Ámbar Di Marco, una joven curvilínea de belleza clásica, siempre amó en silencio a Alexander Sterling, el magnate naviero que años atrás la humillaba por su timidez y su cuerpo. Tras la muerte de su abuelo, un testamento obliga a ambas familias a unirse mediante un matrimonio de conveniencia y a concebir un heredero en el plazo de un año.
Convencido de que Ámbar lo manipuló para atraparlo, Alexander la recibe con desprecio. Pero la convivencia y la intensa atracción entre ellos comienzan a derribar sus prejuicios. Mientras el orgullo y los secretos amenazan con separarlos, Alexander descubrirá que la mujer que juró rechazar es, en realidad, la única capaz de cambiar su corazón.
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Capítulo 4: El Murmullo de la Sociedad
Transcurrieron dos semanas en las que la convivencia diaria en la mansión se redujo a una rutina estricta de cenas en un silencio casi absoluto, interrumpido únicamente por el leve chocar de la cristalería y miradas furtivas cargadas de una electricidad peligrosa e irresuelta. Alexander cumplía con su promesa de dormir en la misma suite principal, pero mantenía una distancia infranqueable al otro lado de la inmensa cama de postes. Para Ámbar, cada noche se transformaba en una tortura silenciosa: sentía el calor embriagador que emanaba del cuerpo de su esposo a escasos centímetros, percibía su respiración pausada y se ahogaba en el deseo reprimido de acortar esa brecha que la cordura y el orgullo les imponían.
La verdadera prueba de fuego para el frágil matrimonio llegó con la llegada de la Gala de Caridad de los Astilleros, el primer evento oficial de la alta sociedad al que debían presentarse públicamente como marido y mujer.
Para la ocasión, Ámbar tomó la firme decisión de no esconderse detrás de tonos apagados ni cortes holgados que disimularan su figura. Eligió un deslumbrante vestido de terciopelo verde esmeralda con un diseño de corte encorsetado que abrazaba cada contorno de su silueta con precisión quirúrgica, resaltando la blancura de su piel de porcelana, la pequeñez de su cintura y la opulencia natural de sus caderas y su busto. Su largo cabello oscuro caía en ondas sueltas y sedosas sobre sus hombros, añadiendo un toque de sensualidad clásica y sofocante.
Cuando comenzó a descender con paso firme y elegante por la gran escalera central de mármol de la mansión, Alexander la esperaba al pie de la misma. Llevaba un esmoquin negro confeccionado a medida que acentuaba su postura imponente y sus hombros anchos. Al verla aparecer, el magnate se quedó literalmente inmóvil, paralizado por la visión. Sus ojos grises, habitualmente gélidos y calculadores, barrieron cada pulgada de la joven con una lentitud casi física: observó cómo el terciopelo se ceñía a sus curvas sin disculpas, la tentadora profundidad de su escote y la aplastante seguridad con la que se desplazaba. Por primera vez desde que se firmara el acuerdo, el desprecio en el rostro de Alexander fue erradicado por completo, reemplazado por un deseo crudo, primitivo e innegable.
—Estás... deslumbrante —dijo él, con una voz inusualmente ronca y grave que delató la alteración de sus sentidos.
—Gracias. Intenté hacer un esfuerzo para no parecer la "mocosa sin gracia" que solías recordar —respondió Ámbar con una sonrisa sutil y elegante, pasándole por el lado sin detenerse para dirigirse hacia la salida.
Al llegar al salón de recepciones, el ambiente se percibía cargado de expectación. Los murmullos y las miradas curiosas corrían como pólvora entre los círculos más selectos de la aristocracia. Sin embargo, Alexander mantuvo su brazo firmly posado alrededor de la cintura de Ámbar durante toda la velada, apretándola de forma posesiva contra su costado cada vez que un empresario o socio se acercaba a saludar. Era una actitud posesiva, instintiva y salvaje que ni el propio magnate lograba explicarse racionalmente.
De pronto, el murmullo de la multitud disminuyó cuando la muchedumbre se abrió paso. Cynthia Vance hizo su entrada luciendo un vestido de diseñador transparente y ceñido, mostrando una figura escultural y extremadamente delgada. Con una sonrisa gélida cargada de mala intención, se dirigió directamente hacia la pareja, ignorando olímpicamente la presencia de Ámbar en un inicio.
—Alex, querido... Qué milagro tan grande verte fuera de tus tediosas reuniones de negocios —dijo Cynthia, arrastrando las palabras con altanería—. Y veo que has traído a tu... nuevo compromiso. Supongo que los banquetes de la mansión han sido bastante generosos este último mes.
El insulto velado hacia el cuerpo voluptuoso de Ámbar resonó en el aire con absoluta claridad. Alexander apretó la mandíbula con furia y estuvo a punto de intervenir para expulsar a la modelo, pero Ámbar se le adelantó. Dio un paso al frente, con la barbilla en alto y sosteniéndole la mirada a Cynthia con una calma aplastante y superior.
—La generosidad de la familia Sterling abarca muchos aspectos, señorita Vance —declaró Ámbar con voz pausada y cristalina—. Incluyendo el buen gusto y la capacidad de apreciar la sustancia y la belleza real por encima de la fragilidad superficial. Que tenga una excelente noche.
Un par de damas de la alta sociedad que presenciaban la escena ahogaron una risita disimulada detrás de sus copas de champán. Cynthia se puso pálida de rabia, apretó los puños, dio media vuelta y desapareció entre la multitud visiblemente humillada.
Alexander observó a su esposa en silencio. Una chispa de profunda y renuente admiración brilló con intensidad en el fondo de sus ojos grises. La tensión acumulada entre ambos había alcanzado su punto de ebullición definitivo, presagiando una tormenta que ya nadie podría detener.
💯 recomendada 😉👌🏼
se derretirá por el pay , pero que le cueste /Slight//Doubt/