reencarne en una Duquesa maltrata por el amor y antes era una agricultura 🚜 de vegetales y mas.
como voy a sobrevivir siendo tan salvaje como un hombre
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Episodio 5: Ya no soy la misma Lucía
Lucía no tenía prisa, y eso era algo nuevo incluso para ella misma, porque antes, en su vida pasada, todo era movimiento constante, trabajo, decisiones rápidas, días que no daban descanso, pero aquí… aquí estaba aprendiendo a detenerse, a observar, a pensar antes de actuar, y curiosamente eso le estaba dando ventaja en un lugar donde todos parecían moverse por emociones o costumbre.
Habían pasado tres semanas desde que despertó en ese mundo, tres semanas en las que su cuerpo mejoró, en las que puso orden en las sirvientas, en las que empezó a entender mejor el ducado y, sobre todo, en las que dejó de sentirse como una intrusa en su propia vida, porque ahora ya no estaba reaccionando como la antigua Lucía… estaba actuando como ella misma.
Ese día no esperaba nada en particular, solo había salido a caminar con tranquilidad, disfrutando un poco el aire, sin pensar demasiado en Kilian ni en Nieves, porque sinceramente no le interesaba cruzárselos… no todavía.
Pero claro, la tranquilidad no dura mucho en historias como esta.
La vio antes de que dijera una sola palabra.
Cabello blanco, piel impecable, esa presencia delicada que parecía hecha para inspirar protección, y aun así… algo en ella no encajaba, no para Lucía.
—Así que esta es…
Pensó con calma.
—La famosa luna blanca.
Nieves se acercó con naturalidad, como si ese lugar también le perteneciera, como si no hubiera una línea que no debía cruzar, y cuando habló, lo confirmó sin esfuerzo.
—¿Cómo estás, Lucía?
Sin título.
Sin respeto.
Como si fuera lo normal.
Y probablemente lo era.
Para la antigua dueña de ese cuerpo.
Pero no para ella.
Lucía no cambió su expresión, no mostró molestia inmediata, simplemente la miró unos segundos, evaluándola, entendiendo mejor lo que ya sabía por la novela, y luego habló con una calma que no dejaba espacio a confusión.
—Para usted… soy la Duquesa Lucía.
El ambiente cambió.
No de forma explosiva, pero sí lo suficiente para que se notara.
—Y aunque usted sea la amante de mi marido…
Continuó sin elevar la voz.
—Debe darme el respeto correspondiente.
Nieves se quedó en silencio un segundo.
Solo uno.
Pero fue suficiente.
Porque no era la respuesta que esperaba.
No era la mujer que conocía.
Antes, esa Lucía habría bajado la mirada, habría dudado, habría evitado el conflicto… pero esta no.
Y eso le molestó.
Se notó en su mirada, en ese pequeño cambio que intentó ocultar.
—Yo…
Empezó, pero no terminó.
Porque justo en ese momento lo vio.
Kilian.
Nieves reaccionó rápido, casi demasiado rápido, tomó su mano con delicadeza, como si buscara apoyo, y su expresión cambió por completo, sus ojos se llenaron de lágrimas, su voz se volvió frágil.
—Lo siento, Lucía… por no llamarte como se debe…
Dijo entre sollozos.
—No fue mi intención…
Lucía la miró en silencio.
—Qué actuación tan conveniente…
Pensó, sin sorprenderse realmente.
Y justo cuando iba a responder, cuando por fin iba a decir algo claro, directo…
El golpe llegó primero.
La bofetada hizo que su rostro se girara ligeramente, el sonido seco rompiendo el momento.
Kilian.
—No te metas con Nieves.
Su voz fue fría.
Directa.
—Ella siempre te ha tratado bien.
Lucía no dijo nada aún.
Solo lo miró.
—Y fue gracias a ella que acepté darte un hijo.
Continuó, sin dudar.
—Si no fuera por Nieves… nunca lo habría hecho.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Cualquier otra versión de Lucía se habría roto ahí.
Habría llorado.
Habría bajado la cabeza.
Habría suplicado.
Pero ella no.
Lucía llevó lentamente su mano al rostro, sintiendo el leve ardor, pero su expresión no cambió a tristeza.
Cambió a algo más frío.
Más claro.
—Entonces…
Su voz salió tranquila.
—En ese momento me diste migajas… y crees que es algo grande.
Kilian frunció levemente el ceño.
No era la reacción que esperaba.
—No supiste aprovechar un amor puro…
Continuó, mirándolo directamente.
—Como el que esa Lucía te tenía.
Una pausa.
—Y ahora…
Sus ojos se endurecieron apenas.
—No esperes nada de mí.
El ambiente se tensó.
Pero ella no se detuvo.
No esta vez.
La frustración no venía del dolor… venía de algo más profundo.
De la injusticia.
De no haber podido siquiera hablar.
De esa decisión tomada sin escucharla.
Y antes de pensarlo demasiado…
Su mano se movió.
La bofetada fue clara.
Directa.
Kilian no la esquivó.
No porque no pudiera.
Sino porque no lo esperaba.
El sonido quedó en el aire.
Nieves se quedó inmóvil.
Kilian también.
Lucía bajó la mano con calma, sin temblar.
—Aprende a escuchar antes de juzgar.
Dijo simplemente.
Y sin esperar respuesta…
Se dio la vuelta.
Y se fue.
Sin correr.
Sin mirar atrás.
Dejándolos en silencio.
Kilian se quedó ahí, quieto, con la mirada fija en el espacio donde ella había estado.
Algo no encajaba.
No era la misma.
—…¿Me pasé?
Pensó por un instante.
Pero negó levemente.
—No…
Aunque su expresión no era del todo firme.
—Pero…
Su ceño se frunció apenas.
—Está diferente.
Nieves, por su parte, apretó ligeramente los dedos.
Su mirada ya no era suave.
No completamente.
—¿Qué le pasa a esa Lucía…?
Pensó, molesta.
—Es diferente…
Una pausa.
—Y eso…
Sus ojos se entrecerraron ligeramente.
—Es muy molesto.
Porque esta vez…
Lucía no estaba jugando el papel que ellas conocían.
Y eso…
Cambia todo.