Romance en Playa Varadero ( Cuba)
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Las cartas del caracol.
Una de las promesas que Álix y Marina se habían hecho en el aeropuerto fue escribirse cartas. Cartas de verdad, en papel, con tinta y sello postal. No solo mensajes de WhatsApp o correos electrónicos, sino cartas que pudieran tocarse, guardarse bajo la almohada, releerse en los momentos de soledad.
—El amor a distancia necesita objetos físicos —había dicho Marina—. Algo que puedas sostener entre las manos cuando eches de menos a la otra persona. Algo que te recuerde que es real.
La primera carta de Álix llegó a Varadero diez días después de su partida. Marina la encontró en la recepción del hotel, junto con el resto de la correspondencia del centro de conservación, y reconoció su letra inmediatamente. Salió corriendo al muelle, se sentó en el borde con los pies colgando sobre el agua, y abrió el sobre con manos temblorosas.
La carta estaba escrita en un papel de color crema, con membrete del café de Saint-Germain-des-Prés donde Álix pasaba las tardes. Olía ligeramente a café y a algo más que Marina identificó como su perfume, esa mezcla de sándalo y tinta que tanto le gustaba.
"Mi querida Marina:
Escribo esta carta desde un café de París, rodeado de parisinos que hablan de política y de turistas que fotografían sus croissants. Afuera llueve, como siempre, y el cielo tiene ese color gris que tanto detesto. Pero dentro de mí hace sol, porque estoy pensando en ti.
Hoy he visto a una mujer en el metro que tenía los ojos parecidos a los tuyos. No iguales, porque los tuyos son irrepetibles, pero parecidos. Me he quedado mirándola más tiempo del que dicta la cortesía, y ella me ha sonreído. Yo he apartado la mirada, casi avergonzado, porque no era su sonrisa la que yo buscaba. Era la tuya.
He empezado a escribir un libro, Marina. Un libro sobre nosotros. Sobre Varadero, sobre el arrecife, sobre la noche de la fogata. Sobre tus ojos. Cada palabra que escribo es una forma de estar más cerca de ti, de traerte a París aunque sea a través de la tinta.
Cuéntame cómo van las tortugas. Cuéntame cómo va el coral. Cuéntame cómo vas tú. Cada detalle de tu vida, por pequeño que sea, es para mí un tesoro.
Te echo de menos más de lo que soy capaz de expresar. Pero no estoy triste, porque sé que esto es solo un paréntesis. Sé que volveremos a estar juntos, en nuestra playa secreta, viendo el atardecer y haciendo planes de futuro.
Mientras tanto, cuando te sientas sola, coge el caracol que te regalé (porque sé que lo llevas puesto) y recuerda que al otro lado del océano hay un francés loco que te ama con todo su corazón.
Siempre tuyo,
Álix"
Marina leyó la carta tres veces. Luego la dobló cuidadosamente, la guardó en el sobre y se la llevó al pecho, justo donde colgaba el caracol que él le había regalado. Esa noche, antes de dormir, colocó la carta bajo su almohada, tal como había dicho que haría.
La respuesta de Marina no se hizo esperar. Tres días después, Álix recibió un sobre de papel reciclado, con un dibujo de una tortuga en el remitente. Dentro, la carta estaba escrita a mano, con una letra redonda y clara, y olía a salitre y a jazmín.
"Mi querido francés:
Tu carta me ha hecho llorar. Pero llorar de felicidad, no de tristeza. La guardo bajo la almohada y la releo cada noche antes de dormir, como si fuera un conjuro contra la soledad.
Las tortugas están bien. Sol ha crecido un centímetro desde que te fuiste, y Luna ya nada en círculos perfectos. El coral cuerno de alce también está bien, mejor que nunca. Ernesto dice que es porque el agua está más limpia, pero yo sé que es porque tú le diste suerte.
Hoy he ido a nuestra playa secreta. Sola. Me he sentado bajo el almendro y he cerrado los ojos, intentando imaginar que estabas a mi lado. No ha funcionado del todo, pero me ha servido para recordar que ese lugar es nuestro, solo nuestro, y que te está esperando tanto como yo.
Me preguntas cómo voy. Pues voy sobreviviendo. Los días son fáciles, porque el trabajo me mantiene ocupada. Las noches son más difíciles, porque es cuando más te echo de menos. Echo de menos tu voz, tu olor, tus manos en mi cintura. Echo de menos despertarme a tu lado y ver tus ojos color caramelo mirándome como si yo fuera la cosa más importante del mundo.
Pero no estoy triste, como dices tú. Porque sé que esto no es un adiós. Es un hasta luego. Y los hasta luegos, cuando son de verdad, siempre se cumplen.
Te quiero, Álix. Te quiero más de lo que soy capaz de expresar en una simple carta. Vuelve pronto, o volveré yo. Pero volvamos a estar juntos.
Tuya siempre,
Marina
PD: He hablado con el director del hotel. Hay un programa de cooperación con universidades europeas que podría interesarte. Infórmate. Quizás sea nuestra oportunidad."
Álix leyó la posdata tres veces. Un programa de cooperación. Universidades europeas. Una oportunidad. El corazón le latía tan fuerte que podía oírlo en sus oídos. Se levantó del sofá, encendió el ordenador y empezó a buscar.