Camila Hale murió sola, enferma y despreciada por la familia que jamás la reconoció como una verdadera Hale. Pero tres meses después, despierta con un cuerpo sano y una segunda oportunidad que nadie podrá arrebatarle. Lo que no esperaba era ser enterrada viva nuevamente por aquellos que creían haberla eliminado para siempre.
Ahora Camila ha regresado distinta. Ya no teme a la muerte y está decidida a descubrir quién la asesinó y por qué. Mientras enfrenta a su cruel hermano Alexander, a su padre Félix y a la manipuladora Úrsula Vance, descubre un secreto mucho más peligroso: los Hale pertenecen a una organización conocida como el Escorpión Rojo.
Cuando el comandante Mark Ruan aparece en su vida, Camila encuentra un inesperado aliado… y quizá algo más.
Entre conspiraciones, traiciones y enemigos ocultos, deberá luchar para salvarse, destruir para siempre la red y cambiar el destino de un país entero.
NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La confesión forzada
La mansión Hale se sumió en el silencio de la cena. Las luces del comedor principal brillaban con intensidad, pero el ala oeste y el despacho de Úrsula permanecían en penumbra. Camila esperó en la sombra del pasillo hasta que el sonido de los cubiertos cesó y las voces se alejaron hacia la sala de estar. Entonces avanzó, ligera como un susurro, con los dos dispositivos en la mano.
El despacho de Úrsula estaba en el segundo piso, al final de un pasillo estrecho. Abrió la puerta con cuidado y entró. El olor a incienso y papel viejo la recibió. Colocó el primer transmisor debajo del borde del escritorio de caoba, en una junta apenas visible, y el segundo detrás del marco de un cuadro que colgaba frente a la silla principal. Quedaban perfectamente ocultos. Cualquier palabra, cualquier papel que pasaran de mano… todo llegaría a los oídos de Mark.
—¿Qué estás haciendo aquí?
La voz vino de la puerta, fría y cortante. Camila se giró de golpe. Félix Hale estaba allí, de pie, con la mano en el pomo de la puerta y la mirada clavada en ella como si viera un intruso. No había rastro de afecto, solo desconfianza y autoridad.
—Buscarte —respondió Camila sin titubear, ocultando la mano tras la espalda—. Quería hablar contigo. Antes de la boda.
Félix entró y cerró la puerta tras de sí. El sonido del cerrojo hizo un clic seco que heló la sangre de Camila.
—¿Hablar? ¿O espiar? Úrsula dice que entras y sales como un fantasma. Que hablas por horas con Ruan a puerta cerrada. ¿Le cuentas nuestros secretos, hija querida?
—No tengo secretos que contar —dijo ella, manteniéndose firme—. Tengo preguntas. ¿Por qué me envenenaste? ¿Por qué me enterraste viva? ¿Por qué me vendes a él para matarlo y quedarte con su imperio?
Félix se quedó inmóvil un instante, luego soltó una risa seca, sin alegría.
—¿Ahí es adonde crees que va todo? Qué ingenua eres. Crees que soy el villano de tu historia.
—No creo —replicó Camila—. Lo sé. Vi el tatuaje de Alexander. Vi el de Úrsula con el rubí. Sé del Consejo. Sé del escorpión rojo. Tú no mandas aquí, padre. Eres un peón igual que yo. Solo que tú lo aceptaste.
Su rostro se endureció de golpe. Dio un paso hacia ella, y por un instante Camila vio en él algo más que ira: miedo.
—¿Qué sabes tú del Consejo? ¿Qué sabes de lo que nos espera si no cumplimos? —Su voz se quebró levemente—. No tuve elección. Mi padre me metió en esto cuando era niño. Mi abuelo antes que él. Es la herencia, Camila. La sangre no se puede lavar.
—Sí se puede —lo interrumpió ella—. No tienes que seguir sus órdenes. Puedes decir la verdad. Puedes detenerlo antes de que sea demasiado tarde. La boda no tiene que ser una masacre. Dime la verdad, y tal vez… tal vez pueda protegerte cuando todo caiga.
Félix se quedó callado, mirándola como si la viera por primera vez. Durante un segundo, pareció que iba a hablar, a confesar algo profundo y terrible. Pero entonces su expresión se cerró de nuevo, endurecida por años de obediencia.
—No sabes de lo que hablas. El Consejo no perdona. Quien se vuelve contra ellos, muere. Y los que ama, también. —Se acercó más, bajando la voz—. Escúchame bien, porque solo lo diré una vez: aléjate de Ruan. Dile que el matrimonio se cancela. Huyan. Si están aquí el día de la ceremonia, ninguno de los dos saldrá con vida. No por mí. Porque yo no soy quien da las órdenes.
—¿Quién las da? —insistió Camila—. ¿Quién está por encima de todos?
Félix negó con la cabeza, los ojos llenos de terror.
—No puedo decirte su nombre. Si lo digo, muero antes de que termine la frase. Pero te advierto: no es un hombre. Es algo más grande, más antiguo, más cruel que cualquier cosa que puedas imaginar. Y está esperando el día de la boda para reclamar lo que es suyo.
—¿Y tú? —preguntó Camila—. ¿Qué harás tú? ¿Dejarás que maten a tu propia hija? ¿Que maten a un hombre inocente?
—Haré lo que debo hacer —respondió él, con voz quebrada—. Porque si no lo hago, te matarán a ti primero. Crees que te dejo vivir porque te quiero. No. Te dejo vivir solo mientras seas útil. El día que dejes de serlo… —Se calló, tragando saliva—. Sal de aquí. Y no vuelvas a preguntarme nada. Si te ven hablar conmigo, pensarán que te he contado algo. Y te matarán antes de que llegue la boda.
Abrió la puerta de golpe y la señaló con la mano, con furia contenida, como si quisiera empujarla fuera pero no se atreviera. Camila no se movió. Lo miró a los ojos, larga y fijamente, buscando en vano un rastro del padre que nunca tuvo.
—No te protejo porque te crea bueno —dijo ella suavemente—. Te protejo porque eres mi padre. Pero si levantas una mano contra mí… o contra él… no dudaré en devolvértela. Ya morí una vez. No tengo miedo de la muerte. ¿De qué tienes miedo tú?
Félix palideció, retrocediendo un paso, como si sus palabras fueran un golpe físico.
—Vete —susurró—. Antes de que me arrepienta de no haberte matado yo mismo.
Camila salió del despacho sin prisa, con la cabeza alta, sintiendo su mirada clavada en su espalda hasta que la puerta se cerró tras ella. Al llegar al pasillo, sacó su teléfono móvil y envió un solo mensaje a Mark: Sabe que no nos rendiremos. Temen a alguien más. El peligro es mayor de lo que pensábamos. Pero no nos detendremos.
Minutos después, en la residencia Ruan, Mark escuchó el mensaje y miró la pantalla con el ceño fruncido. Había algo que no encajaba. Si Félix los advertía, si les decía que huyeran… ¿era miedo? ¿O era parte del plan? Apretó el botón del transmisor, conectado al micrófono que Camila había dejado en el despacho. La voz de Félix llegó clara, tensa, hablando con alguien que acababa de entrar:
La descubrí. Sospecha todo. No se puede confiar en ella. El plan debe adelantarse. Si no podemos controlarla, debemos eliminarla antes de que hable con Ruan y arruine todo. Ordena que el escorpión esté listo. La boda será el final de los Ruan… y de los Hale también, si es necesario.
Mark se quedó helado. La advertencia de Félix no era protección. Era una trampa. Y el verdadero plan era mucho más terrible de lo que cualquiera de los dos imaginaba.
Okey murieron juntos me imagino que de vejez de igual felicidades por tu historia gracias .🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹