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La Princesa Heredera Rencarnada, El Legado Del Imperio.

La Princesa Heredera Rencarnada, El Legado Del Imperio.

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Romance / Época
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: sterlina

Cinco años habían transcurrido desde que el Imperio dejó atrás la guerra que amenazó con consumirlo.
Las cicatrices seguían ahí, aunque ocultas bajo el esplendor de una nueva era.
Las ciudades prosperaban, las rutas comerciales se habían extendido hasta reinos que antes eran enemigos y el pueblo vivía una estabilidad que muchos creían imposible.
Pero la paz no eliminaba las ambiciones.
Solo les daba tiempo para crecer.

NovelToon tiene autorización de sterlina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El primer golpe y El mapa del enemigo.

El silencio se volvió insoportable.

Nadie dentro del Gran Salón del Consejo fue capaz de pronunciar una sola palabra después del informe del soldado.

Una ciudad.

No una aldea.

No una caravana.

Una ciudad completa.

Había desaparecido.

El caballero seguía arrodillado frente al emperador, respirando con dificultad tras cabalgar sin descanso durante casi dos días.

El emperador descendió lentamente de la plataforma donde se encontraba la mesa principal.

—Levántate.

El soldado obedeció de inmediato.

Su rostro estaba pálido.

Sus manos temblaban.

—Quiero un informe completo.

—Sí, Su Majestad.

El hombre tragó saliva antes de continuar.

—La ciudad de Edras dejó de responder hace tres días. El duque creyó que era un problema con los mensajeros, así que envió una patrulla.

Hizo una pausa.

Su voz se quebró.

—No encontraron absolutamente a nadie.

Los gobernantes intercambiaron miradas.

El soldado continuó.

—Las casas estaban intactas.

Los mercados seguían llenos de mercancías.

La comida permanecía servida sobre las mesas en descomposición.

Las puertas estaban abiertas no habían sido forzadas.

No hubo incendios.

No hubo sangre.

No hubo cadáveres.

Era...

Como si todos los habitantes hubieran desaparecido al mismo tiempo.

Un escalofrío recorrió el salón.

Incluso los reyes que minutos antes habían dudado de Serafis comenzaron a perder el color del rostro.

El Sacerdote Supremo cerró los ojos durante unos segundos.

Aquella descripción coincidía exactamente con los registros más antiguos del Templo.

No era un ataque cualquiera.

Era una cosecha.

Sacha sintió un nudo en el estómago.

No porque tuviera miedo.

Sino porque comprendía perfectamente lo que significaba.

Los Heraldos ya no estaban cazando individuos.

Habían comenzado a alimentarse de poblaciones enteras.

Dominic dio un paso al frente.

—¿Cuántos habitantes tenía esa ciudad?

—Alrededor de mil...

respondió el soldado.

Edward apretó la mandíbula.

Mil vidas.

Desaparecidas en una sola noche.

La emperatriz bajó lentamente la mirada.

Simone llevó una mano a su pecho.

Por un instante pensó en su hijo.

En el mundo que él heredaría si aquella guerra no terminaba pronto.

Saray permanecía inmóvil.

Sin embargo, por dentro estaba profundamente alterada.

Había estudiado durante años la magia antigua de su familia.

Jamás encontró un hechizo capaz de borrar una ciudad entera sin dejar un solo rastro.

Si aquello era obra de los Heraldos...

Entonces eran mucho más peligrosos de lo que imaginó.

Serafis caminó hasta el enorme mapa del continente.

Tomó un pequeño cristal negro.

Y lo colocó exactamente donde se encontraba Edras.

Después retrocedió.

Su expresión se volvió aún más seria.

—Ya no siguen el mismo patrón.

Todos dirigieron la mirada al mapa.

Sacha se acercó.

Observó los marcadores durante varios segundos.

Entonces comprendió.

—No...

Sí lo siguen.

Serafis levantó la vista.

Ella señaló varios puntos.

—Durante cinco años recorrieron el continente alimentándose lentamente.

Ahora...

Están uniendo esos puntos.

Saray también se levantó para observar el mapa.

El príncipe heredero de Asteria la acompañó.

Poco a poco, todos comenzaron a rodear la enorme mesa de piedra.

Entonces lo vieron.

Las desapariciones formaban una inmensa espiral que parecía cerrarse poco a poco alrededor del centro del continente.

El silencio regresó.

Nadie sabía qué significaba.

Pero todos comprendían una cosa.

Aquello no era casualidad.

Era un plan.

Y alguien...

Lo había preparado durante cinco años.

Un pesado silencio envolvió el Gran Salón.

Todos los soberanos rodeaban el enorme mapa de piedra mientras contemplaban la inmensa espiral formada por las desapariciones.

Nadie hablaba.

Nadie se atrevía a sacar conclusiones precipitadas.

Serafis fue el primero en romper el silencio.

—Durante años creí que los ataques eran simples desplazamientos...

Pero ahora ya no estoy tan seguro.

Tomó varios cristales más y señaló las ciudades atacadas en los últimos meses.

La figura se volvía cada vez más clara.

No era un camino.

Era una estructura.

Sacha permanecía inmóvil.

Sus ojos recorrían una y otra vez cada punto marcado.

Algo no terminaba de encajar.

No era la primera vez que veía una formación semejante.

Sentía que ya la conocía.

Solo que...

No recordaba de dónde.

Dominic la observó de reojo.

La conocía demasiado bien.

Cuando Sacha fruncía el ceño de aquella manera significaba que estaba intentando resolver un problema.

Y era mejor no interrumpirla.

Saray también la observaba.

Había notado aquel cambio de expresión.

No era miedo.

Era concentración.

La misma expresión que su hermana ponía cuando resolvía acertijos imposibles.

Apretó ligeramente los dedos sobre el borde de la mesa.

Cada minuto encontraba más similitudes entre aquella joven y Sarah.

Demasiadas para ser simples coincidencias.

Mientras tanto, los demás gobernantes continuaban debatiendo.

—¿Será una estrategia militar?

—No...

No tendría sentido.

—¿Y si están marcando territorios?

—Tampoco explica por qué evitaron algunas regiones.

Las voces comenzaron a mezclarse nuevamente.

Hasta que Sacha habló.

—Silencio.

No levantó la voz.

Pero bastó una sola palabra para que todos dejaran de discutir.

Sus ojos seguían fijos sobre el mapa.

—Denme un momento.

Nadie respondió.

Incluso Serafis dio un paso hacia atrás.

Conocía aquella mirada.

Era la misma que había visto años atrás cuando Sacha encontraba una solución que nadie más era capaz de imaginar.

Ella tomó una pluma.

Comenzó a unir lentamente varios de los puntos marcados.

Después trazó líneas entre ciudades que aparentemente no guardaban relación.

Los presentes comenzaron a observar con curiosidad.

Dominic fue el primero en comprender que aquello no era improvisado.

Sacha estaba siguiendo un patrón.

Una línea.

Luego otra.

Y otra más.

Poco a poco...

La figura comenzó a transformarse.

Ya no parecía una espiral.

Parecía...

Un enorme símbolo.

Saray abrió ligeramente los ojos.

Aquella forma...

La había visto antes.

Pero no conseguía recordar dónde.

Sacha dejó finalmente la pluma sobre la mesa.

Retrocedió dos pasos.

Respiró profundamente.

Entonces habló.

—No están formando un camino.

Todos la miraban.

—Están construyendo un círculo.

Uno de los emperadores frunció el ceño.

—¿Un círculo?

—No cualquier círculo.

Sacha levantó la vista.

—Un círculo mágico.

Aquellas palabras hicieron que varios magos del Templo intercambiaran miradas.

Serafis permaneció completamente inmóvil.

—Explícate.

Sacha señaló el mapa.

—Miren las zonas que evitaron.

No son errores.

Son espacios deliberadamente vacíos.

Cada punto tiene una función específica.

Las ciudades más grandes forman los vértices principales.

Las aldeas pequeñas estabilizan la estructura.

Los ataques recientes completan los espacios que faltaban.

Tomó aire lentamente.

—No estaban alimentándose sin sentido.

Cada desaparición fortalecía una parte diferente del mismo hechizo.

El rostro de Serafis perdió toda calma.

Por primera vez desde que lo conocían...

Parecía realmente sorprendido.

—¿Estás diciendo...?

—Sí.

Respondió Sacha.

—Han pasado cinco años dibujando un círculo mágico sobre todo el continente.

Un escalofrío recorrió la espalda de todos los presentes.

Saray sintió cómo su corazón comenzaba a acelerarse.

Aquello...

Aquello sí lo conocía.

Cerró los ojos durante un instante.

Y, de pronto, un recuerdo olvidado regresó a su memoria.

Cuando era niña...

Su abuelo le enseñó un antiguo manuscrito perteneciente a su familia.

En él aparecía exactamente aquella figura.

Un enorme círculo de invocación.

Nunca llegó a completarlo porque faltaban varias páginas.

Pensó que era una simple leyenda.

Pero ahora...

Lo estaba viendo frente a sus propios ojos.

Abrió lentamente los labios.

—No puede ser...

Todos dirigieron la mirada hacia ella.

Saray respiró profundamente.

—Mi familia conservaba un antiguo manuscrito.

Creíamos que era un mito.

Hablaba de un ritual capaz de alterar el equilibrio del mundo.

Serafis la observó con intensidad.

—¿Aún conserva ese manuscrito?

Saray asintió.

—Sí.

Está protegido en la biblioteca imperial de Asteria.

El Sacerdote Supremo sintió cómo una pequeña esperanza nacía dentro de él.

Si aquel documento existía...

Quizá todavía tenían una oportunidad de comprender el plan de los Heraldos antes de que fuera demasiado tarde.

Sin embargo...

Sacha seguía observando el mapa.

Había algo más.

Algo que nadie parecía haber notado.

Sus dedos recorrieron lentamente el centro exacto de aquella inmensa figura.

Su respiración se detuvo.

Allí...

No había ocurrido ningún ataque.

Ninguna desaparición.

Ningún movimiento.

Era el único lugar completamente intacto.

Dominic percibió el cambio en su expresión.

—¿Qué ocurre?

Sacha levantó lentamente la vista.

Su voz apenas fue un susurro.

—No están dibujando un círculo para destruir el continente...

Todos guardaron silencio.

—Lo están dibujando...

Porque necesitan abrir algo que permanece sellado justo en el centro.

Serafis permaneció inmóvil.

—Entonces... todo apunta hacia la misma conclusión.

Nadie respondió.

Fue la princesa celestina quien rompió el silencio.

—¿Qué conclusión?

Serafis levantó lentamente la mirada.

—Hace siglos, los antiguos textos del Templo hablaban de un ser cuya existencia fue borrada de la historia. Un dios capaz de destruir continentes enteros.

El Dios de la Destrucción...

Mephus.

El nombre cayó sobre el salón como una sentencia.

Muchos gobernantes nunca lo habían escuchado.

Pero Edward, Dominic, Simone y Sacha sintieron un escalofrío.

Conocían ese nombre.

Lo habían oído de labios del Heraldo durante la batalla de hacía cinco años.

Serafis continuó:

—Si nuestras sospechas son correctas... los Heraldos no están preparando una conquista.

Están preparando el regreso de su dios.

nadie dice nada.

Pero ellos recuerda perfectamente las palabras del Heraldo:

"La llave ha despertado."

1
Warriorgame
Osea, es sentimentalista.
Warriorgame
Pues pareció que estaba en un círculo vicioso.
Warriorgame
Debieron actuar rápidamente.
Warriorgame
Pues al parecer en ese lugar el tiempo no afecta, así que sea del material que sea, no se va a deteriorar.
Warriorgame
Recordando una película, yo hubiese enviado un animal al frente. Si no le pasaba nada, yo entraba.
Warriorgame
Pero igual algo de presión hay.
Warriorgame
Es imposible, a menos que tenga algún tipo de magia que lo haga actualizarse a cada rato.
paola
pero no especifica si era el abuelo el tatarabuelo o un tio
paola
y se fueron todos y la delegación que se iba a quedar de cada imperio para tomar las decisiones sobre lo que va a pasar con los heraldos
paola
será conformaste con eso
paola
pero ni yo sé por qué no te diste cuenta antes
paola
y si se supone que dejo una hija
paola
si se parece podría ser no es cierto
paola
está bien que tubo que irse para proteger a su hermana del templo pero por qué no volvió eso es lo que no entiendo.
paola
y eso no es magia que es
paola
pero según tenía entendido que tú sabías de su hija o es que se te olvido
paola
si eso es lo que piensas
paola
una pregunta con que rol ella trabaja en el palacio está bien que ella es duquesa pero que papel juega ya ella es novia de Dominic no entendí
paola
yo dudo que la guerra haya terminado 🤔
paola
uuuaaaooo ya tienen hasta hijos y ni me invitaron para la boda
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