Ella reencarna en otra época.. y ahora tiene magia.. tiene su destino ya trazado y decidido por su familia.. ¿podrá cambiar su destino? ¿o seguirá siendo la hija obediente que siempre fue?
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Beso
La nieve seguía cayendo lentamente sobre los jardines de la mansión Russ.
Lo que había comenzado como un inocente paseo se había transformado en algo más íntimo.
No por grandes declaraciones.
Ni por promesas imposibles.
Sino por la cercanía que había nacido entre ellos de forma inesperada.
Cada sonrisa parecía durar un poco más.
Cada mirada encontraba a la otra con demasiada facilidad.
Y poco a poco la distancia entre ambos fue desapareciendo.
Grace no supo exactamente quién dio el primer paso.
Solo supo que, en algún momento, estaban muy cerca.
Lo suficiente para escuchar la respiración del otro.
Lo suficiente para sentir el calor que contrastaba con el frío del invierno.
Y entonces llegó el beso.
Suave.
Vacilante.
Breve.
Como si ambos quisieran asegurarse de que aquello estaba ocurriendo de verdad.
Cuando se separaron, Grace se quedó inmóvil durante un instante.
Luego soltó una pequeña risa nerviosa.
—Ese fue mi primer beso.
Aaron la observó sorprendido.
—¿De verdad?
—¿Tan difícil de creer es?
—Un poco.
Ella le dio un pequeño golpe en el brazo.
—Eso fue grosero.
—Lo digo porque eres hermosa.
Grace rodó los ojos.
—Claro.
Aaron sonrió.
Y después respondió con una sinceridad inesperada.
—Entonces me alegra haber sido yo.
Por un momento ella sintió que sus mejillas se calentaban más que el abrigo que llevaba puesto.
Los dos continuaron caminando.
Aunque ya no exactamente igual que antes.
Las sonrisas se volvieron más tímidas.
Las miradas más largas.
La cercanía más natural.
Y cuando sus manos se encontraron esta vez, ninguno de los dos pareció tener prisa por separarse.
Grace no dejaba de reír.
Quizás porque todo aquello era absurdo.
Quizás porque era inesperado.
O quizás porque por primera vez desde que había despertado en aquel mundo estaba haciendo algo que nunca había planeado.
—Esto es un error —dijo entre risas.
—¿Sí?
—Definitivamente.
—Entonces debo tener gustos extraños.
—¿Por qué?
—Porque me está encantando.
Grace negó con la cabeza.
—No, yo hablo en serio.
—Yo también..
La respuesta llegó tan rápido que ella volvió a reír.
Aaron tenía una facilidad casi irritante para responder.
—Eres imposible.
—He escuchado eso antes.
—No me sorprende.
—Y aun así sigues aquí.
Grace no tuvo una respuesta inmediata.
Porque era verdad.
Seguía allí.
Y no quería regresar todavía.
Aquella noche se sentía extrañamente libre.
Como si el peso de su futuro hubiera desaparecido por unas horas.
Finalmente, mientras caminaban entre los árboles cubiertos de nieve, decidió contarle la verdad.
—Pronto me iré.
Aaron la miró.
—¿A dónde?
—Al templo.
La sonrisa de él disminuyó ligeramente.
—¿Por cuánto tiempo?
Grace soltó una pequeña risa.
—Probablemente años.
Aaron frunció el ceño.
—¿Años?
—Sí.
—¿Por elección propia?
Ella guardó silencio unos segundos.
Aquello era difícil de explicar.
—Es complicado.
—Inténtalo.
Grace observó la nieve caer.
—Mi familia hizo una promesa cuando era niña.
—¿Una promesa?
—Dedicaría mi vida a la magia de luz y al servicio del templo.
Aaron permaneció callado.
Escuchando.
—Y dentro de unas semanas debo ingresar oficialmente.
Él la observó durante varios segundos.
Luego negó con la cabeza.
—Eso es absurdo.
Grace sonrió.
—Sabía que dirías algo así.
—Porque lo es.
—No entiendes la situación.
—Tal vez no.
Aaron cruzó los brazos.
—Pero sigo pensando que nadie debería decidir toda tu vida por ti.
Grace soltó una pequeña carcajada.
—Es tarde para cambiarlo.
—No necesariamente.
—¿No?
—No.
La seguridad con la que lo dijo fue tan exagerada que ella terminó riendo nuevamente.
—¿Y qué harías?
—Convencerte.
—¿De abandonar el templo?
—Exactamente.
—Eso suena difícil.
—Nada imposible.
Grace negó con la cabeza.
—No te creo.
Aaron sonrió.
—Eso es porque todavía no me has dado suficiente tiempo.
—¿Y cuánto tiempo necesitas?
Él fingió pensarlo.
—Toda una vida sería un buen comienzo.
La respuesta fue tan descaradamente romántica que Grace terminó riendo más fuerte que nunca.
No porque creyera sus palabras.
No porque realmente pensara que algo así pudiera suceder.
Sino porque era agradable escucharlas.
Porque por una noche podía imaginar posibilidades imposibles.
Y porque, aunque no lo admitiera en voz alta, una parte de ella deseaba que aquella noche durara un poco más antes de que la realidad volviera a alcanzarla.
Mala actitud la de los padres