Cindy, una chica alegre. Quien nunca duda en ayudar a nadie. Llega una carta dirigida a sus padres. Sin saber el porqué de ella. Los reúne y lee la carta. descubriendo que se trata de una propuesta de matrimonio. Decide omitir una cosa y esa es. La Posdata. Ya que ahí
Había una palabra. La cual decía así. La Comeré. Decida a no correr ese riesgo. Esconde la carta y Escapa. Creando así. Una enorme confusión. Tanto con quien la pretenden. Como con quienes ira conociendo en su camino.
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Capítulo X
¿¡EH¡? ¡AAA! fue la forma de reaccionar de la madre de Cindy. Al ver a alguien a quien no conoce llamarla madre, él trató de calmarla, pero las cosas no parecían para nada fácil. Hasta que apareció su esposo y una confrontación.
—¡oye! ¿¡Qué le estás haciendo a mi esposa?
—nada se lo prometo, solo quería saludarla es todo
—¿saludarla? ¿Por qué querías saludarla? ¿Quién eres?
—Ah, no me he presentado aún. ¿Verdad? Bueno, es un nombre que seguro en cuanto lo diga. Se sorprenderá.
—eso da igual. Solo dígame su nombre.
—Muy bien, yo soy. Disculpe. —le entro una llamada. —¿sí? Sí. Aquí estoy, llegue hace como una hora. Ya están aquí., gracias. Nos vemos pronto. —bien, como decía. Yo me llamo. Máx. Alejandro Sanders Martínez. Es un placer verlos nuevamente.
—¿Max?
—¿Martínez? AAA, ¿¡Eres tú!? Querido es el pequeño Max, ¿entiendes?
—¿El pequeño Max? ¡Ah! ¡Max! El hijo de Braulio. ¿Cómo está tu padre?
—bien, está bien. Ahora viven en otro país.
—¿en serio? ¿Cómo está tu madre? —hablo la mamá de Cindy.
—bien, muy bien, ambos están bien gracias por preguntar. Como dije. Están viviendo en otro país.
—otro país... Vaya, sí que la están pasando bien.
—sí. Mucho al parecer.
—eso me alegra mucho, pequeño Max, ¿A qué se debe tu visita?
—ah... Bueno, vengo a hablar personalmente con ustedes, pero primero que nada. ¿Dónde está Cindy? ¿Anda de compras? ¿Aunque no creen que es muy tarde como para que haga eso?
—¿Cindy?—la mamá de Cindy hablo. —ella... No está aquí. Hace varios días que se fue.
—¿Eh? ¿Se fue?
—sí. Ella se fue un día muy temprano. —hablo el papá de Cindy. —cuando fui a su habitación porque creí que seguía durmiendo. Me topé con la sorpresa de que ella ya no estaba.
—¿En serio?
—sí. Su habitación estaba ordenada, tal como le gustaba tenerla. Revise todo para ver si había algo sospechoso. Pero no había nada. Pensé que había salido muy temprano y volvería ya en la tarde. Pero nunca lo hizo. Hasta ahora.
—sí. Aunque fue al día siguiente después de recibir esa carta.
—¿una carta?
—sí. Como yo no sé leer y mi esposo no puede leer sin sus lentes, ella la leyó por nosotros. Lo hizo muy bien. A pesar de que se vio forzada a dejar la escuela en su primer año de secundaria. O...
—sí. Ella tuvo que dejar la escuela por una lesión que tuve y que su hermano se vio obligado a escapar. Pues. Pues no se le pusieron una falsa denuncia y la policía sin preguntar nada. Vino por él. Él no estába porque estaba haciendo unos encargos qué yo debía cumplir. Y cuando regreso. Le dijimos que se fuera. No quería, pero, nosotros preferimos eso a saber que esta encarcelado injustamente.
—entiendo. Y...
—eso pasó al apenas tener un mes de que ella empezó la secundaria. Así que. Cuando regreso. Encontró a oficiales de policía custodiado la casa y al día siguiente. Tuve la lesión. Fue muy grave y casi sin dejarme andar. Gracias a Dios, logre recupérame en unos meses. Pero ya faltaba muy poco para terminar la escuela. Al final, ya no pudo volver pues. Cuando intente recuperar mi trabajo me dieron de baja. Dijeron que era muy riesgoso qué siguiera. Me dieron mi tiempo y sobrevivimos con eso. Aunque la verdad no fue tan fácil. Logramos poner un pequeño puesto en el mercado. Pero ocurrieron muchas cosas. Lamentablemente, un tipo me estafó con un producto y perdí dinero. La policía al parecer no hace nada y eso. Realmente me pone muy triste.
—ya, cariño, ya no recuerdes esos malos momentos. Pues, como sabes, ella nos ha estado ayudando. No ha sido mucho. Pero hemos logrado sobrevivir. Le estamos muy agradecidos. También su hermano nos envía algo de dinero. Pero no es mucho.
—ya veo. Bueno, ¿tienen hambre? Yo invito. Quiero que hablemos más de él escape de Cindy y la carta que recibió.
—eh... —a ambos les ruge el estómago. —supongo que sí. —ambos hablaron a la vez.
—bien, solo esperen un poco y los llevo. —hace una llamada. —sí. Aquí estoy, tráelo rápido, los llevaré a comer. Sí. Tenemos muchas cosas que hablar. Sí. Aquí espero. —cuelga. —muy bien. En unos minutos estará aquí el auto y podremos ir a comer. Je, je.
—está bien. —ambos respondieron a la vez.
(en otra parte)
—¿Estas contenta? —habla victoria.
—un poco. No me me gustaría salir del pueblo.
—¿pero, no es eso lo que querías hacer desde un principio?
—bueno, sí. Pero ahora que lo pienso, no es buena idea.
—¿te estas acobardando?
—¿acobardando yo?
—sí. Por lo que veo eso es lo que estas haciendo. ¿Por qué ahora? Tuviste varios días para reconsiderarlo y lo haces hasta ahora.
—lo siento, me concentre tanto en el auto, que no pensé en otra cosa. Solo quería que estuviera terminado. Bueno, al principio estaba determinada a irme de aquí. Así que, preste mi atención al auto y nada más. Pero ahora que ya no tengo que hacerlo. Me puse a pensar en varias cosas. En cuanto extrañare a mamá a papá. Las personas que conocía y que me trataban con mucho cariño.
—¿Ah, sí? ¿Así que mi cariño no importa? —hablando eso último en voz baja.
—¿Ah? ¿Dijiste algo?
—no, no dije nada. Entiendo que extrañes a esas personas. Pero, sí decidiste reparar este auto. Es por qué, estabas deseosa de irte de este pueblo.
—decidida, no deseosa.
—es lo mismo, Para mí es lo mismo. Ahora que por fin estamos por salir. Solo falta como media hora. Y nos desñediremos de este pueblo.
—¿despediremos? ¿Tu también vas a quedarte en el otro pueblo?
—claro que sí. Estaré un buen tiempo. Mientras tú estés ahí. Yo lo estaré. —dijo lo último en voz baja.
—¡qué bien! Me alegra mucho poder estar contigo. me sentiré más cómoda, contigo. ¡Gracias! ¡Te quiero mucho!
—¿Eh? ¿En serio?
—sí. Mucho, mucho.
—... De nada. —estaba roja como tomate.
Siguieron su camino, llegaron un poco antes y lo previsto. Pero por fin hacían su llegada al otro pueblo, un lugar nejlre mejor en muchas cosas al suyo. Es lo que pensaban. Se quedaron maravilladas de ver todo lo que se cruzaba en su camino. Llegaron a un hostal. Bajaron todo. Entraron a la habitación y bueno...
—¿¡una cama!? — victoria lucia furiosa.
—vaya, ahora tendremos que compartir la misma cama. Bueno... no importa. Se ve cómoda. Pero Mientras tanto. Iré a tomar un baño.
—claro. Ve. —la ve irse hacia la ducha. ¡Sí! —dijo eso en sus pensamientos. —bueno, no hay nada que se pueda hacer. —sonríe mientras se sienta en la cama y cruzaba las piernas.
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