eso cerró el margen.
El conde exhaló lentamente.
Pensando.
Calculando.
Opciones.
Y llegó a una conclusión simple.
Fría.
Práctica.
—Debo hablar con ella.
No había otra forma.
Antes de que la situación escalara más.
Antes de que esas familias llegaran.
Antes de que el problema creciera.
—Se irá pronto…
Era lo lógico.
Lo necesario.
Si Eloise dejaba la mansión..
Los rumores perderían fuerza.
El interés desaparecería.
Y todo volvería a la normalidad.
Pero…
Había algo incómodo en ese pensamiento.
Algo que no encajaba del todo.
Lo ignoró.
Como siempre.
Se levantó.
—Llámala.
Y por alguna razón…
Sentía que esa conversación…
No sería tan simple como esperaba.
Y eso…
Era lo que más le molestaba.
Cuando Eloise llegó a la oficina…
El ambiente era distinto.
No llevaba el traje de entrenamiento ese día. El capitán Rigott le había dado descanso, y eso se notaba en su apariencia.. limpia, más tranquila, con un vestido sencillo… y una sonrisa suave, como si fuera una visita normal.
—Conde.
Entró con naturalidad.
Como siempre.
Como si aquel lugar no fuera frío, ni tenso.
Como si él no fuera… él.
Archer la observó un segundo.
—Siéntate.
Su tono era serio.
Más de lo habitual.
Eloise lo notó.
Pero no preguntó.
Simplemente obedeció.
Se sentó frente a él.
Y esperó.
—Necesito que recuerdes todo lo que sabes sobre los bandidos.
Directo.
Sin rodeos.
Eloise asintió.
Su expresión cambió.
Se volvió más seria.
Más concentrada.
Cerró los ojos.
Respiró hondo.
Y dejó que los recuerdos vinieran.
—…Iba en un carruaje…
Su voz era baja.
Lejana.
Como si no estuviera del todo en el presente.
—Hacía frío…
Sus manos se apretaron ligeramente sobre su regazo.
—Y luego… escuché espadas…
El conde no se movió.
Pero su atención era absoluta.
—Después…
Pequeña pausa.
Su respiración se volvió más irregular.
—Un hombre…
Sus cejas se fruncieron.
—Canoso…
Tragó saliva.
—Con parte de la oreja izquierda… quemada…
El puño del conde se cerró lentamente sobre el escritorio.
Sin hacer ruido.
—Me bajó del carruaje.. jalándome el cabello…
Su voz tembló apenas.
Una lágrima cayó.
Silenciosa.
Rodando por su mejilla.
Pero no abrió los ojos.
Siguió.
—Supliqué…
Sus dedos temblaron.
—Me arrodillé…
Otra lágrima.
—Pero… me patearon…
El silencio en la habitación se volvió pesado.
Denso.
Casi insoportable.
Pero ella no se detuvo.
—Vi un emblema…
Respiró hondo.
Como si le costara sostener el recuerdo.
—Era… como una luna y un sol…
Frunció el ceño.
Intentando ser precisa.
—Con varias puntas… de color azul…
El conde memorizó cada palabra.
Cada detalle.
Sin interrumpir.
—Después… me arrastraron…
Su voz se volvió más débil.
—Me llevaron a una cabaña.. allí había… una mujer anciana…
Un leve cambio.
Más suave.
—Ella me dio agua…
Pero no duró.
—Escuchaba a los bandidos…
Su expresión se tensó.
—Habían pedido rescate…
Su voz bajó aún más.
—Habían enviado mi bolso… y parte de mi ropa…
Silencio.
—A la casa Knapp…
Una pausa más larga.
—Pero… no respondieron…
El aire pareció detenerse.
El conde no dijo nada.
Pero su mirada se volvió más fría.
Más peligrosa.
—Después…
Eloise tragó saliva.
—No recuerdo bien…
Su cuerpo se encogió apenas.
—Oscuridad… Hambre… Dolor…
Cada palabra era más baja que la anterior.
Más débil.
—No sé cuánto tiempo pasó…
Una lágrima más.
—Nadie vino…
Su voz se quebró.
—Nadie…
El silencio pesó.
—Hasta que… me dormí…
No dijo “morí”.
No lo necesitaba.
Se entendía.
Y entonces…
Su respiración cambió.
Más agitada.
Más presente.
—Después… Lo vi a usted…
El conde no se movió.
Pero su mirada se fijó aún más.
—Escuché espadas…
Su voz tembló.
—Usted entraba… Y… me levantaba…
Sus manos se apretaron.
—Mi cuerpo… Sin vida…
Una lágrima cayó.
—Y se lo llevaba…
Su voz bajó a un susurro.
—Y me dio una sepultura…
Silencio.
—Nunca vi a mi familia…
Eloise abrió los ojos.
Lentamente.
Varias lágrimas caían por su rostro.
No hacía ruido.
No sollozaba.
Solo… Lloraba.
En silencio.
La habitación quedó completamente quieta.
Sin palabras.
Sin movimiento.
Solo el peso de lo que había dicho.
De lo que había vivido.
De lo que había recordado.
Y frente a ella…
El conde Archer…
No dijo nada.
Pero su mirada…
Ya no era la misma.
Qué culpa tiene de ser tan atractivo y amable 😏🤭🥰🥰
Eloise ni tiempo tuvo de defenderse.
Que bueno paliza le dio Leo a ese desgraciado 🤣😂🤣😂
Ese desgraciado de Ethan ya cavo su propia tumba 🤬🤬🤬