NovelToon NovelToon
Salvando Al Heredero

Salvando Al Heredero

Status: Terminada
Genre:Romance / Padre soltero / Hijo/a genio / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:578.7k
Nilai: 4.7
nombre de autor: Lobelia

​Liam Volkov es un CEO implacable que cree que el dinero puede comprarlo todo, excepto la salud de su único heredero, el pequeño Ian, quien padece una enfermedad cardíaca degenerativa. Desesperado y tras haber despedido a diez especialistas, se cruza con la Dra. Elena Ríos, una cardióloga brillante, extrovertida y sin filtros que no le teme a sus gritos ni a su fortuna.
​Mientras la villana, Sabrina Valois (la ambiciosa prometida de Liam), planea la "muerte accidental" del niño para heredar la fortuna Volkov, Elena se convierte en el escudo de Ian. Pero en el proceso de salvar la vida del pequeño, Elena terminará operando el órgano más difícil de tratar: el corazón de piedra de su padre.

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 2

El Hospital General del Sur era el polo opuesto a la Torre Volkov. Aquí, el aire olía a café barato, desinfectante de pino y humanidad pura. Las paredes, de un color verde agua que había perdido su brillo hacía décadas, estaban cubiertas de carteles de vacunación y dibujos de niños. En medio de ese caos vibrante, la Dra. Elena Ríos se movía como un pez en el agua.

—¡Vamos, Don Manuel! Si no se toma las pastillas para la presión, no va a llegar al próximo partido del Real Madrid, y mire que este año prometen —dijo Elena, mientras ajustaba el manguito del tensiómetro en el brazo de un anciano de manos callosas.

Elena no vestía la bata blanca impecable que Liam Volkov esperaría. Llevaba unos pantalones médicos con estampados de patitos amarillos y una camiseta debajo que decía "Café: El combustible de las leyendas". Su cabello castaño estaba recogido en una coleta alta y desordenada, y sus ojos, grandes y expresivos, brillaban con una mezcla de cansancio y alegría genuina.

—Es que son muy grandes, doctora, se me quedan en el gaznate —se quejó el anciano con una risita.

—No me ponga excusas, que bien que se traga los trozos de chorizo en las ferias —replicó ella, guiñándole un ojo—. Se las toma o vendré personalmente a su casa a dárselas con un embudo. ¡Hala, circule, que tengo la sala llena!

Elena despidió al paciente con una palmadita en el hombro. Su corazón siempre se sentía un poco más lleno en ese hospital público. Aunque era una de las cardiólogas más brillantes de su generación, con un doctorado en cirugía mínimamente invasiva y ofertas de clínicas de lujo, ella prefería el ruido de la sala de emergencias pública. Para ella, la medicina no era una carrera de estatus, sino una forma de rebelión contra el dolor.

Mientras tanto, en la otra punta de la ciudad, Liam Volkov golpeaba el volante de su coche con frustración. Su asistente, Marcus, le leía el informe desde el asiento del copiloto.

—Señor, los tres especialistas que consultamos coinciden. La técnica necesaria para la válvula de Ian es experimental. Solo hay una persona en el país que ha realizado el procedimiento con éxito en pacientes pediátricos con el tipo de sangre de su hijo. Es la doctora Elena Ríos. Trabaja en el Hospital General del Sur.

—¿En un hospital público? —Liam frunció el ceño con desdén—. Si fuera tan buena, estaría en una clínica privada cobrando miles de dólares por consulta.

—Los informes dicen que es "brillante pero difícil de manejar" —añadió Marcus con cautela—. La han despedido de dos hospitales de élite por "insubordinación" y por decirle verdades incómodas a los directivos.

Liam apretó los labios. No le importaba si era rebelde; solo necesitaba sus manos.

—No me interesa su actitud. Si es la mejor, vendrá conmigo. Todos tienen un precio, Marcus. Solo tengo que encontrar el de ella.

Treinta minutos después, Liam Volkov entró en el área de cardiología del Hospital General. Su sola presencia era disruptiva. Su traje italiano de tres piezas y sus zapatos de cuero pulido parecían insultar la austeridad del lugar. La gente se apartaba a su paso, intimidada por su porte de monarca absoluto.

Llegó a la puerta de la oficina de la Dra. Ríos. No llamó; simplemente giró el pomo y entró.

Elena estaba sentada de espaldas, escribiendo furiosamente en una computadora vieja que hacía ruidos extraños. Ni siquiera se molestó en girarse.

—Ya le dije al chico de la farmacia que no voy a recetar esa nueva marca de estatinas solo porque me regalen una agenda de cuero. Los visitadores médicos tienen prohibida la entrada hasta las dos de la tarde. Siéntese y espere su turno, "galán" —dijo ella, con un tono sarcástico y fluido.

Liam se quedó paralizado. Nadie, absolutamente nadie, lo había llamado "galán" con ese tono de desprecio casual.

—No soy un visitador médico —dijo Liam, su voz gélida llenando la pequeña habitación—. Soy Liam Volkov.

Elena hizo un sonido con la boca, una especie de "pff" poco elegante, y siguió tecleando.

—¿Volkov? Suena a marca de vodka. Escuche, señor Vodka, sea quien sea, mi agenda está llena de personas que realmente sufren del corazón, no de señores con trajes caros que vienen a venderme humo. Tengo un paciente con una insuficiencia mitral en el box 5 y otro esperando un trasplante. Su ego puede esperar en la sala. Hay café en la esquina; sabe a calcetín usado, pero ayuda a pasar el tiempo.

—¡Escúcheme bien! —rugió Liam, dando un paso adelante y golpeando el escritorio con la palma de la mano—. Mi hijo está en una cama de hospital y usted es la única que puede operarlo. No he venido a pedirle un favor, he venido a contratarla. Ponga la cifra que quiera en este papel.

Liam deslizó un cheque en blanco sobre el escritorio desordenado de Elena.

Fue entonces cuando ella se giró. Por primera vez, sus ojos se encontraron. Liam se quedó momentáneamente sin palabras; esperaba a una doctora de edad avanzada, rígida y formal. No esperaba a esa mujer joven, de belleza salvaje y mirada chispeante, que lo observaba como si fuera un insecto molesto debajo de un microscopio.

Elena miró el cheque, luego miró a Liam y soltó una carcajada seca.

—Vaya... usted es de los que cree que el mundo es una máquina expendedora, ¿verdad? Mete dinero y sale el servicio.

—El dinero mueve el mundo, doctora. Y ahora mismo, el mundo de mi hijo depende de usted.

—El mundo de su hijo depende de la medicina, no de su billetera —respondió ella, poniéndose de pie. Era mucho más baja que él, pero en ese momento, Liam sintió que ella lo miraba desde arriba—. Tengo pacientes aquí que llevan meses esperando una cita. Personas que no tienen un "papá millonario" que les compre el turno. ¿Sabe lo que voy a hacer con su cheque?

Elena tomó el papel, lo rompió en cuatro pedazos con una parsimonia insultante y los dejó caer en el bote de basura.

—Ahora, va a salir de mi oficina, se va a sentar en esas sillas de plástico naranja que están ahí fuera, y va a esperar a que yo termine con la gente que llegó antes que usted. Si intenta entrar de nuevo sin que yo lo llame, llamaré a seguridad para que lo saquen por donde vino.

—¿Me está haciendo esperar? —Liam estaba lívido. Sus venas se marcaban en su cuello—. ¡Mi hijo podría morir!

—Todos aquí podrían morir, señor Volkov. Ese es el problema de los hospitales —dijo ella, suavizando un poco el tono pero manteniendo la firmeza—. Si su hijo es el niño que ingresó en el Central con esa arritmia específica, ya recibí el informe. Sé quién es. Y precisamente porque sé lo delicado que es, no voy a atender a un padre histérico y prepotente hasta que yo esté lista. Siéntese. Espere. Y aprenda que aquí, la única que tiene el poder es la que sabe usar el bisturí.

Elena salió de la oficina, rozando el hombro de Liam al pasar, dejándolo solo en el pequeño despacho con olor a café y expedientes viejos.

Liam Volkov, el hombre que controlaba mercados internacionales, el hombre que hacía temblar a gobiernos enteros, se quedó allí, de pie, mirando los trozos de su cheque en la basura. Sintió una rabia volcánica, sí, pero bajo esa rabia, algo más se agitó. Un respeto involuntario.

Caminó hacia la sala de espera. Las sillas de plástico naranja eran incómodas y el suelo estaba pegajoso. Se sentó entre una mujer que amamantaba a su bebé y un hombre con la pierna escayolada.

Miró su reloj de pulsera de cien mil dólares. Empezó la cuenta atrás. Una hora. Una hora en la que Liam Volkov no fue un CEO, sino simplemente un hombre esperando a que la única persona que no lo necesitaba, decidiera ayudarlo.

Afuera, en los pasillos, Elena Ríos respiró hondo. Sus manos temblaban un poco. Sabía perfectamente quién era Liam Volkov, y sabía que el caso de su hijo era el reto más grande de su carrera. Pero también sabía que si permitía que ese hombre la dominara ahora, nunca podría salvar al niño. El corazón de Ian necesitaba a una doctora libre, no a una empleada comprada.

1
yemelys campo
jajajaja estaban en la jefatura y por arte de magia estaba en el hospital jajaja
Rosa Silvia Retamozo
Muchas gracias autora por compartir con todos nosotros tan linda historia de amor 👏👏👏👏❤️
Mary Espinales
la trama es buena pero se va para delante y después para atrás no tiene concordancia perece q no se decide w mismo escribir.
Victoria Wintecker
es muy estúpida y para tontos está novela
Yansis Sanchez
hermoso xq el amor siempre estuvo ahí para rescatar un corazón de hierro
Marcela Sanchez
Elena fue muy estupida e ingenua al creer en Sabrina
por qué será que hicieron a este personaje y lian tan estupidos
Jacqueline Salas
Buena historia, pero con algunas inconsistencias en el relato.
Camila Bouza
Parece la historia como esos libros de antaño, donde tenías 3 posibles finales o destinos, el primero: la llevan presa desde el hospital y los ve a ellos abrazados, el segundo: la llevan presa desde la casa con todo su camuflaje y en la puerta, y tercero: la llevan presa en el hospital una vez que hablo con Liam haciéndose la víctima. 🤷 los dejo a su criterio.
AlizD
me salte casi todosss los capítulos renuncio a leer
AlizD
jajaja jajaja jajajaja ke pasa con esta novela avanza y retrocede nunca e leído algo así tan loco
AlizD
cómo cuántas veces más faltará ke se lo demuestre??????
Maria M. Rosario
Bonita historia, realista.
Maria M. Rosario
No he visto un hombre disque es bueno n los negocios ser tan ignorante q apesar de ella demostrarle todo lo q ha echo la tal Sabrina aún se deje manipular de esa manera y continue poniendo n duda lo q Elena le dice.
Maria M. Rosario
Ok. Pero la Sabrina esta fuera de la casa o esta ahi lo unico q no pisará el cuarto de Ian? Entiendo q la enfermera lo q confeso fue q ella le suministro al niño las supuestas vitaminas.
Maria M. Rosario
La Sabrina quuere quitar a Ian del medio y llevar el control de todo y cuando Liam abriera los ojos no iba a tener nada.
Maria M. Rosario
Por esta cayendo n tiempo.
Carleone Gutierrez
Este idiota es el más estúpido que puede existir tanto que dice ser precavido y desconfiado, y tiene a la peor 🐍🐍ponzoñosa que puede haber viviendo bajo su mismo techo 🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️
Maria M. Rosario
La doctora lo ha sacado de su zona de comfort. Que como unico se mantiene en su lugar es gritando q es lo q le da poder donde sabe q va perdiendo control.
Maria M. Rosario
🤔🤔🤔. Esto juele a peligro doble.
Maria M. Rosario
La salud no la compra ningun dinero.
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play