Ciento veintitrés años después de que la Inquisición del Primer Mandato silenciara un ritual prohibido, extraños acontecimientos comienzan a extenderse por todo el Imperio.
Enkyo, un joven de la ciudad de Newline, sueña con seguir los pasos de los soldados imperiales a pesar de la oposición de su padre. Sin embargo, cuando una expedición de caza termina en tragedia, presencia algo que no debería existir.
Bajo la superficie del mundo, antiguas fuerzas olvidadas desde hace mucho tiempo comienzan a despertar. Mientras verdades ocultas vuelven a emerger y las sombras de una era perdida regresan, Enkyo se verá atrapado entre el Imperio, el conocimiento prohibido y un legado más antiguo que la propia humanidad.
Algunos heredan reinos. Otros heredan pesadillas.
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Capítulo 15 — Ondulaciones en una laguna inmóvil
Las calles de la capital bullían desde las primeras horas de la mañana.
Los mercaderes pregonaban sus mercancías mientras los transeúntes recorrían el mercado entre puestos de madera cubiertos por toldos de distintos colores.
—¡Patatas recién cosechadas! ¡Las mejores de la región!
—¡Pan recién horneado! ¡Aún conserva el calor del horno!
—¡Harina fina! ¡Verduras frescas! ¡Coles, nabos y zanahorias!
—¡Carne de cerdo y pato! ¡La mejor de toda la capital!
Las voces se mezclaban con el tintinear de las monedas, el crujir de las ruedas de los carruajes y el constante ir y venir de la multitud.
Raelia avanzaba entre los puestos mientras sostenía de la mano a Kyomuro.
El pequeño observaba el mercado con la curiosidad propia de su edad.
De pronto señaló uno de los cestos.
—¡Mamá! ¡Mira esas patatas!
Sin esperar respuesta, se acercó al puesto y tomó una entre las manos.
Sus ojos se abrieron con asombro.
—¡Son enormes!
Raelia sonrió.
—Te lo parecen porque todavía eres pequeño.
Kyomuro frunció el ceño e infló ligeramente las mejillas.
Antes de que pudiera responder, una mano revolvió suavemente su cabello.
—No te preocupes.
El pequeño levantó la vista.
—Cuando crezcas, puede que seas incluso más alto que yo.
Enkyo levantó la mano por encima de su propia cabeza para exagerar la diferencia.
—Quizá llegues hasta aquí.
Los ojos de Kyomuro brillaron.
—¿En serio?
Enkyo sonrió.
—Claro.
El niño devolvió la patata al cesto, satisfecho.
Raelia observó a ambos durante un momento.
Luego acomodó parte de las compras entre los brazos de Enkyo.
—Espera aquí un momento.
Señaló otro grupo de puestos.
—Todavía nos faltan algunas cosas. Volveremos enseguida.
—Está bien.
Raelia tomó nuevamente la mano de Kyomuro y ambos se internaron entre la multitud.
Enkyo permaneció junto a las provisiones mientras observaba el movimiento del mercado.
Hacía tiempo que no recorría aquellas calles.
Las voces de los mercaderes, el aroma del pan recién horneado y el incesante paso de la gente hacían que la capital pareciera distinta a como la recordaba.
Sus ojos recorrían distraídamente los alrededores cuando una figura apareció al doblar una calle lateral.
Solo alcanzó a verla durante un instante.
Había algo en ella que le resultaba extrañamente familiar.
Frunció apenas el ceño.
Sin darse cuenta, dio un paso al frente.
Luego otro.
Justo entonces sintió unos pequeños brazos rodearle una pierna.
—¡Hermano!
Enkyo bajó la vista.
Kyomuro lo miraba con una amplia sonrisa.
—Ya terminamos.
Raelia también se acercó.
Notó que la atención de su hijo seguía fija entre la multitud.
—¿Ocurre algo?
Enkyo volvió en sí.
—No... nada.
Raelia siguió la dirección de sus ojos.
—¿Creíste ver a alguien conocido?
Él negó con la cabeza.
Una sonrisa divertida apareció en el rostro de su madre.
—¿O será que viste pasar a alguna doncella?
Enkyo desvió la mirada.
—No es eso.
Kyomuro levantó la cabeza con curiosidad.
—Además, todavía eres muy joven para casarte.
Enkyo dejó escapar una breve risa.
—Ni siquiera estoy pensando en eso.
Raelia acomodó una de las bolsas sobre el brazo.
—Entonces dejaremos esa conversación para después del almuerzo.
Enkyo cruzó los brazos con resignación mientras su madre contenía una sonrisa.
Después reanudaron el camino.
—Vamos. Hoy prepararé estofado de pato, como la última vez.
Apenas terminó de hablar, un sonido rompió el breve silencio.
El estómago de Enkyo rugió con claridad.
Kyomuro soltó una carcajada.
Raelia no pudo evitar sonreír.
Enkyo carraspeó con cierta vergüenza antes de asentir.
—Será mejor que regresemos pronto.
Continuaron caminando.
Antes de abandonar el mercado, Enkyo volvió la cabeza una última vez.
Buscó nuevamente la figura que había visto momentos atrás.
Ya no estaba.
Permaneció observando la calle unos segundos antes de apartar la mirada y seguir a su familia.
Raelia y Kyomuro cruzaron la calle aprovechando un breve espacio entre los carruajes.
Enkyo los siguió unos pasos por detrás.
Cuando estaba a punto de alcanzarlos, chocó contra un soldado que caminaba en dirección contraria.
El impacto hizo que varios documentos escaparan de las manos del hombre y se dispersaran por el suelo.
—Fíjate por dónde caminas —dijo el soldado con evidente molestia.
—Lo lamento.
Enkyo se agachó de inmediato para ayudar a recoger los documentos.
Mientras reunía las hojas, una de ellas llamó su atención.
En la parte superior podía leerse con claridad:
Registro de Reclutamiento Imperial.
Su mirada permaneció fija sobre aquellas palabras.
El soldado le arrebató el documento antes de que pudiera seguir leyendo.
—Eso no te incumbe.
Guardó el registro junto al resto de los papeles y continuó su camino sin volver la vista atrás.
Enkyo permaneció inmóvil un momento.
Luego respiró hondo y alcanzó a su familia.
Raelia lo observó de reojo.
—¿Todo esta bien?
Él asintió con naturalidad.
—Sí. No fue nada.
Continuaron el camino hasta regresar al hogar.
Raelia abrió la puerta y dejó las provisiones sobre la mesa.
Poco después se colocó el delantal y comenzó a ordenar los ingredientes.
—Ustedes dos, guarden lo que hemos comprado.
Dirigió la vista hacia sus hijos.
—Y comiencen a lavar y pelar las patatas.
—Entendido.
Mientras ambos obedecían, Raelia tomó el pato y comenzó a prepararlo con movimientos ágiles y precisos.
El sonido del cuchillo contra la tabla apenas lograba imponerse al crepitar del fuego.
De pronto, unos golpes resonaron en la puerta.
Kyomuro dejó las patatas sobre la mesa y salió corriendo.
Apenas abrió, una sonrisa iluminó su rostro.
—¡Papá!
Sin pensarlo dos veces, se lanzó a abrazarlo.
Thalion sonrió y lo sostuvo con el brazo que tenía libre. Sobre el otro hombro cargaba varios troncos de leña.
Entró en la casa mientras el pequeño seguía aferrado a él.
Raelia levantó la vista con sorpresa.
—No esperaba verte tan temprano.
Thalion dejó la leña junto a la pared.
—Yo tampoco lo esperaba.
Se quitó los guantes antes de continuar.
—Suspendieron el trabajo por el resto del día. Han surgido algunos asuntos en la capital.
Se acercó a Raelia.
La rodeó con un brazo y depositó un breve beso sobre su frente.
Después aspiró el aroma que llenaba la cocina.
—Huele bastante bien.
Raelia sonrió.
—Hoy habrá estofado de pato.
Una ligera sonrisa apareció en el rostro de Thalion.
—Entonces llegué en un buen momento.
Se quitó la prenda más gruesa que llevaba sobre los hombros y dirigió la vista hacia la puerta.
—Saldré un momento. Necesito tomar un poco de aire.
—No tardes.
Thalion asintió antes de salir.
Dentro de la casa, Kyomuro volvió a las patatas con el mismo entusiasmo de antes.
En cambio, Enkyo permaneció unos segundos mirando hacia la puerta.
Después dejó el cuchillo sobre la mesa.
—Kyomuro.
El pequeño levantó la cabeza.
—¿Sí?
—¿Puedes terminar por mí?
—Claro.
Enkyo le dedicó una leve sonrisa antes de salir.
Raelia siguió sus pasos con la mirada.
No dijo nada.
Simplemente observó cómo abandonaba la casa tras su padre.
Enkyo salió al patio en silencio.
Encontró a Thalion junto al tendedero, retirando las prendas que el sol ya había secado.
Permaneció inmóvil un momento. Apretó los puños, respiró hondo y finalmente se acercó.
—Padre.
Thalion volvió la cabeza.
—¿Ocurre algo? ¿Necesitan ayuda con el almuerzo?
Enkyo negó con suavidad.
—No.
Durante unos instantes reinó el silencio.
Thalion dejó una de las prendas dentro del cesto y se rascó distraídamente la nuca.
—Entonces... ¿qué sucede?
Enkyo levantó la mirada.
—Ya lo he pensado.
Thalion aguardó en silencio.
—He tomado una decisión.
Su padre frunció apenas el ceño.
Enkyo sostuvo su mirada.
—Entraré al Reclutamiento Imperial.
Las manos de Thalion dejaron de moverse.
Lo observó durante unos instantes.
—Hijo...
—Esta vez no importa si estás de acuerdo o no.
Enkyo dio un paso al frente.
—Solo quiero que respetes mi decisión.
Thalion guardó silencio.
Después dejó la última prenda dentro del cesto.
Su voz conservó la misma serenidad de siempre.
—Puede que hoy estés convencido de ello.
Guardó silencio un momento.
—Pero hay decisiones que, con el paso del tiempo, terminan convirtiéndose en un motivo de arrepentimiento.
Sus ojos permanecieron fijos en los de su hijo.
—Aun así... ¿estás completamente seguro?
Enkyo no vaciló.
—Sí.
Su respuesta fue inmediata.
—Ya no tengo dudas.
Thalion permaneció inmóvil un momento.
Luego caminó hasta un extremo del patio, donde descansaban dos espadas de entrenamiento.
Tomó ambas.
Arrojó una hacia Enkyo.
Él la atrapó en el aire.
Thalion adoptó una postura.
Al instante siguiente se lanzó al ataque.
La primera estocada llegó con rapidez.
Enkyo desvió la hoja aprovechando el impulso de su padre y pasó a un costado.
Thalion continuó avanzando.
—Con una estocada como esa jamás superarás el reclutamiento.
Sin darle tiempo para responder, enlazó tres ataques consecutivos.
Enkyo consiguió bloquearlos uno tras otro.
Aprovechó la última apertura para responder con una estocada directa.
Thalion inclinó apenas el torso.
La hoja pasó junto a él.
Con un rápido giro de muñeca redirigió su espada y detuvo la punta a escasos centímetros de las costillas de Enkyo.
Todo ocurrió antes de que este pudiera reaccionar.
—¿Lo entiendes ahora?
Enkyo bajó la vista hacia la punta de madera.
Después asintió.
—Sí.
Respiró profundamente.
—Sé que todavía me falta mucho por aprender.
Volvió a mirar a su padre.
—Pero no puedo seguir deteniéndome por eso.
Afirmó con fuerza la empuñadura.
—Necesito hacerlo.
Thalion cerró los ojos durante un instante.
Cuando volvió a abrirlos, su expresión permanecía inalterable.
—Sigo sin estar de acuerdo.
En ese momento, la puerta de la casa se abrió.
Raelia salió al patio.
Su mirada recorrió a ambos antes de detenerse en Enkyo.
—Así que era eso lo que te inquietaba.
Enkyo guardó silencio.
Raelia dejó escapar una leve exhalación.
—Desde dentro se escuchaba toda la conversación.
Luego dirigió la vista hacia Thalion.
—Dijiste que esto nunca ocurriría.
Thalion asintió lentamente.
—Lo sé.
Enkyo frunció apenas el ceño.
Su mirada pasó de su madre a su padre.
—Entonces era cierto...
Guardó silencio un instante.
—Nunca quisieron que me uniera al Imperio.
Los tres permanecieron en silencio.
Raelia y Thalion dejaron escapar un lento suspiro, casi al mismo tiempo.
Raelia fue la primera en acercarse.
Se detuvo frente a Enkyo y llevó una mano hasta su mejilla.
Su voz apenas fue un susurro.
—Lo único que deseo... es mantenerte a nuestro lado.
Acarició su rostro con suavidad.
—No quiero verte sufrir.
Enkyo apartó con delicadeza la mano de su madre, sin dejar de mirarla.
—¿Cómo esperan protegerme... si ni siquiera me permiten aprender a protegerme por mí mismo?
Bajó la vista durante un instante.
—Entiendo por qué intentan impedirlo.
Volvió a mirarlos.
—Pero esta decisión también me pertenece.
—Deben dejarme hacerlo.
Thalion dio un par de pasos al frente.
Su expresión permanecía serena, aunque su voz perdió parte de la firmeza habitual.
—Si eliges ese camino...
Guardó silencio un momento.
—No sé cómo podré protegerte.
Enkyo sonrió apenas, con gratitud.
—Ya me has preparado durante todos estos años.
Ahora solo necesito que confíes en lo que me enseñaste.
Raelia no consiguió contener las lágrimas.
Enkyo volvió a acercarse a ella.
Con el pulgar limpió una de las lágrimas que descendía por su mejilla.
—No llores.
Su voz era tranquila.
—Siempre regresaré.
Sostuvo sus manos entre las suyas.
—Mientras me quede aliento, siempre encontraré el camino de vuelta a casa.
Raelia cerró los ojos por un instante.
—No quiero perderte...
Enkyo negó lentamente.
—No me perderás.
Esbozó una leve sonrisa.
—Aunque el camino me lleve lejos, nunca dejaré de volver con ustedes.
El silencio volvió a envolver el patio.
Thalion desvió la mirada hacia la casa.
Después habló sin volver el rostro.
—El estofado debe estar listo.
Comenzó a caminar hacia la puerta.
—Ven.
Guardó silencio un momento.
—Si de verdad has tomado esta decisión... al menos comparte este almuerzo con nosotros.
Raelia secó las últimas lágrimas antes de seguirlo.
Enkyo permaneció inmóvil un momento.
Cuando estaba por entrar, la voz de Thalion volvió a detenerlo.
—Enkyo.
Él levantó la vista.
Thalion se volvió lentamente.
La preocupación seguía reflejada en su rostro, pero esta vez iba acompañada de una leve sonrisa.
—No estoy de acuerdo con tu decisión.
Hizo una breve pausa.
—Pero tampoco voy a detenerte.
Se acercó hasta quedar frente a él.
—Si has decidido seguir ese camino...
Apoyó una mano sobre su hombro.
—Entonces deja que sea yo quien te prepare para recorrerlo.
Enkyo sintió que la tensión comenzaba a disiparse.
Asintió.
—Gracias... padre.
Thalion observó a su hijo durante unos segundos.
Aunque desearía que nunca tuvieras que recorrer este sendero.
Enkyo sonrió con sinceridad.
—No habría llegado hasta aquí sin ti.
Guardó un breve silencio.
—Pero también debes dejarme avanzar.
Thalion respondió con una leve sonrisa.
Después dio un paso al frente y lo abrazó con fuerza.
—Escúchame bien.
Su voz sonó firme junto a su oído.
—Jamás voy a dejarte ir.
No importa cuán lejos te lleve el destino...
Siempre tendrás un hogar al que regresar.
Y mientras yo siga con vida...
Siempre podrás contar conmigo.
también me gusta que cada uno tenga una persona la diferente a pesar de que todavía no hay un desarrollo completo de personajes, también puedo notar que en este tipo de trabajo mejor dicho obra, veo una forma expresiva y un léxico muy notable, la manera en Cómo surge una batalla y cómo se logra entender es algo que pocos autores logran describir
estoy muy ansioso de seguir con este tipo de obra la verdad, no muchas veces se ve algo con bastante potencial y de verdad me enamoro de las relaciones que tiene los personajes y el conflicto que hay🩷🩷
I'm truly surprised; the story is increasingly drawing me in and captivating me. And I really don't know how to explain the feeling of how all of this is unfolding at a spectacular pace../Drool//Drool/