Cuándo Clarisa se decide a buscar trabajo es rechazada en todas las empresas, hasta que por una buena obra de su mejor amiga logra entrar a la más prestigiosa de todas.
Alexander es el desconfiado y frío presidente de la empresa, decidido en qué Clarisa no es lo apropiado para el puesto hace un infierno su estadía con comentarios y actitudes qué molestan a la chica.
¿Será este el principio de algún romance? Pues dice el dicho que del odio nace el amor...
¿O Alexander volverá con su amor del pasado y quién le hizo ser tan desconfiado como es?
- obra registrada -
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NUEVE
Narrador omnisciente
Las palabras de Alexander retumbaron en la mente de la chica varias veces, la había despedido y no podría hacer nada para cambiar su opinión, o tal vez sí.
Rápidamente la tristeza cambió a enojo, acababa de invitarle un desayuno y ahora venía a decirle que ya no requería de sus servicios ¿Qué clase de juego cruel era ese?
— No lo entiendo señor — Trató de contener la rabia — Me envía un desayuno y después viene aquí a decirme que estoy despedida ¿Así es como despide a sus empleados? Los hace sentir especiales por un momento y luego ¡Puf! Los aplasta como si fueran viles cucarachas — Pronunció cada una de sus palabras con enojo e ironía.
Alexander quien no estaba acostumbrado a que le hablaran así le lanzó una mirada llena de incredulidad.
— No es mi culpa que no sea competente, le invite el desayuno porque vino hasta acá y perdió el tiempo tratando de encajar en un empleo que no es para usted — En ese momento si alguien más entraba a la habitación podría jurar que la atmósfera se había congelado.
Para Clarisa esas palabras habían sigo peores que cualquier golpe físico pero muy en el fondo sabía que él tenía razón. No encajaba con el empleo, no sabía nada sobre ser una asistente pero lo necesitaba, ya fué esa misma necesidad la que la llevo a decir lo siguiente.
— ¿Sabe qué? Tiene razón, quizá no encajo aquí, tal vez soy una inútil pero al menos lo intenté, tuve el valor de intentarlo a pesar de que es bien sabido que usted es un demonio — Soltó todo eso sin ningún temor, la adrenalina estaba haciendo efecto — Necesito el trabajo pero usted que va a saber de necesidades, siempre lo ha tenido todo en bandeja de plata.
Alexander consumido por la irá se levantó de golpe de su asiento haciendo que los platos sobre la mesa cayeran al suelo.
— ¿Quién se cree para hablarme así? ¡Largo de aquí! ¡váyase ahora mismo! — Sus palabras fueron acompañadas por un movimiento de su brazo que señalaba la puerta.
Clarisa también se levantó pero no para salir, se encontraba dispuesta a pelear por su puesto. Estaba consiente de que había excedido sus palabras después de todo ella no lo conocía pero se sentía indignada y de cierta forma humillada.
— No me iré — Dijo con más calma — Se qué no soy la mejor asistente del mundo pero entienda que es la primera vez que tengo un puesto así — Explicó tratando de hacer entrar en razón a un molesto Alexander — Sólo le pido una oportunidad más, si en cuanto termine este viaje aún no cree que soy capaz de ser su asistente yo misma renunciaré. Además ¿Dónde va a conseguir a alguien que pueda ayudarle durante el resto del viaje?
Y con esas palabras dió justo donde quería. Alexander se dió cuenta de que no tenía otras opciones cerca, necesitaba una asistente cerca durante el viaje.
Miró a la chica con descontento, aún no estaba convencido de darle otra oportunidad, y menos ahora después de todo lo que había dicho.
Clarisa estaba consiente de que sería difícil convencer a Alexander pero no iba a rendirse tan fácil. Una oportunidad más, es lo único que ella deseaba en ese momento.
— Mire señor — Continuo hablando la joven mucho mas tranquila — Sólo le pido que me de hasta el final del viaje, solo eso — Hizo una leve mueca mientras pensaba en lo siguiente que diría — De verdad me esforzaré en ser la asistente que necesita. O bueno al menos hasta que decida aplastarme como cucaracha.
Alexander alzó las cejas y Clarisa supo que habia metido la pata nuevamente; aun así realmente esperaba que reconsiderara la decisión de despedirla.
Luego de unos segundos de pensarlo Alexander finalmente habló.
— De acuerdo, sólo será en lo que resta del viaje, si sigue siendo igual de inútil se va. — Dijo sin emoción alguna.
Clarisa sonrió y asintió varias veces, esta vez no iba a fallar.
Ella ahora estaba felíz pero él no, salió de la habitación aún sintiéndose disgustado y se fué a su habitación. Necesitaba hablar con alguien para despejar su mente y olvidar la escandalosa escena de hace unos minutos.
Marcó el número de Cristopher. Tardó un poco en responder pero cuando lo hizo le saludo con una inusual alegría, como si supiera lo que estaba ocurriendo y estuviera divertido por ello.
— ¡Hermanito! Que alegría me da ver qué me llamas ¿Hay problemas en el paraíso?
— ¿Paraíso? — respondió consternado Alexander — Esto más bien es un infierno, esta mujer es peor que el diablo.
— Ya veo, entonces ¿Hades tiene problemas con su persefone? — Se burló Cristopher.
— Esto es serio hermano, después de la actuación tan vergonzosa de mi asistente dudo que nos den plaza aquí.
— Ya encontrarás la forma de arreglarlo, mientras tanto deberías enseñarle cómo ser una buena asistente. De echo creo que hoy es la oportunidad perfecta para eso — Aseguró.
— ¿A qué te refieres? — Preguntó Alexander confundido.
— Bueno, iba a llamar para contartelo pero me has ganado, resulta que recibí una llamada..
— ¿De quién? — Alexander lo interrumpió.
— Espera a qué termine de hablar por Dios. No sé quién sea, solo se que tiene voz de mujer y por cierto muy sexy — Afirmó Cristopher con tono pícaro.
— Concéntrate, entonces ¿Qué pasa con esa mujer?
— Llamó preguntando por tí — Continuó — Dijo que tenía una propuesta muy interesante y prepárate hermano, ofreció el 40% del territorio. Hoy por la noche será la reunión entre ustedes, ahí mismo en el hotel, solo cuida que tu asistente no beba demasiado esta vez — Se burló.
Alexander no recordaba haber mencionado que Clarisa había bebido más de la cuenta, quizá sí lo había hecho pero con tantas cosas en mente lo olvidó.
— De acuerdo, gracias por tu consejo — Dijo con fastidio como reconociendo lo obvio — Te dejaré entonces, debo preparar a mi asistente para la cena.
Sin esperar respuesta del otro lado colgó la llamada, suspiró con pesadez y salió de su habitación nuevamente para ir a ver a Clarisa.