Juliet Montgomery siempre supo que amar a Nicholas Sterling era un error.
Él era el hombre que todas querían. El heredero perfecto. El futuro CEO de un imperio. Y también el único hombre incapaz de verla como algo más que una simple conocida.
Durante años guardó sus sentimientos en silencio, conformándose con observarlo desde la distancia mientras él entregaba su corazón a otra mujer.
Entonces, una decisión tomada por sus familias cambió sus vidas para siempre.
Un matrimonio.
Un acuerdo.
Una promesa que ninguno de los dos deseaba cumplir por las mismas razones.
Lo que Juliet no sabía era que el destino tenía planes mucho más crueles para ambos.
Porque algunas personas necesitan perderlo todo para descubrir quién estuvo a su lado desde el principio.
Y cuando Nicholas finalmente aprendiera a verla, tal vez ella ya no estaría esperando.
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La Mujer que Él Eligió
Capítulo 9: La Mujer que Él Eligió
Juliet Montgomery
Hay momentos que cambian tu vida.
Momentos que recuerdas durante años.
Momentos que desearías borrar para siempre.
Yo tuve uno de esos momentos la noche en que comprendí que Nicholas Sterling amaba de verdad a Vivienne Clarke.
Porque una cosa era sospecharlo.
Y otra muy distinta era verlo con tus propios ojos.
La gala anual de Sterling Group era el evento más importante del año.
La prensa estaba por todas partes.
Empresarios, políticos y celebridades ocupaban cada rincón del enorme salón.
Mi madre llevaba semanas hablando de aquella noche.
Yo había pasado semanas intentando encontrar una excusa para no asistir.
Obviamente no funcionó.
Los Montgomery jamás faltaban a los eventos de los Sterling.
—Estás hermosa.
Mi padre sonrió al verme bajar la escalera.
Llevaba un vestido color esmeralda que abrazaba mi figura con elegancia.
Mi cabello caía en suaves ondas sobre mis hombros.
Y por primera vez en mucho tiempo me sentía realmente bonita.
Quizás porque había dejado de intentarlo.
Había dejado de preguntarme si Nicholas me vería.
Había dejado de imaginar cosas imposibles.
O al menos eso intentaba convencerme.
Cuando llegamos al hotel donde se celebraba la gala, las cámaras iluminaban constantemente la entrada.
Los periodistas llamaban a las personas más importantes.
Y entonces ocurrió.
Escuché su nombre.
—¡Nicholas! ¡Nicholas, por aquí!
Mi corazón reaccionó antes que mi cabeza.
Giré instintivamente.
Y lo vi.
Nicholas acababa de llegar.
Vestía un elegante traje negro.
Su cabello oscuro estaba perfectamente acomodado.
Y parecía exactamente el hombre que aparecía en las portadas de las revistas.
Seguro.
Poderoso.
Inalcanzable.
Pero no estaba solo.
Vivienne Clarke caminaba tomada de su brazo.
Hermosa.
Radiante.
Perfecta.
Los fotógrafos comenzaron a tomar fotografías sin descanso.
Ellos sonreían.
Posaban.
Parecían una pareja salida de una película.
Y de repente sentí algo horrible.
Porque encajaban.
Encajaban demasiado bien.
—Juliet.
La voz de Amelia apareció a mi lado.
—No lo hagas.
—¿Hacer qué?
—Mirarlos así.
Aparté la vista.
Demasiado tarde.
Porque Amelia ya había visto el dolor en mis ojos.
—Estoy bien.
—Mentirosa.
Sonreí débilmente.
Ni siquiera tenía fuerzas para discutir.
Durante la primera hora intenté evitar a Nicholas.
No porque estuviera enojada.
Porque necesitaba protegerme.
Cada vez que lo veía con Vivienne sentía la misma sensación.
Como si alguien apretara lentamente mi corazón.
Y estaba cansada.
Muy cansada.
—Juliet.
Mi respiración se detuvo.
Conocía esa voz.
La reconocería entre miles.
Me giré lentamente.
Nicholas estaba frente a mí.
Y junto a él estaba Vivienne.
Por supuesto.
—Hola.
—Quería saludarte.
Sonrió.
Esa sonrisa que había sido mi debilidad durante años.
—Juliet, ella es Vivienne.
Vivienne extendió la mano.
—Mucho gusto.
—Igualmente.
Su sonrisa era amable.
Sincera.
Lo que hacía todo aún peor.
Porque no podía odiarla.
No había hecho nada malo.
Simplemente era la mujer que Nicholas amaba.
—Nicholas me habló de ti.
Aquellas palabras me sorprendieron.
Miré a Nicholas.
Él parecía completamente tranquilo.
—¿Sí?
—Dice que eres brillante.
Mi corazón dio un pequeño salto.
Nicholas desvió la mirada.
Como si el cumplido no tuviera importancia.
Quizás para él no la tenía.
Para mí sí.
Siempre la tenía.
La conversación terminó pocos minutos después.
Nicholas fue llamado por unos empresarios.
Y Vivienne se marchó con él.
Como siempre.
Juntos.
Más tarde, mientras observaba la pista de baile, los vi nuevamente.
Bailando.
Sonriendo.
Felices.
Y entonces sucedió algo que jamás había visto.
Nicholas la miró.
De verdad la miró.
Como si el resto del mundo hubiera desaparecido.
Como si no existiera nadie más.
Y en ese instante comprendí algo que llevaba años negándome.
Él la amaba.
Realmente la amaba.
No era una aventura.
No era una distracción.
No era algo pasajero.
Era amor.
Y yo jamás podría competir contra eso.
Aquella noche lloré por primera vez en mucho tiempo.
No delante de nadie.
No en la gala.
No en el coche.
Esperé hasta llegar a mi habitación.
Esperé hasta cerrar la puerta.
Y entonces las lágrimas aparecieron.
Silenciosas.
Dolorosas.
Inevitables.
Porque después de tantos años aferrándome a una esperanza absurda, finalmente había entendido la verdad.
Nicholas Sterling jamás sería mío.
Nunca.
Y tal vez había llegado el momento de aceptar esa realidad.
De dejar de esperar.
De dejar de soñar.
De dejar de amar a alguien que jamás podría corresponderme.
Lo que no sabía era que el destino estaba a punto de reírse de todos mis planes.
Porque apenas unos meses después, mi vida daría un giro imposible.
Y terminaría convirtiéndome en la esposa del hombre que aquella noche seguía enamorado de otra mujer. ❤️📖✨