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Salvando Al Heredero

Salvando Al Heredero

Status: Terminada
Genre:Romance / Padre soltero / Hijo/a genio / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:391.6k
Nilai: 4.7
nombre de autor: Lobelia

​Liam Volkov es un CEO implacable que cree que el dinero puede comprarlo todo, excepto la salud de su único heredero, el pequeño Ian, quien padece una enfermedad cardíaca degenerativa. Desesperado y tras haber despedido a diez especialistas, se cruza con la Dra. Elena Ríos, una cardióloga brillante, extrovertida y sin filtros que no le teme a sus gritos ni a su fortuna.
​Mientras la villana, Sabrina Valois (la ambiciosa prometida de Liam), planea la "muerte accidental" del niño para heredar la fortuna Volkov, Elena se convierte en el escudo de Ian. Pero en el proceso de salvar la vida del pequeño, Elena terminará operando el órgano más difícil de tratar: el corazón de piedra de su padre.

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Capitulo 2

El Hospital General del Sur era el polo opuesto a la Torre Volkov. Aquí, el aire olía a café barato, desinfectante de pino y humanidad pura. Las paredes, de un color verde agua que había perdido su brillo hacía décadas, estaban cubiertas de carteles de vacunación y dibujos de niños. En medio de ese caos vibrante, la Dra. Elena Ríos se movía como un pez en el agua.

—¡Vamos, Don Manuel! Si no se toma las pastillas para la presión, no va a llegar al próximo partido del Real Madrid, y mire que este año prometen —dijo Elena, mientras ajustaba el manguito del tensiómetro en el brazo de un anciano de manos callosas.

Elena no vestía la bata blanca impecable que Liam Volkov esperaría. Llevaba unos pantalones médicos con estampados de patitos amarillos y una camiseta debajo que decía "Café: El combustible de las leyendas". Su cabello castaño estaba recogido en una coleta alta y desordenada, y sus ojos, grandes y expresivos, brillaban con una mezcla de cansancio y alegría genuina.

—Es que son muy grandes, doctora, se me quedan en el gaznate —se quejó el anciano con una risita.

—No me ponga excusas, que bien que se traga los trozos de chorizo en las ferias —replicó ella, guiñándole un ojo—. Se las toma o vendré personalmente a su casa a dárselas con un embudo. ¡Hala, circule, que tengo la sala llena!

Elena despidió al paciente con una palmadita en el hombro. Su corazón siempre se sentía un poco más lleno en ese hospital público. Aunque era una de las cardiólogas más brillantes de su generación, con un doctorado en cirugía mínimamente invasiva y ofertas de clínicas de lujo, ella prefería el ruido de la sala de emergencias pública. Para ella, la medicina no era una carrera de estatus, sino una forma de rebelión contra el dolor.

Mientras tanto, en la otra punta de la ciudad, Liam Volkov golpeaba el volante de su coche con frustración. Su asistente, Marcus, le leía el informe desde el asiento del copiloto.

—Señor, los tres especialistas que consultamos coinciden. La técnica necesaria para la válvula de Ian es experimental. Solo hay una persona en el país que ha realizado el procedimiento con éxito en pacientes pediátricos con el tipo de sangre de su hijo. Es la doctora Elena Ríos. Trabaja en el Hospital General del Sur.

—¿En un hospital público? —Liam frunció el ceño con desdén—. Si fuera tan buena, estaría en una clínica privada cobrando miles de dólares por consulta.

—Los informes dicen que es "brillante pero difícil de manejar" —añadió Marcus con cautela—. La han despedido de dos hospitales de élite por "insubordinación" y por decirle verdades incómodas a los directivos.

Liam apretó los labios. No le importaba si era rebelde; solo necesitaba sus manos.

—No me interesa su actitud. Si es la mejor, vendrá conmigo. Todos tienen un precio, Marcus. Solo tengo que encontrar el de ella.

Treinta minutos después, Liam Volkov entró en el área de cardiología del Hospital General. Su sola presencia era disruptiva. Su traje italiano de tres piezas y sus zapatos de cuero pulido parecían insultar la austeridad del lugar. La gente se apartaba a su paso, intimidada por su porte de monarca absoluto.

Llegó a la puerta de la oficina de la Dra. Ríos. No llamó; simplemente giró el pomo y entró.

Elena estaba sentada de espaldas, escribiendo furiosamente en una computadora vieja que hacía ruidos extraños. Ni siquiera se molestó en girarse.

—Ya le dije al chico de la farmacia que no voy a recetar esa nueva marca de estatinas solo porque me regalen una agenda de cuero. Los visitadores médicos tienen prohibida la entrada hasta las dos de la tarde. Siéntese y espere su turno, "galán" —dijo ella, con un tono sarcástico y fluido.

Liam se quedó paralizado. Nadie, absolutamente nadie, lo había llamado "galán" con ese tono de desprecio casual.

—No soy un visitador médico —dijo Liam, su voz gélida llenando la pequeña habitación—. Soy Liam Volkov.

Elena hizo un sonido con la boca, una especie de "pff" poco elegante, y siguió tecleando.

—¿Volkov? Suena a marca de vodka. Escuche, señor Vodka, sea quien sea, mi agenda está llena de personas que realmente sufren del corazón, no de señores con trajes caros que vienen a venderme humo. Tengo un paciente con una insuficiencia mitral en el box 5 y otro esperando un trasplante. Su ego puede esperar en la sala. Hay café en la esquina; sabe a calcetín usado, pero ayuda a pasar el tiempo.

—¡Escúcheme bien! —rugió Liam, dando un paso adelante y golpeando el escritorio con la palma de la mano—. Mi hijo está en una cama de hospital y usted es la única que puede operarlo. No he venido a pedirle un favor, he venido a contratarla. Ponga la cifra que quiera en este papel.

Liam deslizó un cheque en blanco sobre el escritorio desordenado de Elena.

Fue entonces cuando ella se giró. Por primera vez, sus ojos se encontraron. Liam se quedó momentáneamente sin palabras; esperaba a una doctora de edad avanzada, rígida y formal. No esperaba a esa mujer joven, de belleza salvaje y mirada chispeante, que lo observaba como si fuera un insecto molesto debajo de un microscopio.

Elena miró el cheque, luego miró a Liam y soltó una carcajada seca.

—Vaya... usted es de los que cree que el mundo es una máquina expendedora, ¿verdad? Mete dinero y sale el servicio.

—El dinero mueve el mundo, doctora. Y ahora mismo, el mundo de mi hijo depende de usted.

—El mundo de su hijo depende de la medicina, no de su billetera —respondió ella, poniéndose de pie. Era mucho más baja que él, pero en ese momento, Liam sintió que ella lo miraba desde arriba—. Tengo pacientes aquí que llevan meses esperando una cita. Personas que no tienen un "papá millonario" que les compre el turno. ¿Sabe lo que voy a hacer con su cheque?

Elena tomó el papel, lo rompió en cuatro pedazos con una parsimonia insultante y los dejó caer en el bote de basura.

—Ahora, va a salir de mi oficina, se va a sentar en esas sillas de plástico naranja que están ahí fuera, y va a esperar a que yo termine con la gente que llegó antes que usted. Si intenta entrar de nuevo sin que yo lo llame, llamaré a seguridad para que lo saquen por donde vino.

—¿Me está haciendo esperar? —Liam estaba lívido. Sus venas se marcaban en su cuello—. ¡Mi hijo podría morir!

—Todos aquí podrían morir, señor Volkov. Ese es el problema de los hospitales —dijo ella, suavizando un poco el tono pero manteniendo la firmeza—. Si su hijo es el niño que ingresó en el Central con esa arritmia específica, ya recibí el informe. Sé quién es. Y precisamente porque sé lo delicado que es, no voy a atender a un padre histérico y prepotente hasta que yo esté lista. Siéntese. Espere. Y aprenda que aquí, la única que tiene el poder es la que sabe usar el bisturí.

Elena salió de la oficina, rozando el hombro de Liam al pasar, dejándolo solo en el pequeño despacho con olor a café y expedientes viejos.

Liam Volkov, el hombre que controlaba mercados internacionales, el hombre que hacía temblar a gobiernos enteros, se quedó allí, de pie, mirando los trozos de su cheque en la basura. Sintió una rabia volcánica, sí, pero bajo esa rabia, algo más se agitó. Un respeto involuntario.

Caminó hacia la sala de espera. Las sillas de plástico naranja eran incómodas y el suelo estaba pegajoso. Se sentó entre una mujer que amamantaba a su bebé y un hombre con la pierna escayolada.

Miró su reloj de pulsera de cien mil dólares. Empezó la cuenta atrás. Una hora. Una hora en la que Liam Volkov no fue un CEO, sino simplemente un hombre esperando a que la única persona que no lo necesitaba, decidiera ayudarlo.

Afuera, en los pasillos, Elena Ríos respiró hondo. Sus manos temblaban un poco. Sabía perfectamente quién era Liam Volkov, y sabía que el caso de su hijo era el reto más grande de su carrera. Pero también sabía que si permitía que ese hombre la dominara ahora, nunca podría salvar al niño. El corazón de Ian necesitaba a una doctora libre, no a una empleada comprada.

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genesis ojeda
Amo horrible como responde la doctora, es simplemente única, me encanta y por otro lado tengo la corazonada de que esa supuesta prometida le hace algo al niño para enfermarlo y llevarlo a la muerte
Alejandra Sanchez
tu imaginación es sorprendente, la historia me gustó y mucho,no se porqué muchas veces me perdí,solo seguí porqué me gustó el relato y la forma ,sos una excelente escritora,
Alicia Gomez
El como padre y con el poder que tiene tenia que llevarla directamente a fiscalia por intento de asesinato a su hijo(bien estupido) 4/6/26🇦🇷
Mirla Loyo
hasta acá le di oportunidad a la novela 😡 malísima..me retiro 👀
Mirla Loyo
que patética éste desarrollo..al principio interesante , pero luego..maaalisima 👀🤷😡
Mirla Loyo
la novela está tediosa y los protagonistas cada vez más idiotas 🤷
Mirla Loyo
autora si usted retrocede unos capítulos, se dará de cuenta que UD mencionó que el dr merek es uno de los mejores amigos de Liam y era el médico de Iam y ahora sale con que son enemigos y no dr 🤷👀
marbella torres
me contente el cambio de la novela estudio bien te felicito 👏🥰🤭❤️
marbella torres
a mi también que estúpida y gafa y el otro gafo jajaja tan linda la novela
meidi aguiar
me hizo llorar pero muy buena te felicito amiga
meidi aguiar
me hizo llorar pero muy buena te felicito amiga
Cliente anónimo
le dijo amargado decentemente
Cliente anónimo
espectacular
Mirla Loyo
ósea que la zorra va a seguir viviendo ahí?🤷.. estoy a punto de abandonar la lectura de ésta novela y la verdad no es la primera vez que abandono a la mitad una novela 😡
Mirla Loyo
la verdad no entiendo, el idiota hizo los análisis de las pastillas y siguió como sí nada 😱
Mirla Loyo
se van y dejan al niño con ésa gente?👀😱
Mirla Loyo
pa ser ricos y desconfiados, no tienen ni una cámara 🤷
Mirla Loyo
que monigote es éste, en dónde está lo despiadado que decían que era el tipo?🤷 le están matando al hijo y deja a mis criminales como sí nada, para ni ésa mujer es amante del supuesto dr amigo del pelele 🤷
Mirla Loyo
que hombre tan estúpido y manipulable, con tanta plata, puede averiguar 🤷
Lorena Cardona
Es una lástima era buena la trama, pero la dañas con la falta de memoria en un capítulo hablas una cosa y en el siguiente capítulo cambia totalmente un rato la detuvieron la sacaron esposada y al siguiente momento está robando cuentas traspasando dinero y haciendo maletas te falta poner más atención a lo que escribes que no te confundas así no perderemos el interés en la historia y tú podrás mejorar
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