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Amor Y Odio

Amor Y Odio

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Venganza / Romance
Popularitas:582
Nilai: 5
nombre de autor: DANIELA CARVAJAL

Del odio al amor solo hay un paso.
Cual camino eligieron nuestros protagonistas?

NovelToon tiene autorización de DANIELA CARVAJAL para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Nuevo inicio

Había pasado un año desde aquella tarde en la que Noor y Maximiliano habían decidido volver a elegirse.

Un año desde que habían comprendido que regresar no significaba olvidar todo lo que habían vivido, sino aprender a construir una relación completamente diferente.

Ahora vivían cerca del mar.

Habían dejado atrás la enorme casa familiar, los documentos antiguos, los negocios llenos de secretos y todos aquellos lugares que les recordaban las heridas del pasado.

Su nueva casa era pequeña.

Tenía paredes blancas, grandes ventanas y un jardín sencillo donde Noor había comenzado a cultivar flores.

Desde la terraza se podía escuchar el sonido de las olas.

No necesitaban lujos.

Después de todo lo que habían vivido, habían aprendido que la tranquilidad podía ser uno de los mayores tesoros.

Cada mañana, Noor despertaba antes que Maximiliano y preparaba café.

Él solía aparecer unos minutos después, todavía medio dormido.

—Buenos días —decía mientras la abrazaba por detrás.

—Buenos días.

—¿Ya escribiste?

Noor sonreía.

—Unas páginas.

—Quiero leerlas.

—Todavía no.

—¿Por qué?

—Porque todavía no están terminadas.

Maximiliano hacía una expresión de tristeza.

—Siempre me toca esperar.

—Es parte del proceso.

—¿Y si muero de curiosidad?

—Entonces escribiré más rápido.

Ambos reían.

Aquellas pequeñas conversaciones se habían convertido en parte de su nueva vida.

No había grandes gestos todos los días.

No había promesas dramáticas.

Solo había pequeños momentos.

Y precisamente esos pequeños momentos eran los que Noor más valoraba.

Después de todo, durante mucho tiempo había pensado que el amor tenía que sentirse como una tormenta.

Ahora entendía que también podía sentirse como un lugar seguro.

Maximiliano, por su parte, había continuado trabajando en su proyecto editorial.

Había conseguido crear un negocio completamente independiente de la empresa de su familia.

Ya no quería construir su futuro sobre el dinero heredado ni sobre los conflictos del pasado.

Quería que su trabajo tuviera su propio significado.

Una tarde regresó a casa con una sonrisa.

Noor estaba sentada frente a la ventana escribiendo.

—¿Qué pasó? —preguntó ella.

—Conseguimos publicar nuestro primer catálogo completo.

Noor levantó la cabeza.

—¿De verdad?

—Sí.

Ella se levantó y corrió a abrazarlo.

—Estoy orgullosa de ti.

Maximiliano la sostuvo entre sus brazos.

—Y yo de ti.

—Todavía no termino mi libro.

—Pero ya casi.

Noor miró su computadora.

—Me faltan unas páginas.

—¿Ya tienes título?

Ella sonrió.

—Sí.

—¿Cuál?

Noor permaneció unos segundos en silencio.

—Donde termina el odio, comienza el amor.

Maximiliano quedó sorprendido.

—¿Ese es el título?

—Sí.

—Me encanta.

—¿Sabes por qué?

—Porque tiene nuestra historia.

Noor asintió.

—Exactamente.

Durante los meses siguientes, Noor trabajó intensamente en el manuscrito.

Escribir no era solamente una profesión para ella.

Era una manera de ordenar su historia.

Cada capítulo contenía una pequeña parte de todo lo que había vivido.

Había personajes que recordaban a personas de su pasado.

Había escenas inspiradas en lugares que había conocido.

Pero también había algo diferente.

La protagonista de su historia no terminaba siendo salvada por un hombre.

Aprendía a salvarse a sí misma.

Y solamente después podía elegir compartir su vida con alguien.

Maximiliano fue la primera persona en leer el manuscrito completo.

Una noche, Noor se acercó a él con el documento impreso.

—Ya está.

Él dejó lo que estaba haciendo.

—¿Terminaste?

—Sí.

—¿Puedo leerlo?

Noor le entregó las páginas.

—Pero tienes que ser sincero.

—Siempre.

Maximiliano comenzó a leer.

Noor permaneció a su lado durante los primeros minutos, observando cada expresión de su rostro.

Después decidió marcharse a la cocina.

No quería verlo mientras avanzaba por las páginas.

Pasaron varias horas.

Finalmente, Maximiliano cerró el manuscrito.

Noor apareció desde la cocina.

—¿Y?

Él la miró.

—Es hermoso.

Noor respiró aliviada.

—¿De verdad?

—Sí.

—Pensé que me dirías que hay cosas que debo cambiar.

—Hay algunas.

Noor abrió los ojos.

—¿Ah, sí?

Maximiliano sonrió.

—Sí.

—¿Cuáles?

—Que quiero que escribas más.

Noor comenzó a reír.

—Eso no cuenta.

—Entonces no tengo críticas.

Ella se sentó junto a él.

—¿Y sabes qué parte me gusta más? —preguntó Maximiliano.

—¿Cuál?

—El final.

Noor sonrió.

—¿Por qué?

—Porque los protagonistas no olvidaron todo lo que sufrieron.

—Exactamente.

—No fingieron que nunca se hicieron daño.

Noor asintió.

—Porque eso sería mentira.

—Pero decidieron no vivir atrapados en ello.

Noor lo miró.

—Eso quería decir.

Maximiliano tomó su mano.

—Creo que este libro puede ayudar a muchas personas.

—No lo escribí para eso.

—¿Entonces para qué?

Noor pensó unos segundos.

—Para recordarme a mí misma que sobreviví.

Maximiliano besó su frente.

—Y sobreviviste.

Durante los meses que siguieron, el libro comenzó a ganar lectores.

Noor recibió mensajes de personas que se sentían identificadas con su historia.

Algunas hablaban de relaciones difíciles.

Otras de la importancia de volver a empezar.

Y muchas agradecían que la protagonista no hubiera abandonado sus propios sueños por amor.

Aquello hizo que Noor comprendiera que su historia había adquirido un significado diferente.

Ya no era solamente el recuerdo de lo que había sufrido.

También era la prueba de que podía transformar el dolor en algo nuevo.

Una tarde, mientras caminaban por la playa, Maximiliano se detuvo.

Noor continuó unos pasos.

—¿Qué pasa?

Él no respondió.

Estaba observando el mar.

Después metió una mano en el bolsillo de su chaqueta.

—Tengo algo para ti.

Noor abrió los ojos.

—¿Qué?

—Ábrelo.

Sacó una pequeña caja.

Noor la tomó.

La miró durante unos segundos.

—¿Maximiliano?

—Ábrela.

Ella levantó lentamente la tapa.

Dentro había un anillo.

No era enorme.

No tenía piedras extravagantes ni un diseño excesivamente llamativo.

Era sencillo.

Elegante.

Perfectamente acorde con la vida que habían elegido.

Noor levantó la mirada.

—Maximiliano...

Él tomó su mano.

—Antes de que digas algo, no es una propuesta.

Noor soltó una carcajada.

—¡Me asustaste!

—Todavía no.

—Entonces, ¿qué es?

Maximiliano tomó el anillo.

—Es una promesa.

Noor lo observó.

—¿De qué?

Él colocó suavemente el anillo en su dedo.

—De que nunca volveré a permitir que el orgullo sea más fuerte que el amor.

Noor contempló el anillo.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

—¿Y qué prometes exactamente?

—Prometo hablar cuando algo me moleste. Prometo escucharte aunque no esté de acuerdo. Prometo confiar en ti y no tomar decisiones importantes sin contarte lo que ocurre.

Noor sonrió.

Después tomó su mano.

—Entonces yo también tengo una promesa.

—¿Cuál?

—Nunca volveré a perderme intentando salvar una relación.

Maximiliano asintió.

—Eso es mejor.

Noor acarició el anillo.

—Es precioso.

—No es tan precioso como tú.

—Eso fue demasiado romántico.

—Estoy practicando.

Ambos rieron.

Continuaron caminando por la playa.

El sol comenzaba a esconderse detrás del horizonte.

Sus sombras se alargaban sobre la arena.

Noor observó el anillo nuevamente.

—¿Cuándo lo compraste?

—Hace semanas.

—¿Y cómo lograste ocultármelo?

—Fue difícil.

—¿Por qué?

—Porque casi lo encuentras tres veces.

Noor comenzó a reír.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿Dónde lo escondiste?

—Eso es información confidencial.

Ella lo empujó suavemente.

—Dímelo.

—No.

—Maximiliano.

—Nunca.

La risa de ambos se mezcló con el sonido de las olas.

Era una escena sencilla.

Pero para ellos significaba muchísimo.

Habían llegado hasta allí después de atravesar engaños, miedo, odio, separaciones y pérdidas.

Y ahora podían caminar tranquilamente junto al mar.

Sin mirar constantemente hacia atrás.

Sin preguntarse quién los estaba observando.

Sin temer que una nueva mentira apareciera de repente.

Sin embargo, Noor sabía algo.

La felicidad no significaba que nunca volverían a enfrentar dificultades.

Ella y Maximiliano seguían siendo dos personas diferentes.

A veces discutían.

A veces estaban cansados.

En ocasiones tenían opiniones opuestas.

Pero habían aprendido algo que antes desconocían:

Una discusión no significaba el final.

Un desacuerdo no era una traición.

Y pedir espacio no significaba dejar de amar.

Cuando alguno se enfadaba, intentaban hablar antes de dejar que el silencio creciera.

Cuando uno tenía miedo, el otro escuchaba.

Cuando alguno cometía un error, no intentaban esconderlo.

Su relación ya no era perfecta.

Y eso estaba bien.

Una noche, sentados en el jardín, Noor apoyó la cabeza sobre el hombro de Maximiliano.

—¿Eres feliz?

Él respondió sin pensarlo.

—Sí.

—¿Nunca piensas en todo lo que perdimos?

—A veces.

—¿Y no te da tristeza?

—Sí.

Noor levantó la cabeza.

—Entonces, ¿cómo puedes decir que eres feliz?

Maximiliano la miró.

—Porque aprendí que una persona puede estar triste por lo que perdió y, al mismo tiempo, agradecer lo que tiene.

Noor sonrió.

—Eso es cierto.

—¿Y tú?

Ella permaneció unos segundos en silencio.

—Estoy aprendiendo.

—¿A ser feliz?

—A aceptar que merezco serlo.

Maximiliano tomó su mano.

—Siempre lo mereciste.

Noor apoyó nuevamente la cabeza sobre su hombro.

Durante unos minutos escucharon el sonido del mar.

Hasta que ella habló.

—¿Alguna vez pensaste que no íbamos a lograrlo?

Maximiliano soltó una pequeña risa.

—Muchas veces.

—Yo también.

—Pero aquí estamos.

—Sí.

—Juntos.

Noor sonrió.

—Juntos.

Más tarde, Noor entró a casa y dejó el manuscrito sobre la mesa.

Lo observó durante unos segundos.

En la portada estaba escrito:

**DONDE TERMINA EL ODIO, COMIENZA EL AMOR.**

Pensó en todo lo que había detrás de aquellas palabras.

Recordó el día en que conoció a Maximiliano.

La primera mirada.

El primer beso.

Las dudas.

Las mentiras.

Valentina.

Sebastián.

Las familias.

La separación.

Los seis meses de distancia.

El reencuentro.

La segunda oportunidad.

Todo.

Y comprendió que su libro ya no era solamente una novela.

Era una parte de su vida convertida en historia.

Una parte que ahora podía mirar sin sentir que la destruía.

Maximiliano entró en la habitación.

—¿En qué piensas?

Noor señaló el libro.

—En nosotros.

—¿Y qué pensaste?

—Que si pudiera volver al principio, no cambiaría todo.

Él se acercó.

—¿Por qué?

—Porque incluso los momentos dolorosos me enseñaron quién quería ser.

Maximiliano la abrazó.

—¿Y quién quieres ser?

Noor sonrió.

—Yo misma.

—Entonces todo valió la pena.

Ella negó lentamente.

—No diría que el dolor valió la pena.

Maximiliano la miró.

—¿Entonces?

—Diría que aprendimos a no dejar que el dolor decidiera por nosotros.

Él sonrió.

—Esa debería ser la última frase de tu libro.

Noor lo miró.

—Quizá lo sea.

Se acercó a él.

—Pero todavía falta algo.

—¿Qué?

Noor levantó su mano y mostró el anillo.

—El siguiente capítulo.

Maximiliano la besó.

Y aquella noche comprendieron que estaban viviendo algo que antes parecía imposible.

Una nueva vida.

Una vida donde el pasado existía, pero ya no gobernaba.

Una vida donde podían amar sin perderse.

Una vida donde podían tener sueños propios y compartirlos.

Una vida donde no necesitaban ser perfectos para ser felices.

Noor cerró los ojos.

Por primera vez en mucho tiempo no sintió miedo de lo que vendría mañana.

No sabía exactamente qué les esperaba.

Tal vez habría nuevos problemas.

Tal vez nuevas decisiones.

Tal vez días difíciles.

Pero ya no necesitaba tener todas las respuestas.

Porque ahora sabía algo que antes desconocía:

No necesitaba una vida perfecta.

Necesitaba una vida verdadera.

Y quería vivirla con Maximiliano.

Junto al mar, bajo la luz de la luna, ambos permanecieron abrazados.

La noche era tranquila.

El futuro todavía era incierto.

Pero sus corazones estaban en paz.

Habían dejado atrás una vida marcada por la venganza.

Ahora tenían la oportunidad de construir una historia diferente.

Una historia donde el amor no fuera una guerra.

Donde la confianza no fuera una promesa vacía.

Donde perdonar no significara olvidar.

Y donde elegir al otro nunca significara dejar de elegirse a uno mismo.

Noor miró nuevamente el anillo.

Sonrió.

—¿Sabes algo?

—¿Qué?

—Creo que por fin encontré mi historia de amor.

Maximiliano la abrazó más fuerte.

—¿Y cómo termina?

Noor sonrió.

—Todavía no termina.

Miró hacia el mar.

—Porque apenas estamos comenzando.

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Marianeichon
llama la atención ☺️
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