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El Regreso De Nicole

El Regreso De Nicole

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Amor-odio / Reencuentro / Completas
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

El destino trajo de vuelta a quien el corazón nunca había dejado de esperar.

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16 Nuestra manera de cuidarnos

Desde aquella tarde en que me susurró al oído, todo cambió entre nosotras, aunque a simple vista pareciera igual.

En cuanto Nicolás salía de la habitación o se iba a su estudio, la niña se acercaba corriendo, me abrazaba fuerte por la cintura y decía con voz clara y alegre.

—¡Mamá!

Mi mamá por fin está aquí.

Me estremecía cada vez que lo decía, y la levantaba en brazos para llenarla de besos.

—Sí, mi vida.

Soy yo.

Aquí estoy y no me iré.

Pero unos días después, mientras estábamos solas en el jardín, la detuve con suavidad y le expliqué despacio, mirándola muy a los ojos.

—Escúchame bien, mi amor.

Cuando estemos solas, puedes decirme mamá todo lo que quieras, cuantas veces se te ocurra, puedes gritarlo y abrazarme todo lo que sientas.

Pero cuando esté tu papá cerca, no podremos decirlo todavía.

Debes llamarme Valeria delante de él.

Ella inclinó la cabeza, con una pequeña mueca de tristeza.

—¿Por qué?

¿No le va a gustar saber?

—Claro que le gustará algún día —le aseguré acariciando su carita—, pero ahora mismo se asustaría mucho, se pondría muy triste y creería que le mentimos.

Se enojaría sin entender nada.

Todavía no es el momento justo para él.

Debemos esperar un poco más para que también pueda acostumbrarse.

La niña pensó un instante y luego asintió con madurez sorprendente.

—Entiendo.

Lo haremos así para no lastimarlo.

Y para cuidar nuestro secreto hasta que él esté listo.

—Exactamente —le dije besando su frente—.

Es una promesa entre nosotras.

Y así empezamos a llevarlo.

Cuando solo éramos ella y yo, recuperamos todo lo que habíamos perdido: me llamaba mamá, me contaba sus sueños más escondidos, se recostaba en mi regazo y me decía mil veces cuánto me había extrañado.

Pero en cuanto escuchábamos la puerta o sus pasos, cambiaba con naturalidad y volvía a decirme Valeria, sin dejar por eso de apretarme la mano o mirarme con ojos llenos de amor.

Un día al mediodía casi se nos escapa.

Nicolás nos trajo fruta a la mesa y ella, muy contenta al ver que me servía primero, dijo de golpe.

—Gracias, papá, a mamá le gusta…

Se detuvo de golpe, se puso roja y bajó la mirada.

Yo me puse el corazón en la boca, pero ella se corrigió rápido.

—… a Valeria le gusta la manzana cortada así.

Nicolás sonrió sin darle importancia.

—Ya veo que lo sabes todo de ella.

Qué bien se llevan.

Cuando él volvió a girarse, la niña me llevó un dedito a los labios y luego me guiñó un ojo.

Le devolví la sonrisa llena de ternura: estaba aprendiendo a guardar lo más valioso para cuando fuera seguro mostrarlo.

Por la noche, cuando ya estábamos solas en su cuarto, me dijo.

—Me cuesta a veces.

Tengo tantas ganas de que él también lo sepa y estemos los tres iguales.

—Lo sé —le respondí abrazándola—.

A mí también me cuesta muchísimo.

Pero piensa que cada día que pasa es un día menos para que ocurra.

Mientras tanto, escúchalo tú también: mira cómo nos mira, cómo se alegra cuando nos ve juntas.

Él siente algo distinto, aunque todavía no logre ponerle nombre.

Pronto, muy pronto, sabrá.

Ella se durmió tranquila sabiendo que no era una mentira, sino una forma de cuidar a quien todavía no podía entenderlo todo.

Yo salí despacio, sabiendo que mi pequeña, a pesar de haber tenido solo cuatro meses cuando me fui, tenía un alma tan grande que comprendía hasta lo que parecía imposible.

Nicolás no notó nada extraño.

Solo veía que la niña estaba más feliz, más segura, que brillaba de una forma nueva, y creía que era simplemente porque se sentía bien conmigo.

No imaginaba que cada vez que nos mirábamos, compartíamos el secreto más hermoso del mundo, esperando con paciencia infinita el momento justo para decirlo todo.

Y mientras llegaba ese día, nos bastaba saber que el vínculo entre nosotras ya no tenía barreras: ella sabía quién era yo, yo sabía que nunca me había perdido de verdad, y eso nos daba fuerzas para seguir esperando, juntas.

 

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Fedra Paublott
no entiendo el cumple 19 años me imaginé un hombre de mas edad osea ellos tuvieron a la niña muy jóvenes se que se puede
Lois fuentes coloma: cuando falleció ella tenía 15 años y su bb 4 meses
total 1 replies
yenifer perdomo
muy linda felicidades 🥰
Lois fuentes coloma: muchas gracias qué bueno que le gustó
total 1 replies
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