Dicen que la sangre de un vampiro es fría, pero la suya ardía con una maldición. La mía, tan dulce y prohibida, era su único dulce veneno... o su salvación eterna.
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Capítulo 06
Despertar después de la primera transferencia directa fue como intentar emerger de un océano de melaza. XiaoXuan abrió los ojos y se encontró de nuevo en su habitación, pero algo había cambiado. La luz que se filtraba por las cortinas parecía más brillante, o quizás eran sus sentidos los que se habían agudizado. El pequeño corte en su palma ya estaba cerrado, dejando apenas una línea rosada, gracias a los ungüentos del doctor Han... o quizás a la propia naturaleza regenerativa de su sangre.
Sin embargo, el vacío en su pecho era real. No era solo una debilidad física; era como si una parte de su psique se hubiera quedado en la habitación de Chen Yi.
Se levantó con cuidado, sintiendo un ligero mareo. En la mesa de noche, encontró una nota escrita con una caligrafía elegante y angulosa: *"Tu hermano ha salido de la cirugía. El pronóstico es excelente. Él vive por ti. Yo vivo por ti. C.Y."*
Las manos de XiaoXuan temblaron. *"Yo vivo por ti"*. Eran palabras peligrosas en boca de un hombre que no era un hombre.
Durante los días siguientes, la dinámica en la mansión cambió drásticamente. XiaoXuan ya no era tratada como una invitada o una prisionera común. Las criadas le hacían reverencias, y Lady Liu le permitía moverse con mayor libertad, aunque siempre bajo la sombra de la vigilancia. Pero el cambio más significativo estaba en Chen Yi.
Él ya no se escondía en las sombras. Se encontraba a menudo con ella en los jardines interiores, lugares protegidos del sol directo pero llenos de plantas raras que florecían en la penumbra.
—Te ves mejor —dijo ella una tarde, encontrándolo cerca de una fuente de mármol negro.
Chen Yi se giró. Su piel ya no era gris ceniza; tenía un tono pálido pero saludable, como el mármol fino. Sus ojos grises parecían tener ahora una profundidad eléctrica. Al verla, su expresión se tensó.
—No deberías acercarte tanto a mí cuando no estamos bajo supervisión —dijo él, aunque no hizo ningún movimiento para alejarse.
—¿Por qué? —preguntó XiaoXuan, dando un paso más hacia él—. El doctor Han dice que la transferencia fue un éxito. La maldición está en remisión.
Chen Yi soltó un suspiro pesado, y XiaoXuan notó que sus ojos seguían sus movimientos con una intensidad que la hacía sentir desnuda.
—Ese es el problema, XiaoXuan. La maldición física está controlada, pero ha surgido algo nuevo. Algo que el doctor Han no predijo. Tu sangre... no solo me nutre. Me ha dejado una marca. Puedo oír tu corazón desde el otro lado de la mansión. Puedo oler tu estado de ánimo. Sé cuándo tienes miedo, sé cuándo estás pensando en tu hermano... y sé cuándo estás pensando en mí.
XiaoXuan se sonrojó violentamente.
—Eso es... invasivo —murmuró ella.
—Es una obsesión —corrigió él, acercándose a ella con esa elegancia depredadora—. Una obsesión prohibida. Los de mi clase no deben vincularse así con los humanos. Se supone que eres el remedio, no la enfermedad. Pero cada fibra de mi ser ahora me exige estar cerca de ti. No por hambre... sino por una necesidad que no puedo explicar.
Él extendió la mano y, esta vez, sí le tocó la mejilla. Sus dedos ya no estaban helados; estaban tibios, imbuidos de la energía que ella le había entregado. El contacto fue eléctrico. XiaoXuan se inclinó inconscientemente hacia su mano, buscando ese calor compartido.
—Me odias por lo que soy, ¿verdad? —preguntó él, su voz rompiéndose levemente—. Por haberte arrastrado a este mundo de pesadilla.
XiaoXuan lo miró a los ojos, buscando al monstruo y encontrando solo a un hombre atormentado por su propia existencia.
—Al principio lo hice —admitió ella con sinceridad—. Odiaba la idea de ser usada. Pero luego, cuando bebiste de mí... vi tus recuerdos, Chen Yi. Sentí tu soledad. Nadie debería vivir tanto tiempo sintiéndose una aberración. No te odio. Me asustas, sí. Pero también... me haces sentir algo que nunca antes había sentido.
—Es el vínculo de sangre —dijo él rápidamente, como si tratara de convencerse a sí mismo—. Es un efecto secundario químico. No confundas la gratitud o la biología con algo más.
—¿Es solo biología lo que hace que me mires como si fuera lo único real en este mundo de sombras? —lo desafió ella—. ¿Es química lo que hace que me dejes caminar libremente por tu casa cuando podrías tenerme encadenada en tu sótano?
Chen Yi la agarró de los brazos, no con violencia, sino con una urgencia desesperada. La atrajo hacia sí, y por un momento, el tiempo pareció detenerse.
—Eres mi perdición, XiaoXuan —susurró él—. Si sigo bebiendo de ti, la maldición se romperá, pero yo quedaré esclavizado a ti de una manera que ningún vampiro ha estado jamás a una humana. Me volveré adicto a tu luz. Y si alguna vez te pierdo, si el tiempo te lleva como hace con todos los de tu raza, no quedará ni ceniza de mí. Seré el vacío absoluto.
—Entonces no me pierdas —respondió ella, asombrada por su propia audacia.
La tensión entre ambos era casi tangible, una cuerda estirada al máximo. En ese jardín de flores nocturnas, la línea entre el salvador y el salvado, entre el depredador y la presa, se había borrado por completo.
De repente, una sombra se interpuso entre ellos. Era Lady Liu, observando la escena con una expresión de absoluto desagrado.
—Veo que la recuperación de mi hijo va más allá de lo físico —dijo la Matriarca, su voz cortante como el hielo—. Chen Yi, recuerda tu lugar. Ella es una herramienta, un recurso precioso que debemos cuidar, no un juguete para tus caprichos sentimentales.
Chen Yi soltó a XiaoXuan, pero se mantuvo frente a ella, protegiéndola con su cuerpo.
—Ella no es una herramienta, madre. Es la razón por la que todavía puedes hablarme.
—Es por eso que debemos asegurar el suministro —replicó Lady Liu, ignorando el desafío de su hijo—. El doctor Han dice que la efectividad de la sangre aumenta si hay una compatibilidad total. XiaoXuan, a partir de hoy, te mudarás permanentemente a los aposentos de Chen Yi.
XiaoXuan sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—¿Qué? —exclamaron ambos al unísono.
—La maldición es traicionera —continuó Lady Liu—. No podemos permitirnos un mes de "visitas". Debes estar allí para él en cada momento de crisis. Y hay algo más. El consejo de ancianos del linaje Liu ha sido informado de tu existencia. Exigen pruebas de que la maldición está rota. Para ellos, solo hay una forma de sellar este pacto y asegurar que la sangre dulce permanezca bajo nuestro control total.
—¿De qué está hablando? —preguntó XiaoXuan, con un nudo de terror en la garganta.
Lady Liu miró a su hijo y luego a la joven humana con una sonrisa gélida que no llegó a sus ojos.
—Se está preparando un compromiso. Para finales de mes, si Chen Yi sobrevive, Wang XiaoXuan se convertirá oficialmente en su esposa. De esa manera, tu vida y tu sangre pertenecerán legalmente a los Liu para siempre.
El silencio que siguió fue absoluto. Chen Yi miró a XiaoXuan con una mezcla de horror y un anhelo secreto que la aterró más que la propia propuesta. Ella era su cura, pero ahora, el precio de su vida era la libertad de ella. La obsesión ya no era solo un sentimiento prohibido; se estaba convirtiendo en una condena de por vida.
—No puedes obligarla —dijo Chen Yi, aunque su voz carecía de la convicción habitual.
—Puede elegir —dijo Lady Liu, mirando a XiaoXuan—. El matrimonio y la vida de su hermano garantizada para siempre... o el fin de nuestro trato y el regreso de XiaoHui a la lista de espera de un hospital público, sin recursos para su recuperación. ¿Qué decides, "dulce" XiaoXuan?
XiaoXuan miró a Chen Yi. En sus ojos vio la lucha interna de un hombre que la quería libre pero que la necesitaba para respirar. En ese momento, comprendió que en la mansión de los Liu, incluso el amor más puro nacería manchado de sangre y obligación.
—Acepto —susurró ella, sabiendo que acababa de entregar mucho más que su sangre. Acababa de entregar su destino a la oscuridad.