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Latidos Bajo La Bata

Latidos Bajo La Bata

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Amor a primera vista / Divorcio / Amor prohibido / Romance / Superpoder / Completas
Popularitas:21.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Estefaniavv

Esta es la crónica de Valentina Vingut, una estudiante de medicina cuya existencia se fragmenta al colisionar con Ricardo Vidal. Él es un magnate custodiado por un imperio de poder y una familia de fachada, pero poseedor de una oscuridad magnética que arrastra a Valentina hacia un romance prohibido. Lo que ella ignora es que esa conexión eléctrica no es azar: sus linajes han estado encadenados por una deuda de sangre desde tiempos ancestrales.
Será el deseo suficiente para silenciar la moral?

NovelToon tiene autorización de Estefaniavv para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: el espejismo de la sangre azul

La semana transcurrió bajo un cielo plomizo que parecía reflejar mi estado de ánimo. El nuevo teléfono, el que Scott me había entregado, permanecía oculto en el doble fondo de mi maleta de la maestría, como un amuleto prohibido. Sin embargo, la curiosidad —ese rasgo tan humano y tan peligroso— me llevó a investigar más allá de los titulares de la prensa rosa. Si iba a ser la pieza invisible en este tablero, necesitaba conocer a mi oponente.

Estefanía de la Torre. Su apellido sonaba a castillos y linajes antiguos, pero mientras más rascaba en la superficie de las bases de datos financieras y los archivos digitales de la biblioteca de la clínica, más se agrietaba la pintura dorada.

Lo que descubrí me dejó helada. La familia De la Torre no siempre había nadado en la opulencia. Hace apenas quince años, el padre de Estefanía, don Arturo de la Torre, era un corredor de seguros de medio pelo que había caído en la ignominia tras una serie de malas inversiones que casi los dejan en la calle. Estefanía, esa mujer que ahora lucía diamantes de talla perfecta en las galas, había crecido en un apartamento alquilado en las afueras, lejos de los clubes de campo que ahora frecuentaba.

Su fortuna actual no era fruto del esfuerzo, sino de una carambola del destino y una falta total de escrúpulos. Arturo había logrado hacerse con una patente tecnológica de una empresa en quiebra y, mediante una red de testaferros y movimientos legales agresivos, infló el valor de sus activos hasta parecer un gigante. Los De la Torre eran nuevos ricos disfrazados de aristocracia; necesitaban el apellido de Ricardo, su historia y su estructura, para que su fortuna dejara de oler a tinta fresca y empezara a parecer herencia legítima. Estefanía era el caballo de Troya enviado para colonizar el imperio de Ricardo.

Esa misma noche, el teléfono vibró. Era una llamada de "Horizonte".

—¿Valentina? —la voz de Ricardo sonaba cansada, pero el tono se suavizó al pronunciar mi nombre.

—Estoy aquí, Ricardo. He estado pensando mucho... en todo. En tu familia, en la de ella... y hay algo que no entiendo.

—Dime —respondió él, y escuché el sonido de una cerilla prendiendo un habano. Seguramente estaba en su despacho, solo con sus demonios.

—Tu apellido es Videla. Pero tu empresa, tu legado, se llama Grupo Valmont. ¿Por qué? Si tu padre es tan estricto con la tradición y el apellido, ¿por qué no lleva su marca?

Hubo un silencio prolongado. Solo se escuchaba su respiración pesada al otro lado de la línea.

—Esa es la herida que mi padre nunca ha podido cerrar —comenzó Ricardo con amargura—. Valmont no es un nombre inventado por un equipo de marketing. Era el apellido de soltera de mi abuela, la esposa de aquel hombre que me llevó a las 22 hectáreas.

Me acomodé en la cama, pegando el teléfono al oído, fascinada por la revelación.

—Mi abuelo, el hombre que amó a aquella mujer en la finca, despreciaba la forma en que su propia familia, los Videla, hacían negocios. Los Videla eran tratantes de tierras sin alma. Pero su esposa, mi abuela, venía de una estirpe de constructores y visionarios: los Valmont. Cuando mi abuelo fundó la empresa original, lo hizo con el capital de ella y bajo su nombre, como un acto de rebelión silenciosa. Quería que cada éxito de la compañía fuera un recordatorio para los Videla de que él no les pertenecía.

—Entonces, para tu padre, el nombre Valmont es un insulto —concluí.

—Exacto. Para él es el símbolo de una traición. Por eso se empeña tanto en controlarla ahora, en "limpiar" el nombre uniendo a los Videla con los De la Torre. Quiere borrar el rastro de los Valmont y sustituirlo con la supuesta pureza de Estefanía. No sabe que ella y su padre son buitres esperando a que el Grupo Valmont baje la guardia para devorarlo desde adentro.

—Ricardo, tienes que saber algo —dije, sintiendo que mi lealtad hacia él superaba cualquier miedo—. Estefanía no tiene nada. He investigado. Su familia estaba en la ruina antes del gran salto. Son una fachada. Si te casas con ella, no estarás salvando la empresa, estarás metiendo al enemigo en tu cama.

Escuché un golpe seco. Ricardo acababa de golpear su escritorio.

—Lo sé, Valentina. Lo sé desde el principio. Por eso necesito las 22 hectáreas. Esos terrenos no son solo tierra; bajo esa superficie hay un yacimiento de litio que mi abuelo protegió durante décadas. Es el activo más valioso de Valmont, y está registrado a mi nombre personal, fuera de la estructura del grupo. Si mi padre o los De la Torre se enteran, me obligarán a entregarlo. Es mi única carta para comprar mi libertad y la de la empresa.

—¿Y ella lo sabe? —pregunté con el corazón latiendo a mil.

—Estefanía sospecha que guardo algo, por eso es tan insistente. Pero ahora, lo que más me preocupa es que te han visto, Valentina.

El aire se escapó de mis pulmones.

—¿Quién?

—Los informantes de Arturo de la Torre. Han estado siguiendo a Scott. Saben que hubo un encuentro en el estacionamiento de la clínica. No tienen fotos claras de tu rostro, pero tienen el modelo de tu coche y el horario de tus prácticas. Estefanía no es una víctima de las circunstancias, es una depredadora. Ella cree que eres una aventura pasajera que puede usar como palanca para chantajearme y acelerar la boda.

Al día siguiente, la realidad me golpeó de frente. Estaba saliendo de mi turno de mañana, con el cansancio pesando en mis hombros, cuando vi un coche de lujo estacionado justo en la entrada de la zona de residentes. Era un convertible rojo sangre, un vehículo que gritaba "mírame" en un entorno de batas blancas y dolor.

Apoyada contra la puerta del coche, con unas gafas de sol que cubrían la mitad de su rostro perfecto, estaba ella. Estefanía de la Torre.

Me quedé paralizada. Mi instinto me decía que diera media vuelta y corriera, pero mis pies se clavaron en el asfalto. Ella se bajó las gafas lentamente, revelando unos ojos fríos, calculadores, que me escanearon de arriba abajo con un desprecio absoluto.

—¿Valentina? —su voz era melosa, cargada de una falsa amabilidad que me revolvió el estómago.

—¿La conozco? —logré decir, tratando de mantener la compostura que Ricardo me había enseñado.

—No personalmente, pero tenemos mucho de qué hablar. Sobre Ricardo, sobre su... futuro... y sobre lo conveniente que sería para tu carrera que terminaras esta maestría sin ningún escándalo que manche tu expediente.

Se acercó a mí, y el perfume que emanaba era caro, invasivo.

—Ricardo es un hombre de gustos variados, pero al final del día, siempre vuelve a lo que le conviene. No seas el error que le cueste su imperio, querida. Porque si lo eres, me encargaré de que no encuentres trabajo ni en la clínica más remota de este país.

Se subió a su coche sin esperar respuesta, dejando una nube de polvo y el eco de una amenaza que no era vacía. Los De la Torre no tenían nada que perder porque ya lo habían perdido todo una vez, y eso los hacía los seres más peligrosos de la tierra.

Regresé a mi apartamento temblando. Verónica no estaba. Me encerré en el baño y abrí el grifo para que el ruido del agua ocultara mis sollozos. Estaba en medio de una guerra de castas, de nombres robados y fortunas falsas.

Miré mi reflejo en el espejo. Ya no era la misma Valentina que llegó a la finca de 22 hectáreas. Ahora tenía un secreto que podía destruir a una dinastía, y una enemiga que no se detendría ante nada.

Saqué el teléfono de "Horizonte" y escribí un mensaje corto:

“Ella estuvo aquí. Sabe quién soy. Es hora de dejar de escondernos, Ricardo. O nos salvamos juntos, o nos hundimos por separado.”

La respuesta no tardó en llegar:

“Prepárate. Mañana, Scott te buscará. Nos vamos a la finca. Es hora de desenterrar el pasado.”

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Maria M. Rosario
mjy bonita la historia
Estefaniavv: Gracias, espera la segunda parte en una semana 🙈
total 1 replies
LIZA VELAZCO
sencillamente hermosa!!!!! felicidades que gran historia 😊
Estefaniavv: Gracias, espera la segunda parte en una semana 🙈
total 1 replies
Elina Beatriz Ravazzano
Te felicitó por tu imaginación. No entendí mucho,pero me gustó.
Estefaniavv: Viene una segunda parte que se desarrolla la historia final 🥰🥰
total 1 replies
AYA
El título de la novela cambió, al inicio no se leía fantasía y luego cambió a pura fantasía , no fue mala pero esos cambió tan drástico dañan la lectura.
AYA
Demasiado fantasía, 🙄😒
Carola Videla 😈🇦🇷
que triste vivir así, es injusto
Lirio Blanco: Cierto 😔
total 3 replies
Estefaniavv
🥰🥰🥰
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