Géneros:
Romance
Drama
Misterio
Comedia
Alta socie.dad
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Capítulo:8
Las condiciones de Isabella
Isabella dejó el contrato a un lado y observó detalladamente a Alexander.
Durante unos segundos permaneció en silencio. Sus ojos analizaban cada detalle de su expresión, la tranquilidad con la que había preparado aquel documento y la seguridad de alguien que estaba acostumbrado a controlar cualquier situación.
Alexander esperaba su respuesta.
Pero Isabella no era una mujer que reaccionara sin pensar.
Había leído cada cláusula. Había entendido cada condición y, cuanto más avanzaba en el documento, más claro tenía que aquel contrato no era solamente un acuerdo matrimonial.
Era una forma de establecer reglas sobre su propia vida.
Finalmente, Isabella rompió el silencio.
—A ver si entiendo bien la situación.
Alexander mantuvo la mirada sobre ella.
—Quieres que firme un contrato matrimonial, aceptando cada una de las condiciones que estableciste y, al mismo tiempo, esperas que cumplamos con la responsabilidad de tener un heredero.
Hizo una pausa mientras dejaba la carpeta sobre la mesa.
—Eres un descarado, Alexander.
Él no respondió.
Isabella continuó:
—No soy como las mujeres que aceptarían cualquier cosa por un apellido, una posición social o una vida llena de privilegios.
Su voz era firme.
—No necesito convertirme en una esposa perfecta ante la sociedad si para lograrlo tengo que perder mi libertad.
Alexander la observó con atención.
—El contrato no busca quitarte libertad, Isabella. Busca establecer límites claros entre ambos.
Ella soltó una pequeña sonrisa irónica.
—Curioso. Porque desde mi punto de vista, parece que ya decidiste cómo debe funcionar mi matrimonio antes de preguntarme qué quiero yo.
El silencio volvió a llenar la mesa.
—Podemos convivir —continuó Isabella—. Podemos respetarnos. Incluso podemos tener una relación si ambos estamos de acuerdo, porque una pareja comparte ciertas cosas de su vida.
Sus ojos se fijaron en él.
—Pero una cosa es compartir y otra muy diferente es que alguien quiera controlar cada aspecto de mi vida.
Alexander permaneció serio.
—Entonces, ¿qué propones?
Isabella tomó nuevamente la carpeta y la cerró.
—Propongo un acuerdo diferente.
Lo miró directamente.
—No enamorarnos. No crear expectativas falsas. No involucrarnos más de lo necesario en la vida del otro.
Hizo una pausa.
—Podemos mostrar ante la sociedad la imagen que nuestras familias esperan. Podemos fingir que somos una pareja perfecta si eso protege a ambas familias.
Su expresión se volvió más seria.
—Ambos ganamos con eso.
Alexander escuchaba atentamente.
—Pero no voy a firmar un documento donde las reglas estén hechas para beneficiar solamente a una persona.
Isabella deslizó la carpeta hacia él.
—Si vamos a hacer esto, debe ser un acuerdo entre dos personas con el mismo poder de decisión.
Alexander observó el contrato frente a él.
Por primera vez, alguien no estaba aceptando sus condiciones sin cuestionarlas.
Isabella continuó:
—Eres empresario, Alexander. Sabes cómo funcionan los negocios. Antes de hacer una inversión, cualquier empresario analiza la información, estudia los riesgos y conoce cada detalle antes de tomar una decisión.
Se inclinó ligeramente hacia él.
—Entonces dime algo. ¿Por qué esperas que firme un contrato que cambiará mi vida sin permitirme negociar las condiciones?
Aquellas palabras quedaron suspendidas entre ambos.
Alexander había esperado encontrar una mujer difícil de controlar.
Pero Isabella Valmont no era simplemente una mujer rebelde.
Era una persona que entendía perfectamente las reglas de una negociación.
Y por primera vez, Alexander comprendió que aquel matrimonio no sería un acuerdo donde él tendría el control absoluto.
Porque Isabella también sabía jugar sus propias reglas.