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Enamorada De Mi Jefe

Enamorada De Mi Jefe

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Malentendidos / Romance
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Esta historia comienza con una joven recién graduada de la universidad, llena de sueños y esperanzas por comenzar su vida profesional. Su carrera es Secretaria Ejecutiva, y después de buscar durante días, finalmente consigue una entrevista en una importante empresa. Allí conoce a su jefe, un joven de apenas 23 años, serio, atractivo y exitoso, quien decide darle una oportunidad y contratarla. Con el paso del tiempo, ambos comienzan a compartir momentos, conversaciones y experiencias que los acercan cada vez más. Sin darse cuenta, ella se enamora profundamente de él. Y, poco a poco, él descubre que también la ama.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: Algo estaba cambiando

Narra Hugo

Esa noche llegué a mi casa después de un día bastante pesado. Había tenido varias reuniones, documentos por revisar y, como siempre, una clase virtual que preparar. Apenas entré, saludé a mi mamá y a mis hermanas, subí a mi habitación y cerré la puerta.

Dejé el celular sobre el escritorio, me quité los zapatos y me tiré en la cama.

—Uff, qué día tan largo —murmuré.

Me quedé mirando el techo unos segundos. Quería descansar, pero mi cabeza seguía pensando en todo lo que había pasado durante el día.

Y, sin darme cuenta, empecé a sonreír.

¿La razón?

Abby.

No entendía muy bien qué me estaba pasando. Desde hacía algunos meses, ella se había convertido en una parte importante de mi rutina.

Al principio la veía simplemente como mi secretaria. Una muchacha responsable que había llegado a la empresa con ganas de trabajar y aprender.

Pero con el tiempo había empezado a notar otras cosas.

Era organizada, siempre tenía todo listo y, cuando yo estaba enredado con alguna cosa, ella aparecía para ayudarme.

Especialmente durante las clases virtuales.

Me acordé de una mañana en particular y sonreí otra vez.

Yo estaba dando una clase y tenía que presentar unos documentos. Como siempre, había preparado todo, pero justo cuando llegó el momento de compartir la presentación, no encontraba el archivo correcto.

—Un momentico… —dije frente a la cámara mientras buscaba en el computador.

Los estudiantes empezaron a esperar.

Yo ya estaba pensando: No puede ser que me pase esto precisamente hoy.

Entonces escuché la voz de Abby.

—Hugo, ¿buscás el documento de la carpeta de historia?

—Sí, ese mismo.

—Ya te lo paso.

En cuestión de segundos, ella encontró el archivo y lo puso en la pantalla.

—Listo.

—Gracias, Abby.

Ella simplemente sonrió.

—Para eso estoy.

Me quedé pensando en aquella escena.

Siempre estaba ahí.

Cuando necesitaba organizar una reunión, ella ya tenía el espacio reservado. Cuando tenía una clase, los documentos estaban preparados. Si había algún problema con la plataforma, Abby intentaba solucionarlo antes de que yo siquiera pudiera preocuparme.

Y no lo hacía de mala gana.

Lo hacía con una tranquilidad que me sorprendía.

Me senté en la cama y agarré mi celular.

Abrí la agenda del día siguiente y revisé mis pendientes.

Entre ellos aparecía una clase virtual.

Automáticamente pensé en Abby.

—¿Qué me pasa? —dije riéndome solo.

Dejé el celular a un lado.

La verdad era que últimamente me encontraba pensando mucho en ella.

No solamente cuando estábamos trabajando.

A veces, cuando llegaba a mi casa, me acordaba de alguna conversación que habíamos tenido y terminaba sonriendo sin darme cuenta.

Recordé una vez que yo estaba bastante estresado por una reunión.

Había entrado a mi oficina con varios documentos en la mano.

—Hugo, te traje esto organizado por prioridad.

—¿Vos hiciste todo esto?

—Sí.

—Abby, no tenías que hacerlo sola.

Ella se encogió de hombros.

—Pues si puedo ayudarte, ¿por qué no?

Esa frase me había quedado dando vueltas.

Si puedo ayudarte, ¿por qué no?

Sonreí nuevamente.

Había algo especial en su manera de ser.

No sabía exactamente qué era.

Quizás su forma de hablar, su sonrisa o simplemente esa tranquilidad que transmitía cuando estaba cerca.

Pero había una cosa que sí tenía clara: me gustaba trabajar con ella.

Mucho.

Me levanté de la cama y fui hasta el espejo.

—No me digás que me estoy enamorando —dije en tono de broma.

Solté una carcajada.

—Hugo, dejá la bobada.

No podía estar enamorándome de mi secretaria.

Ella confiaba en mí como jefe y yo tenía que mantener las cosas profesionales.

Además, nunca había notado que ella sintiera algo diferente por mí.

Tal vez para Abby yo simplemente era Hugo, su jefe.

Y eso debía ser suficiente.

Me cambié de ropa, apagué las luces y volví a acostarme.

Pero antes de cerrar los ojos, pensé nuevamente en la clase del día siguiente.

Sabía que iba a verla temprano.

Y, por alguna razón, esa idea me alegró.

Me acomodé entre las cobijas y sonreí.

—Nos vemos mañana, Abby.

No sabía qué estaba pasando conmigo.

Solo sabía que, poco a poco, aquella mujer que había llegado a mi empresa para trabajar estaba comenzando a ocupar un lugar diferente en mis pensamientos.

Y quizás, aunque todavía no quisiera admitirlo, mi corazón también estaba empezando a darse cuenta.

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