Tras una vida de maltrato, Akira consigue una beca para la universidad más prestigiosa del continente. Allí descubre que los seis príncipes de las bestias están ligados a su destino y que ella es la última Vinculadora. Un antiguo poder ha despertado... y todos la están buscando.
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Capítulo 7
El bosque quedó completamente en silencio.
Nadie se atrevía a decir una palabra.
Los seis príncipes mantenían la mirada fija en la mano del Varkhan, donde la luz dorada había desaparecido hacía apenas unos segundos.
Akira fue la primera en romper el silencio.
—¿Alguien piensa explicarme qué fue eso?
Kael intercambió una mirada con Lysander.
Ninguno quería responder.
—Hablen.
El Varkhan cerró lentamente la mano.
Su corazón seguía latiendo con fuerza.
Podía sentir un calor extraño recorriendo todo su cuerpo.
Era una sensación desconocida.
Pero también... reconfortante.
Lysander respiró hondo.
—Lo que acabás de ver fue el inicio de un vínculo.
Akira frunció el ceño.
—¿Un vínculo?
—Sí.
—¿Y eso significa...?
—Que tu poder empezó a despertar.
Ella negó con la cabeza.
—No. Debe haber otra explicación.
—No la hay —respondió Raizen con seriedad.
Akira dio unos pasos hacia atrás.
Todo estaba ocurriendo demasiado rápido.
Ayer solo era una estudiante que había conseguido una beca.
Hoy le hablaban de bestias, marcas antiguas y poderes que ni siquiera entendía.
—Necesito irme.
Se dio la vuelta para marcharse, pero Kael la llamó.
—Akira.
Ella se detuvo.
—No vuelvas sola al bosque.
—Otra vez con lo mismo...
—No es un capricho.
—¿Y cómo sé que ustedes no son más peligrosos que esos lobos?
La pregunta dejó a los seis completamente callados.
Era una duda lógica.
Después de todo, eran desconocidos.
Y le estaban pidiendo que confiara en ellos sin darle ninguna prueba.
El Varkhan dio un paso al frente.
—Porque si hubiéramos querido lastimarte...
Su voz sonó tranquila.
—...ya lo habríamos hecho.
Akira sostuvo su mirada durante unos segundos.
Sabía que tenía razón.
Aun así, eso no significaba que fuera a confiar ciegamente en ellos.
—Eso no alcanza.
El príncipe zorro sonrió.
—Tiene carácter.
El león soltó una risa.
—Mucho más del que esperaba.
El Varkhan, en cambio, seguía completamente serio.
No le molestaba que Akira desconfiara.
Lo que realmente le molestaba era otra cosa.
La idea de que alguien más pudiera acercarse a ella.
Sin darse cuenta, giró la cabeza hacia el sendero.
Había escuchado pasos.
Un muchacho del pueblo apareció entre los árboles con una canasta en las manos.
—¡Akira! Te estuve buscando.
Ella sonrió con naturalidad.
—Hola, Tomás.
Los seis príncipes observaron la escena.
Tomás se acercó hasta quedar frente a Akira.
—Tu maestra me dijo que estabas por acá. Tu familia estaba preocupada.
Akira casi se ríe.
—¿Preocupada? Eso sí que es nuevo.
Tomás le entregó la canasta.
—Mi abuela hizo pan. Dijo que seguramente no habías almorzado.
Akira sintió un nudo en la garganta.
—Decile que muchas gracias.
El muchacho sonrió.
—También me pidió que te acompañara hasta tu casa.
Antes de que Akira respondiera, el Varkhan dio un paso al frente.
Su mirada plateada se clavó en Tomás.
—No hace falta.
Tomás lo observó confundido.
—¿Perdón?
—Nosotros la acompañaremos.
—¿Nosotros?
Kael suspiró.
—Otra vez...
Tomás volvió a mirar a Akira.
—¿Son tus amigos?
Akira abrió la boca para responder.
Pero ninguno de los seis la dejó hablar.
—Sí —respondió Kael.
—No —dijo el Varkhan al mismo tiempo.
Los demás lo miraron sorprendidos.
—¿No? —preguntó Rowan.
El Varkhan jamás apartó los ojos de Tomás.
—Todavía no.
Tomás sintió un escalofrío.
No entendía por qué aquel desconocido lo miraba de esa manera.
Era como si quisiera echarlo de allí.
Akira dio un paso al frente y quedó entre los dos.
—¡Basta!
Todos guardaron silencio.
Ella miró al Varkhan con firmeza.
—Él es mi amigo desde que éramos chicos.
No tenés derecho a tratarlo así.
Las palabras golpearon al príncipe con fuerza.
No respondió.
Pero por dentro, su bestia rugía con una intensidad imposible de contener.
Amigo.
Aquella palabra no le gustó en absoluto.
Y, por primera vez en su vida, sintió algo que nunca había experimentado.
Celos.
Mientras tanto, oculto entre las sombras del bosque, un hombre de túnica negra observaba la escena con una sonrisa.
Sus ojos se posaron sobre la marca de Akira.
—Así que la leyenda era cierta...
Levantó una pequeña piedra oscura que comenzó a brillar entre sus dedos.
—Encontré a la Vinculadora.
Y, sin perder un segundo, desapareció entre las sombras para informar a alguien mucho más peligroso que los seis príncipes.