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El renacer de la esposa humillada

El renacer de la esposa humillada

Status: Terminada
Genre:CEO / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Completas
Popularitas:793
Nilai: 5
nombre de autor: Santi Suki

Astrid lo tenía todo: un matrimonio con el exitoso doctor Lucas Morgan, una hija pequeña llamada Ariana y una vida que parecía perfecta. Pero detrás de la fachada, Lucas la traiciona con otra mujer y su propia suegra, Marta, la humilla sin piedad, convencida de que Astrid nunca fue lo suficientemente buena para su hijo.

Cuando la verdad sale a la luz, Astrid pierde mucho más que un esposo. Pierde la dignidad, la seguridad económica y casi la voluntad de seguir adelante. Con Ariana apenas en brazos, se ve obligada a empezar de cero en un mundo que le dio la espalda.

Lo que nadie anticipó fue la transformación de Astrid. Con inteligencia, trabajo implacable y una determinación que nadie le conocía, reconstruye su vida paso a paso. En el camino se cruza con Mateo Romano, un empresario íntegro y reservado que no busca rescatarla sino caminar a su lado. Lo que comienza como respeto mutuo se convierte en un amor profundo que redefine lo que significa ser pareja.

Pero las sombras del pasado no se rinden fácilmente. Lucas enfrenta las consecuencias legales de sus actos y termina en prisión. Marta, consumida por el arrepentimiento, busca a Astrid en sus últimos días para pedirle perdón. La familia que Astrid construyó con Mateo —incluyendo a los pequeños Emiliano y Gael— se ve amenazada cuando Lucas sale libre y reaparece en sus vidas.

La historia da un giro inesperado cuando Ariana, ya adulta y estudiante de medicina, se enamora de Noel, un joven brillante cuyo hermano gemelo murió en una operación fallida realizada por Lucas años atrás. El amor entre Ariana y Noel queda atrapado entre la culpa heredada y un odio que ninguno de los dos eligió cargar.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22

El restaurante que eligió Lucas estaba en el último piso de un hotel de lujo. Las luces doradas se reflejaban en los ventanales. La música de un piano sonaba suavemente. El paisaje de la ciudad iluminada se veía espectacular desde donde estaban sentados.

Para otra pareja, un ambiente así habría resultado romántico. Pero para Astrid, esa noche se sentía como una partida de ajedrez. Cada sonrisa tenía un propósito. Cada palabra tenía una intención. Cada movimiento merecía sospecha.

Lucas habló mucho esa noche. Sobre el trabajo, sobre recuerdos de tiempos pasados. De vez en cuando hacía algún chiste que le arrancaba a Astrid una risa breve.

Una risa suficiente para que Lucas creyera que su esfuerzo estaba dando frutos. Pero detrás de esa sonrisa, Astrid observaba, evaluaba y buscaba patrones en silencio. Porque cuanto más amable se portaba Lucas, más convencida estaba de que tramaba algo.

A mitad de la cena, Lucas sacó una pequeña caja negra del bolsillo de su saco. La puso sobre la mesa.

Astrid contempló el objeto unos segundos.

—¿Qué es eso? —preguntó.

Lucas sonrió.

—Ábrela.

Astrid levantó la tapa despacio. Un collar de diamantes centelleaba en el interior. Hermosísimo y lujoso; seguramente carísimo.

—Lucas... —Astrid lo miró, sorprendida.

—Lo vi la semana pasada —dijo Lucas con una sonrisa suave—. Y de inmediato pensé en ti.

Astrid contempló el collar. Si esto hubiera pasado un año atrás, probablemente se habría sentido feliz y conmovida. Habría pensado que Lucas todavía la amaba. Pero ahora, no.

Al contrario. Cuanto más caro el regalo de Lucas, más se le disparaban las sospechas. Porque Lucas no era un hombre romántico que regalara joyas costosas. Ese hombre no cambiaba de la noche a la mañana sin un motivo.

—No sé qué decir —dijo Astrid finalmente.

Una frase lo bastante neutra. Ni demasiado entusiasta ni demasiado fría.

Lucas tomó su mano.

—No tienes que decir nada.

Astrid dejó que él le sostuviera la mano. Pero por dentro, su mente no paraba de trabajar.

Las palabras de Mateo resonaron en su cabeza: "Lucas es astuto."

Y la voz de Julio le siguió: "Si se acerca, no le creas de entrada."

Astrid bajó la mirada un instante. Ocultando la expresión de sus ojos.

"Tienen razón", pensó. "Él quiere algo."

Astrid levantó el rostro y esbozó una sonrisa sutil. Una sonrisa suficiente para que Lucas creyera que estaba teniendo éxito. Cuando en realidad era lo opuesto. Astrid estaba cada vez más segura de que ese hombre planeaba algo grande.

"Tal vez deba pedirle a Mateo o a Julio que vigilen a distancia. Por si Lucas hace algo desesperado", pensó Astrid.

—Voy al tocador —dijo Astrid poniéndose de pie.

Lucas asintió con tranquilidad.

—Claro.

Astrid se alejó de la mesa. El paso calmado. Pero la mente ya había tomado una decisión. Iba a contactar a Mateo y a Julio. Necesitaba que la ayudaran a vigilar.

Porque Astrid presentía que Lucas estaba a punto de hacer su jugada. Y no iba a permitir que la convirtieran en víctima por segunda vez.

Astrid caminó por el pasillo hacia el tocador de mujeres. En cuanto se aseguró de que no había nadie cerca, sacó el celular del bolso. Los dedos se movieron rápido sobre la pantalla de mensajes.

Un mensaje corto fue enviado a dos personas al mismo tiempo:

[Estoy en el Hotel Ardente. Restaurante del piso 27. Vengan si pueden. Que Lucas no se entere.]

El mensaje llegó a Mateo y a Julio. Astrid contempló la pantalla unos segundos. Al poco rato entraron las respuestas casi al mismo tiempo.

Mateo: [Diez minutos.]

Julio: [En camino.]

La comisura de los labios de Astrid se elevó ligeramente. Al menos ahora no estaba sola frente al juego de Lucas. Guardó el celular en el bolso y regresó a la mesa con una expresión serena, como si nada hubiera pasado.

Unos minutos después de que Astrid desapareció de su vista, el celular de Lucas, que descansaba sobre la mesa, vibró. Lucas lo tomó de inmediato. Un mensaje de Stella. Una sola frase:

[No se te olvide. Tienes que resolverlo cuanto antes.]

La sonrisa en el rostro de Lucas se desvaneció al instante. La mandíbula se le endureció; los dedos se le cerraron con fuerza alrededor del celular. Levantó la cabeza y miró hacia el pasillo por donde se había ido Astrid. La mirada se le volvió fría y afilada, llena de cálculo. Ya no había rastro de la calidez que había estado mostrando toda la noche. Ya no había la mirada de un esposo intentando arreglar su matrimonio. Lo único que quedaba eran los ojos de alguien que estaba trazando una estrategia. Porque en su mente solo existía un objetivo: los bienes heredados de esa mujer.

Mientras la casa no cayera en sus manos, el divorcio no podía ejecutarse. Y mientras no hubiera divorcio, Stella podía dejarlo en cualquier momento.

Lucas apretó el puño. No tenía mucho tiempo: solo tres meses. Tenía que moverse más rápido. Aunque eso significara construir una mentira todavía más grande. Tenía que hacer que Astrid volviera a confiar en él.

Cuando vio a Astrid regresar, Lucas le dedicó una sonrisa dulce de inmediato.

—Tardaste mucho.

Astrid frunció ligeramente el ceño. No habían pasado ni cinco minutos desde que se fue. Jaló la silla y se sentó.

—Había fila.

Lucas asintió sin sospechar nada.

—¿Pedimos postre?

—Está bien.

Reanudaron la conversación ligera.

Desde afuera, la escena parecía la de un matrimonio disfrutando de una noche romántica. Nada fuera de lugar. Nada que se viera mal.

Pero diez minutos después, la puerta del restaurante volvió a abrirse. Dos hombres entraron casi al mismo tiempo, cada uno por un lado diferente.

Mateo llegó primero. Su apariencia era muy distinta a la habitual. Un saco negro impecable le cubría el cuerpo. Unos lentes de armazón delgado le descansaban sobre la nariz. El cabello peinado hacia atrás con esmero. A primera vista era difícil reconocerlo.

Unos segundos después entró Julio. Llevaba un conjunto casual pero costoso, con un blazer gris oscuro. En la mano, una tableta. A simple vista parecía un empresario que acudía a una reunión importante.

Ni siquiera se saludaron entre sí. Cada uno se sentó en una mesa distinta, no lejos de donde estaban Astrid y Lucas.

Astrid, que los vio de reojo, mantuvo su expresión impasible. Ninguna sonrisa, ninguna señal ni saludo. Como si fueran perfectos desconocidos.

Mateo se sentó y abrió el menú. Julio fingía estar absorto leyendo algo en su tableta. Pero la atención de ambos estaba enteramente puesta en la mesa de Astrid.

—¿Así que esto es lo que llaman operación de vigilancia? —murmuró Julio por el pequeño auricular conectado a su celular.

Desde la otra mesa, Mateo contuvo una sonrisa.

—¿Qué esperabas? ¿Una persecución de autos?

—Esperaba por lo menos algo sospechoso.

Mateo echó un vistazo discreto hacia Lucas.

—Dale tiempo.

Julio exhaló.

—Está bien.

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