Es una cumbre empresarial internacional de alto nivel.
Él espera ver a otra ejecutiva manipulable o intimidada por su presencia.
Ella llega con su armadura de hierro, luciendo impecable, sin dejar que nadie pase por encima de ella.
La chispa: Cuando él intenta imponer su poder o coquetear de forma dominante, ella lo frena en seco y lo pone en su lugar frente a otros magnates. Nadie le ha hablado así jamás. Por primera vez, "El Demonio" encuentra a una mujer que no solo lo aguanta... sino que desafía su autoridad.
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LAZOS DE SANGRE GUERRA ABIERTA
El eco del portazo en el club Le Sommet aún resonaba en la mente de Kael cuando regresó a la sede central de Grupo Kronos Capital. Su presencia en el piso ejecutivo era un huracán silencioso; los empleados agachaban la cabeza a su paso, intuyendo la marea negra que se cocinaba tras los ojos oscuros de su líder.
En su despacho acristalado, Kael caminaba de un lado a otro como una pantera enjaulada. Sobre el escritorio reposaban los informes de inteligencia que Héctor le había entregado sobre la red de contactos de los Thorne y los movimientos de la Viuda de Hierro.
Héctor Prado entró en la oficina con cautela, cerrando la puerta tras de sí.
—Kael, la situación con los motores en Europa sigue congelada. Pero se pone más complejo: Isabella Rivas reforzó por completo su esquema de seguridad privada y el de su familia. El equipo de protección del Grupo Rivas, liderado directamente por su hermano Gabriel, blindó la residencia, las oficinas de Aero-Logix y los desplazamientos de los niños.
Ni siquiera nuestros analistas de mercado han podido agendar una llamada con su secretaría. Nos bloqueó por completo.
Kael se detuvo frente al gran ventanal y soltó una carcajada fría, rasposa.
—Es una mujer astuta, Héctor. Cree que levantando un muro de abogados y guardaespaldas puede borrarme del mapa.
—No es solo un muro, Kael. Es un búnker —corrigió Héctor, cruzándose de brazos—.
Además, nos enteramos por nuestros contactos en el tribunal de familia que Roberto y Silvia Thorne solicitaron una audiencia de emergencia.
Quieren alegar que la presión mediática y las disputas corporativas de Isabella ponen en riesgo la estabilidad de sus hijos, para exigir un régimen de visitas supervisado o presionar por la custodia.
Kael apretó la mandíbula. La vena de su cuello se marcó con violencia.
—Esos ancianos miserables son unos cobardes. Usar a unos niños para chantajear a una madre es una bajeza que no tolero ni en el bajo mundo. Consígueme una línea directa codificada con su teléfono privado. Voy a resolver este asunto.
Mientras tanto, en la elegante residencia de los Rivas, la calidez del hogar era el único refugio donde Isabella podía quitarse el peso de su armadura corporativa.
En la amplia sala de estar, Don Gonzalo Rivas leía el periódico en su sillón mientras Doña Leonor preparaba la cena. En la alfombra, Bruno construía una torre gigante de bloques de madera mientras Mía intentaba ponerle un moño rosa al perro de la familia. Isabella, vestida con ropa cómoda de algodón y sin una gota de maquillaje, ayudaba a su hijo a equilibrar la última pieza de su construcción.
La puerta principal se abrió y entró Gabriel, quitándose el saco y dejándolo sobre el perchero. Traía el rostro serio, pero al ver a sus sobrinos forzó una sonrisa cálida.
—¡Tío Gabriel! —gritó Mía, corriendo a abrazarlo por las piernas.
Gabriel la levantó en brazos y la besó en la mejilla antes de dirigirle una mirada significativa a Isabella. Ella entendió de inmediato el mensaje.
—Niños, vayan a lavarse las manos para cenar con la abuela —pidió Isabella con voz dulce.
En cuanto los pequeños corrieron hacia la cocina entre risas, Gabriel se acercó a su hermana.
Tenemos un problema, Bella —dijo en voz baja para no alterar a sus padres—. Mis contactos en el tribunal me informaron que Roberto y Silvia Thorne solicitaron una audiencia de emergencia. No van solo por las acciones; están alegando que tu carga de trabajo y las supuestas guerras corporativas que estás provocando ponen en riesgo la estabilidad emocional de Bruno y Mía. Quieren solicitar una revisión de la custodia compartida o un régimen de visitas supervisado.
La calidez en el rostro de Isabella se extinguió en un milisegundo. Sus ojos verdes se convirtieron en dos dagas de hielo puro.
—¿Custodia? —susurró Isabella, con una voz tan baja y peligrosa que hizo que Gabriel diera un paso atrás—. Esos miserables no tuvieron suficiente con intentar arruinar a mi esposo en vida. Ahora quieren usar a mis hijos como moneda de cambio para obligarme a ceder.
—Cálmate, Bella. Camila y Giselle ya están redactando la contestación —dijo Gabriel tomándola de los hombros—.
No tienen pruebas. Eres una madre intachable.
—No voy a ceder ni un milímetro, Gabriel —sentenció Isabella—. Si Roberto y Silvia quieren guerra, los voy a aplastar en los tribunales.
En ese instante, el teléfono personal de Isabella vibró sobre la mesa. Era un número privado con encriptación militar. Sospechando de quién se trataba, Isabella respondió y pegó el receptor a su oreja sin pronunciar palabra.
—Señora Rivas —resonó la voz profunda, grave y rasposa de Kael Montero—. Sé lo que sus ex-suegros acaban de hacer en el juzgado de familia. Sé que intentan usar a sus hijos.
Isabella apretó el teléfono, sintiendo una ola de indignación recorrerle las venas.
—Si llamó para regodearse o para asumir que estoy desesperada, Montero, está perdiendo miserablemente su tiempo —contestó ella con un veneno helado.
—No me estoy regodeando, Isabella —dijo Kael, bajando el tono a un murmullo dominante pero firme—. Los Thorne cruzaron una línea abyecta. Tengo la información y los recursos para neutralizar a sus ex-suegros hoy mismo. Puedo hacer que retiren la demanda y te entreguen sus acciones sin que muevas un solo dedo. Solo tienes que vernos esta noche en el muelle siete, a solas. Deja que yo me encargue de tus enemigos.
Isabella soltó una risa seca, cargada de absoluto desprecio.
—¿Dejar que 'El Demonio' me salve? —respondió Isabella, con una seguridad que dejó a Kael en silencio al otro lado de la línea—. Se equivoca de mujer, Montero. Yo no necesito que ningún hombre venga a rescatarme, y mucho menos un chantajista que usa los problemas ajenos para intentar ponerme una correa al cuello. Mis hijos son mi vida, y la batalla por ellos la voy a pelear y ganar yo misma, con mi familia y con mis propias reglas.
—Isabella, no seas insensata —advirtió Kael, apretando el puño sobre su escritorio—. Te estoy ofreciendo una alianza de poder.
—Le estoy ofreciendo una advertencia, señor Montero —lo interrumpió ella con voz categórica—. No me vuelva a llamar a este número. Si sus hombres o sus influencias intentan acercarse a mi casa, a mi empresa o a mis hijos, no solo no obtendrá los contratos de Aero-Logix, sino que haré de su vida corporativa un infierno legal. Guárdese su 'ayuda', porque la Viuda de Hierro no le debe nada a nadie... y jamás se venderá a usted.
Isabella colgó la llamada de golpe, bloqueó el número en el acto y le lanzó el teléfono a Gabriel.
—Gabriel, duplica la seguridad en el colegio de los niños y dile a Camila que presente la demanda por extorsión contra los Thorne mañana a primera hora.
A kilómetros de allí, en la cima de la torre de Kronos Capital, Kael se quedó escuchando el tono de llamada cortada. El silencio en su oficina era ensordecedor.
Héctor, parado junto a la puerta, no se atrevía a respirar. Jamás en la historia del conglomerado ni en las sombras de la mafia, alguien le había colgado el teléfono a Kael Montero tras rechazar una oferta de protección.
Kael bajó despacio el brazo y dejó el teléfono sobre la mesa de cristal. Una mezcla de ira negra y una fascinación visceral lo invadió por completo. La mujer no solo le había cerrado la puerta en la cara, sino que le había dejado claro que no había dinero, poder ni amenazas en el mundo que pudieran doblegarla.
—Me rechazó —murmuró Kael, con la voz rota por la incredulidad y una sonrisa oscura apareciendo en sus labios.
—Te lo dije, Kael —comentó Héctor con preocupación—. Isabella Rivas no se vende. Y ahora que le reforzaron la seguridad, acercarse a ella va a ser prácticamente imposible sin desatar un escándalo de proporciones internacionales.
Kael se acomodó los puños de la camisa y miró la noche a través del ventanal.
—Que se le haga difícil solo hace que el trofeo sea más valioso, Héctor. Ella cree que puede levantar un muro impenetrable alrededor de su vida. No me importa cuánto dinero gaste en seguridad ni cuántos abogados ponga en mi camino... Voy a encontrar la grieta en su armadura, y cuando lo haga, Isabella entenderá que de 'El Demonio' no se huye tan fácilmente.