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Los Noctarys

Los Noctarys

Status: En proceso
Genre:Romance oscuro / Mundo de fantasía
Popularitas:523
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

🌙 LOS NOCTARYS 🌙
Libro I: Marcada por la Luna Negra

La noche de su cumpleaños número dieciocho, Ayla descubre una marca imposible en su piel.

Una marca que la señala como parte de una raza antigua que jamás debió existir.

Los Noctarys.

Nacidos de la oscuridad de una estrella caída, ocultos entre los humanos durante siglos y condenados por una profecía que podría destruir su mundo.

Cuando Ayla conoce a Kael, el misterioso heredero de los Noctarys, algo despierta entre ellos.

Una conexión imposible.

Un destino escrito mucho antes de que nacieran.

Pero la profecía es clara:

Si el heredero y la marcada se enamoran, la Luna Negra despertará... y todo aquello que aman desaparecerá.

Entre secretos, traiciones, poderes prohibidos y una guerra que se acerca, Ayla deberá decidir si está dispuesta a desafiar al destino.

Porque algunas historias de amor están destinadas a salvar un mundo.

Y otras...

A destruirlo.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: El Despertar

El reino entero tembló.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

Las torres del castillo vibraron.

Los vitrales estallaron.

Y en el cielo, sobre las tres lunas, una enorme sombra comenzó a extenderse.

Ayla permaneció inmóvil.

El corazón golpeaba con fuerza contra su pecho.

Porque incluso sin entender completamente lo que estaba ocurriendo...

Sabía que aquello era malo.

Muy malo.

—La Luna Negra acaba de despertar.

Las palabras del Primer Rey seguían resonando en la sala.

Nadie hablaba.

Nadie parecía capaz de hacerlo.

Los nobles estaban aterrados.

Los soldados también.

Y si ellos tenían miedo...

Entonces la situación era peor de lo que Ayla imaginaba.

—¿Qué significa exactamente eso?

Su voz rompió el silencio.

El Primer Rey levantó la mirada.

Por primera vez parecía cansado.

Como si llevara siglos cargando el mismo peso.

—Significa que el sello se está debilitando.

—¿El sello soy yo?

—Sí.

Ayla sintió un nudo en el estómago.

—Pero no hice nada.

—Precisamente.

La respuesta la confundió.

—No entiendo.

El rey caminó lentamente alrededor de la esfera violeta.

—La Luna Negra ha permanecido dormida durante generaciones.

Porque el corazón permanecía sellado.

Porque tú permanecías oculta.

Porque nadie sabía dónde encontrarte.

Kael apretó los puños.

Como si ya conociera aquella historia.

—Pero ahora todo cambió.

El rey señaló la marca en la muñeca de Ayla.

—Porque despertaste.

Un nuevo temblor sacudió el castillo.

Esta vez más fuerte.

Los guardias apenas lograron mantenerse de pie.

Desde el exterior llegaron gritos.

Explosiones.

El sonido de una batalla.

La guerra ya había comenzado.

Y estaba acercándose.

—Tenemos que evacuarla.

Kael habló sin apartar la vista de las puertas.

—No.

Todos se giraron hacia Ayla.

—¿Qué?

—Estoy cansada de huir.

El heredero abrió los ojos sorprendido.

—Ayla...

—Toda mi vida alguien decidió por mí.

Mi madre.

La profecía.

El reino.

Tú.

La joven se puso de pie.

La energía de la marca recorrió su brazo.

Más fuerte que nunca.

—Quiero respuestas.

Y esta vez nadie va a ocultarme nada.

El Primer Rey la observó durante largos segundos.

Y finalmente asintió.

—Muy bien.

La sala quedó en silencio.

—Entonces escucharás la verdad.

Kael pareció incómodo.

Como si supiera lo que estaba a punto de ocurrir.

Y no quisiera que Ayla lo descubriera.

—Hace diecisiete años tu madre hizo una elección.

El corazón de Ayla se aceleró.

—¿Qué elección?

—Salvarte.

La joven permaneció inmóvil.

—¿Salvarme de qué?

—De nosotros.

Aquellas palabras golpearon más fuerte que cualquier otra cosa.

—¿Qué?

El Primer Rey bajó la mirada.

—Cuando naciste, la Luna Negra reaccionó.

Por primera vez en siglos.

Tu poder era demasiado grande.

Demasiado peligroso.

Demasiado inestable.

La marca comenzó a arder.

Como si reconociera aquellas palabras.

—Algunos querían protegerte.

Otros querían destruirte.

El silencio volvió.

Pesado.

Doloroso.

—¿Y mi madre?

—Escapó contigo.

Ayla sintió que las lágrimas aparecían en sus ojos.

—Entonces ella murió por mi culpa.

—No.

La voz del rey fue firme.

—Murió porque amaba a su hija.

De repente una explosión destruyó una parte del techo.

Piedras enormes cayeron sobre la sala.

Los soldados reaccionaron inmediatamente.

—¡Protejan a la heredera!

La batalla había llegado al castillo.

Kael tomó la mano de Ayla.

—Debemos movernos.

Esta vez ella no discutió.

Corrieron por los pasillos mientras los ecos de la guerra llenaban el reino.

Los gritos.

Las armas.

Las explosiones.

Todo parecía derrumbarse.

Mientras avanzaban, Ayla observó por una ventana.

Y lo que vio hizo que el aire abandonara sus pulmones.

La ciudad estaba ardiendo.

Torres destruidas.

Puentes derrumbados.

Y cientos de figuras oscuras descendiendo desde el cielo.

Los Umbrarys.

Miles de ellos.

—Esto es imposible.

—No.

Kael la observó.

Su rostro estaba más serio que nunca.

—Esto apenas comienza.

Aquellas palabras hicieron que el miedo creciera dentro de ella.

Porque si aquello era solo el comienzo...

No quería imaginar el final.

De repente llegaron a una enorme terraza.

Desde allí podían ver todo el reino.

Todo.

Y fue entonces cuando ocurrió.

La marca comenzó a brillar.

Más fuerte.

Más intensa.

Más viva.

Ayla cayó de rodillas.

Un dolor insoportable atravesó su cuerpo.

—¡Ayla!

Kael intentó acercarse.

Pero una explosión de energía lo lanzó hacia atrás.

La luz violeta envolvió completamente a la joven.

Y entonces apareció.

La Luna Negra.

No en el cielo.

No sobre el reino.

Dentro de su mente.

Gigantesca.

Antigua.

Viva.

Y una voz resonó desde las profundidades de aquella oscuridad.

Una voz que parecía existir desde el inicio de los tiempos.

—Por fin te encontré.

Ayla sintió que el corazón se detenía.

Porque reconoció aquella voz.

No era la voz del Primer Rey.

No era la voz de su madre.

No era la voz de Kael.

Era algo mucho más antiguo.

Mucho más poderoso.

Mucho más peligroso.

Y antes de que la visión desapareciera, la voz pronunció unas últimas palabras.

Unas palabras que cambiarían todo.

—Tú no eres mi prisión.

Eres mi heredera.

Continuará...

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