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LA EMEPERATRIZ, DAMA DE LA NOCHE...

LA EMEPERATRIZ, DAMA DE LA NOCHE...

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:23.1k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Mil años atrás, la emperatriz Lían Hua fue ejecutada por adulterio. Antes de morir, juró una maldición: en su próxima vida ningún hombre la llamaría esposa. Sería ella quien los hiciera sus esclavos.
Mil años después, Lían despierta en el cuerpo de Valentina Saggese, una madam recién envenenada por la esposa de su amante. Hereda un club nocturno, quince chicas leales, una venganza pendiente, y una sola advertencia: no te enamores.
Para sobrevivir crea una identidad secreta: la Dama del Fénix, una bailarina enmascarada que enloquece a dos hombres a la vez. El que la asesinó. Y el que, sin saberlo, va a cambiar todo lo que ella se prometió no volver a sentir.
Una emperatriz no perdona. Pero también puede romperse.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9 — La perra y la próxima

A la una en punto, las luces bajaron.

Sofía hizo el anuncio. Empezó la flauta. Lían salió.

El traje de esta noche era el rojo de la primera vez, el que más le gustaba. Sofía decía que era el que mejor le iba al pelo. Lían sabía que no era el pelo, era el peso de la seda. Le caía exactamente como las túnicas imperiales caían mil años atrás.

Bailó.

Pero esta noche bailó distinto.

No supo por qué.

Tal vez fue que Dante había acercado su mesa al escenario, dos hileras más adelante, casi pegado a la tarima. Tal vez fue que esta vez no estaba con el codo apoyado tomando trago, sino con las dos manos juntas sobre la mesa, mirándola sin disimular.

Lían lo miró.

No una pausa esta vez. No dos segundos. Lo miró largo. Lo miró durante todo el primer movimiento. Lo miró durante el segundo. En el tercero le sostuvo los ojos a través del antifaz y no los soltó hasta que el guzheng cambió de tono.

Y mientras lo miraba, no se equivocó en un solo paso.

Eso fue lo que más le sorprendió.

Once años en el palacio había bailado para el Emperador y se había concentrado en no temblar. Esta noche estaba bailando para un hombre que no era su esposo, en un siglo que no era el suyo, con un cuerpo que no era el suyo, y los pies sabían exactamente dónde ir solos.

Hija de puta.No estás bailando para él, vieja. Estás bailando hacia él.

Se lo dijo a sí misma en mandarín antiguo, en algún lugar adentro de la cabeza. La voz que se lo dijo sonó a la Lían de veinte años. Hacía mil años que no escuchaba esa voz.

La calló.

Terminó el baile.

Hizo la reverencia. Esta vez la inclinación fue un grado más profunda de lo necesario. Nadie en el salón lo notó. Dante tampoco lo notó, porque no sabía qué era una reverencia imperial.

Pero ella sí lo sabía.

Salió del escenario.

—Vale.

Sofía la esperaba en el pasillo de bambalinas con cara de novedad. Lían se quitó el antifaz dorado sin detenerse.

—¿Qué pasó?

—Está mejor que vayamos a la oficina.

—¿Tan rápido?

—Tan rápido.

Subieron. Sofía cerró la puerta con llave.

—Habla.

—Mensaje. Llegó cuando empezaste a bailar.

Le pasó el teléfono.

Lían leyó.

Un millón de dólares. Esta noche. Por la Fénix. Una sola hora. En efectivo. Necesito verla sin antifaz. Dile a tu jefa que esta vez no es una oferta, es una súplica.

—¿Quién?

—Cuenta nueva otra vez. Pero los guardias de la puerta dicen que el hombre del antifaz negro entró hace una hora y media. Está sentado en el reservado de siempre. Tiene una botella de whisky a medias.

Lían dejó el teléfono sobre el tocador.

—Marcelo.

—Marcelo. Está perdiendo la cabeza, Vale. Un millón. Es la mitad de lo que tiene este hijo de puta en líquido. Lo sé porque le manejé las cuentas a Valentina durante la relación, y ese hombre nunca movía más de doscientos mil sin que su mujer se enterara.

—Eso significa que se lo va a sacar de algún lado donde Renata no mira.

Lían se quedó pensando.

Dos opciones. La voz de Valentina —porque ahora podía distinguir cuándo le hablaba Valentina y cuándo se hablaba ella misma— le susurró desde algún lado.

Vale, recíbelo. Una sola hora. Le hablas sin antifaz. Le miras la cara cuando entiende. Y le clavas en el pecho que la mujer a la que persigue es la mujer a la que dejó morir. Esa es la venganza. Hazla.

Lían lo pensó.

Dos segundos.

—No.

—¿No?

—No, Sofía. Dile que no.

—Vale, es un millón.

—No es por la plata.

—¿Por qué entonces?

Lían se sentó en el banquillo del tocador. Se miró en el espejo. La cara de Valentina le devolvió la mirada con los ojos cansados de quien acaba de bailar veinte minutos seguidos.

—Sofía, ¿tú sabes cuál es la diferencia entre vengarse rápido y vengarse bien?

—No.

—La rápida dura un segundo. La buena dura años. Si yo recibo a Marcelo hoy, una hora, sin antifaz, y le digo soy yo, hijo de puta, soy Valentina, ¿qué pasa?

—Se vuelve loco.

—Se vuelve loco una noche, la venganza se me acaba ahí. Una hora de cara y se acabó.

Sofía no contestó.

—Yo quiero más. Quiero que el hijo de puta siga ofreciendo dos millones. Tres. Que se quede sin liquidez. Que pelee con Renata por la plata sin saber por qué se está endeudando. Quiero que llegue a un punto donde lo único que le importe en esta vida sea la Fénix, y entonces, cuando esté de rodillas, cuando ya no tenga ni dignidad, le digo quién soy y lo veo llorar lágrimas de sangre. Eso es venganza. Lo otro es teatro.

Sofía la miró un momento largo.

—Eres una hija de puta.

—Lo intento.

—Lo logras.

—Gracias.

Sofía agarró el teléfono.

—¿Qué le contesto?

—Lo de siempre. No se vende, no se reserva, no se toca. Baila los viernes.

—¿Y la cifra?

—Sin comentarios sobre la cifra. Como si ni la hubiéramos leído.

Sofía sonrió. Una sonrisa pequeña, de las que reservaba para Vale.

—Eso va a enloquecerlo más.

—Por eso.

Lían durmió poco. No por nervios. Por exceso de energía. El cuerpo de Valentina seguía vibrando del baile, y Lían tenía mil años de costumbre de pensar en venganzas mientras se duerme.

A las ocho de la mañana del sábado, Sofía entró al cuarto sin tocar.

—Vale, despierta.

—¿Otra oferta?

—No. Otra cosa.

Sofía traía un sobre en la mano. Blanco, sin remitente, sin sello postal. De los que se entregan a mano.

—¿Dónde llegó?

—Andrés lo encontró pegado en la puerta del Lotus a las seis de la mañana. No vio quién lo dejó.

Lían se sentó en la cama.

—Ábrelo.

Sofía lo abrió.

Adentro había una sola cosa. Una foto.

Lían la miró.

Era ella. O era Valentina, daba lo mismo a estas alturas. Inconsciente en la cama del hospital. Tres días después del envenenamiento. Tenía un tubo en el brazo y otro saliéndole de la boca. La cara pálida. Los ojos cerrados. La cabeza ladeada como las muñecas viejas que ya no se sostienen solas.

Detrás de la foto, escrito a mano, en letras grandes y rojas:

LA PRÓXIMA NO FALLARÉ.

Lían se quedó mirando la foto.

Sofía no respiró.

Pasaron diez segundos.

Lían dejó la foto sobre la cama. Despacio. Bocabajo, para no seguir viéndose.

Después se levantó. Caminó descalza hasta la ventana. Abrió la cortina. Miró la calle. Un sábado normal. Gente que pasaba a comprar pan. Un perro orinando una farola.

—Sofía.

—Dime.

—¿Cuántos guardias tenemos esta semana?

—Cuatro fijos. Dos rotativos.

—Que sean seis fijos. Quiero dos en la puerta, uno en el pasillo de las chicas, uno en mi pasillo, uno en el bar, uno en el techo.

—¿En el techo?

—En el techo. Esta mujer no manda gente por la puerta principal. Manda gente por arriba. Lo sé.

—¿Cómo lo sabes?

—Lo intuyo.

—Lo intuyes.

—Sí.

Sofía la miró un segundo. Después asintió. Sacó el teléfono.

—Voy a llamar a Andrés.

—Y a Camille. Y a las chicas. Que ninguna salga sola estos días. Si necesitan algo afuera, las acompaña un guardia. Si quieren ir a sus casas, también. Lo paga la casa.

—¿Hasta cuándo?

—Hasta que yo te diga.

—Vale.

—Una cosa más, Sofía.

—¿Qué?

—Búscame todo lo que tengas de Renata Alarcón. Lo que sea. Cuentas, propiedades, costumbres, círculo de amigas, horarios, peluquera, casa de campo, médico, todo. Quiero saber dónde respira esta mujer y a qué hora.

—¿Por qué?

—Porque Renata Alarcón cree que va a matarme por segunda vez. Y yo soy una mujer que ya se murió una vez, Sofía. Sé exactamente cómo se siente. No tengo intención de repetir.

Lían se sentó al borde de la cama.

—Esta perra me declaró la guerra. Voy a darle guerra.

Sofía la miró desde la puerta.

—¿Vas a matarla?

—No. Eso sería darle el gusto.

—¿Entonces?

—La voy a hundir, Sofía. Le voy a quitar todo. La casa. El marido. El nombre. Los amigos. La cuenta del banco. La ropa cara. La sonrisa de revista. Le voy a dejar exactamente lo que le dejó a Valentina: nada.

—Vale.

—¿Qué?

—Dios mío.

—Dios no, querida. Yo. Llama a Andrés.

Sofía marcó.

Lían recogió la foto de la cama. La miró por última vez. Después la rompió en cuatro pedazos y los tiró a la papelera.

Renata, mi vida.Disfruta tu sábado.

Se metió a la ducha.

1
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
jajaja me encantaría ver si bien no sus bailes al menos sus vestuarios la corona esa hermosa máscara que la cuida 🥰🥰
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
esto se puso sospechoso
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
excelente
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
alguien me explica cómo se hizo famosa tan rápido jajaja los reservados del viernes debes cobrar todo al triple sacan plata pero sin vender su cuerpo y eso te dará mucho más capital para ayudar a más chicas
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
me encanta la novela amaría que tuviera imágenes o fotos para disfrutar mas
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
y cobrales con intereses a todos mi ciela
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
al menos está Clarita que lo va a mandar a freír espárragos si es que vuelve🤬
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
hablando de cobardes 🤷🏼‍♀️
Roxana C Añez
Me enamoré de la historia, fue... refrescante leer algo tan original.
Me dejó imaginando si se volverían a ver Valentina y su loco Marcelo... me dió lastima ese pobre hombre, perdido en su locura de amor 😔🥺💔
Roxana C Añez
Podrá haber sido un pendejo... pero está parte me dolió 🥺
Su corazón y su mente le pertenecen a ella, aunque tarde se dió cuenta... ojalá se encuentren en la otra vida 🥺
Corina Galantti
una historia hermosa, muy triste, pero con final FELIZ! ME ENCANTÓ. BENDICIONES ESCRITORA
Celia Maza
muy pero muy buena. tenía tiempo que no leía una novela asi
Elizabeth Delvicier
bien fuerte en época machista donde los hombres comían de cada plato y las mujeres tenían que esperar para ser visitadas en sus alcobas
Evelyn
Me encanta como escribes yo leo desde México y me encanta la protagonista una mujer empoderada y que no se dela dominar por nadie
Guadalupe Flores
👏👏👏👏👏👏 Que bonito final. Se fue en paz Valentina. No me gustó que muriera Lucía. Y me quede con ganas de ver más sufrir a Remata. Jajaja felicidades escritora muy bonita novela
Guadalupe Flores
Imaginate jaja3 dos niñas y un niño. Lucia, Lin Hua y el niño que no recuerdo el nombre del papá de Dante. Sería perfecto 👏👏👏👏
Guadalupe Flores
Desde la primera vez que dijiste verdad vieja me recordó a mi mamá ella tenía esa costumbre de decir esas mismas palabras y hablarse a si misma así. 😭
MariaVG😘
hermosísima historia. Te hace sentir muchas cosas emociones. Me encantó la vieja y su hijo de puta🤭🤭 felicidades autora tienes un talento increíble 👏👏👏💐💐💐
MariaVG😘
hermosísima historia. Te hace sentir muchas cosas emociones. Me encantó la vieja y su hijo de puta🤭🤭 felicidades autora tienes un talento increíble 👏👏👏💐💐💐
Lucia Feliciano Falcao
Este pandillero cobarde y ladrón está charlado, no ve que cuando la limosna es grande el ciego desconfía y el cree que la mafiosa de la mujer va le regalar esa suma de dinero por su cara demacrada sin querer nada a cambio.😸😸😸
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