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Darien, El Gigante Con Corazón De Niño.

Darien, El Gigante Con Corazón De Niño.

Status: Terminada
Genre:Romance paranormal / Fanfic / Romance / Romance oscuro / Completas
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Darien es el hijo mayor de Elara, heredera de la luz y la vida, y del Señor de las Sombras, soberano del reino de la oscuridad. Nació con una fuerza descomunal, una estatura que lo hace parecer un gigante, pero con un alma dulce, ingenua y sincera, como la de un niño que aún no conoce la crueldad total del mundo. Junto a él crecieron sus hermanos menores: Liora, que domina la magia de la naturaleza, y Kael, con el don de viajar entre sombras.
Cuando la paz entre los reinos se ve amenazada por fuerzas antiguas que buscan separar de nuevo la luz y la oscuridad, Darien es enviado a negociar una alianza con el reino de los inmortales, gobernado por la Reina Irina en el continente de Mordrasil. Pero Irina no es una simple soberana: es astuta, calculadora, y ha oído hablar de los peligros del linaje de Darien. Decide espiarlo, acercarse a él con fingida amabilidad para descubrir sus debilidades y sus secretos.
Contenido +18

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El peligro oculto y el rescate inesperado.

La tensión entre ambos seguía en la superficie: se hablaban con educación fría, evitaban conversaciones largas y cada uno mantenía sus propias convicciones. Pero bajo esa apariencia de indiferencia, ambos ya no podían negar que el otro ocupaba sus pensamientos más de lo deseado. Y el destino tenía preparada la prueba que derribaría de golpe sus barreras.

Todo ocurrió una tarde en la que Irina decidió salir a cabalgar sola por los senderos cercanos al castillo. Era una costumbre que tenía desde hacía siglos: alejarse un rato de las obligaciones y las miradas de la corte para pensar con claridad. Aunque sus consejeros le recomendaban llevar escolta, ella solía negarse —confiaba en su propia velocidad y agilidad, y además, tenía a toda su red de espías vigilando cada rincón de Mordrasil. Si hubiera algún peligro, ellos lo habrían detectado antes de que apareciera.

Pero esa amenaza no provenía de enemigos comunes ni de intrigas de otros reinos. Era algo más antiguo, algo que se arrastraba entre las sombras sin dejar rastro, algo que ni siquiera los sentidos más agudos de los espías podían percibir.

Mientras recorría un sendero rodeado de altos arbustos oscuros, Irina sintió de pronto que el aire se volvía más pesado y frío. Antes de que pudiera reaccionar, la tierra bajo sus pies se abrió levemente, y de las grietas brotaron sombras viscosas y retorcidas, con forma de garras y colmillos afilados. Eran criaturas corrompidas, desechos de la oscuridad que habían escapado de los límites donde habían sido encerradas siglos atrás, y que se alimentaban de la energía de seres poderosos como ella.

—¡¿Qué es esto?! —exclamó la reina, desmontando de un salto y sacando su espada de hoja plateada.

Luchó con habilidad y fuerza, cortando una y otra vez las sombras que intentaban rodearla, pero eran muchas y se regeneraban al instante. Sus ataques, que bastaban para derrotar a cualquier guerrero, solo las hacían retroceder unos segundos antes de volver con más furia. Intentó llamar a sus espías, pero un hechizo de silencio envolvía todo el lugar, impidiendo que su voz llegara más allá de unos metros. Nadie venía en su ayuda: los vigías más cercanos no veían nada extraño, no sentían ninguna energía hostil. Aquella amenaza estaba diseñada para pasar desapercibida.

Irina comenzó a sentir cómo su fuerza disminuía; las sombras le tocaban la piel y le robaban energía poco a poco. Por primera vez en siglos, sintió un miedo real, no por la muerte, sino por darse cuenta de que había sido sorprendida en su propio territorio, sin protección.

Mientras tanto, Darien, que paseaba por los jardines altos del castillo, se detuvo en seco. El aire le pareció de repente denso y cargado de una energía oscura y corrupta, muy distinta a la magia limpia que manejaba su padre Kaelan. Sintió una punzada de alerta en el pecho, y sin pensarlo dos veces, corrió en dirección a donde provenía esa sensación.

Sus pasos eran largos y rápidos, capaz de recorrer distancias en segundos. Al llegar al sendero, vio la escena: Irina rodeada de criaturas deformes, luchando con dificultad, con el rostro pálido y el aliento agitado. Sin dudarlo, lanzó un grito profundo que retumbó por todo el lugar.

—¡Aléjate de ella!

Alzó una mano, y de su palma brotó una luz plateada mezclada con sombras controladas, una combinación única que solo poseían los hijos de la unión entre luz y oscuridad. Esa energía limpia atravesó a las criaturas corrompidas como si fueran niebla al viento, haciéndolas gritar y deshacerse en humo negro que se desvanecía sin dejar rastro.

En cuestión de segundos, el peligro había desaparecido. El silencio volvió al lugar, y solo quedaron Irina, apoyada contra un árbol para no caer, y Darien, de pie frente a ella, con el pecho subiendo y bajando por el esfuerzo, pero con la mirada fija en ella, comprobando que estuviera bien.

—¿Estás herida? —preguntó con voz grave, olvidando por completo la frialdad de días atrás.

Irina lo miró con ojos muy abiertos, sin poder creer lo que acababa de ocurrir. Sus espías, sus guardias, todos los sistemas de seguridad que había perfeccionado durante siglos no habían visto nada, pero él había llegado justo a tiempo.

—No… no estoy herida —respondió ella con voz entrecortada, recuperando el aliento—. Gracias… no entendí de dónde salieron. Mis vigías no detectaron nada, ni siquiera Kaelis…

—Esas criaturas no dejan huella en la magia común —explicó Darien, acercándose con cuidado para no asustarla—. Son residuos de la antigua oscuridad que se separó de la luz hace siglos. Solo alguien que lleve en la sangre ambas fuerzas puede percibirlas. Por eso tus espías no pudieron prevenirlas: su magia es solo de una sola naturaleza.

Irina se quedó en silencio, procesando todo. Había juzgado a Darien como ingenuo, como alguien que no entendía el peligro real, y sin embargo, él había visto lo que nadie más veía. Había llegado cuando nadie más podía hacerlo, y había usado su poder no para atacar ni para imponerse, sino para protegerla.

—Si no hubieras venido… —empezó a decir ella, bajando la mirada, sintiendo cómo su orgullo se desmoronaba poco a poco—. Estaba segura de que en mis tierras nada podía sorprenderme. Creí que tenía todo bajo control.

Darien negó con la cabeza con suavidad, y por primera vez en días, una sonrisa tranquila apareció en sus labios.

—Nadie tiene el control absoluto, ni siquiera vos —respondió con sinceridad—. Y yo no vine por obligación, Irina. Lo hice porque lo sentí, y porque no podía dejar que nada malo os pasara. A pesar de nuestras diferencias, seguís siendo mi aliada, y alguien que merece protección.

Esas palabras, dichas sin arrogancia, sin reproches, solo con honestidad, tocaron el corazón de la reina más que cualquier discurso. Comprendió entonces que todo lo que había pensado de él se había basado en juicios superficiales y en sus propios miedos. Él no era un niño ingenuo: era alguien que veía el mundo con una claridad que ella había olvidado.

—Me equivoqué contigo, Darien —admitió ella por fin, levantando la vista y mirándolo directamente a los ojos, con una mezcla de vergüenza y respeto—. Te juzgué sin conocerte, creí que tu bondad era debilidad y que tu forma de actuar era falta de juicio. Hoy me has demostrado lo contrario. Y te debo la vida.

El gigante extendió una mano grande y fuerte, pero suave, para ayudarla a incorporarse. Cuando sus dedos se tocaron, ambos sintieron una corriente cálida que recorrió sus cuerpos, como si sus energías, opuestas hasta entonces, se reconocieran por primera vez.

—No hay deudas entre aliados —respondió él, sosteniéndola con cuidado—. Y yo también me equivoqué. Creí que eras solo dura y calculadora, sin saber que esa coraza era para proteger a tu pueblo. Ahora empezamos de nuevo, ¿de acuerdo? Sin juicios previos.

Irina asintió, y por primera vez, su sonrisa no fue de orgullo ni de cortesía, sino sincera y relajada.

—De acuerdo —dijo ella—. Empezamos de nuevo.

Así, entre el peligro superado y la verdad descubierta, se hicieron las paces. Ya no había rechazo ciego, ni desconfianza absoluta. Ahora quedaba la curiosidad, el respeto nacido de la acción, y la semilla de algo mucho más profundo que empezaba a crecer con fuerza.

Mientras regresaban juntos al castillo, caminando lado a lado, ambos sabían que nada volvería a ser igual entre ellos. El juego del gato y el ratón había terminado, y ahora comenzaba una etapa donde tendrían que aprender a confiar, a entenderse… y a descubrir que sus diferencias no eran un obstáculo, sino su mayor fortaleza.

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Renata Mabel
toca esperar 👀
Renata Mabel
muy buena historia 👀
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