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La mujer que despertó mi corazón.

La mujer que despertó mi corazón.

Status: En proceso
Genre:Romance / Matrimonio contratado / Matrimonio arreglado / Enfermizo
Popularitas:111.4k
Nilai: 5
nombre de autor: lulu

Sol Linares no tenía tiempo para soñar con vestidos blancos ni finales felices. Su mamá necesitaba una cirugía urgente, y su padre, que llevaba años mirándola desde lejos, le ofreció una sola salida: casarse con Bruno Alcázar, el heredero de una de las familias más poderosas de Buenos Aires.

Bruno no podía hablar. No podía moverse. Después de una caída extraña, todos lo daban por perdido.

Pero Sol descubre algo que nadie le había dicho: ese hombre inmóvil fue quien la salvó una noche en la que ella creyó que no iba a salir viva.

Lo que empezó como un trato frío se vuelve una deuda, después una promesa, y finalmente una guerra silenciosa dentro de una casa llena de secretos. Mientras Sol cuida a Bruno, alguien intenta terminar lo que empezó aquella caída.

Y Bruno, atrapado en su propio cuerpo, escucha todo.

La chica que compraron para acompañarlo no se parece a nadie de su mundo. Habla demasiado, cocina como si pudiera curar con las manos, pelea cuando la acorralan y no sabe rendirse.

Él sólo tiene una idea fija: despertar antes de que la destruyan.

NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Capítulo 9

En la cocina, el celular de Marta sonó justo cuando Sol subía con la bandeja.

Marta miró hacia la puerta antes de atender.

—Hola.

La voz del otro lado no saludó.

—Te confiamos una cosa porque podías hacerla. Si no podés impedir que coma, este mes no hay extra.

Marta se puso blanca.

—No, espere, yo...

La llamada se cortó.

Marta bajó el teléfono con la mano temblando.

No vio la mirada fría que, desde el pasillo, le pasó por encima.

Tomás Alcázar sonrió apenas y siguió a Sol.

—Sol... cuñadita.

Sol se detuvo en el descanso del segundo piso.

—Señor Alcázar, ¿necesita algo?

Tomás apoyó una mano en la pared, le cerró medio paso y acomodó el cuerpo en una pose que seguramente había practicado frente al espejo.

—Tomás. No me digas señor. Hoy a la noche, ¿estás libre?

—No.

—Ni escuchaste la invitación.

—Estoy ocupada.

Él levantó dos entradas entre los dedos.

—Raymond Rand. Primera fila. No viene seguido a Buenos Aires. Con estas entradas podés verlo de cerca y, si querés, hasta conseguir una firma.

Sol había oído hablar de ese pianista. Renata había llorado de bronca la última vez que tuvo que comprar una entrada carísima por reventa, y encima para verlo desde un sector pésimo, casi mirando una pantalla.

Sol también habría querido escucharlo alguna vez.

Pero la bandeja podía enfriarse.

Y la sonrisa de Tomás no era una invitación limpia.

—Gracias, no puedo.

Tomás caminó detrás de ella.

—Dale, Sol. Mi primo está acostado. No sabe nada, no siente nada. No hace falta que estés encerrada con él toda la tarde. Vamos, volvemos temprano y listo.

Sol abrió la puerta del cuarto de Bruno, se dio vuelta y lo miró sin bajar la voz.

—No sé qué está buscando, señor Alcázar. Pero para mí, Bruno es lo primero.

—Qué seria.

—Y usted demasiado obvio.

Entró y cerró la puerta.

Tomás se quedó mirando la madera.

La espalda fina de Sol, su manera de hablar, la cara limpia y a la vez filosa, todo le pareció más interesante.

—Con desafío, mejor —murmuró.

Tomás era hijo único de Esteban Alcázar, el mayor de los hermanos. Desde chico lo habían criado como si el apellido ya le garantizara el trono. Cuando llegó la edad universitaria, Esteban donó una suma absurda para un laboratorio en una universidad de la Ivy League y volvió con un diploma capaz de impresionar a cualquiera que no preguntara demasiado.

Tomás era alto, prolijo, lindo en esa forma que funcionaba en fotos. Usaba marcas caras sin mostrar logos y mezclaba palabras en inglés cuando hablaba, como si eso lo volviera más internacional. Con ese paquete había engañado a varias chicas, dentro y fuera del país.

Pero Bruno era otra cosa.

Bruno había sido formado por Don Ernesto desde chico. Estudió de verdad, trabajó de verdad y, al volver, convirtió al Grupo Alcázar en la familia más pesada de Buenos Aires.

Esteban no lo soportaba.

Tomás tampoco.

Don Ernesto lo había hecho volver esta vez para probarlo. Si Bruno quedaba fuera, alguien tenía que ocupar ese lugar.

Tomás pensaba quedarse con todo.

Y, de paso, esa nueva “cuñada” era demasiado linda para dejarla quieta.

Dentro del cuarto, Sol apoyó la bandeja y fue directo al baño por una toalla húmeda.

—Señor Alcázar, vamos a comer. Hoy toca budincito de huevo con langostinos y puré de ñame con calabaza.

Bruno, por dentro, contestó con fastidio:

No soy un nene. Hablame como a un adulto.

Sol le limpió las manos y la cara con cuidado, lo incorporó contra las almohadas y probó la temperatura.

—Primera cucharada: calabaza con ñame. Le puse apenas un poquito de caviar, para que tenga más nutrición y no le caiga pesado.

Bruno sintió la calabaza suave, el ñame espeso y una punta salada casi imperceptible.

No estaba mal.

Si esa mujer llegaba tarde otra vez, tal vez no la despediría de inmediato.

El puré desapareció más rápido de lo que Sol esperaba.

—Muy bien. Ahora el huevo.

Bruno volvió a protestar en silencio:

Que no estoy en jardín de infantes.

Sol levantó otra cucharada.

—Recién su primo quiso invitarme a un concierto de Raymond Rand. Me dio mala espina. Como dice el dicho, mejor no pararse debajo de una pared por caer. A ese hombre lo voy a mantener lejos.

Bruno se quedó tieso por dentro.

¿Ese inútil se atrevía a codiciar a su mujer?

La sangre le subió de golpe a la cabeza.

El dolor llegó como si le clavaran miles de agujas finas detrás de los ojos. Las sienes le latieron con violencia. La cara, antes pálida, se le puso roja.

Sol dejó la cuchara de inmediato.

—¿Señor Alcázar? ¿Qué le pasa? No me asuste.

Bruno quiso decirle que no era nada, que sólo dolía, que no hiciera tanto escándalo.

No pudo.

El dolor se fue tan rápido como había llegado. La cara volvió a quedar blanca.

Sol respiró recién entonces.

—Bueno. Ya comió bastante. Después le masajeo la panza para que no le caiga pesado.

La luz de la tarde entraba de costado y le dejaba a Bruno un borde suave en la cara. Estaba demasiado flaco, con la piel casi transparente por no ver el sol, pero la nariz seguía recta, las pestañas oscuras le proyectaban sombra sobre los párpados y, quieto así, parecía menos peligroso de lo que debía haber sido despierto.

Sol le limpió la comisura de la boca y le tocó la punta de la nariz con un dedo.

—Pórtese bien. Voy a ordenar la cocina.

Bruno, por dentro, se indignó:

Atrevida. Cuando despierte...

Pero estaba lleno, y con el estómago tibio también tenía la cabeza más clara.

Don Ernesto lo había criado con un objetivo simple: tomar el Grupo Alcázar. Estudio, lectura, idiomas, deporte, disciplina. A los dieciséis entró a una de las mejores escuelas de negocios de Estados Unidos. En cuatro años sacó dos títulos, después hizo la maestría, viajó en vacaciones, vio paisajes que otros soñaban toda la vida.

Nunca le faltó plata.

Tampoco le sobró tiempo.

Cuando volvió, Don Ernesto se retiró poco a poco y le entregó el mando. El Grupo Alcázar era un barco enorme, y Bruno se pasó los años sosteniendo el timón. Fue frío, duro, eficiente. Tocó intereses viejos, cortó privilegios y se ganó odios.

En la empresa lo odiaban algunos directivos.

En la familia, también.

Esteban Alcázar.

Tomás.

Y Sandra, su madre.

La mujer que lo había traído al mundo fue quien lo empujó por la escalera.

No era una sospecha.

Bruno lo recordaba.

Recordaba el aliento a alcohol, la cara deformada, la fuerza en las manos. Recordaba el vacío bajo los pies y el golpe que le partió la vida.

Por eso los médicos decían que no tenía voluntad de despertar.

Su persona más cercana, la que le había dado la vida, lo odiaba hasta ese punto.

Bruno sólo quería preguntarle una cosa.

Cuando me dolió a mí, ¿a vos no te dolió nada?

1
Belkis Sioli
????? 👀👀👀👀👀 que necesidad de alargarla tanto,
Nellys Bericote
Excelente Inicio de la Novela Escritora Felicitaciones tienes buena narración mantienes al lector queriendo más vamos a ver como se desarrolla la historia 👏👏👏👏👏
Belkis Sioli
a esta altura que aparezcan personajes nuevos, no da .
Belkis Sioli
apareció la madre 😕😕😕😕
Belkis Sioli
ayyyy por favorrrrr, no.pueden ser tan nabos los dos. 😅😅😅
Belkis Sioli
quiero un abogado así 😅😅😅
Belkis Sioli
claro ahora que está flaca la mira, antes no, que feo y vos narradora también, dejas mucho que desear con ese comentario , te fuiste al pasto.
Belkis Sioli
ya que esperamos más de 50 capítulos para su primer beso, espero que su primera vez valga la pena.
Tina Farias
uufff me e leído 3 novelas completas
y aun esta autora no sube el otro Capítulo
aprende a ser más responsable al momento de escribir una novela
las novelas tienen principio y final
😡😡😡
Belkis Sioli
ay no , no puede ser tan estúpida, no sabes si abrazarla o darle una patada para que despierte 😕😕😕👀👀
Belkis Sioli
muyyyyy lenta 🤔🤔🤔
Belkis Sioli
muyyyyy lenta 🤔🤔🤔
Belkis Sioli
siempre alguien interrumpe ???? es muy repetitivo, además Elias no había ido , solo fue Rodrigo
Belkis Sioli
que estúpida, hace cosas de pendeja.
Belkis Sioli
ya veo que esta tarada se va a estudiar y el viejo aprovecha y lo obliga a casarse con la siliconada fruncida. QUE LENTO TODO.
Jorge luis Méndez Montaño
porque está incompleta?
Belkis Sioli
comparto lo de Graciela, larga ,aburrida, me parece innecesario, se pudo abreviar y contar lo mismo 😒😒😒😕😕
Belkis Sioli
está un poco lento esto, 😕😕😕
Tina Farias
bueno de verdad que esta Novela no tiene final
sino tienen idea de como escribir una novela
mejor no lo aga
Belkis Sioli
esta muy linda la historia pero por favor que dejen de aparecer personajes, después no se sabe quién es quien.
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