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La Rosa De La Bratva

La Rosa De La Bratva

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Mafia / CEO / Completas
Popularitas:18.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Guadalupe Garza

En este imperio de sombras, ella es la única que puede calmarlo… o el motivo por el que su mundo arderá.

¿El amor puede sobrevivir cuando tu vida es propiedad del enemigo?

NovelToon tiene autorización de Guadalupe Garza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

...Isabella Conti...

Dicen que la vida es lo más hermoso que tenemos, que debemos cuidarla, atesorarla y vivirla al máximo, disfrutando cada instante como si fuera el último día sobre la Tierra...

Pero la verdad era otra. Yo estaba firmemente convencida de que la vida era una entidad injusta, cruelmente bella con la gente buena, y que el destino no era más que un maldito sádico. Uno que no se conformaba con lastimarte una sola vez; decidía que un golpe no era suficiente y que dos impactos directos al corazón eran mucho mejor para terminar de destruirte.

No lograba entender cómo, de la noche a la mañana, estaba perdiendo lo más importante que tenía en la existencia. Lo único que me mantenía viva, con los pies en la tierra y algo cuerda en medio de tanta mierda. Sentía que me estaba volviendo loca. Desde muy joven aprendí a golpes que mis problemas eran exclusivamente míos y de nadie más, que al resto del mundo no le importaban mis sentimientos, así que empecé a guardarme mis asuntos personales, a tragarme las lágrimas y a no contarle nada a nadie. Pero mi cerebro había llegado a su límite biológico. Quería gritar hasta desgarrarme la garganta, llorar hasta quedar seca, patalear, golpear las paredes hasta sangrar mis nudillos y gritarle al maldito mundo que ya no podía más, que estaba a punto de colapsar. Pero no hice nada de eso. Mi mente simplemente se apagó, desconectó los cables de las emociones y entré en un profundo y frío modo automático.

Eso era lo que pasaba conmigo ahora, estaba flotando en un modo automático, moviéndome como un espectro sin saber realmente qué hacía ni hacia dónde iba.

—Isabella, tienes que comer algo, cariño —la voz suave de mi abuela paterna interrumpió la neblina de mis pensamientos.

Estábamos en su pequeña y antigua casa en Moscú. En cuanto la tragedia estalló, tomamos la dolorosa decisión de poner nuestra casa de San Petersburgo en venta y salimos de la ciudad huyendo en mitad de la noche, sin decirle absolutamente nada a nadie.

—No... no quiero nada, abuela. ¿Qué más da si como o no? —le respondí con la voz completamente plana, fija la mirada en un punto muerto de la alfombra, sin tener las fuerzas necesarias para mirarla a la cara.

—Cariño, mírame... Tienes que saber que es bueno llorar. Estás en todo tu derecho de romperte, de llorar a tu madre —me dijo con dulzura, sentándose a mi lado en el viejo sofá y depositando la charola con comida sobre la mesita de centro.

—¿De qué sirve que llore ahora? —solté, y una risa amarga y seca escapó de mis labios—. El llanto no la va a traer de regreso. Las lágrimas no van a hacer que mi mamá despierte, ni van a lograr que mi papá recupere la cordura. Abuela... ¿cómo se sobrevive a esto? ¿Cómo se supone que debo seguir respirando? De nada sirvió trabajar hasta el cansancio absoluto. De nada sirvió privarme del sueño, intentar ser la mujer más fuerte del mundo y cargar con todo el peso sobre mi espalda. Nada sirvió. ¡Absolutamente nada sirvió! Mi madre está en este maldito instante en un hospital de Moscú, siendo trasladada a la morgue para un procedimiento forense de rutina... —exclamé, sintiendo cómo cada palabra salía impregnada de un dolor tan agudo que me desgarraba el pecho.

Mi mamá se había puesto sumamente mal ese fatídico domingo por la mañana. El aire le faltó de golpe y sus ojos se desorbitaron. Salimos de la casa con una urgencia de muerte directo al hospital en una ambulancia. Ese día, mientras los paramédicos hacían maniobras, algo muy dentro de mi ser me advirtió que mi madre estaba cansada de luchar, que estaba por rendirse ante la enfermedad. Pero mi egoísmo de hija no quería aceptarlo; no quería que me dejara sola en este mundo tan hostil.

«Mami, por favor, no me dejes. Aún no, te lo suplico. No estoy lista para estar sin ti...», le repetía una y otra vez entre susurros desesperados al verla postrada en esa camilla fría de urgencias, conectada a mil cables que pitaban con ritmos aterradores y con una máscara de oxígeno empañada. Ella, con las pocas fuerzas que le quedaban en su cuerpo desgastado, solo intentó sonreírme a través del plástico.

Y papá... Dios, papá se había ido en ese mismo instante. No habló, no lloró, no gritó. Simplemente su mente se desconectó de la realidad, dejando únicamente su cuerpo presente como una cáscara vacía. Su mente no soportó el impacto de ver partir a su compañera de vida.

—Hija, la vida tiene sus propios motivos para hacer que las cosas pasen, aunque ahora no lo entiendas —mi abuela intentó abrazarme, buscando hacerme comprender una filosofía de resignación que yo, lógicamente, me negaba a aceptar.

—¡Abuela, tu propio hijo está siendo atendido en el mismo hospital en este momento! —grité en un arranque de impotencia—. Está sumido en un shock catatónico porque acaba de perder al gran amor de su vida. Los médicos acaban de decirme que lo más probable es que deba ser internado en una clínica de salud mental porque su mente se quebró por completo. La vida es una jodida mierda, abuela. Me está arrancando mis dos únicos pilares de golpe. Solo por ellos yo seguía soportando toda la carga, el cansancio y las humillaciones de la rutina. Ahora que no están... ¿qué maldito sentido tiene todo esto? —terminé diciendo, pasando mis manos temblorosas por mi rostro pálido, ocultando mi desesperación.

En ese preciso momento, el celular sobre la mesa comenzó a vibrar por milésima vez en el día. En la pantalla parpadeaban los nombres de Elena y Nikolai, intercalándose en un ciclo sin fin de llamadas perdidas y mensajes de texto desesperados. Sentí una punzada de pánico. Sabía perfectamente de lo que eran capaces en Techno Tecnológik Morózov,Nikolai era un ingeniero brillante y, si dejaba el aparato encendido unos minutos más, triangularían mi posición y me rastrearían hasta Moscú.

Tomé el teléfono con una rabia fría. Sin pensarlo dos veces, lo arrojé dentro del vaso de jugo de naranja que mi abuela me había llevado, viendo cómo la pantalla chispeaba antes de apagarse por el líquido. No conforme con eso, lo saqué chorreando y caminé con paso firme hacia el patio trasero de la casa. Fui directo a la mesa de trabajo de mi abuelo, tomé un pesado martillo de metal y lo descargué con toda la fuerza de mi furia sobre el dispositivo. Una, dos, tres veces, hasta que el plástico, el vidrio y los circuitos quedaron reducidos a un montón de chatarra irreconocible.

—Hija... ¿estás segura de que no vas a necesitarlo? —me preguntó mi abuelo desde la puerta del taller, observando los restos del teléfono con una mirada comprensiva.

Negué con la cabeza, dejando caer el martillo.

—No. No quiero saber nada del mundo exterior, abuelo. No quiero que nadie me moleste ni me busque —le respondí con firmeza, y él simplemente asintió, respetando mi muralla de aislamiento.

Agradecía profundamente que mis abuelos entendieran mi situación sin juzgarme, aunque por dentro no podía evitar sentir que estaba invadiendo su espacio y su vejez. Sabía que esta casa era un lugar seguro; aquí había pasado veranos enteros de infancia y fiestas navideñas hermosas, pero ahora la realidad era tétrica. Nuestra casa en San Petersburgo estaba en el mercado de bienes raíces. Lo único que me quedaba en el mundo eran mis ahorros personales y ese dinero que con tanto sudor de mis tres empleos había apartado en una cuenta bancaria oculta, destinado exclusivamente para la cirugía de mamá... esa cirugía que, según el especialista, la salvaría y la mantendría a salvo.

Mis turnos interminables en la cafetería, mis madrugadas programando y mis noches sirviendo tragos en el bar no habían servido para nada. Solo había acumulado una cantidad de dinero que ahora se quedaría congelada en una cuenta, inservible ante la muerte. Por lo menos, mi primer pago de la primera semana como pasante presidencial en Techno Tecnológik Morózov ya había sido depositado por el departamento de finanzas y yo misma lo había transferido a mi cuenta de ahorros principal. En ceros no estaba económicamente, pero no tenía la menor certeza de querer regresar a San Petersburgo jamás. Teníamos que pagar los costos de la estancia de mi padre en la clínica psiquiátrica si los médicos firmaban el traslado, así que evidentemente iba a necesitar un empleo, pero ahora mismo yo no estaba bien. No tenía la estabilidad mental para ver a Elena a los ojos, ni para sostenerle la mirada analítica a Nikolai. No podía regresar y fingir que todo estaba bien después de este Apocalipsis.

—Hija, entra a la casa y baja a cenar un poco —me pidió mi abuelo con voz suave—. Si te enfermas tú también por no comer, tu padre se va a sentir mil veces peor cuando despierte del shock. Piensa en él.

Asentí en silencio. Tenía razón. Yo no le serviría de nada a mi padre si terminaba postrada en una cama de hospital por desnutrición o anemia.

Bajé al comedor y me obligué a pasar los alimentos mecánicamente, tragando cada bocado como si fuera arena. Mientras masticaba en medio del silencio sepulcral de la casa, tomé una decisión definitiva en mi cabeza.

Me quedaría en Moscú por un tiempo indefinido. Velaríamos el cuerpo de mi madre con la dignidad que se merecía, y me concentraría en cuidar a mi padre hasta que recuperara la conciencia. Mañana mismo, desde la computadora antigua de mi abuelo, redactaría mi renuncia formal y la enviaría por correo electrónico directo a Nikolai, explicando que dejaba la pasantía por motivos de fuerza mayor. Luego le mandaría un último mensaje de despedida a Elena antes de eliminar por completo mis cuentas y borrar cualquier rastro de mi existencia en el sistema. No me iba a quedar en Rusia a largo plazo, eso era seguro, aunque todavía no tuviera la menor idea de a qué parte del mundo iría a parar. Necesitaba tiempo para volver a ser yo misma. Necesitaba sanar y recuperarme para poder seguir adelante con mi vida, así eso significara abandonar mis prácticas, congelar mi carrera universitaria en San Petersburgo y desaparecer de la faz de la tierra para todos ellos.

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Yoly Sambrano
otra ves de mafia que aburrido
Yolanda Edith Cruz Arredondo
Bueno debo decir que algo no me gusto de esto, es como un sabor de boca raro, en fin.

Se agradece autora, tu tiempo, paciencia y esfuerzo.

De cualquier manera pongo 🌟🌟🌟🌟🌟
Saludos
Yolanda Edith Cruz Arredondo
Aun no llego al final de historia, pero algo me dice que no me dejara con buen sabor de boca.
En fin
Yolanda Edith Cruz Arredondo
Que horror de Novela, si realmente desconecta a Leonardo, no que mucho amor y como que luego caminos juntos para Alexei y Bella.
Eso no era justamente lo que se desea
Maria Dolly Arenas Arenas
será que la Sofía es la torcida sabe todo y se unio alos otros
Milena Gaitan
Felicitaciones por tan buena novela 🫡🫡🫡🫡🫡🫡🫡🫡
Milena Gaitan
Con razón supuestamente ella dio la orden de desconectarlo
Milena Gaitan
La rosa vuelve y alixei la va ayudar
Milena Gaitan
Ahora veo y confirmo q todos los seres humanos amamos de diferentes formas unos se a pegan a su ser querido y no los dejan ir y otros simplemente les dan el descanso eterno 😔😔😔
Milena Gaitan
Ahí es donde entro yo 🤭🤭🤭 por q Leonardo se atravesó será q el ya sbai algo de al3xei y bells pero si 3llos nunca tuvieron nada
Milena Gaitan
Hola mucha felicidades por tus logros Dios te colm3 de más éxitos hoy y siempre q eso sea solo 3l inicio de todo lo bonito q Dios tiene para tiiii
Guadalupe Garza: Muchísimas gracias hermosa 🥹🙏🫂💚
total 1 replies
Milena Gaitan
Dios esta emocionante no es por ofender pero por eso me gusta leer una novela ya terminada por q se q no me quedo 3n suspenso 🤭🤭🤭🤭 y puedo seguir ley3ndo 😈😈😈😈😈😈😈
Milena Gaitan
Eso bells así se habla muñeca 😈😈😈😈 toma tu lugar 😈😈😈
Milena Gaitan
😈😈😈😈😈 Ahora si q arda troya ahí escritora la sacaste del estadío esta super mega interesante esta novela
Guadalupe Garza: me alegra que te guste hermosa 🙏🫂💚
total 1 replies
Milena Gaitan
Aveces es bueno salir de la rutina y olvidarse por completo del mundo exterior cuanto hubiese dado yo por haber tenido 3l valor q Isabella tuvo en haberme ido y empezar una vida lejos 😔😔😔 de todo y de todos pero a veces la cobardía pesa más q cualquier cosa
Milena Gaitan
🏃‍➡️🏃‍➡️🏃‍➡️🏃‍➡️ Corran ayuden a buscar ala rosa 😈😈😈😈 se desató el infierno el diablo esta suelto
Milena Gaitan
Soldado avisado no muere en guerra y si muere es por descuidado
Milena Gaitan
Super la recomiendó
Milena Gaitan
Ahí muchacho y eso q no te ha dado un besito todavía
Milena Gaitan
Dios 🤭🤭🤭🤭 esto está de infarto
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