LUCIAN SANTOS , un hombre guapo y libre de ataduras ,no vive así por alguna decepción o algo que se le parezca ,no ,es el estilo de vida que el prefiere, pero todo da un giro inesperado; cuando una mañana aparece una bebe en su puerta y solo necesita la ayuda de la mujer que siempre está a su disposición ,para ayudarlo en esta nueva travesía (su secretaria) ,sin imaginar el gran secreto que ella guarda...
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¡Mikeila, quédate quieta!
La suite principal se había convertido en un búnker de lujo. Mientras el equipo médico coordinado por Lucian preparaba el protocolo de tratamiento en secreto, la orden del día era clara: Elena debía guardar reposo absoluto. Sin embargo, para una mujer que había pasado años corriendo de un lado a otro, quedarse quieta era la peor de las torturas.
—Lucian, puedo levantarme. Solo es un biberón —protestó Elena desde la cama, rodeada de almohadas.
—Negativo, Rivas. Es una orden directa del alto mando —respondió Lucian, entrando en la habitación con Mikeila en un brazo y un bolso de pañales que parecía una mochila de paracaidista en el otro—. Además, he leído tres blogs sobre "paternidad proactiva". Tengo la situación bajo control.
Elena arqueó una ceja, conteniendo una sonrisa. Ver a Lucian Santos, el hombre que hacía temblar la bolsa de valores, vestido con una camisa de seda de mil dólares y un paño de dibujos animados al hombro, era una imagen que nunca creyó presenciar.
El primer reto del día fue la introducción de los nuevos alimentos. Lucian sentó a Mikeila en su silla alta, frente a la cama de Elena para que ella pudiera supervisar.
—Muy bien, Mikeila. Vamos a analizar esto como una propuesta de fusión —dijo Lucian con total seriedad, sosteniendo una cucharita cargada de puré de guisantes—. El objetivo es la ingesta de nutrientes. La recompensa es un crecimiento óptimo. ¿Aceptas los términos?
Mikeila miró la cuchara verde con sospecha. Miró a su padre y luego a Elena, que observaba la escena con los ojos brillantes de diversión.
—Dile que sí, Mikeila. Papá no acepta un "no" por respuesta —bromeó Elena.
Lucian acercó la cuchara haciendo sonidos de avión, un gesto que se sentía ridículamente fuera de lugar en él.
—¡Aquí viene el jet privado de los Santos! ¡Abran el hangar!
Mikeila abrió la boca, pero justo cuando el puré tocó su lengua, soltó un estornudo explosivo. El resultado fue una catástrofe estética: el puré verde aterrizó directamente en la frente de Lucian y en el cristal de sus gafas de lectura.
Elena soltó una carcajada limpia y sonora, la primera en semanas.
—¡Oh, por Dios! Lucian, te ves... muy ecológico.
Lucian se quedó congelado, con el puré resbalando por su mejilla. Miró a su hija, que se reía a carcajadas de su propia travesura, y luego a Elena. Verla reír así hizo que cualquier rastro de molestia desapareciera.
—Vaya —murmuró Lucian, limpiándose las gafas con una servilleta de lino—. Veo que la junta directiva ha rechazado mi propuesta de forma agresiva.
Más tarde, llegó el momento del cambio de pañal. Lucian se negó a llamar a la niñera.
—Si puedo descifrar contratos de derivados complejos, puedo con un velcro —declaró con arrogancia.
Cinco minutos después, Lucian estaba sudando.
—Elena, creo que este pañal tiene defectos de fabricación. O la niña se mueve a la velocidad de la luz o el diseño es defectuoso. ¡Mikeila, quédate quieta! Es una operación de seguridad nacional.
—Estás intentando ponerlo al revés, Lucian —dijo Elena entre risas, mientras lo veía luchar con las cintas adhesivas—. Las alitas van hacia adelante.
—Eso es lo que ellos quieren que creas —replicó él, mientras Mikeila aprovechaba su distracción para agarrar el calcetín de su padre y tratar de comérselo—. ¡No! Eso no es comida, pequeña tiburona. Eso es algodón egipcio.
Al final, Lucian logró cerrar el pañal, pero Mikeila, en un movimiento maestro, logró patear el talco, creando una nube blanca que dejó a Lucian pareciendo un fantasma de estilo victoriano.
Elena no podía parar de reír. Se sostenía el estómago, sintiendo que por un momento la enfermedad no existía, que solo existía esa familia caótica y maravillosa.
Hacia la noche, después de limpiar el desastre y bañar a la pequeña, Lucian finalmente logró dormir a Mikeila. Caminó hacia la cama de Elena y se sentó en el borde, exhausto, pero con una paz que nunca había conocido.
—Rivas... ser padre es mucho más difícil que manejar una OPA hostil —susurró, pasando una mano por su cabello todavía con restos de talco.
Elena tomó su mano y la besó, dejándolo sorprendido y sintiendo un vuelco en su corazón.
—Lo hiciste muy bien, Lucian. Gracias por hacerme reír. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan... viva.
Lucian se inclinó y besó su frente.
—Ese es el plan. Mañana empezamos la primera fase del tratamiento en casa. Pero hoy, mi único trabajo era que no olvidaras cómo suena tu risa.
Ella te necesita feliz, Elena. Y yo... yo te necesito de cualquier forma, siempre que sea a mi lado.
Elena apoyó la cabeza en su hombro. El miedo seguía ahí, pero la risa de ese día había construido un puente sobre el abismo. Mikeila, desde su cuna, soltó un suspiro tranquilo. La familia de tres estaba lista para la batalla más importante, armados de amor y, de vez en cuando, un poco de puré de guisantes en la cara.
Lucían solo veía como en un par de meses su vida había cambiado con la llegada de su pequeña y con el amor incondicional que Elena le había brindado.
Lucían supo todo, cuando Victoria apareció por primera vez, al ver como la miraba necesitaba desentrañar todo el pasado de Elena porque si su madre encontraba algo no la dejaría cerca de su pequeña y Elena era en quien más confiaba, aun así, mientras más se enteraba, más parecía que estaba soñando, saber en el hospital de baja categoría que nació su hija lo hizo sentir incómodo, pero aun así cuando supo de la atención amable de los médicos y enfermeras del lugar ,decidió hacer un gran donativo y ser un patrocinador principal del hospital, no había nada que se escapara del gran Lucian Santos, así que estaba seguro de que la vida de su esposa tampoco se le escaparía de las manos.
La narración me hace morir de risa 😂😂😂😂😂