Un chico marcado por 10.000 voces zarpa en un mar maldito para escribir el final de todas las historias.
Nicolás solo quería ser libre. Pero cuando las historias de los muertos lo eligieron, tuvo que pelear contra piratas, monstruos hechos de arrepentimiento y su propio destino.
Ahora con "El Colmillo Carmesí" en la mano debe decidir: ¿salvar el mundo de historias o dejar que todo se queme?
Fantasía épica, aventura y piratas. Para lectores que aman un buen viaje en el mar.
NovelToon tiene autorización de Fernando Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 18: La Isla de los Corazones de Piedra
No había latidos.
"Capitán", dijo Marco poniéndose la mano en el pecho. "No escucho nada."
Nicolás también. Solo silencio. 51 personas caminando y ni un corazón sonando.
"La Isla de los Corazones de Piedra", dijo la voz del Colmillo. Grave. "Aquí la gente se los arrancó para no sentir."
"1/10 del Volumen 2", escribió Nico. "Bajemos."
La isla era roja. Pero no de flores. De piedra.
Casas de piedra. Caminos de piedra. Gente de piedra.
Bueno, no literal. Pero caminaban tiesos. Sin expresión. Sin llorar. Sin reír.
Un niño se cayó y se raspó la rodilla. No lloró. Solo se levantó.
"¿Te duele?" preguntó la chica de 15 años.
El niño negó. "No siento."
"2/10", escribió Héctor. "Se los sacaron."
En la plaza había una fuente. Pero no tiraba agua. Tiraba sangre seca.
Y en el medio, sobre un pedestal... cajas. Cientos de cajas de piedra.
Cada una con un nombre.
"Son sus corazones", dijo una mujer. Tenía el pecho plano. Liso. "Los guardamos ahí. Para que no duelan."
Nico se acercó a una caja. Decía: "Elena".
La abrió. Adentro había una piedra. En forma de corazón. Fría. Gris.
"3/10", dijo Nico. "Esto no es vivir."
De la torre del centro salió él.
Rojosangre. Pero diferente. Sin sonrisa. Con un martillo en la mano.
"Portador", dijo. "Llegas tarde. Ya no sienten. Ya no lloran. Ya no sufren."
"4/10", dijo Nico. "Tampoco aman. Tampoco viven."
Rojosangre se encogió de hombros. "Amar duele. Perder duele. Mejor no sentir nada."
Golpeó el pedestal con el martillo. Y 10 cajas se rompieron.
Los corazones de piedra se hicieron polvo.
La gente en la plaza ni se inmutó.
"¿Ves?" dijo Rojosangre. "Ni les importa."
Nico sintió rabia. Y tristeza. Mucha.
Sacó la Pluma-Colmillo. "Capítulo 18: La Isla de los Corazones de Piedra."
"Había una vez una isla donde la gente decidió no sentir. Porque sentir era arriesgarse. Y arriesgarse era perder..."
"5/10", dijo Rojosangre. "Muy bonito. Pero las piedras no escriben."
Nico lo miró. "No. Pero las personas sí."
Se acercó al niño que se cayó. "¿Cómo te llamas?"
El niño lo miró. Vacío. "No... no me acuerdo."
"Te llamarás Valiente", dijo Nico. "Porque te caíste y te levantaste sin llorar. Eso es valiente."
Tocó el pecho del niño. Donde debería estar el corazón.
Y escribió en el aire: "Late."
Nada.
"6/10", dijo Rojosangre riéndose. "¿Ves?"
Nico no se rindió. "Otra vez. Late."
Nada.
"¡LATE!" gritó.
Y el Colmillo brilló.
Un "tum" chiquito.
El niño abrió los ojos. "¿Eso... eso qué fue?"
"Tu corazón", dijo Nico. "Volviendo."
El niño se tocó el pecho. Y lloró. Por primera vez.
"7/10", gritó el Colmillo.
"¡Todos!" gritó Nico. "¡Ayúdenme a devolverlos!"
Los 50 escritores entendieron. Corrieron a las cajas.
Cada uno tomó un corazón de piedra.
"Este es de Pedro", dijo Héctor. "Late por tu hija."
"Este es de Marta", dijo otra. "Late por tu esposo."
"Este es de Ana", dijo otra. "Late porque quieres vivir."
Cada nombre dicho en voz alta hacía que una piedra temblara.
Rojosangre gritó. "¡No! ¡Si sienten, van a sufrir!"
"¡Y también van a amar!" gritó Nico. "¡Y eso vale más!"
Tiró su corazón de piedra al piso. Se rompió.
Y de adentro salió luz. Dorada.
Se metió en el pecho del niño.
"tum tum"
El niño se rió. Y lloró. Al mismo tiempo.
"8/10", "9/10"...
La gente empezó a recordar.
Una mujer agarró su caja. "Este es mío. Era de mi madre." Y lloró.
Un hombre viejo abrió la suya. "El de mi hermano." Y se arrodilló.
Rojosangre intentó romper más cajas. Pero Nico se puso en medio.
"Ya basta", dijo. "Deja de tenerles miedo a sus sentimientos."
"¡Yo no tengo miedo!" gritó Rojosangre.
"¡Sí!" dijo Nico. "¡Por eso los encerraste! ¡Porque el tuyo también duele!"
Levantó el Colmillo. Y escribió en el pecho de Rojosangre:
"También tú puedes sentir."
Rojosangre gritó. Se tocó el pecho. Y de ahí salió una piedra negra.
La miró. Lloró. "Mi... mi hermana..."
"10/10", dijo Nico bajando la pluma. "Isla completada."
La fuente de sangre se limpió. Y empezó a tirar agua.
La gente lloraba. Se abrazaba. Gritaba.
Dolía. Pero era vida.
El niño se acercó a Nico. "Gracias. Ahora me duele la rodilla. Y me gusta."
Nico se rió. Con lágrimas. "Así se siente estar vivo."
Antes de irse, toda la isla los despidió. Con aplausos. Y con corazones latiendo.
"tum tum"
En el barco, Nico se acostó. Se tocó el pecho.
El suyo también dolía. Por Vallegris. Por todo.
"¿Y está bien que duela?" preguntó Marco.
"Sí", dijo Nico. "Porque si duele, es que todavía te importa."
"19/20 del total", dijo el Colmillo. "Queda 1."
"¿Última isla?" preguntó Héctor.
"La Isla Final", dijo Nico. "Donde está Rojosangre. Y donde termina todo."
Cerró los ojos. Sintió su corazón.
Ya no era de piedra.
Era de carne. Y latía. Fuerte.
Porque para escribir finales...
Primero tienes que sentirlos.