Sofía siempre ha obedecido a sus padres por miedo a decepcionarlos. Su vida cambia cuando su padre y el mejor amigo de este,, deciden obligarlos a casarse para unir a sus familias y sus empresas.
Adrián, el heredero de una de las empresas más poderosas de Rusia, tampoco desea ese matrimonio. Obligados a compartir una vida que ninguno eligió, ambos descubrirán que el destino puede cambiarlo todo.
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capitulo 9
Sofía
Cuando el auto finalmente se detuvo frente a la iglesia, mi padre ya me estaba esperando en la entrada. Su rostro no reflejaba la más mínima calidez; solo una mirada impaciente y calculadora.
—Ya te estabas tardando —dijo en voz baja pero tajante, sujetando mi brazo de forma firme para hacerme caminar—. No me hagas pasar una vergüenza frente a todos nuestros invitados.
—Lo siento... el auto tuvo una falla en el camino —murmuré, sintiendo un nudo amargo en la garganta.
—Entremos de una vez —sentenció, sin darle importancia a mi excusa.
Me guio por el pasillo central de la iglesia, que estaba repleta de gente importante, socios de la empresa y fotógrafos cuyas luces no dejaban de deslumbrarme. Cada foto me hacía sentir expuesta, como si todos supieran la mentira que estaba a punto de actuar. Al llegar al altar, Adrián me estaba esperando. Llevaba un traje impecable y me ofreció una sonrisa formal para disimular ante la multitud. Le devolví el gesto apenas con los labios, esforzándome por mantener la compostura.
La ceremonia transcurrió casi como un borrón. Escuché las palabras del sacerdote sobre el compromiso y la entrega, pero dentro de mí todo se sentía distante. Nos intercambiamos los anillos y dimos el beso frente a todos; un beso frío y ensayado que sellaba nuestra unión ante la sociedad.
Más tarde, en el salón de recepciones, el ambiente no cambió. La música sonaba de fondo mientras la gente reía y celebraba a nuestra salud. Yo estaba sentada al lado de Adrián, sintiendo cómo el peso del vestido y de la situación me ahogaban por dentro.
—Esto es muy cansado... Ya me quiero ir de aquí —susurré, mirando hacia la mesa sin enfocar nada en particular.
—No te preocupes, ya falta poco —me respondió Adrián con voz tranquila pero seria—. Tus padres consiguieron boletos para que nos vayamos a Inglaterra, así que nos iremos directo al aeropuerto. Voy a avisar para que podamos salir de aquí.
Se puso de pie y, dirigiéndose a la mesa con tono firme, anunció:
—Bueno, mi esposa y yo tenemos que retirarnos ya. Nuestro vuelo sale en unas horas.
Me tomó de la mano y caminamos juntos hacia el auto. Tenía que ir a mi casa a cambiarme, así que aprovechamos el trayecto para pasar. Mientras me quitaba el pesado vestido de novia, no pude evitar pensar en mi hermana. *¿Daria habrá venido a la iglesia? ¿O habrá preferido irse lejos para no ver esto?*
Cuando terminé de cambiarme por ropa cómoda, bajé las escaleras. Adrián ya me esperaba abajo. Nos subimos al auto y tomamos la ruta hacia el aeropuerto.
El resto del viaje al aeropuerto transcurrió en un profundo silencio. Ninguno de los dos volvió a decir nada, ni en el auto ni al abordar el avión. Nos acomodamos en nuestros asientos, pedimos algo de comer que apenas probé y, vencida por el agotamiento de todo el día, me quedé dormida.
No sé cuánto tiempo pasó, pero me desperté sobresaltada justo cuando sentí el impacto de las ruedas del avión aterrizando en la pista.
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Adrián
Sofía se veía realmente hermosa con ese vestido de novia, pero durante toda la ceremonia no pude evitar notar la tristeza reflejada en sus ojos.
Era normal. Al fin y al cabo, ninguno de los dos estaba ahí por elección propia; estábamos unidos por un compromiso asumido para cumplir con nuestras familias.
En cuanto el avión detuvo sus motores por completo, me desabroché el cinturón de seguridad. Sofía aún intentaba despabilarse del sueño.
—Llegamos a Inglaterra —le dije con voz suave, poniéndome de pie—. Recoge tus cosas para que bajemos.
Ella me miró un segundo en silencio, asintió y tomó su bolso mientras los encargados bajaban nuestro equipaje.
Un auto ya nos estaba esperando en la pista para llevarnos al hotel que habíamos alquilado para esta estancia. Durante todo el trayecto, Sofía permaneció callada, mirando el paisaje iluminado a través del cristal y manteniendo su distancia.
Al llegar, el chofer dejó las maletas en el recibidor y se despidió, dejándonos a solas en el hotel. El lugar era amplio y silencioso.
—¿Aquí es donde nos vamos a quedar? —preguntó ella rompiendo el hielo, abrazándose a sí misma por el aire fresco del hotel.
—Sí, aquí es —respondí mientras dejaba mi chaqueta sobre un sillón—. Sé que nada de esto es fácil para ti, Sofía, ni tampoco lo es para mí. Pero ya que estamos aquí, creo que lo mejor es que intentemos llevar las cosas en paz.
La miré por un instante, notando el cansancio en sus facciones.
—Tu habitación es la del fondo a la derecha; yo me quedaré en la de al lado para que tengas tu espacio. Descansa hoy, mañana hablaremos de lo que sigue.
No quieres comer algo es temprano para dormir —dice Sofía
Comiste en el avión y todavía tienes hambre. Le dije con una sonrisa en la cara
Solo si tú quieres me gustaría salir un rato.. esto es demasiado incómodo. Olvídalo mejor
Sin dejarme hablar se fue a la habitación y cerró la puerta...