Carla, una noche luego de escapar de las garras de su acosador jefe se encuentra con un vagabundo en la calle, este le suplica algo de comer y en su corazón algo se mueve. Un gesto de bondad desatara una pasión desmedida sin saber que el hombre que ella conoció esa noche en realidad no es otro que el jefe más temido de la mafia y que él ya tiene una mujer esperandolo. El sueño de la felicidad y de una familia tiembla al despertar los recuerdos de él ¿Todo fue una ilusión? No puede ser verdad, mis hijos son la prueba de que nuestro amor existió. De mendigo a jefe de la mafia. ¿Podra el amor ganarle al deber y la venganza?
NovelToon tiene autorización de yanina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La unión de nuestro amor.
POV CARLA
Aunque ya sabíamos bien lo que teníamos que hacer, por un instante nos dejamos llevar por el torbellino de nuestras emociones… y en especial yo, porque lo que encontré al abrir la puerta de nuestra casa me sorprendió hasta el punto de no poder contener las lágrimas que brotaron de mis ojos, ahogadas en una ola de emoción abrumadora.
Ian había transformado cada rincón con rosas de un rojo intenso que parecían latir al compás de mi corazón, una cena exquisita bañada en la tenue y cálida luz de las velas, mi vino favorito reposaba frío en la mesa junto a la comida que tanto amo… y sobre el mantel florecido, resplandecía una cajita de terciopelo negro que guardaba un collar deslumbrante: dos corazones entrelazados, fusionándose en uno solo como si fueran nuestra almas juntas.
- Ian… —fue lo único que logré articular, con la voz quebrada y la vista nublada por las lágrimas.
- Era una sorpresa… aunque se vio empañada por todo lo que sucedió hoy. _ murmuró él, con la voz cargada de emoción y un hilo de preocupación en sus ojos oscuros— Espero que sea de tu agrado, Carla.
Lo abracé con todas mis fuerzas, aferrándome a su cuello como si fuera mi único anclaje en el mundo, y besé sus labios con un amor tan profundo que sentí cómo vibraba en cada fibra de mi ser.
- Jamás nadie hizo algo así de hermoso por mí… Muchas gracias, mi amor. Me encanta con toda mi alma, a pesar de todo.
Sus dedos, cálidos y seguros, se deslizaron por mis mejillas limpiando el rastro de mis lágrimas, con un cuidado que me hizo temblar.
- Te amo, Carla… Nunca tengas dudas de mi amor. Porque tal como este collar, mi corazón te pertenece únicamente a ti. Solo tú eres… y serás siempre su dueña.
En sus ojos vi la verdad más pura, vi sueños que anhelaba construir junto a mí, vi honestidad y un amor genuino que me envolvía como un manto cálido. ¿De qué servía seguir resistiéndome? Este hombre se había propuesto robarme el corazón por completo… y ya lo había conseguido hacía tiempo.
- Ian… ya no tengo dudas. Quiero ser tuya en cuerpo y alma, susurré en su oído, antes de besarlo de nuevo, mientras sus ojos se abrían de sorpresa.
- ¿De verdad, amor mío?
Tomé su mano con firmeza y lo guié hasta la habitación, donde lo hice caer suavemente sobre la cama. De pie junto a él, comencé a desvestirme lentamente; mis manos temblaban levemente, no por miedo a él… sino por el recuerdo de lo que casi me sucedió horas antes. Un miedo que esperaba que sus caricias borraran para siempre.
Mi vestido cayó sobre la alfombra como una nube blanca ante su mirada atenta y reverente. Luego fue mi sostén, con el corazón latiéndome tan fuerte que creía que saldría por mi boca. Cuando mis dedos llegaron a mi ropa interior, sus manos me detuvieron de golpe.
- Carla… eres hermosa. Tan hermosa que siento que mi corazón va a explotar. Pero no estoy seguro de esto… acabas de pasar por algo tan terrible…
Calle sus palabras con un beso apasionado, mientras me posicionaba sobre él, sintiendo su calor quemar mi piel.
- Justamente por eso… Hazme olvidar todo, Ian. Hoy estuve a punto de perderlo todo… y eso me hizo entender que deseo esto más que nada en el mundo, ser solo tuya. Por favor… hazme tuya.
En un movimiento ágil y delicado, me dejó debajo de él. Sus besos comenzaron a quemar mi piel como llamas suaves, enviando escalofríos de placer por mi alma.
- ¡Ahhh, sí, Ian!
Jugué con su cabello mientras bajaba lentamente por mi abdomen, hasta llegar a donde mi cuerpo pedía por él con urgencia. Sus dedos se deslizaron sin permiso debajo de mi única prenda restante, haciendo que un grito se escapara de mis labios.
- ¡IAN! Me encanta… más de lo que puedo decir!
Mis uñas se aferraban con fuerza a las sábanas al sentir su lengua áspera y experta jugando sin piedad en mi piel. Antes de que la euforia me consumiera del todo, escuché el sonido seco de su cinturón abriéndose… y su masculinidad, ansiosa y ardiente, no perdió ni un segundo en mostrarse.
- Te amo, Carla… Y ahora te lo demostraré con cada fibra de mi cuerpo. _ dijo entre gruñidos contenidos, antes de unirse a mí con una pasión que me hizo volar hacia las nubes.
Sus embestidas eran tan certeras, tan llenas de amor y deseo, que en un instante ya tocaba el cielo con las manos. Me sorprendió lo experto que era, sus movimientos tan ágiles que en un parpadeo me tenía en otra posición, explorando lugares de mi cuerpo que ni siquiera yo conocía. Prácticas que desconocía, orgasmos que solo había visto en sueños… mi cuerpo jamás había sentido una satisfacción tan profunda, y me sorprendió cómo mi piel se acostumbraba a su fogosidad, a su necesidad de estar cerca.
Ian me hizo cosas que nunca imaginé posibles. Me dio placeres que creí reservados solo para los cuentos de hadas. Fui su mujer con todo mi ser… y él fue mi hombre, mi refugio, mi salvación.
Agotada, pero llena de felicidad, me dejé caer sobre su pecho, con la respiración agitada y mi cuerpo temblando aún por los ecos del placer.
- Eso fue… eso fue grandioso. Nunca sentí nada igual. _ logré decir con dificultad, mientras él acariciaba mi espalda suavemente.
- Ja, ja… Me alegra escucharlo, mi amor. Pero todavía hay una sorpresa más. _ anunció con una sonrisa juguetona en sus labios.
- ¿Más? —dije sorprendida, con los ojos brillando de curiosidad.
- El jefe me acaba de dar un vehículo a crédito. No es nuevo, nada del otro mundo… pero ya no tendrás que pasar frío en tu camino al trabajo, ni esperar horas en la parada del colectivo.
Salté de la cama de un salto, llena de felicidad al ver cómo Ian crecía día a día, cómo avanzaba a pasos agigantados y cómo me incluía en cada uno de sus planes, haciendo lo imposible para que me sintiera protegida y querida.
- ¡Qué alegría, mi amor! Estoy tan, tan orgullosa de ti… No puedo creer todo lo que has conseguido.
- Yo estoy más feliz que nunca, porque todo esto es para ti, Carla. ¡TODO!. _ exclamó con los ojos brillantes de emoción.
Jamás imaginé que un simple acto de bondad en un día gris me traería tanta felicidad… e increíblemente, el amor de mi vida.
Desde ese instante, nuestras vidas cambiaron para siempre. La nueva jefa no solo nos pidió disculpas a todas las trabajadoras que habíamos sido víctimas del abuso anterior, sino que también reconoció todo el esfuerzo que habíamos entregado durante años. No perdí mi puesto… y eso me llenó de alegría, porque ahora al frente había alguien justo, alguien que veía nuestro valor.
Ian también dio un salto enorme en su trabajo. Los dos compartíamos cada uno de nuestros logros, y nuestro amor floreció con la primavera, llenando de calor y color nuestras vidas. A principios de verano, bajo un cielo despejado y una luna llena que iluminaba el camino como un faro, Ian me dio la noticia más maravillosa de mi vida.
- Mira esto, mi amor, dijo, entregándome un sobre de papel kraft con sus dedos temblorosos.
Curiosa, lo abrí con manos que temblaban de emoción… y dentro encontré sus documentos de identidad. Esta vez, parecían legales, o al menos eso esperaba. Para salir del aprieto con ese degenerado que nos había hecho tanto daño, Ian había hecho algo deshonesto… pero necesario en su momento. Era eso o verlo tras las rejas, y yo no estaba dispuesta a perderlo.
- Ian… ¿cuándo los hiciste?
- Hace unas semanas. Un compañero del trabajo, que sabe de estas cosas, me ayudó. _ respondió con la voz baja.
- ¿Son legales? Por favor, dime que esta vez son de verdad. _ le rogué, aferrándome a los papeles como si fueran mi salvación.
Su mirada se desvió por un instante, como si luchara con sus propios demonios, antes de volver a fijarse en mí con toda su fuerza.
- Son legales, Carla. Y sabes qué es lo primero que quiero hacer con ellos.
- ¿Sacar la licencia de conducir? Ya sabes que no me gusta que andes por las calles sin papeles… has tenido suerte hasta ahora, pero es mejor no tentar a la suerte. _ dije, intentando contener la emoción que comenzaba a nublar mi voz.
- Carla… —murmuró él, con una ternura que me partió el corazón.
- Es la verdad, mi amor. Es un alivio que nuestros trabajos estén cerca de casa, pero uno nunca sabe qué puede pasar.
Sus manos grandes y cálidas tomaron mis mejillas, obligándome a mirarlo a los ojos.
- Carla… lo que quiero es hacerte mi esposa. Si me lo permites. Sé que no tengo mucho, sé que a veces soy un poco torpe y no sé expresarme bien… pero tengo la voluntad de darte todo el mundo, de construir un futuro digno a tu lado. ¿Me aceptas como tu esposo?
No pude evitar que las lágrimas de felicidad recorrieran mis mejillas. Tomé sus manos con fuerza, como si quisiera transmitirle todo mi amor, para estar segura de que no era un sueño.
- Una vida sencilla al lado tuyo es todo lo que deseo en este mundo. Por supuesto que acepto, Ian. Quiero ser tu esposa para siempre.
Ya no quedaban dudas en mi corazón. Yo no podía vivir sin él, ni un solo día más.
Solo una semana después, nos casamos en el registro civil. Una ceremonia sencilla, pero llena de calidez y amor, con nuestros amigos más cercanos como testigos de lo que creímos que sería el único amor de nuestra vida… un amor que prometía ser maravilloso. O al menos eso creía en ese momento. Porque la vida, como siempre es tan justa como uno espera.
tan impulsiva y generosa...