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EL PRECIO DE MI LIBERTAD

EL PRECIO DE MI LIBERTAD

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Posesivo
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SEBAS M

La vida de Valeria Santoro se desmorona en una sola noche cuando su padre, al borde de la ruina financiera y amenazado por una deuda impagable, toma la decisión más cruel: venderla al hombre más temido y poderoso de la ciudad.
Damián Thorne es un CEO frío, implacable y conocido por destruir todo lo que toca. No cree en el amor, solo en los negocios, y Valeria es el activo que acaba de adquirir. El trato es simple: un matrimonio arreglado por doce meses a cambio de limpiar el nombre de su familia y salvarlos de la bancarrota.
Para el mundo, son la pareja perfecta: él, el magnate exitoso; ella, la esposa elegante y sumisa. Pero tras las puertas cerradas de la mansión Thorne, la realidad es muy distinta. Valeria está decidida a no entregarle su corazón al hombre que la compró, mientras que Damián descubre que ella es la única pieza en su tablero de ajedrez que no puede controlar.

NovelToon tiene autorización de SEBAS M para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El arte de la traición

La mansión de los Thorne, que durante meses había funcionado como una jaula dorada diseñada específicamente para confinar mis deseos y limitar mis horizontes, se había transformado durante las últimas semanas en un tablero de ajedrez donde cada movimiento estaba cargado de una toxicidad eléctrica. Ya no éramos el carcelero y la prisionera; nos habíamos convertido en dos estrategas encerrados en un duelo de voluntades donde la honestidad era el arma más peligrosa y la mentira, el único escudo disponible. Tras descubrir la verdad sobre el papel que Damián había jugado en la orquestación de la caída de mi familia, mi perspectiva del mundo había mutado. El miedo, esa emoción paralizante que solía dominar mis noches, se había evaporado, dejando en su lugar un frío y calculador deseo de venganza que corría por mis venas con la fuerza de un torrente.

Damián, por su parte, se movía en un estado de alerta constante. Su paranoia, alimentada por el miedo a perder el control sobre el imperio que había construido sobre los restos de nuestra dignidad, lo hacía estar más presente pero, irónicamente, más ciego. Me permitía estar en cada reunión, en cada cena de negocios y en cada discusión estratégica, creyendo que me tenía domesticada, que mi obediencia era el resultado de una rendición absoluta. No se daba cuenta de que, en esa cercanía, yo estaba absorbiendo cada secreto, memorizando cada debilidad y detectando cada grieta en su armadura de acero. Yo era, a todos los efectos, el caballo de Troya dentro de su fortaleza, y mi único objetivo era asegurar que, cuando el momento llegara, la estructura colapsara desde los cimientos.

El gran escenario para mi primer movimiento fue la recepción anual en la embajada. Era el evento social más importante de la temporada, un nido de víboras vestido de etiqueta donde la élite empresarial se reunía para discutir alianzas y traiciones entre sorbos de champán francés. Mientras Damián, impecable en su esmoquin, se encontraba inmerso en una conversación con el embajador sobre contratos internacionales, me alejé lentamente hacia los jardines interiores. Era un espacio diseñado para la intimidad, donde los setos perfectamente podados ofrecían un refugio de sombras donde la verdad podía ser manipulada a conveniencia. Sentía la mirada de Julián Varga sobre mi espalda; él había estado esperando este momento durante días, desesperado por obtener cualquier ventaja que le permitiera destronar a Damián.

Cuando Varga finalmente se acercó, no pude evitar notar la codicia que brillaba en sus ojos hundidos. Era un hombre que creía en su propia superioridad, y eso lo hacía increíblemente predecible.

—La soledad es un lujo innecesario para alguien con su intelecto, Valeria —dijo, emergiendo de entre las sombras. Su voz era un susurro húmedo, cargado de una falsa caballerosidad que me resultaba nauseabunda—. Especialmente cuando su marido parece estar mucho más interesado en sus ambiciones de hormigón y acero que en la mujer que tiene a su lado. Es una lástima que alguien tan perspicaz esté condenado a vivir bajo la sombra perpetua de un hombre tan calculador como Damián.

Me giré con una sonrisa ensayada, una máscara de vulnerabilidad que había perfeccionado frente al espejo de mi suite durante horas. Lo miré con una mezcla de arrepentimiento y esperanza, como si fuera una mujer desesperada buscando una salida de un matrimonio asfixiante.

—Mi marido es un hombre de intereses complejos, Julián —respondí, bajando el tono de voz para invitarlo a entrar en mi juego—. Pero incluso los hombres más poderosos olvidan un principio básico de la estrategia: que las decisiones más importantes del destino no se toman en las salas de juntas, donde las cámaras vigilan, sino en los pasillos secundarios, donde el poder es vulnerable. Usted no sabe la mitad de lo que ocurre detrás de las puertas cerradas de su oficina privada.

Varga se acercó hasta quedar a una distancia imprudente, su sed de poder era casi tangible.

—¿A qué se refiere? No creo que me haya buscado solo para hablar de los fallos de su marido. Dígame, ¿está usted cansada de ser un trofeo, o simplemente busca un salvavidas en medio de este naufragio?

—Damián es terco con el Proyecto Fénix, demasiado terco para su propio bien —susurré, bajando la voz como si estuviera compartiendo un secreto que podría costarme la vida—. Pero hay una debilidad estructural en sus servidores privados, una negligencia que él se niega a reconocer porque su ego es demasiado grande. Si usted supiera dónde buscar en los archivos encriptados de la oficina central, encontraría pruebas de operaciones que Damián no puede justificar ante la junta de accionistas. Él cree que es intocable, pero yo veo sus grietas todos los días. Si usted tuviera esa información, no solo podría paralizar el Proyecto Fénix; podría obligarlo a capitular ante usted.

Le proporcioné una serie de números de acceso que parecían legítimos —códigos de seguridad que había memorizado observando sus dedos sobre el teclado en la madrugada—, pero que en realidad eran una trampa diseñada con la precisión de un cirujano. Sabía que si él intentaba acceder a esos archivos específicos, el sistema de seguridad detectaría una intrusión externa y bloquearía todo el acceso, notificando a Damián sobre el origen del ataque. Era un suicidio corporativo envuelto en una promesa de poder. Varga, cegado por su codicia, no vio la soga que le estaba tendiendo. Sería la caída definitiva de mi mayor enemigo utilizando la misma arrogancia y paranoia de Damián contra él mismo.

Al volver al interior del salón, me encontré de frente con Damián. Su mirada era como un láser quirúrgico, escaneándome el rostro en busca de cualquier rastro de culpabilidad o engaño. Me tomó del brazo, guiándome lejos de la multitud hacia un rincón privado donde el bullicio de la fiesta se desvanecía. Su agarre era firme, posesivo, una advertencia silenciosa de que él era el dueño de cada paso que yo daba.

—¿Qué le has dicho a Varga? —preguntó, su voz un susurro cargado de un peligro tangible. Podía sentir la fuerza de sus dedos sobre mi piel—. Te he visto con él en los jardines. Sabes perfectamente que es una serpiente, Valeria. No juegues con fuego si no quieres terminar hecha cenizas.

—Le he dado exactamente lo que él quería, Damián —respondí, manteniendo una calma fingida mientras sentía cómo mi corazón se desbocaba contra mi pecho—. Le he dado una razón lógica para cometer un error irreparable. Si quieres destruirlo legalmente y sin que parezca un asesinato, necesitas que él sea quien mueva la primera ficha ilegal. Yo solo he puesto el cebo para que él mismo corra hacia su propia sentencia.

Él me observó durante un largo momento, analizando mi rostro como si fuera un contrato complejo. Sus dedos se cerraron sobre mi brazo con una intensidad que me hizo estremecer, una posesión que me provocó una oleada de rabia hirviente, una rabia que tuve que enterrar profundamente.

—Estás jugando con un fuego que ni siquiera comprendes, Valeria —dijo, acercándose tanto que su aliento cálido me rozó la piel—. Y cuando te quemes, no vengas buscando refugio en mis manos. Pero debo admitirlo... me gusta tu atrevimiento. Es una cualidad que no sabía que tenías.

—Tal vez me queme —dije, desafiándolo con la mirada mientras invadía su espacio personal—. Pero mientras tanto, tú vas a tener que soportar el calor de la batalla conmigo.

Esa noche, al regresar a la mansión en el asiento trasero del coche, el silencio era más cargado que nunca. Sabía que la red se estaba cerrando sobre ambos. Varga caería, sí, pero Damián era el siguiente paso lógico en mi plan. Mientras él dormía, agotado por el peso de sus mentiras, me levanté y fui al despacho en silencio absoluto. Comencé a recopilar copias de los contratos reales, los que no estaban en el Proyecto Fénix, los documentos que probaban su propia culpabilidad en los delitos que usó para destruir a mi familia. Necesitaba pruebas irrefutables de su propia traición antes de que fuera demasiado tarde. La farsa era agotadora, una actuación de veinticuatro horas al día, pero era efectiva. Damián empezaba a confiar, tal vez de manera peligrosa, en mi eficacia estratégica, sin darse cuenta en ningún momento de que esa misma eficacia era la soga con la que estaba preparando su propia horca. La danza continuaba, cada vez más rápida, más peligrosa, y por primera vez en meses, me sentí verdaderamente viva. No era la vida que yo había imaginado para mí, pero era la vida que finalmente me daría la libertad que tanto ansiaba. Estaba jugando el juego de los Thorne, pero bajo mis propias reglas.

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deli perez
Me gusta la historia, que días actualizas?
deli perez: Un gusto esperar nuevos capítulos.. Gracias
total 2 replies
deli perez
Excelente historia
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