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En Las Garras Del Villano

En Las Garras Del Villano

Status: En proceso
Genre:Romance oscuro
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: syv

Ella lo creó para ser el villano perfecto.
Oscuro, seductor… inolvidable.

Pero cuando comienza a soñarlo, él deja de seguir sus reglas.

Cada noche la atrae más, cada sueño se vuelve más real y cada palabra escrita parece darle poder. Lo que empezó como inspiración se transforma en obsesión cuando su personaje comienza a conocerla mejor que nadie… incluso mejor que ella misma.

Ahora debe elegir: terminar la historia y hacerlo desaparecer… o dejar que el villano que inventó la arrastre a un mundo del que quizá no pueda volver.

Porque algunos personajes no quieren un final feliz.

Quieren existir.

NovelToon tiene autorización de syv para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23 — Leo recalibra

El manuscrito seguía abierto en la página donde no había dejado de leer.

Valeria lo cerró de golpe, como si el ruido pudiera borrar el párrafo que llevaba dos días repitiéndose en su cabeza.

El pensamiento que tuvo en el sueño.

El que no dijo.

El que él había escrito igual.

El cuaderno de tapa negra seguía en la mesilla, donde lo había dejado la noche anterior.

Vacío.

Esperando.

Se levantó.

La silla del escritorio estaba vacía —como siempre, como tenía que estar—, como él había estado sentado en el sueño, con esa postura de quien tiene todo el tiempo del mundo.

Apartó la mirada.

Afuera, Madrid sonaba normal. Un autobús frenando. El frutero voceando ofertas. La rutina de los martes que llevaba mucho tiempo conociendo.

Martes.

Leo podía venir. O no.

Desde aquella noche en la que ella dijo “para” y él se fue sin el beso habitual, la regla se había roto sin que ninguno de los dos la nombrara. La llamada fuera de patrón del lunes pasado no se había repetido.

El olor de Dorian llenaba el apartamento.

Suave.

De fondo.

Constante.

La marca latía con su pulso lento.

Valeria se pasó una mano por el pelo y se miró en el reflejo del ordenador apagado. La misma cara. Las mismas gafas. Las mismas ojeras.

—A ver —dijo en voz alta, y el humor sonó más natural que en los últimos días—. ¿Viene el casi ex-amante con derecho a martes o no viene? Porque, si no viene, me pongo a escribir y me olvido de que hoy existe.

Nadie respondió.

El teléfono no sonó.

A las ocho y doce, el timbre del portal sonó una vez. El código de siempre.

—Subo —dijo la voz de Leo.

Valeria abrió la puerta antes de que llamara.

Leo estaba ahí.

El mismo Leo de siempre.

Pero no.

La camiseta era nueva, de un color que no le había visto antes. El pelo, igual de desordenado. La sonrisa, la misma que ella había conocido tiempo atrás, cuando todo era fácil y no había preguntas que no quisiera hacerse.

—Hola, escritora —dijo.

—Hola.

Ella esperó el beso.

El que siempre había sido parte del ritual. El que se habían dado durante ocho meses sin pensarlo.

No llegó.

La ausencia fue tan evidente como una nota falsa en una canción que conocía de memoria.

No dijo nada.

Él tampoco.

Entró. Dejó la mochila en el sofá. Hizo una inspección rápida de la habitación: el escritorio, el ordenador apagado, la taza de café frío.

—¿Has comido?

—No.

—Traje comida china. La de siempre.

—Siempre la de siempre.

Sonrió.

Y fue una sonrisa real, sin la tensión de las últimas veces. Como si nada hubiera pasado. Como si el martes raro no hubiera existido.

Valeria fue a la cocina a buscar platos.

Cuando volvió, Leo estaba sentado en el sofá, en el mismo sitio de siempre, con las bolsas abiertas sobre la mesa baja. La tele encendida en una serie que ninguno seguía.

Por costumbre, los pies de ella buscaron el regazo de él.

Él los dejó caer.

Sin comentarios.

Sin miradas de más.

Normal.

Ella se obligó a relajarse.

—¿Has escrito mucho? —preguntó él, partiendo un rollito primavera con los palillos.

—Bastante. El libro avanza.

—¿Sigue siendo sobre el mismo personaje?

La pregunta fue casual. Sin la intensidad de aquella vez en la que leyó las páginas y dijo parece real. Pero algo en el tono —una pausa apenas perceptible, la forma en que mantuvo los ojos en la pantalla— hizo que Valeria sintiera un leve ardor en la marca.

Interferencia. No alarma.

—Sí —dijo—. El mismo.

Él asintió.

No preguntó más.

Comieron viendo la serie. Los chistes sobre los diálogos ridículos. Las risas que, esta vez, no sonaron forzadas.

Por momentos, Valeria casi lograba olvidar que algo había cambiado.

En un momento, mientras servía más salsa de soja en el plato de ella —un gesto tan cotidiano que parecía de otra vida—, la conversación se detuvo sin motivo.

Leo miró la pantalla un momento más, luego apartó la vista y se quedó en silencio.

Un silencio de apenas tres segundos.

Pero a ella le pareció más largo.

—¿Qué? —preguntó.

—Nada —dijo él—. Pensaba en otra cosa.

No añadió nada más.

El ardor en la marca se había desvanecido.

En otro momento, mientras Leo reía con algo que había dicho un personaje secundario, ella lo miró de reojo.

Y entonces lo pensó.

La imagen de Dorian sentado en la silla del escritorio, con esa voz tranquila diciendo: me escribiste villano porque era la única forma segura de tenerme cerca.

El contraste fue tan violento que casi se le notó en la cara.

Apretó los palillos.

Respiró hondo.

Leo seguía riendo, ajeno.

—¿Qué? —preguntó él, notando su silencio.

—Nada. Estaba pensando en una escena.

—¿Buena?

—No sé. Rara.

Él la miró un segundo de más.

Luego sonrió con esa sonrisa que no había usado en semanas —la de los primeros meses, cuando no había preguntas que esconder—.

—Las escenas raras suelen ser las mejores.

Valeria no supo si estaba hablando del libro o de otra cosa.

La serie avanzó. La comida se acabó. La luz de fuera cambió, alargando las sombras en el suelo del salón.

En algún momento, Leo se estiró, bostezó, alzó los brazos por encima de la cabeza.

Un gesto tan familiar que casi dolió.

—¿Quieres que me quede? —preguntó.

No dijo ¿vamos a la cama? como antes.

Preguntó si quería que se quedara.

Y lo hizo con una naturalidad que desarmaba.

Valeria abrió la boca para decir lo de siempre.

Que sí.

Que se quedara.

Que era martes y los martes eran eso.

Pero las palabras no salieron.

—Mejor no —dijo.

Fue más suave de lo que esperaba.

Leo asintió.

Sin sorpresa.

Sin reproche.

—Vale.

Se levantó. Recogió los platos y los llevó a la cocina. Cuando volvió, se puso la chaqueta que había dejado en el respaldo del sofá.

—¿Te vienes la semana que viene? —preguntó Valeria.

No sabía por qué lo preguntaba.

No sabía si quería que dijera que sí.

Él la miró.

—Si quieres que venga, sí.

La ambigüedad de la respuesta le quitó el aire un segundo.

No era sí.

No era no.

Era depende de ti.

Y la forma en que lo dijo —con una ligereza que no encajaba del todo, como si la respuesta ya estuviera preparada— hizo que algo en su interior se tensara.

—Vale —dijo ella, porque no sabía qué más responder.

Leo sonrió.

La besó en la mejilla.

Un roce rápido, sin apoyar del todo los labios.

—Cuídate.

—Tú también.

Fue hacia la puerta.

Al pasar por el marco, levantó la mano derecha y la apoyó un momento en la madera.

El gesto fue rápido.

Casi imperceptible.

Casi casual.

La marca ardió.

No el ardor suave de interferencia que había tenido durante toda la visita.

Fue distinto.

Más definido.

Más activo.

Como si algo hubiera respondido al contacto de su mano con el umbral.

Valeria se quedó quieta, la mano en la clavícula, mirando la puerta que se cerraba.

Los pasos de Leo se alejaron escaleras abajo.

La puerta del portal se abrió y se cerró.

Silencio.

El apartamento quedó suspendido en ese silencio.

Y ella, sin saber por qué, empezó a contar.

Uno.

Dos.

Tres.

La marca seguía caliente, pero ya no ardía.

Solo latía.

Esperando.

Diez.

Once.

Doce.

El olor no estaba.

Todavía no.

Veinte.

Veintiuno.

Nada.

Veintiocho.

Veintinueve.

El apartamento olía a comida china, a Leo, a ella misma.

Nada más.

Treinta.

El olor volvió.

De golpe.

No gradualmente, como cuando se abre una ventana.

Fue instantáneo.

Como si alguien hubiera pulsado un interruptor.

Ozono.

Tormenta.

Él.

Llenándolo todo otra vez.

Valeria se quedó inmóvil, con la mano en la clavícula, la respiración contenida.

Fue a la mesilla.

Cogió el cuaderno de tapa negra —el físico, el que usaba para notas que no quería que el manuscrito viera— y un bolígrafo.

Se sentó en el borde de la cama.

Escribió:

Mientras Leo está: sin olor. Cuando se va: treinta segundos y vuelve.

Leyó lo que había escrito.

La letra era suya.

La frase también.

Pero verla ahí, en papel, con tinta, le daba una realidad que hasta ese momento no había tenido.

No era una sospecha.

No era una sensación.

Era un dato.

Treinta segundos exactos.

No veintinueve.

No treinta y uno.

Treinta.

La marca pulsó.

Una vez.

Lenta.

Como si dijera:

Bien. Lo viste.

Valeria cerró el cuaderno.

Lo dejó sobre la mesilla, junto al frasco con la tierra que seguía ahí, igual que la noche del cuarto sueño.

No sabía qué significaba lo que había escrito.

No sabía por qué el olor desaparecía con Leo y volvía exactamente treinta segundos después.

No sabía por qué la marca había ardido cuando él tocó el marco.

Pero había dejado de ser solo algo que le pasaba.

Ahora era algo que había observado.

Registrado.

Anotado.

El olor seguía ahí.

La marca, tranquila.

Y ella, en lugar de preguntarse qué iba a pasar, apagó la luz y se metió en la cama.

Mañana tendría que escribir.

Mañana tendría que decidir si Leo volvía el próximo martes.

Pero ahora, por primera vez en semanas, tenía la sensación de que algo —aunque no supiera qué— empezaba a encajar.

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Maria Jose Cardozo
Me encanta, es tan atrapante, y con una historia que te atrapa y te deja esperando por más. Muchas felicidades a la autora por esta bella historia.
Andy
muy bueno
Andy
por favor 😭 autora quiero más nesesito más 🤭 🤣no me dejes en suspenso 👏muy buen trabajo ☺️
Lidy Martines
no te preocupes pero me agradaría leer tus novelas eres una terriblemente magnífica autora de villanos guaperrimos
Lidy Martines: me encanta
total 1 replies
Nata
literal así ando con esta novela
Nata
en fin si ella está perdida yo más, ya no le veo pata ni cabeza a esto
yoly: Hola, lo siento si te perdí un poco, es que no me gustaba lo que había escrito antes y estuve editando los capítulos, lamento confundirte 🥹
total 1 replies
Nata
esta novela está llena de mucho misterio realmente casi no entiendo nada
Nata
es el amigo con derechos o como? ando más perdida
Iris
cómo es pronto editorial 🤔
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