Valentina Mena es una mujer fuerte e independiente que nunca se ha dejado dominar por nadie. Matteo De Luca, líder de un poderoso imperio mafioso, está acostumbrado a obtener todo lo que quiere. Cuando sus caminos se cruzan, nace una atracción peligrosa que los llevará a enfrentarse entre el amor, el poder y la traición.
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Aprender a amar.
El lunes amaneció con un cielo despejado que contrastaba con el ritmo frenético de la ciudad. Valentina llegó a la empresa antes de las ocho de la mañana. Saludó a sus empleados, revisó algunos informes y se encerró en su oficina para preparar una importante reunión con inversionistas.
Mientras leía unos documentos, una caja de flores apareció sobre su escritorio.
Peonías blancas.
Sus favoritas.
Junto a ellas había una pequeña tarjeta.
“Espero que tu día sea tan bonito como tu sonrisa. —M.”
Valentina sonrió sin darse cuenta.
Camila, que acababa de entrar con una carpeta, arqueó una ceja.
—Definitivamente el italiano sabe lo que hace.
—No empieces.
—¿Cómo no voy a empezar? Hace un mes llegabas aquí con cara de pocos amigos y ahora sonríes leyendo una tarjeta.
Valentina escondió la nota entre los documentos.
—Concéntrate en el trabajo.
—Eso intento… pero alguien dejó flores que huelen a romance en toda la oficina.
Las dos terminaron riendo.
⸻
A varios kilómetros de allí, Matteo revisaba algunos contratos junto a Marco.
—¿Entonces ya eres oficialmente un hombre romántico? —preguntó este último.
—No exageres.
—Mandaste flores un lunes.
—¿Y?
—Eso es peligrosísimo.
Matteo levantó la vista.
—¿Peligroso?
—Sí. Ahora tendrás que mantener el nivel.
El italiano negó con una sonrisa.
—Creo que sobreviviré.
En ese momento uno de sus hombres entró en la oficina.
—Jefe.
—¿Qué ocurre?
—Recibimos información de un antiguo aliado de Lorenzo.
Marco frunció el ceño.
—Pensé que ese asunto había terminado.
—Y terminó —respondió Matteo con firmeza—. Si alguien quiere vengar a Lorenzo, que lo intente. Pero Valentina no puede correr ningún riesgo.
Aquella última frase hizo que Marco lo mirara con atención.
Conocía perfectamente esa expresión.
Matteo estaba pensando demasiado como jefe…
Y muy poco como novio.
⸻
Al caer la tarde, Valentina salió de la empresa.
Al llegar al parqueadero encontró dos camionetas negras esperándola.
Frunció el ceño.
Uno de los hombres abrió la puerta.
—Señorita Mena.
—¿Qué significa esto?
—El señor De Luca ordenó que la acompañáramos.
Valentina permaneció inmóvil.
—¿Perdón?
—A partir de hoy tendrá seguridad permanente.
Ella sintió cómo la molestia comenzaba a crecer.
—¿Él ordenó esto?
—Sí, señorita.
Sin decir una palabra más, subió a su automóvil y condujo directamente hasta la oficina de Matteo.
Entró sin anunciarse.
Marco, que la vio llegar, apenas alcanzó a murmurar:
—Uy…
Matteo levantó la vista.
—Hola.
Valentina cerró la puerta detrás de ella.
—¿Mandaste hombres a seguirme?
Él entendió inmediatamente.
—No a seguirte.
—¿Entonces?
—A protegerte.
—¿Sin preguntarme?
Matteo dejó el bolígrafo sobre el escritorio.
—Después de todo lo que pasó con Lorenzo, no pienso correr riesgos.
—Matteo…
—Escúchame.
—No. Tú escúchame a mí.
Era la primera vez que levantaba la voz desde que comenzaron su relación.
—Llevo años cuidándome sola.
Él dio un paso hacia ella.
—Y ahora ya no estás sola.
—Eso no te da derecho a decidir por mí.
El silencio llenó la oficina.
Marco, que estaba al otro lado de la puerta, decidió alejarse discretamente.
Aquella conversación solo les pertenecía a ellos.
Valentina respiró hondo.
—No quiero sentir que alguien controla cada paso que doy.
Matteo también bajó el tono.
—No intento controlarte.
—Entonces, ¿qué intentas?
Él tardó varios segundos en responder.
Cuando habló, su voz sonó mucho más vulnerable.
—Tengo miedo.
Valentina lo observó en silencio.
—Perdí a demasiadas personas.
Perdí a mi padre.
Vi cómo destruyeron familias enteras.
Y cuando pienso que algo podría pasarte…
No sé cómo actuar de otra manera.
Aquellas palabras desarmaron parte de la molestia de Valentina.
Caminó lentamente hasta quedar frente a él.
—Entiendo que tengas miedo.
De verdad lo entiendo.
Pero si tomas decisiones por mí, dejaré de sentir que soy tu compañera.
Y me convertiré en alguien a quien solo quieres proteger.
Matteo bajó la mirada.
Por primera vez comprendía lo que ella intentaba decirle.
Después de unos segundos tomó aire.
—Tienes razón.
Valentina lo miró sorprendida.
—¿Así de fácil?
Él sonrió apenas.
—No.
No es fácil.
Pero quiero aprender.
Nunca he tenido una relación como esta.
Nunca tuve que pensar en alguien desde el amor y no desde la estrategia.
Ella acarició suavemente su mejilla.
—Y yo nunca había tenido que aprender a dejar que alguien se preocupara por mí.
Los dos guardaron silencio.
Hasta que Matteo habló otra vez.
—¿Podemos llegar a un acuerdo?
—Te escucho.
—No habrá escoltas siguiéndote todo el tiempo.
Pero cuando exista un riesgo real, prométeme que confiarás en mí.
Valentina sonrió.
—Y tú prométeme que nunca volverás a decidir algo así sin preguntarme primero.
Él extendió la mano.
—Trato hecho.
Ella, en lugar de estrecharla, la apartó con una sonrisa traviesa y lo abrazó.
Matteo soltó una pequeña risa.
—Eso no era parte del acuerdo.
—Lo sé.
Pero me gusta más.
Él la rodeó con los brazos.
—Definitivamente discutir contigo es diferente a cualquier negociación que haya tenido.
—¿Por qué?
—Porque siempre termino queriendo abrazarte.
Ella levantó la cabeza para mirarlo.
—Será mejor que te acostumbres.
Porque pienso llevarte la contraria muchas veces.
Matteo sonrió.
—No esperaba menos de ti.
⸻
Esa noche salieron a caminar por el centro histórico de Bogotá sin protocolos, sin reuniones y sin prisas.
Compraron café en un pequeño puesto de la calle.
Compartieron una oblea como dos adolescentes que intentaban pasar desapercibidos.
Nadie habría imaginado que él era uno de los hombres más poderosos de la mafia italiana y que ella dirigía una de las empresas más importantes del país.
Eran simplemente Matteo y Valentina.
Dos personas aprendiendo que el amor no consistía en no discutir.
Consistía en quedarse, escuchar y encontrar juntos el punto donde ninguno de los dos tuviera que dejar de ser quien era.
Y mientras caminaban tomados de la mano, Matteo comprendió que proteger a Valentina no significaba encerrarla entre muros.
Significaba caminar a su lado, respetando la fuerza que siempre la había hecho única.
fuegos artificiales!!!!
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