NovelToon NovelToon
Salvando Al Heredero

Salvando Al Heredero

Status: Terminada
Genre:Romance / Padre soltero / Hijo/a genio / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:20.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

​Liam Volkov es un CEO implacable que cree que el dinero puede comprarlo todo, excepto la salud de su único heredero, el pequeño Ian, quien padece una enfermedad cardíaca degenerativa. Desesperado y tras haber despedido a diez especialistas, se cruza con la Dra. Elena Ríos, una cardióloga brillante, extrovertida y sin filtros que no le teme a sus gritos ni a su fortuna.
​Mientras la villana, Sabrina Valois (la ambiciosa prometida de Liam), planea la "muerte accidental" del niño para heredar la fortuna Volkov, Elena se convierte en el escudo de Ian. Pero en el proceso de salvar la vida del pequeño, Elena terminará operando el órgano más difícil de tratar: el corazón de piedra de su padre.

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 2

El Hospital General del Sur era el polo opuesto a la Torre Volkov. Aquí, el aire olía a café barato, desinfectante de pino y humanidad pura. Las paredes, de un color verde agua que había perdido su brillo hacía décadas, estaban cubiertas de carteles de vacunación y dibujos de niños. En medio de ese caos vibrante, la Dra. Elena Ríos se movía como un pez en el agua.

—¡Vamos, Don Manuel! Si no se toma las pastillas para la presión, no va a llegar al próximo partido del Real Madrid, y mire que este año prometen —dijo Elena, mientras ajustaba el manguito del tensiómetro en el brazo de un anciano de manos callosas.

Elena no vestía la bata blanca impecable que Liam Volkov esperaría. Llevaba unos pantalones médicos con estampados de patitos amarillos y una camiseta debajo que decía "Café: El combustible de las leyendas". Su cabello castaño estaba recogido en una coleta alta y desordenada, y sus ojos, grandes y expresivos, brillaban con una mezcla de cansancio y alegría genuina.

—Es que son muy grandes, doctora, se me quedan en el gaznate —se quejó el anciano con una risita.

—No me ponga excusas, que bien que se traga los trozos de chorizo en las ferias —replicó ella, guiñándole un ojo—. Se las toma o vendré personalmente a su casa a dárselas con un embudo. ¡Hala, circule, que tengo la sala llena!

Elena despidió al paciente con una palmadita en el hombro. Su corazón siempre se sentía un poco más lleno en ese hospital público. Aunque era una de las cardiólogas más brillantes de su generación, con un doctorado en cirugía mínimamente invasiva y ofertas de clínicas de lujo, ella prefería el ruido de la sala de emergencias pública. Para ella, la medicina no era una carrera de estatus, sino una forma de rebelión contra el dolor.

Mientras tanto, en la otra punta de la ciudad, Liam Volkov golpeaba el volante de su coche con frustración. Su asistente, Marcus, le leía el informe desde el asiento del copiloto.

—Señor, los tres especialistas que consultamos coinciden. La técnica necesaria para la válvula de Ian es experimental. Solo hay una persona en el país que ha realizado el procedimiento con éxito en pacientes pediátricos con el tipo de sangre de su hijo. Es la doctora Elena Ríos. Trabaja en el Hospital General del Sur.

—¿En un hospital público? —Liam frunció el ceño con desdén—. Si fuera tan buena, estaría en una clínica privada cobrando miles de dólares por consulta.

—Los informes dicen que es "brillante pero difícil de manejar" —añadió Marcus con cautela—. La han despedido de dos hospitales de élite por "insubordinación" y por decirle verdades incómodas a los directivos.

Liam apretó los labios. No le importaba si era rebelde; solo necesitaba sus manos.

—No me interesa su actitud. Si es la mejor, vendrá conmigo. Todos tienen un precio, Marcus. Solo tengo que encontrar el de ella.

Treinta minutos después, Liam Volkov entró en el área de cardiología del Hospital General. Su sola presencia era disruptiva. Su traje italiano de tres piezas y sus zapatos de cuero pulido parecían insultar la austeridad del lugar. La gente se apartaba a su paso, intimidada por su porte de monarca absoluto.

Llegó a la puerta de la oficina de la Dra. Ríos. No llamó; simplemente giró el pomo y entró.

Elena estaba sentada de espaldas, escribiendo furiosamente en una computadora vieja que hacía ruidos extraños. Ni siquiera se molestó en girarse.

—Ya le dije al chico de la farmacia que no voy a recetar esa nueva marca de estatinas solo porque me regalen una agenda de cuero. Los visitadores médicos tienen prohibida la entrada hasta las dos de la tarde. Siéntese y espere su turno, "galán" —dijo ella, con un tono sarcástico y fluido.

Liam se quedó paralizado. Nadie, absolutamente nadie, lo había llamado "galán" con ese tono de desprecio casual.

—No soy un visitador médico —dijo Liam, su voz gélida llenando la pequeña habitación—. Soy Liam Volkov.

Elena hizo un sonido con la boca, una especie de "pff" poco elegante, y siguió tecleando.

—¿Volkov? Suena a marca de vodka. Escuche, señor Vodka, sea quien sea, mi agenda está llena de personas que realmente sufren del corazón, no de señores con trajes caros que vienen a venderme humo. Tengo un paciente con una insuficiencia mitral en el box 5 y otro esperando un trasplante. Su ego puede esperar en la sala. Hay café en la esquina; sabe a calcetín usado, pero ayuda a pasar el tiempo.

—¡Escúcheme bien! —rugió Liam, dando un paso adelante y golpeando el escritorio con la palma de la mano—. Mi hijo está en una cama de hospital y usted es la única que puede operarlo. No he venido a pedirle un favor, he venido a contratarla. Ponga la cifra que quiera en este papel.

Liam deslizó un cheque en blanco sobre el escritorio desordenado de Elena.

Fue entonces cuando ella se giró. Por primera vez, sus ojos se encontraron. Liam se quedó momentáneamente sin palabras; esperaba a una doctora de edad avanzada, rígida y formal. No esperaba a esa mujer joven, de belleza salvaje y mirada chispeante, que lo observaba como si fuera un insecto molesto debajo de un microscopio.

Elena miró el cheque, luego miró a Liam y soltó una carcajada seca.

—Vaya... usted es de los que cree que el mundo es una máquina expendedora, ¿verdad? Mete dinero y sale el servicio.

—El dinero mueve el mundo, doctora. Y ahora mismo, el mundo de mi hijo depende de usted.

—El mundo de su hijo depende de la medicina, no de su billetera —respondió ella, poniéndose de pie. Era mucho más baja que él, pero en ese momento, Liam sintió que ella lo miraba desde arriba—. Tengo pacientes aquí que llevan meses esperando una cita. Personas que no tienen un "papá millonario" que les compre el turno. ¿Sabe lo que voy a hacer con su cheque?

Elena tomó el papel, lo rompió en cuatro pedazos con una parsimonia insultante y los dejó caer en el bote de basura.

—Ahora, va a salir de mi oficina, se va a sentar en esas sillas de plástico naranja que están ahí fuera, y va a esperar a que yo termine con la gente que llegó antes que usted. Si intenta entrar de nuevo sin que yo lo llame, llamaré a seguridad para que lo saquen por donde vino.

—¿Me está haciendo esperar? —Liam estaba lívido. Sus venas se marcaban en su cuello—. ¡Mi hijo podría morir!

—Todos aquí podrían morir, señor Volkov. Ese es el problema de los hospitales —dijo ella, suavizando un poco el tono pero manteniendo la firmeza—. Si su hijo es el niño que ingresó en el Central con esa arritmia específica, ya recibí el informe. Sé quién es. Y precisamente porque sé lo delicado que es, no voy a atender a un padre histérico y prepotente hasta que yo esté lista. Siéntese. Espere. Y aprenda que aquí, la única que tiene el poder es la que sabe usar el bisturí.

Elena salió de la oficina, rozando el hombro de Liam al pasar, dejándolo solo en el pequeño despacho con olor a café y expedientes viejos.

Liam Volkov, el hombre que controlaba mercados internacionales, el hombre que hacía temblar a gobiernos enteros, se quedó allí, de pie, mirando los trozos de su cheque en la basura. Sintió una rabia volcánica, sí, pero bajo esa rabia, algo más se agitó. Un respeto involuntario.

Caminó hacia la sala de espera. Las sillas de plástico naranja eran incómodas y el suelo estaba pegajoso. Se sentó entre una mujer que amamantaba a su bebé y un hombre con la pierna escayolada.

Miró su reloj de pulsera de cien mil dólares. Empezó la cuenta atrás. Una hora. Una hora en la que Liam Volkov no fue un CEO, sino simplemente un hombre esperando a que la única persona que no lo necesitaba, decidiera ayudarlo.

Afuera, en los pasillos, Elena Ríos respiró hondo. Sus manos temblaban un poco. Sabía perfectamente quién era Liam Volkov, y sabía que el caso de su hijo era el reto más grande de su carrera. Pero también sabía que si permitía que ese hombre la dominara ahora, nunca podría salvar al niño. El corazón de Ian necesitaba a una doctora libre, no a una empleada comprada.

1
Melisuga
Es una linda historia.
😍😍😍
Melisuga
¿Está embarazada?
😃
Melisuga
¿El mayordomo también es de apellido Petrov?
😳😳😳
Melisuga
No sé de dónde saca Ian que el olor a limón es malo. 🤔
Melisuga
Espero que Ian esté mencionando a Petrov porque no sabe que fue despedido y no porque Liam lo dejó trabajando con él a pesar de su traición.
Melisuga
¡Bien por Elena!
👏🏼👏🏼👏🏼
Demuestra que es una persona fiel a sus principios y a sí misma.
Melisuga
¡Calladita te ves más bonita, Sabrina! Estás poniendo más clavos en el ataúd de tu familia con semejante confesión.
Melisuga
¡Qué horror!
😱😱😱
Maritza Suarez
👍
Melisuga
Ya me extrañaba que Liam fuera desfalcado por Sabrina de esa manera tan burda.
Melisuga
¿Liam no tiene también una empresa de ciberseguridad?
Melisuga
¿Pero a Sabrina no se la habían llevado presa del hospital?
Melisuga
O sea, ¿No usaron el quirófano con los monitores manipulados para el engaño? Espero que así haya sido.
Melisuga
Espero que también cambie el quirófano al que llevará a Ian.
Melisuga
Debió mandarle el audio a Liam sin decirle a Sabrina que lo había grabado. 🤷🏻‍♀️
Melisuga
Quiero creer que todo es un montaje de Liam para que Sabrina se confíe. Caso contrario, ¡Que se vaya al mismísimo infierno Liam por estúpido, imbécil, prepotente y soberbio!
🤬🤬🤬
Melisuga
Liam no es más tonto porque no practica. ¿Desde cuándo Elena conoce sus secretos industriales? Pero aún, ¿Cómo es capaz de equiparar la salud de su hijo a sus empresas? Realmente, Elena merece salvar a Ian y luego seguir su vida y encontrar un hombre que la valore y ame sin secretos ni desconfianza. Si al final de la novela se queda con Liam, me entristecerá muchísimo su perdida de dignidad y amor propio.
Melisuga
No pueden salirle mal las cosas a Elena. Es entendible que aparezcan imprevistos en el transoperatorio pero, por favor, estimada escritora, que no pase a mayores.
Melisuga
Espero que revise su maletín antes de salir. Es algo que hace cualquier profesional de la salud cuando va a enfrentarse a cualquier situación: verificar sus herramientas y suministros.
Melisuga
Espero que ocurra algún imprevisto de último minuto que impida que logren llevar a cabo tan maquiavélico plan.
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play