Después de una noche entera terminando el arreglo de un traje de exhibición, Julia se fue a la cama por la madrugada. Su cabeza apenas había tocado la almohada cuando su alarma sonó, y se dió cuenta de que no estaba en su habitación, ¡y alguien se había llevado el traje que tanto se había esforzado en reparar!
Un momento... ¿Quién, en nombre de su santo internet, era esa persona en el espejo?
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15.
Se levantó al día siguiente con dolor de cabeza.
Había despertado boca abajo y con los pies por fuera de la cama. No se sintió tan mal, pero le dolía el cuerpo un poco y sus ojos protestaban por la luz que entraba por la ventana del costado. Ni siquiera se había cambiado la ropa del día anterior, solo le habían quitado los zapatos y el abrigo antes de acostarla.
Tuvo que levantarse al sentir su vejiga demasiado llena. Casi se tropieza con las bolsas que estaban colocadas en el piso junto a su armario, pero llegó al baño a salvo. Cuando se miró al espejo, vio que su cara parecía como si le hubieran pasado con un camión por encima. Todo su maquillaje estaba corrido y algo descascarado, probablemente había frotado la almohada con su rostro toda la noche.
Se aseó con paciencia. Después de una ducha, el dolor de cabeza se fue y se sintió mejor en todo sentido. No había llevado ropa al baño, así que tuvo que salir con una toalla y dirigirse al guardarropa.
Todas las bolsas de sus compras de ayer estaban colocadas a un lado de las puertas del armario, así que pasó por encima y se vistió con ropa cómoda.
Con el cabello enrollado en una toalla, desistió del secador y se puso de cuclillas a mirar lo que el conductor subió a su habitación. Se lo había pedido explícitamente, e incluso le había dado las llaves para que pudiera abrir su puerta. Al final terminó bien, porque mareada como estaba anoche, no habría podido abrirla por sí sola.
Revisó cuidadosamente y las clasificó en distintas categorías. Cuando hizo un recuento de los materiales que le faltaban, recordó mirar su celular para checar si las compras que hizo en línea ya habían llegado o estaban en camino.
Sin embargo, su teléfono estaba apagado y tuvo que ponerlo a cargar. Apenas dejó el aparato en su escritorio, su estómago sonó bastante fuerte, con retorcijones que le gritaban que fuera a comer algo.
No sabía qué hora era, así que bajó con rumbo directamente a la cocina, para evitar encontrarse con alguien.
Desgraciadamente, para Julia, no se pudo evitar; su padre estaba en la cocina, preparando un poco de café junto a la estación de la cafetera. Le estaba agregando crema y trozos de chocolate a una taza de porcelana con patrones de animales.
El hombre la miró, con un traje gris oscuro y peinado impecablemente. Julia lo miró, con las pantuflas puestas y un gorro de toalla en la cabeza.
Julia se sentó en una de las sillas de la barra y el hombre abrió una puerta en una de las alacenas, sacando el vaso térmico con pajilla de Julia y procedió a servirle un poco de café con leche. Terminó metiendo unos trozos de chocolate negro antes de cerrar la tapa y pasársela.
Sonriendo, Julia le dio un sorbo y agarró un paquete de galletas de la cesta a su lado para comer. Su padre recogió una galleta cuando se la ofreció y se sentó frente a ella.
Suspiró cómodamente cuando su estómago dejó de protestar, agradeciendo al hombre por ello. Solo hubo una conversación casual mientras cada uno terminaba de consumir su café, hasta que su padre dejó su taza.
—¿Estás mejor? ¿Te duele la cabeza? —No se acercó, pero su mano hizo un movimiento como si quisiera acariciar su frente para consolarla.
—Estoy bien, no me duele. Gracias. —Estaba un poco más animada. Se habían ido acercando de a poco, con su padre siempre siendo cariñoso, así que ella fue accediendo al contacto y al cariño.
Pero fue anoche que perdió las suficientes reservas como para estar tan relajada hablando con él.
Andrew la había traído a casa, después de que ordenara a su conductor conducir todo el camino con las ventanas abiertas, para que el aire fresco de la noche la despejara. Había llegado relativamente sobria, pero su padre los había recibido al volver. Su padre invitó a Andrew a pasar y ella se había sentado en el sofá, algo apartada de ellos, cuando su padre le sirvió un vaso de algo con alcohol y ambos se pusieron a hablar.
Julia no sabía cómo, pero terminó curioseando y alcanzando algo del bar de su padre, bebiendo alguna cosa que tenía pinta de jugo de frutas; de frutas solo tenía el color, porque el sabor era pésimo. Más tarde se enteró de que era un licor especial hecho a base de frutas, pero su graduación alcohólica era bastante alta y terminó borracha en el sofá.
Así que se limitó a seguir con la mirada a los dos cada vez que hablaban, como si estuviera mirando un partido de ping-pong. Esto terminó divirtiendo a Andrew e hizo reír a su padre. Al final, se despidió del joven y su padre la llevó medio cargando a su habitación y la acostó. Incluso le ayudó a quitarse los zapatos y la cubrió con una colcha, que después ella terminó pateando fuera de la cama.
Ahora le servía café con cariño y se preocupaba por ella. Era un paso natural que ella también comenzara a tenerle aprecio.
Cuando su padre se retiró, Julia volvió a su habitación.
Lo primero que hizo fue revisar su celular, viendo que había varias notificaciones, entre ellas algunas de Andrew y del sistema. Por alguna razón había ganado puntos de comprensión y había subido al nivel dos. Después de revisar todo lo del sistema, decidió responderle a Andrew, calmando sus preocupaciones sobre el estado de la noche anterior.
Una vez hecho, revisó sus pedidos en línea. Dejó su teléfono a un lado y procedió a concentrarse en lo que había querido hacer desde hace mucho.
Dedicó su tiempo a coser, salir de vez en cuando con Andrew, convivir con su familia, ir a la universidad o encargarse de lo que fuera que se le presentara en el medio. Sus días pasaron tranquilamente, con menos trabas mentales que en los primeros días y disfrutando el proceso.
Hasta que, un par de meses después, las invitaciones a su fiesta de compromiso comenzaron a ser enviadas.