Mariana odió el libro dramático que leyó. Y como castigo, el libro la teletransporta dentro de la historia. dónde ahora es la protagonista muda y tonta.
NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 22
A la mañana siguiente, la residencia del duque tenía un aire distinto, más ordenado en apariencia, pero con una tensión que se sentía incluso en los pasillos, los sirvientes hablaban en voz baja, evitaban cruzar miradas largas, y las puertas se abrían y cerraban con más cuidado de lo habitual; Bruno ya se encontraba en su despacho desde temprano, de pie junto a la ventana, vestido de una manera que no pasaba desapercibida, la ropa ajustada marcaba mejor su figura, los tonos elegantes le daban una presencia más firme, su cabello estaba peinado con cuidado, sin descuido alguno.
No se había sentado en ningún momento, esperaba.
Cuando la puerta se abrió, el abogado entró con paso medido, cerró tras de sí y se inclinó levemente.
—Su excelencia.
Bruno giró apenas la cabeza.
—Llegó rápido.
—Recibí su mensaje con urgencia.
Bruno señaló la silla frente a su escritorio.
—Siéntese.
El abogado obedeció, colocando su portafolio sobre la mesa, observando con discreción los cambios en el duque, no hizo comentario, pero los notó.
—¿En qué puedo asistirle?
Bruno no rodeó el tema.
—Quiero el divorcio.
El abogado no reaccionó de inmediato, abrió el portafolio, sacó algunos documentos, organizándolos antes de responder.
—Su matrimonio fue un acuerdo político reciente —dijo con tono claro—, según las leyes vigentes, debe pasar al menos un año para solicitar su disolución formal.
Bruno apoyó ambas manos sobre el escritorio, inclinándose un poco.
—No voy a esperar un año.
El abogado levantó la vista, evaluando la expresión de Bruno, que no mostraba duda.
—Entiendo su posición, pero hay límites legales que no se pueden ignorar sin consecuencias.
—Encuentre una forma.
—Puedo revisar alternativas —respondió—, pero no le garantizo una resolución inmediata.
Bruno se enderezó.
—Hágalo.
El abogado asintió.
—Necesitaré detalles, razones formales que puedan sostener la solicitud.
Bruno lo miró fijamente.
—Infidelidad.
El abogado tomó nota.
—¿Tiene pruebas?
Bruno no respondió de inmediato.
—Las tendré.
El abogado cerró el documento por un segundo.
—Eso facilitaría el proceso.
Antes de que la conversación continuara, la puerta se abrió sin previo aviso.
Fátima entró con paso ligero, como si no hubiera nada fuera de lugar, su expresión dulce, casi ensayada, su vestido impecable, su postura relajada.
—Bruno —dijo, acercándose.
El abogado giró la cabeza hacia ella, pero no habló.
Bruno no la miró de inmediato, desvió la vista hacia un lado.
Fátima se acercó por detrás, rodeándolo con los brazos, apoyando la cabeza ligeramente contra su hombro.
—Te estaba buscando —murmuró—, quería preguntarte algo.
Bruno se mantuvo inmóvil.
—Habla.
Fátima sonrió levemente, como si nada estuviera fuera de lugar.
—Quiero salir hoy, algunas damas de la sociedad organizaron una reunión, pensé en acompañarlas.
Bruno soltó una breve exhalación.
—Si es para ver a tu amante, no tienes permiso.
Fátima se quedó quieta, su sonrisa desapareció apenas, pero se recompuso rápido, soltándolo y rodeando la mesa para quedar frente a él.
—¿De qué hablas?
Bruno la miró por primera vez.
—No te hagas.
Fátima frunció el ceño, su tono cambió a uno más ofendido.
—Eso es un insulto.
—Es una afirmación.
Fátima negó con la cabeza.
—Son rumores, comentarios de sirvientes que no tienen nada mejor que hacer.
Bruno apoyó una mano sobre el escritorio.
—Esos sirvientes son más leales que tú.
El silencio se tensó un segundo.
Fátima levantó el mentón.
—Soy la duquesa —dijo con firmeza—, puedo castigar a cualquiera que difunda mentiras.
Bruno dio un paso hacia ella, su voz subió por primera vez.
—Si haces eso, no voy a tener consideración contigo.
Fátima parpadeó, sorprendida por el tono, pero no retrocedió, sus ojos comenzaron a humedecerse, su expresión cambió a una más vulnerable.
—No puedes hablarme así —dijo, su voz quebrándose—, soy tu esposa.
Bruno la observó sin suavizar la mirada.
—Actúa como tal. No como una regalada que se va con un hombre que no es tu marido.
Fátima dejó caer una lágrima, acercándose un poco más.
—He intentado entenderte —dijo—, pero tú tampoco haces fácil esto.
Bruno negó con la cabeza.
—No confundas las cosas.
Fátima llevó una mano a su pecho.
—Siempre estás distante, frío, ¿qué esperas que haga?
Bruno soltó una risa seca, sin humor. Él era todo lo contrario.
—¿Traer a otro hombre a tu habitación?
Fátima retrocedió un paso.
—Eso no pasó.
—Lo escuché.
Fátima apretó los labios.
—No sabes lo que escuchaste.
Bruno dio un paso atrás, como si no quisiera seguir en ese espacio.
—Ya escuché suficiente.
Fátima extendió la mano hacia él.
—Bruno, espera.
Pero él ya se había girado, caminó hacia la puerta sin mirar atrás.
—No voy a seguir con esto ahora.
Salió del despacho dejando a Fátima en el centro de la habitación, el abogado permanecía en silencio, observando sin intervenir y anotando por si servía para el juicio.
Bruno caminó por el pasillo con paso rápido, sin detenerse, sin responder a los saludos, llegó al patio, donde su caballo ya estaba preparado.
—Ábreme —ordenó al mozo.
El joven obedeció de inmediato.
Bruno montó sin perder tiempo.
—Nadie me siga.
—Sí, señor.
Sin más, tiró de las riendas y salió del lugar, el caballo avanzó con fuerza, alejándose de la residencia, del ambiente cerrado, de la discusión que aún pesaba.
El camino era amplio, con árboles a los lados, el sonido de los cascos marcaba el ritmo de su respiración, que poco a poco se estabilizaba.
No se detuvo hasta estar lo suficientemente lejos.
Redujo la velocidad al ver una figura en el sendero.
Una mujer caminaba con paso firme, llevando una maleta en una mano.
Bruno reconoció de inmediato.
—Nohemí.
Ella levantó la vista al escuchar su voz, deteniéndose.
—Duque.
Bruno acercó el caballo, bajando un poco la velocidad hasta quedar a su lado.
—¿A dónde vas?
Nohemí acomodó la maleta en su mano.
—Terminé mi trabajo por hoy, voy a casa.
Bruno la observó un segundo.
—Está lejos.
—Estoy acostumbrada.
Bruno miró el camino.
—Sube.
Nohemí alzó una ceja.
—¿Perdón?
—Te llevo.
Ella dudó un instante, observando el caballo, luego a él.
—No es necesario.
—No es una pregunta.
Nohemí sostuvo su mirada unos segundos más, luego asintió levemente.
—Está bien.
Bruno extendió la mano, ayudándola a subir, acomodándola detrás de él con cuidado.
—Sujétate.
Nohemí colocó una mano en la parte trasera de su chaqueta.
—Listo.
Bruno hizo avanzar al caballo de nuevo, esta vez a un ritmo más controlado.
El silencio entre ambos no fue incómodo, pero no duró demasiado.
—Te ves diferente —dijo Nohemí después de unos minutos.
Bruno no giró la cabeza.
—Estoy cambiando algunas cosas.
—Se nota.
—Era necesario.
Nohemí ajustó un poco su agarre.
—No solo físicamente.
Bruno soltó una leve exhalación.
—No.
—¿Pasó algo?
Bruno tardó un segundo en responder.
—Sí.
Nohemí no presionó.
—¿Quieres hablarlo?
Bruno miró al frente, el camino extendiéndose sin interrupciones.
—Descubrí algo que no debía ignorar.
—¿Tu esposa?
Bruno asintió apenas.
—Ya no es solo una suposición.
Nohemí bajó la mirada un momento.
—Entiendo.
—No voy a quedarme en esa situación.
—Eso está bien. Aveces es mejor soltar lo que no nos conviene.
Bruno giró un poco la cabeza, lo suficiente para que su voz se escuchara mejor.
—No quiero seguir siendo alguien que acepta todo por amabilidad. Mírame, he sido muy bueno con mi esposa. Para nada. Ella no me respeta.
Nohemí asintió. El caballo siguió avanzando, el aire movía levemente el cabello de ambos, y por primera vez en ese día, la tensión en el rostro de Bruno se redujo un poco.
—Gracias —dijo finalmente.
Nohemí respondió sin rodeos.
—Aún no he hecho nada.
—Escuchar también cuenta. Aveces necesitaba hablar con alguien sobre esto, me sentía atrapado en mi propia vida. Gracias.
—Es un placer para mí duque. Se como debes sentirte. Yo también lo viví.
Bruno la miró de reojo.
—¿Quieres hablar?
—Solo digamos que él no me amaba lo suficiente como para dejarme trabajar. Decidió dejarme solo por ser médico.
Bruno soltó una risa. No de burla. Y dijo.
—Que pena por ese hombre. No sabe la gran persona que perdió.
Ella no dijo nada más, pero no se apartó.
Y el camino continuó, alejándolos por un momento de todo lo que los esperaba al regresar.
miserable
Es inteligente y sensata y buena persona 🥰🥰